Filosofía

Las cinco leyes cósmicas o inevitabilidades el Budismo

La inevitabilidad[1] de estaciones y semillas, y la inevitabilidad de acciones y dhammas; y la inevitabilidad de los pensamientos, deben conocerse como las cinco inevitabilidades.

En cuanto a la aparición de frutos y flores de una sola vez, en todos los árboles; esta es la inevitabilidad de las estaciones.

Tal como sea la semilla, ésta se convierte en fruto propio, el cocotero cortado[2] [no crece], este es el resultado de la semilla.

Tres causas, dos causas y ninguna causa[3], dan el resultado apropiado: esta es la inevitabilidad de las acciones.

El nacimiento de un bodhisattva acompañado por el temblor de la tierra, y los muchos universos, etc; esta es la inevitabilidad de los dhammas.

Sin embargo, golpeado el órgano de los sentidos por el campo de los sentidos, detener el producto, esta es la inevitabilidad del pensamiento.

En todas las civilizaciones se ha tratado de determinar cuáles son las leyes del universo, los elementos inmutables, invariables y causales que determinan todo lo demás. También la nuestra, obsesionada con los dominios de lo material, cree que todo es el efecto de cuatro fuerzas o leyes: la electromagnética, la gravitatoria, la fuerte -que mantiene la cohesión de los quarks en los núcleos atómicos- y la débil responsable de la desintegración del neutrón y las interacciones de los neutrinos.

Siguiendo el hermetismo egipcio, en los textos del Kybalión se establecen también siete leyes, que fueron muy comentadas después en el siglo XX por un libro anónimo -firmado con el nombre colectivo “Tres Iniciados”- llamado así, el Kybalión, y ampliamente desarrollado ahora por Lúcia Helena Galvão en todo un curso de 16 horas que ha despertado gran interés (en el canal de video de Nova Acropole Brasil con más de medio millón de visitas, en el momento en que escribo estas líneas).

Aquí estas leyes son formuladas:

  • Principio del Mentalismo: “Todo es mente, el universo es mental”
  • Principio de Correspondencia: “Así es arriba como es abajo, como es abajo es arriba”
  • Principio de Vibración: “Nada está inmóvil todo se mueve, todo vibra”
  • El Principio de Polaridad: “Todo es doble; todo tiene dos polos; todo su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son semiverdades; todas las paradojas pueden reconciliarse”
  • El Principio del Ritmo: “Todo fluye y refluye; todo tiene sus periodos de avance y retroceso; todo asciende y desciende, todo se mueve como un péndulo: la medida de su movimiento hacia la derecha, es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda, el ritmo es la compensación”.
  • El Principio de Causa y Efecto: “Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo con la Ley; el azar no es más que el nombre que se da a una ley no conocida; hay muchos planos de causalidad, pero nada escapa a la Ley”
  • El Principio de Generación: “La generación existe por doquier; todo tiene sus principios masculino y femenino; la generación se manifiesta en todos los planos”.

En ciertos textos herméticos se habla de las 49 leyes que rigen el Sistema Solar, lo que sería el fundamento de una astrología esotérica; asociada cada ley a uno de sus planos de conciencia o de vida.

El profesor Jorge Angel Livraga (1930-1991), fundador de Nueva Acrópolis (en 1957), mencionó de otro modo, y magistral, Siete Leyes de la Existencia, en su pirámide de formas y vidas desde el Logos a la materia que sirve de soporte a sus poderes creadores.

  1. Ley de Unidad
  2. Ley de Iluminación
  3. Ley de Diferenciación
  4. Ley de Organización
  5. Ley de Causalidad o Psiquicidad
  6. Ley de Vitalidad
  7. Ley de Periodicidad

En varios cursos y artículos las explicó desde diferentes perspectivas, y el interesado puede ver el desarrollo en la bella conferencia “el universo como respuesta”, que puede encontrar aquí: https://biblioteca.acropolis.org/el-universo-como-respuesta/

En el Budismo también se mencionan estas Leyes del Universo, y reciben el nombre de Cinco Niyamas y se traduce como necesidad, ordenación, restricción e inevitabilidad. Se traduce también como “fijeza”, o “aquello que fija”, o “curso fijado”, el que atribuimos a las leyes de la naturaleza, aunque en el budismo tiene más un sentido del inevitable trabajo de condicionalidad. Más que en el sentido de orden, que es como generalmente entendemos la ley, es el de aquello que restringe necesariamente, o aquello que impele a la acción como causa (o sea, más como fuerza, potencial o en acto), que obliga a manifestarse, en una sucesión de intemporalidades, en un flujo de impermanencias que llamamos samsara.

