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BIOGRAFÍA DE FLORBELA ESPANCA

(fragmento)

“Un libro de bellos versos debajo del brazo, un libro que nos haga soñar, un libro que nos haga sonreír…”[1]
Una muchacha valiente[2], siempre sincera consigo misma (…). Honesta sin prejuicios, amorosa sin lujuria, casta sin formalidades, recta sin principios, exaltadamente viva, palpitando de savia caliente como las flores salvajes de tu campo bárbaro y agreste[3].
 
Las almas[4] de las poetisas están todas hechas de luz, como las de los astros: no ofuscan, iluminan… (Á margem dum soneto)

 

Sin duda Portugal es una tierra de poetas y soñadores. La suave dulzura de su clima, el que se halle mecida por las ondas en todo su litoral occidental, o quizás la sangre celta que corre por las venas de sus hijos, hacen que su alma se despliegue y agite como una bandera ante los vientos de la poesía y el sueño. Emotivo, melancólico, introvertido y fiel como nadie ante quien es capaz de traerles mensajes de una belleza y una razón que no son las de este mundo sino las de un Rey desconocido y siempre esperado, el portugués es por naturaleza un enamorado de la poesía. Y los siglos de su historia son siglos en los que resuenan los cantos de sus poetas.

Pero su mayor poetisa, quien mejor expresa la saudade y necesidad de volver a su perdido reino, esta especie como de hada de amor de trágica existencia y de cantos ritmados en la forma métrica de sonetos, que ilumina con la belleza de sus versos el primer tercio del siglo XX, es Florbela Espanca. Injustamente vilipendiada, después de morir, por el Estado Nuevo, es en Portugal cada vez más leída: ella es la poetisa del amor; y el alma enamorada lee sus versos como en España se pueden leer los de Becquer o en el mundo los de Pablo Neruda. Su erotismo sáfico y puro, arrebatado y al mismo tiempo honesto, parece el manantial que en cascada corre y se pierde entre las sombras íntimas de un bosque sagrado. Su poesía, orgullosa e íntima, triste y serena a veces, otras desgarrada por la necesidad de un sueño imposible, brota libre y espontánea, y nada le debe al mundo ni a su tiempo; tampoco, por tanto, a las corrientes estéticas de su siglo… ¡tal es su independencia y sinceridad!

Florbela Espanca nace poco después de la medianoche, al comenzar la madrugada[5] del día 8 de diciembre del año 1894, en Vila Viçosa (Alentejo). Su nombre completo es Flor Bela d`Alma da Conceição Espanca. Es hija de João María Espanca, quien imposibilitado de tener hijos con su esposa, acuerda con ella hacerlo con Antonia da Conceição Lobo, dramática situación que hoy llamaríamos de “madre de alquiler”. Es criada por la esposa del padre, Mariana do Carmo Inglesa, quien es además su madrina. Para facilitar los trámites legales, Florbela es acogida como una “hija de la vida”, es decir, que legalmente se desconoce quién es el padre y la madre. Lo mismo sucederá con el hermano menor de la poetisa, Apeles, fruto también de la unión de su padre con Antonia Lobo y que nacerá tres años después.

El padre, hijo de un zapatero, había aprendido con él y ejercido esta misma profesión, pero su inquietud pronto le llevó a trabajar como anticuario, vendedor de guarniciones de caballería, decorador, fotógrafo y pintor. E incluso, desde 1898, haciendo proyecciones de cine, viajando por todo Portugal con su vitascopio de Édison, lo que le convierte en uno de los pioneros en la difusión del séptimo arte en su país. Apasionado por la cultura griega y de vida bohemia y aventurera, viajó también por España, Marruecos y Francia, y naufragó en el Mediterráneo.

