Filosofía

EL MITO DE LA CAVERNA DE PLATÓN: QUÉ SIGNIFICA EL FUEGO QUE ARDE EN SU INTERIOR

Uno de los mitos que más ha impactado los últimos 2.400 años de Historia Occidental ha sido el de la Caverna de Platón. Los filósofos una y otra vez lo han usado para explicar una visión sorprendente de la realidad: la de que nuestra vida dependiente de los sentidos es una vida de sombras, falsa, disminuida, adulterada, incompleta, nacida de la relación del alma con la materia como un barro en que queda sepultada; que la vida real es tejida por formas matemáticas, puro orden y armonía, pura felicidad, los Arquetipos, vivificados por un Sol espiritual de pura bondad, rey de la Naturaleza, tanto la visible como la invisible.

Y sin embargo, aunque Platón explica en la República el significado de los diferentes elementos de este mito o alegoría, en general ha habido dificultades para entender el porqué del fuego que arde en dicha caverna. Hasta el punto de que muchas veces se obvia, como si no fuera importante o incluso se llega a decir que la causa de las sombras en el muro es el Sol que arde fuera de dicha caverna, lo que sólo de modo indirecto lo es, pues las sombras de los prisioneros y de los objetos con que son manipulados por los Amos de la Caverna son causadas por la luz del fuego, y no del Sol fuera de ella.

Veamos lo que dice Platón. Por un lado: “Imagina un antro subterráneo que tiene todo a lo largo una abertura que deja pasar libremente la luz…”. Esa es la luz del Sol fuera. Y por otro lado: “A su espalda, a cierta distancia y a cierta altura, hay un fuego cuyo fulgor les alumbra, y entre ese fuego y los cautivos se halla un camino escarpado” y ahí es donde va el muro que le permite hacer sus engaños a los manipuladores de los prisioneros. Luego dice: “llegará a concluir que es el Sol quien hace las estaciones y los años, y quien lo rige todo en el mundo visible, y que es en cierto modo causa de lo que se veía en la caverna

De ahí, quizás la ambigüedad. Y sin embargo luego da la relación de significados de la alegoría. Literalmente:

  1. La caverna es la imagen de la condición humana.
  2. El fuego que lo ilumina es la luz del sol.
  3. El cautivo que sube a la región superior y la contempla es el alma que se eleva hasta la esfera inteligible.
  4. El Sol es la Idea del Bien. Dice así: “En los últimos límites del mundo inteligible está la idea del bien, que se percibe con trabajo, pero que no puede ser percibida sin concluir que ella es la causa primera de cuanto hay de bueno y bello en el universo; que ella, en este mundo visible, produce la luz y el astro de quien la luz viene directamente; que en el mundo invisible, engendra la verdad y la inteligencia.”

O sea, que diferencia claramente la luz del fuego de la del Sol, y al mismo tiempo deja entrever que la luz del Sol aunque de forma atenuada, se expande también por toda la caverna al entrar por la abertura en lo alto.

Miguel Ángel Padilla, en su libro, recién editado “Platón más cerca” lo dice muy bien -en este que me atrevo a decir que es de los mejores libros escritos hasta ahora sobre la filosofía de Platón, por su pedagogía, exposición clara y ordenada, diamantina, y al mismo tiempo porque en dicha obra resplandece poderosa su luz, viva aún más de 24 siglos después-:

“En el interior de la caverna encontramos un fuego, símbolo en la tierra de la existencia del Sol celeste. De alguna manera, es su reflejo. Este fuego es causa instrumental de las sombras cambiantes que se reflejan en la piedra. El fuego, como fuerza elemental, es una de las causas inmediatas de las sombras, pero no revela abiertamente su causa última”.

Lo que Platón dice es que el fuego simboliza el Sol, y que el Sol en esta alegoría representa a la Idea del Bien, como un Sol espiritual que da vida a todo lo que existe en todos los planos de conciencia, incluido el de los modelos eternos o arquetipos.

