Filosofía

La verdadera Virgen de Fátima, cien años después

El culto a la Virgen se ha sobrepasado al de Cristo y aún al del Omnipotente

H.P.Blavatsky, Isis sin Velo

 

Moriré de pie, como los pinos que me arrullaron con sus murmullos

Fina D’Armada en “135917  La Clave de Fátima”

 

Después del fenómeno de Fátima, la historia del catolicismo en Portugal asumió rumbos más sentidos y amplios, y la devoción a la Virgen de Fátima se convirtió en el catalizador de la vida religiosa de nuestro pueblo. Centro religioso de la nación, Fátima se alzó, también, como altar religioso del mundo. Las peregrinaciones se multiplicaron y los milagros físicos y sobre todo, morales, allí realizados, incentivaron la fe de mucha gente, la vida cristiana fue revigorizada con los viajes de la Virgen Peregrina por el país y por el mundo, y Portugal fue reencontrada como “La Tierra de la Santa María”. En el contexto de las naciones cristianas, Portugal, puede, por ello, ser considerado como el país mariano por excelencia…”[1]

“A Devoçao do Povo Português a Nossa Senhora nos Tempos Modernos”, de Geraldo A. Coelho Dias

 

Portugal ha vivido auténticos días de fervor y entusiasmo con la visita del Papa Francisco este 13 de mayo del 2017. Se conmemoran los primeros cien años desde la primera aparición de Fátima a los pastorcillos Lucia, Francisco y Jacinta. El Papa ha ofrecido una rosa de oro a la virgen “del blanco manto” y después de un “baño de multitudes” y orar frente a Nuestra Señora de Fátima, y ya en el avión al ser entrevistado ha dicho que la “peste de la Iglesia es el clericalismo”, inspirado quizás por la Virgen en la natural mística del portugués, que no es amiga de demasiados intermediarios entre Dios y un corazón fervoroso.

Negar el hecho espiritual, como hace el padre Mario de Oliveira en su libro “Fátima nunca mais” o en una entrevista al periódico El País, es absurdo y contra toda lógica, es ir contra la evidencia de lo sucedido. Decir que fue un fenómeno creado por la misma Iglesia Católica es una afirmación audaz y que niega lo que presenciaron miles de personas el 13 de octubre de 1917 en el llamado “milagro del sol”. Efectivamente, el Sol no puede danzar astronómicamente en el cielo, pues significaría un movimiento imposible para la Tierra, pero que miles de testimonios –entre los cuales cientos de gente culta y con formación científica- hagan una descripción semejante de lo sucedido es suficiente, en este caso, para descartar el fraude. Miles de curaciones contra todo pronóstico, verdaderamente milagrosas en el nombre de esta Virgen, o frente a su efigie, o después de realizar un voto indican una fuerte presencia espiritual y curadora, que uno puede negar, si quiere, como también se puede negar que uno esté vivo -¿no será la realidad un sueño?- o incluso que uno exista por razón de que está pensando. También podemos, como Ibn Arabí, el místico de Murcia, decir que o todo es milagro o que nada lo es, que todo es divino o que todo es materia, que nada es mentira, o que nada es totalmente cierto. Bien, así es, pero sin entrar en las paradojas de los infinitos, lo que muestran los acontecimientos es una irrupción de lo sagrado en lo prosaico, del misterio en nuestro mundo de parámetros conocidos, y una irrupción poderosa. Cualquiera que viva en Portugal ha oído a varios testigos presenciales narrar una curación asombrosas en relación con la Virgen de Fátima. De ahí el celo, de ahí el fervor y el ir de rodillas hasta su santuario.

Como filósofo y estudioso de las religiones antiguas, ni quiero ni puedo negar el hecho espiritual, el prodigio. Lo que para mí es seguro es que si la aparición de estas fuerzas espirituales se hubieran dado en la dominación musulmana, habría sido considerado un djinn o un arcángel, portador de un mensaje para el mundo. Si mil años antes, habría sido una aparición de la Diosa de las Florestas y la Pureza, de Diana cazadora, o antes de la diosa curadora lusitana Ataegina a quien los “portugueses” de antaño eran tan devotos. Desde hace milenios, cuando suena la hora, los espíritus guardianes de las tierras y gentes, se manifiestan con su cornucopia de bendiciones. Así fue, es y será, pues la existencia humana vive en una red que lo vincula no sólo a las piedras, plantas y animales, sino también a los dioses y a los astros; siendo como es un microcosmos que, tal cual dice el Kalachakra budista, reúne en sí los poderes del “círculo del tiempo”, del universo entero. La raíz pura de la devoción es el sentimiento o intuición de lo sagrado en el devenir humano, de lo divino que irrumpe en su quehacer cotidiano.