Su madre -su madre biológica- había sido también “hija de la vida”, no había conocido a sus padres y había sido criada en la miseria por una mujer que le dio su apellido, Lobo. João Espanca la rapta y le pone casa en la Rua Angerino, en la misma en que habían vivido sus padres y allí concibió tanto a Florbela como a su hermano Apeles. Fallecerá joven, en 1908 a los 29 años de edad, el mismo año en que fue asesinado el rey de Portugal Carlos I. Su vida, una vida de dificultades y dolor, sería expresada por nuestra poetisa con los versos: mi pobre madre, tan blanca y fría/ con su leche me dio a beber la Angustia y también en un poema en que funde su pesar con el de su madre, el pesar de una vida inundada de dolor a la que no halla ningún sentido: ¡Oh Madre!¡Oh, Madre mía!¿Para qué naciste?/ Entre agonías y semejantes dolores/ Dime por qué motivo me trajiste aquí// Dentro de ti… Para que yo hubiera sido/ Sólo el fruto amargo de las entrañas/ De un lirio que en mala hora hubo nacido!…[6]

Al ser su padre fotógrafo disponemos, aún en fecha tan temprana, de numerosas fotografías tanto de ella como de su hermano. En una de ellas, con seis años[7], aparece rodeada de libros, su gran pasión -junto con las flores- de infancia y juventud. Su padre le dio una esmerada educación, dentro de las limitaciones propias del ámbito rural en que se desenvolvía.

Los años de su infancia disfrutará Florbela de la vida pacífica del campo y del jovial carácter del padre. Las fotografías de esta época la muestran junto a él en picnics y paseos, adentrándose en la planicie y en los páramos del Alentejo que tantas veces cantaría después en sus versos.

La vocación poética y una extrema sensibilidad a todas las voces de la naturaleza se despertaron muy precozmente en su alma: A los ocho años ya componía versos, ya tenía insomnios y ya las cosas de la vida me provocaban ganas de llorar. Tuve siempre esa sensibilidad enfermiza, esta profunda y dolorosa sensibilidad a la que cualquier nadería martiriza, esta misma ternura apasionada por los bichos inocentes y simples[8]. Conservamos dos poemas escritos a esta edad, dos poemas en los que es evidente su pluma infantil, pero en los que hay ya expresiones e imágenes asombrosas. Uno se llama, “vida y muerte”, ¡qué título para una niña de ocho años!, y dice[9]:

La vida y la muerte/ ¿Qué es la vida y la muerte?/ Aquella infernal enemiga/ La vida es la sonrisa/ y la muerte de la vida la guarida  // La muerte tiene los disgustos/ la vida tiene los felices/ La sepultura tiene la tristeza/ y la vida tiene las raíces// La vida y la muerte son/ la sonrisa lisonjera/ y el mar tiene al navío/ y el navío al marinero.

El segundo comienza con un verso que haría soñar al más sutil de los filósofos platónicos: “A bondade, o som[10] de Deus”, escrito ¡en la forma métrica de un soneto!, la que usaría en prácticamente todos sus poemas[11]

La bondad, el son de Dios/ La bondad y la Educación/ La gente siempre ama a los padres/ La estrella del corazón// La bondad, ay la bondad/ aquel ángel de amor/ aquella santa feliz/ y la bondad de la flor// El ángel viene a dar la bondad/ la bondad de corazón/ la bondad para todos// Y una buena educación/ feliz quien tiene la bondad/ Es siempre siempre un buen hermano.

Varios meses después escribe otro poema como regalo de cumpleaños a su padre y que comienza:

Hoy es el día de tu cumpleaños/ No quiero que te falte mi enhorabuena/ Que seas muy feliz/ Y que todos te estimen bien[12].