Luego dice, por lo tanto, que el Sol, el que vemos, es el rey de la Naturaleza en la que vivimos inmersos, como sombras. Ya que todo lo que está en la materia es como una sombra o negación para el alma. Ahí está la clave. El autor de todo lo que existe -desde el plano de la voluntad o Bondad divina hasta incluso el plano material, en una escala descendente de proyecciones o reflejos -sigue siendo el Logos o Sol espiritual o Unidad o Idea de Bien. Por lo tanto su reflexión en el plano material es el dinamismo que genera las sombras, que las electriza, el Sol físico, simbolizado en esta alegoría por el fuego.

¿Y por qué?

Cuando la luz del “fuego” da en el muro, lo calienta, lo vivifica. Pues todo en la naturaleza material está vivo de la electricidad, luz y calor del Sol físico, pero aún no hay una conciencia despierta mentalmente, que sienta que está encadenada a su cuerpo. Sin embargo, el alma humana, cuando es obligada por la necesidad (Fatum) a encarnar, todas sus infinitas percepciones y cualidades son reducidas a las de los sentidos físicos, materiales, y al hacerlo, deja de reconocerse a sí misma y se identifica con el medio en el que está. Esta identificación es de la mente con los objetos de percepción, y como esta es sólo física, a través de los cinco sentidos y del sistema nervioso, en esa soledad, lo único que reconoce el alma es su cuerpo y el mundo de cuerpos, o sea, su proyección sobre el muro. Va a ser necesario el lenguaje para rescatar al alma de su letargo.

¿Pero quién genera, y sin ningún tipo de culpa, sino por la propia naturaleza de lo real, este “encantamiento”? La luz y energía solar, que es la causa, y por tanto rey, de todo lo que sucede en el mundo material. El sol es el rey de la vida. Todo existe, vive, crece, siente, se mueve, respira con la energía y la luz generada por el sol. Esto lo sabemos y podemos demostrar científicamente hoy. Todo alimento se resume a luz del sol cristalizada por la fotosíntesis. Toda vida es una reacción de oxidación-reducción, con fotones, electrones y protones procedentes del sol (en su gran parte), y con energías -luz generadas en sus saltos de niveles cuánticos, en su combinación y recombinación. La acción de los sentidos es posible por el sistema nervioso y su actividad bioeléctrica transmisora de impulsos. Pues finalmente toda vibración, sea olfativa, gustativa, sonora, luminosa o de tacto, se convierte en un impulso nervioso que llega al cerebro, y la electricidad que lo permite viene en última instancia del Sol. O sea, quien origina el mar de sensaciones en que el alma se ahoga si no despierta y aprende a nadar es el Sol físico. Y estas sensaciones cuya causa sustancial es siempre mental, aunque desencadenada por estímulos mecánicos, son los que generan el encantamiento en el alma de que ella es nada más que eso, que la mente es sólo lo percibido por los sentidos. Ahí los prisioneros sienten que son las sombras proyectadas por el muro. Va a ser necesario un despertar por un contacto con lo Real, desde el interior, a través de formas mentales guiadas por el espíritu, para saber que no es así, que esa es sólo su dimensión sombra, que esta vida y sensaciones son las del cuerpo y no las suyas, aunque el “encantamiento” haga que estas incidan en la mente, y si esta no irradia la luz y poder del alma, de la conciencia, la esclavizan.

Igual que la madera que arde y se convierte en luz (calor y energía), vapor y cenizas, ha nacido de las mismas: agua de las lluvias, sustancias minerales de la tierra o en suspensión, y la luz convertida en energía química por la fotosíntesis; o sea en última instancia del Sol y su actividad; Platón dice que el fuego que arde en el interior de la caverna (que simboliza al Sol físico) y la luz que al irradiar produce las sombras en el muro, son el Sol físico y la actividad del mismo como rey de la Naturaleza, lo que en definitiva también es un efecto lejano del Sol espiritual, la Unidad o la Idea del Bien de Platón.

En resumen, y como dice Platón, hay dos reyes, en la Naturaleza el Sol, y en lo inteligible la Idea del Bien, y el primero es la sombra del segundo.

Jose Carlos Fernández

Almada, 10 de octubre de 2020

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