Tal y como dice el Padre Mario de Oliveira -por quien el “clericalismo” y los intereses creados en torno a Fátima no deben nutrir una gran simpatía- al leer las declaraciones iniciales de los pastorcillos y todo el dossier de entrevistas que hizo, muy sensatamente, el párroco del lugar; y comparar luego con el rumbo que tomó y con las declaraciones de Lucía en sus Memorias -escritas en el convento de clausura en Tui, ya en tierra española y nada más pasar la frontera-  es fácil pensar que “aquí hay gato encerrado”.

Fina d’Armada, en su libro, “El secreto de Fátima” escrito en 1978 junto a Joaquim Fernandes hace revelaciones muy interesantes. Fue la primera investigadora que divulgó parte del material discreto sobre Fátima, lo que no se quiso tener en cuenta o se prefirió olvidar. La genialidad de su enfoque es irse a las primeras declaraciones de los testigos, y separarlas de las que hicieron después. Además desde que se creó el DCF (Documentación Crítica sobre Fátima), cualquier interesado puede leer estos archivos, antes casi secretos.

Veamos algunas:

1-Lucía no describen la imagen como la Virgen. O sea, que ella no se anunció como tal ni como “madre de Jesús” ni nada semejante, por lo menos al principio, en las primeras apariciones. Se nos podría contestar que los niños, con menos de diez años nada sabían de asuntos religiosos e imaginería, pero sí sabían según se deduce de las Memorias de Sor Lucía, y la Virgen y Cristo estaban muy presentes en su vida y aún en sus austeridades.  Durante los primeros seis meses, e incluso durante los dieciocho años siguientes –según Fina d’Armada- Lucía no dijo haber visto a la Virgen sino una mujercita muy bonita, y de hecho, en la última aparición, cuando esta era vista en el Sol, ya a lo lejos, iba vestida, o era diferente de la aparición, con un manto azul, y no blanco. En los primeros cuestionarios la describen como una niña de unos doce o catorce años, de poco más de un metro de altura, y con una falda corta (!!!) “Venía vestida de blanco. La falda era blanca y dorada con hilos dorados formando cuadros; y era corta, o sea, no bajaba hasta los pies”. Nos dice Fina d’Armada que en un documento del Archivo Formigão decía claramente que la falda era por la rodilla, lo que es asombroso, pues ninguna mujer vestía así en aquella época, y por tanto habría sido muy difícil imaginarlo. Al párroco que hizo las primeras entrevistas esto le provocó serios problemas de conciencia, pues según él la Virgen no podía mostrarse de un modo tan indecoroso, que quizás todo era una trama del diablo, pensaba. “La chaqueta era blanca, no dorada. Manto blanco, que desde la cabeza, descendía hasta el borde de la falda, con hilos dorados formando cuadros, en los bordes el oro era más intenso. La chaqueta tenía dos o tres cordoncitos en los puños. No tenía cinturón, cinta o faja en la cintura, le parecía que tenía medias blancas, no doradas (!!!)”  Los pastores coinciden en decir que tenía un cordón de oro en el cuello, y luego –no en las primeras apariciones-, un rosario blanco en las manos, con una cruz. Símbolo, que, abierto, como nos dice Fina d’Armada, se convierte en el de Venus desde épocas neolíticas.

La imagen o estatua de culto actual, de este modo, no se corresponde a la descripción original salvo en los colores blanco y los ribetes y bordados de oro, y no llevaba corona, sino un manto blanco que dejaba ver su frente, aureolada de luz. De hecho la luz era tan cegadora que los niños a veces no podían enfrentarla y tenían que bajar los ojos. La estatua actual fue realizada, por encargo, por un artesano imaginero de Braga, escogiendo en un catálogo de la Casa Estrella, una imagen de Nuestra Señora de Lapa, la virgen encontrada en una piedra (lapa) y donde se erigió uno de los santuarios más importantes de la península ibérica durante la Edad Media, cerca de Viseu. Claro, en esa época no se iba a hacer una imagen de la Virgen con minifalda, y se hizo necesario ocultar celosamente la descripción original.

2- Los asistentes a las apariciones –que no veían dicha “Presencia espiritual”- oían a Lucía hacer preguntas y las respuestas eran como el zumbido de una abeja. Curiosamente, las diosas Madres antiguas, en Asia Menor son “madre de las abejas”. Pensemos también en la relación que las abejas tienen con Venus en las tradiciones esotéricas. Evidentemente, esto fue también necesario eliminarlo, ¡cómo va a hacer la Virgen el sonido de la abeja, mejor decir que simplemente no se oía nada!