Florbela desde muy niña tuvo la clara conciencia de que la vida es como un peregrinaje del que no sabemos exactamente de dónde ni hacia dónde vamos, y menos aún el por qué. Intelectualmente precoz, su vida interior avanzaba de un modo impetuoso, penetrando en las selvas del dolor y recogiendo experiencias aceleradamente hasta el punto de que con veinticinco años se consideraba a sí misma vieja. En el mes de abril de 1916, con veintiún años, por tanto, escribió el cuento La Dádiva del Destino[13] que expresa muy bien el misterio de su alma, demasiado grande para ser vulgarmente feliz en este mundo:

«LA DÁDIVA DEL DESTINO

Un día, el destino, anciano de cabellos de nieve y que andaba dificultosamente, me dio unos zapatos y dijo: “Aquí tienes unos zapatos de hierro, ¡póntelos y camina! ¡Camina siempre, sin descanso ni fatiga, ve siempre hacia adelante y no te detengas, no pares nunca!…” “El camino de la vida tiene trechos de cielo y paisajes infernales: que la oscuridad no te asuste ni te deslumbre la claridad; ni siquiera un momento te detengas al borde del camino; deja florecer las margaritas, deja que canten los ruiseñores!”

“Ya sea plano o muy empinado este inmenso camino, ¡camina… camina siempre! ¡No pares nunca! ¡Un día los zapatos han de romperse; es entonces cuando te detendrás! ¡Porque habrás encontrado al fin los ojos perturbadores y profundos, la boca embriagadora y fatal que ha de prenderte para siempre!”

Esto me dijo un día el destino, anciano de cabellos de nieve, que andaba dificultosamente. Me calcé los zapatos y caminé; la claridad de la luna era profunda, a veces los ruiseñores cantaban en la floresta… Otras veces, y al sol ardiente del mediodía, se abrían las rosas, rojas como besos de sangre; las mariposas traían, en sus alas delicadas como harapos de seda, ¡los perfumes delirantes de millares de corolas!

Otras veces ni una estrella en el cielo, ni un perfume en la tierra, ¡y yo oía a mis pies la voz de algún profundo abismo! Pasé por el reino del sueño y de la esperanza verde, como verde es una esmeralda, divisé el país del amor rosado como una aurora, y también vi las tierras tristes de la saudade ¡donde la luz de la luna llora noche y día! ¡No me detuve ni un solo instante! El corazón se me rompió en pedazos, disperso por los caminos que recorrí, ¡pero caminé siempre sin flaquear ni un solo momento! Hace mucho tiempo que ando. Tenía cabellos negros como las tinieblas, hoy son casi todos blancos como el lino. Tenía el andar altivo como el de una princesa de leyenda, ¡hoy me inclino hacia el suelo como el tallo de una rosa sacudida por el viento del norte! ¡Comienzo a sentirme cansada ya, mis pasos van siendo cada vez más lentos y arrastrados en la infinita senda de la vida!… ¡Y los zapatos aún no se han roto!…

¡¿Dónde estaréis, oh ojos perturbadores y profundos, oh boca embriagadora y fatal que ha de prenderme ya para siempre?!…»

En 1907, con doce años, Florbela escribe su primer cuento[14], con el título ¡Mamá!, en el que refleja como en un espejo, el de su inconsciente, la imagen invertida de lo que fue su propio nacimiento:

«¡Noche negra y tempestuosa! Ninguna estrella brillaba en el cielo, el viento soplaba con violencia, y los copos de nieve envolvían, como en blanca mortaja, la aldea adormecida. Sólo a lo lejos, millares de luces ardían en el soberbio castillo. Perfumes, flores, sedas, encajes y aquí fuera, una humilde cabaña a la orilla del camino; hambre, miseria y lamentos. Vivía allí una pobre campesina con dos hijitos. Delgados y enfermos, pedían limosna por las aldeas. Ahora lloraban. Tenían hambre y no tenían pan, los míseros chiquillos.

En el único aposento se veía tan sólo un camastro en el que, con la cabeza entre las manos, la pobre madre pensaba, tal vez, en el negro futuro de sus hijitos.

Contrastando, sin embargo, de un modo singular con la miseria de la casucha, se veía una cuna elegante y linda. La envolvían encajes y armiños. Dentro, un pequeño gentil dormía, con su linda cabecita enmarcada por los rizos dorados de su rubio cabello. En sus labios, la sonrisa encantada de un ángel que duerme.

De repente, la puerta se abrió. Una mujer divinamente hermosa, envuelta en sedas y encajes ondulados, arrastrando altiva la larga cola de su vestido, entro en la cabaña.

La campesina se levantó, admirada, mientras la hidalga adulada, envidiada, que tenía a sus pies un mundo de adoradores, sin temor de estropear el caro encaje de su opulento vestido de baile, se arrodilló humilde ante el pequeño lecho del hijo del crimen, a quien sólo podía besar furtivamente; inclinó la cabeza, y dos lágrimas brillantes como gotas de rocío se desprendieron de sus ojos, resbalando por sus mejillas, y fueron a caer en las del pequeño quien, sonriendo con su sonrisa de ángel, dijo balbuciendo, mimoso:

¡Mamá!»

Y con esta misma edad escribe postales con versos de amor, postales[15] del que no sabemos el destinatario:

Escribí tu nombre/ en la blanca arena del mar/ vinieron las ondas, jugando/para tu lindo nombre besar[16].

En 1908, la madre de Florbela muere en Vila Viçosa, en una de las camas del Hospital de la Misericordia, con tan sólo 29 años, oficialmente de neurosis. Florbela, con 13 años, viste luto. La familia Espanca se instala en Évora, en la calle Aviz, nº 61 para que su hija pueda estudiar en esta ciudad, en el instituto André de Gouveia.

Los padres no escatiman gastos para la educación de Florbela, pero ella es, ante todo, una apasionada por los libros. Siempre lo sería, por los libros y por las flores. Muchos años después, en una de sus cartas[17] lo recordaría: Tuve los mejores profesores de todo en la capital del Alentejo (que si son los mejores, no son buenos), en bordados, pintura, música, canto, y al final lo que soy es una eterna curiosa de libros, y nada más.

En este Instituto, o como los portugueses le llaman, Liceo, es donde Florbela pasó los mejores años de su vida, ¡aquí nacieron todas las ilusiones, todos los sueños todas las quimeras que yo he visto perder y huir para siempre![18]

El 5 de octubre del año 1910 se encuentra instalada junto a su familia en el hotel Francfort, en el Rossio, Lisboa, cuando estalla la revolución que instauraría la República en Portugal. Aunque su padre era declaradamente antimonárquico, nada sabemos de cómo vivieron él y su hija tal día de cambio histórico en el destino de una nación.

Rui Guedes, quien realizó la compilación de la obra completa de Florbela y se pasó varios años investigando como un periodista profesional todo lo que se pudiera rescatar del pasado al respecto de la poetisa, especifica en su Acerca de Florbela, los libros que pidió en la Biblioteca Pública de Évora: Lirio del Valle, de Balzac, Los Tres Mosqueteros y La Dama de las Camelias de Alejandro Dumas, Amor de Salvación de Camilo Castelo Branco (uno de los mejores novelistas de la literatura portuguesa), La Muerte de Don Juan, del más vigoroso de los poetas lusitanos, Guerra Junqueiro.

La estrella del Amor, que inundaría después su vida entera, en sueños, esperanzas y desgracias, comienza a aparecer en su horizonte. La sonrisa de la diosa Venus, su dulce mirada, se presenta de un modo inocente, sin necesidad de quebrar aún muros y diques, sin necesidad de arrastrar al alma en los torbellinos de la Necesidad:

Amé[19] un día… un día…yo ya ni sé

hace cuanto tiempo fue que así amé…

¡Y ese amor fue reír!…

Tenía tal vez quince años, quince apenas…

Alborada de lirios y azucenas…

¡Y ese amor fue reír![20]

En 1911, con dieciséis años, se entera de la relación íntima que el padre tenía con una de sus empleadas del hogar (y que terminaría en matrimonio), Henriqueta, a quien escribe la poetisa, con gran madurez y superando todos los prejuicios de la época. Prejuicios que tanto harían sufrir a Florbela durante toda su corta vida y que, como veremos más adelante, no dejaron reposar su cadáver (…)


[1] Carta nº 56, Vol. V de las Obras Completas de Florbela Espanca, por la editorial Publicações Dom Quixote, material compilado por Rui Guedes.