3-Hay varios elementos que desconcertaron a los primeros que entrevistaron a los pastores y que aún hoy nos intrigan. La Virgen de Fátima, al ser preguntada por la guerra –la Primera Guerra Mundial, ya que estamos en 1917- dijo que la “guerra terminaba hoy” y que los soldados retornarían ya. Y no sabemos a qué se refería, pues la guerra continuó durante un año y medio más. Esto se intentó justificar de mil maneras, pero todas ellas “cogidas con alfileres”.

4- Hay una extraña matemática en las apariciones. Siempre se muestra el 13 de cada mes. Todas ellas duraron diez minutos y los videntes son todos séptimos hijos, confirmando el folclore popular que dice que el séptimo hijo está vinculado al misterio. Lucía era la séptima hija de un matrimonio, Jacinta la 7ª de un padre y Francisco el 7º de una madre.

5- Podemos afirmar, un poco irónicamente, pero sin querer hacer daño a nadie; que la Virgen iba “marcando época”, no sólo por cómo iba vestida, con falda por la rodilla (los griegos habrían dicho que era la túnica corta de Artemisa de los bosques) sino porque lo primero que le dice a los niños es que aprendan a leer, a Francisco y a las dos niñas. Sólo el primero obedeció. El machismo no ilustrado, o si queremos eufemísticamente, la forma patriarcal de vivir, hizo que aunque en todo lo demás la palabra de la Virgen fuera la “palabra de Dios”, en esto de aprender a leer las niñas los aldeanos pensarían que hasta la Virgen se estaba excediendo en funciones. Cuando el párroco recriminó a Lucía que por qué no había comenzado a aprender si se lo había pedido Nuestra Señora, ella se quedó con la boca abierta. En la transcripción de la entrevista simplemente aparece en puntos suspensivos y admiración. Curiosamente algunos piensan que lo más importante del Mensaje estaba supeditado a que Lucía supiese leer. ¿Le iba a ser mostrado en letras de fuego, o debía leer lo que la Virgen le iba a mostrar a todo el pueblo reunido?

6- Hasta donde he podido estudiar el tema, en ningún momento se habla, inicialmente del “Corazón Inmaculado de María”, y menos, por tanto del segundo secreto de Fátima, de consagrar a Rusia (¿sabría esta niña de diez años dónde estaba Rusia?) al mismo. Casi podemos afirmar que es ahora, con Vladimir Putin, que se está produciendo la “conversión religiosa” de Rusia y el retorno masivo al culto a la Virgen María. Claro, que sea desde la perspectiva ortodoxa y no de la suya no le es grato a los católicos y no publicitan la verificación final de la profecía, como el Papa actual Francisco niega con desprecio olímpico el mensaje y las apariciones de la Virgen, la Reina de Paz de Medjugorge, que también, en 1981, y cuando era impredecible tal, anunció la conversión de Rusia.

Además, en la primera declaración escrita de Lucía, cinco años después de las apariciones, o sea, ya con 15 años escribió “que la Señora traía una bola en la cintura”. Esta bola o esfera es la que, como dice Fina d’Armada, convirtió después Lucía en el Corazón Inmaculado de María, muchos años después, al escribir sus Memorias, en que dice “Delante de la palma de la mano derecha de Nuestra Señora, había un corazón rodeado de espinos…”.  Y dice Fina d’Armada: “Entendemos que era el Corazón Inmaculado de María. En 1922 para ella, ese corazón era simplemente una bola. Aquí en Fátima, hay ahora una gran estatua con un corazón fuera del pecho.”

7-La Aparición de Fátima no fueron sólo visiones interiores, pues los tres pastores coinciden fuera de toda duda en su descripción, y luego decenas de miles de personas vieron el fenómeno del Sol o la Rueda de Fuego en movimiento, danzando y acercándose a la gente, “como queriendo hablar con ellos”. La tierra del lugar quedó con propiedades curativas asombrosas, más allá de la fe del creyente, los brotes de la encina estaban todos desplazados hacia oriente, como si la orla del vestido de la Virgen los hubiera arrastrado en esa dirección al irse, la gente experimentaba un calor físico al acercarse la rueda luminosa, y muchas máquinas se averiaron en el momento de la aparición del Sol, o cuando los pastores tienen que bajar la mirada porque dicen que no pueden resistir más el resplandor de la virgen. Más allá de las disquisiciones del Cardenal Ratzinger cuando separa dialécticamente las apariciones fenoménicas de las visiones intelectuales  y luego establece un tercer grado de visiones interiores, aquí hay fenómenos que arrastran cambios materiales, esto no es sólo interior. Mens agitat molem (la mente agita la materia), pero además aquí hay fuerzas desconocidas tan palpables que algunos se han aventurado a hablar de fenómenos OVNI, ignorando, o descartando, graciosamente, muchos de los elementos de la aparición.