[2] Anotación en el Diario del 12 de enero de 1930, el mismo año en que murió. En Florbela Espanca, contos e Diario, pág. 214. Editorial Bis/Leya 2009.

[3] La palabra “Charneca”, que tantas veces usa Florbela y que incluso da título a una de sus obras, carece de equivalente exacto en la lengua castellana. Usaré unas veces el adjetivo “estepa”: Erial llano y muy extenso; otras “erial”: Dicho de una tierra o un campo: sin cultivar ni labrar (RAE); otras “páramo”: terreno yermo, raso y desabrigado (RAE); pocas veces “gándara”: Tierra baja, inculta y llena de maleza; y otras veces, directamente, “tierra sin cultivar” o “tierra agreste”. La traducción de la palabra “charneca” que da el Diccionario Priberam de la Lengua Portuguesa es “terreno cubierto de retamas, jaras, etc…”

[4] Cuento À margem dum Soneto. En Florbela Espanca, contos e Diario, pág. 72. Editorial Bis/Leya 2009.

[5] Más específicamente, nace a las 2 de la madrugada, en la casa del matrimonio Espanca en Vila Viçosa. Rui Guedes en su Acerca de Florbela, narra cómo recibió el nombre: “Entre agonías y semejantes dolores le dijeron: [a Antonia Lobo, que se hallaba de parto] ¡Es una niña, es una flor!, a lo que Antonia respondió: ¡Flor se llamará! (Acerca de Florbela, Rui Guedes, publicaciones Dom Quixote, Lisboa 1986, pag. 24)

[6] Poema Deixai entrar à morte. Florbela Espanca, Poesía Completa, pág. 387.

[7] En la obra Fotobiografía de Florbela Espanca, por Rui Guedes, en la editorial Publicações Dom Quixote, 1985.

[8] Carta nº 150, Vol. V de Rui Guedes…

[9] En Florbela Espanca, Poesía Completa, ediciones Dom Quixote Lisboa 2007, compilación realizada por Rui Guedes. Pag. 30.

[10] Aunque en el poema original aparece la palabra portuguesa “som”, que es son o sonido, he optado por traducirlo como “voz”.

[11] Florbela Espanca, Poesia Completa, pag. 31

[12] Florbela Espanca, Poesia Completa, pag. 32

[13] El título original, en portugués es A Oferta do Destino. Pag. 27 y 28 de las Obras Completas de Florbela Espanca, Vol. III, Contos.

[14] Obras Completas de Florbela Espanca volumen III, Contos, pág. 23 y 24.

[15] Carta nº 15 de la edición de Rui Guedes.

[16] Florbela Espanca, Poesía completa, pág. 34

[17] Carta nº 58 de la edición de Rui Guedes.

[18] Carta nº 50 de la edición de Rui Guedes.

[19] Poema sin título, en tercetos. Pág. 49 de Florbela Espanca, Poesía Completa.

[20] El poema completo, escrito con veintidós años, continúa diciendo cómo después de este amor llegó otro que ya no fue sólo reír, sino que en él se entrelazaron los buenos sueños y los engaños; en él pudo tan sólo sonreír, como el rezo en un altar, que se murmura cantando. El siguiente, inundando su alma, trae tan sólo “sollozos tristes en torbellinos de dolor/ y es sólo llorar, llorar…”

1 comentario en “Leer un capítulo”

  1. Me gusta, por que el autor se acerca a Florbela de la única manera que Florbela merece, con muchísimo cariño.
    Anna

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