 

En realidad, hay todo un universo de las apariciones marianas y la devoción de las gentes sencillas ha sido electrizada, miles de veces con manifestaciones de la Virgen o con fenómenos espirituales, que han llevado a la construcción de infinidad de santuarios a ella hoy dedicados. El pueblo es simple, pero no tonto, ni mucho menos, y si encontramos Vírgenes de la Roca, de los Pescadores, de las Fuentes, etc., etc., es fácil que su culto haya sido precedido de apariciones mágicas de las que ya no hay memoria ni oral ni escrita, sólo la leyenda y un pequeño oratorio. Estas mismas apariciones, ¿o es que podemos ser tan obtusos de pensar que antes no había, y que lo sagrado no abrazaba antes amorosamente a las gentes sencillas?, habrían conducido a elevar un templo a Afrodita, o a Astarté si el pueblo era fenicio, a la Freya germánica o a un Endovélico, dios curador, hacia el que se dirigían peregrinos devotos desde los confines del Imperio Romano. Quizás los mensajes u oraciones que enseñaron estos “seres de luz” eran diferentes a los de ahora, quizás no. Una semana antes de las apariciones de Fátima, otra Virgen se apareció a un pastor en Barral en Ponte da Barca, y le dijo que rezasen o cantasen “Estrella del Cielo”, oración que nadie recordaba. Fue preciso ir al Rito Bracarense, quizás el más antiguo que haya llegado hasta nuestros días (hay especialistas que dicen que es del siglo V), y encontrar este himno, o mejor esta antífona. Y adaptaron una muy bella oración[2]:

También en las antífonas gregorianas hallamos la de “Reina de los Cielos” que comienza con estos bellos y profundos versos:

Ave, Regina Caelorum,

Ave, Domina Angelorum:

Salve, radix, salve, porta

 

Salve, Reina de los cielos

y Señora de los Ángeles;

salve raíz, salve puerta,

que dio paso a nuestra luz

No es difícil ver en todos estos epítetos, como en el de Stella Maris, o en los casi mil que ha compilado Jacinto dos Reis en su libro “Invocaciones a la Virgen en Portugal más acá y más allá del mar”, muchos de los epítetos dirigidos a Venus, a Isis o a la Madre del Mundo, pues, ¿no fue siempre el Eterno Femenino la Diosa de los Mil Nombres y Formas?

 

Jose Carlos Fernández

Almada, 16 de mayo del 2017


[1] “Depois do fenómeno de Fátima, a história do catolicismo em Portugal tomou rumos mais sentidos e alargados, e a devoção a Nossa Senhora de Fátima tornou-se o catalizador da vida religiosa do nosso povo. Centro religioso da nação, Fátima guindou-se, também, como altar religioso do mundo. As peregrinações multiplicaram-se, os milagres físicos e sobretudo morais, ali realizados, incentivaram a fé de muita gente, a vida cristã revigorou-se com as viagens da Virgem Peregrina pelo país e pelo mundo, e Portugal reencontrou-se como «Terra de Santa Maria». No contexto das nações cristãs, Portugal pode, por isso, cotar-se como o país mariano por excelência…”

[2] Cántica de la Estrella del Cielo: “Señor Dios, daño auxilio, unión, paz y concordia, pues así seremos digno de vuestra misericordia. ¡Misericordia, Dios mío! ¡Misericordia, Señor! ¡Misericordia os pide este gran pecador! Estrella del Cielo que dio leche al Señor, líbranos del contagio de la muerte que trajo el primer padre de los hombres al mundo. Que esta misma Estrella se digne en apaciguar al cielo, cuya ira castiga al pueblo con muerte cruel. ¡Piadosísima Estrella del Mar, libradnos de la peste! ¡Oídnos, Señora e interceder por nosotros, ya que vuestro Hijo nada os niega y siempre os honra! ¡Salvadnos, Jesús, por quien la virgen, vuestra madre, os ruega! Rogad por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de las promesas de Cristo. Dios de Misericordia, Dios de Piedad, Dios de Perdón que os compadecisteis de la aflicción de vuestro pueblo y dijisteis al Ángel que lo hería “Detén tu mano”; por el amor de aquella Estrella gloriosa, cuyos pechos vos alimentaste para que nos fuera dado el remedio contra el veneno de nuestros pecados, dadnos el socorro de vuestra gracia, de modo que estemos libres de toda peste y muerte repentina y misericordiosamente salvadnos de toda perdición.”

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