El monje theravada y maestro budista Olande Ananda dio una conferencia en la Sociedad Teosófica en 2012 ciertamente esclarecedora que recomiendo. Él traduce Niyama directamente como ley. Las Pancha Niyamas serían las 5 Leyes, que en otras versiones han sido absorbidas por el karma (4) y una por el dharma. Los cinco caminos por los que las cosas suceden.

Estas son, según el orden que él mismo da:

  • La Ley de la Semilla (Bija Niyama): La semilla de una manzana dará un manzano y no un peral, la de una rosa una rosa y la de una zarza una zarza. Físicamente aquí podríamos incluir todo lo que entendemos como determinación genética, el hijo se parece a los padres o los abuelos. Nacemos con ciertas tendencias físicas y psicológicas, y la sangre llama, exige, transmite, como en el refrán, “de tal palo, tal astilla”, y esto no es sólo válido en lo físico, sino a todo aquello que forma parte de las condiciones innatas heredadas. La parte guarda las propiedades del todo al que pertenece, aunque las genealogías no son sólo de sangre física y en todas las escuelas se establece un linaje espiritual, tal es “hijo” o discípulo de tal, que fue “hijo” de tal, etc., lo que, naturalmente se lleva muy en serio
  • Ley del Ambiente (Utu Niyama): También se la llama la ley natural de la materia no viviente, en lo que hoy llamaríamos “fenómenos inorgánicos”. Si hace frío o calor (en el sentido físico y en el psicológico), la presión a la que estamos sometidos (idem), qué elementos prevalecen, no es lo mismo estar en la montaña que en el mar, o en el aire, qué nos rodea, no genera en nosotros lo mismo el orden y la armonía que el desorden y el ruido. El ambiente familiar, económico, político, educativo, la lengua que hablamos y oímos que nos hace pensar de un modo diferente, vivir rodeados de justicia o de intereses mezquinos y criminales, el ambiente mental, o sea las creencias que nos martillean la mente o que nos seducen incesantemente, la nobleza o villanía del aire que respiramos: la pureza o no de las aguas que bebemos, de los alimentos que comemos, la acción de las serpientes o corrientes telúricas o electromagnéticas o endocrinas, o cosmopsicológicas. Recordando que ambiente es circunstancia, es todo o que te rodea de modo directo o indirecto.
  • Ley del Karma (Kamma niyama): Ley de Causa y Efecto, en el plano ético. Formada por la energía inherente de nuestros actos, palabras y pensamientos que generarán en nosotros efectos beneficiosos o angustia y sufrimiento, según las buenas y sabias o malas e ignorantes intenciones, respectivamente.
  • Ley de la Mente (Citta niyama): De la palabra sánscrita Chitta, que significa mente, conciencia, corazón. La mente es el rey de los sentidos (un sentido más, en el budismo) y por lo tanto sus actos impelen a la acción, generan consecuencias. Aquí reside también nuestra llamada “libertad”, el querer y poder hacer algo o no, o hacerlo de un modo u otro, las elecciones, el poder de la conciencia que se convierte en ley de vida. Puede haber una serie casi infinita de causas entretejidas que van a empujarnos en una u otra dirección, pero siempre el poder de la mente y la voluntad afirmará o negará con una cierta libertad interior. Y recordamos aquí que “mente es el nombre dado a la totalidad de los estados de conciencia comprendidos en las denominaciones de pensamiento, voluntad y sentimiento”[4]
  • Ley de los Dharmas (Dhamma niyama): Aunque en general en el budismo la palabra dhamma (en pali, del sánscrito “dharma) significa la palabra o enseñanzas del Buda, aquí se aplica en su sentido antiguo. O sea, “dharma” como la verdadera naturaleza, ideal, deber, condición, el camino a ser recorrido.

Olande Ananda lo explica como el efecto de todo lo que existe en la naturaleza, las influencias estelares, astrológicas, las del Sol y la Luna, de las manchas solares y su actividad. Pero mas nos parece esto Ley del Ambiente. Podríamos quizás verlo como la exigencia de nuestra propia condición, no sólo por ser semilla de, sino de nuestra naturaleza intrínseca, del propio ethos. Recordemos que esta palabra griega, significaba originalmente la naturaleza distintiva de algo.

Nuestros pasos en el camino pueden estar determinados por infinidad de causas (los que nos apartan del camino también), pero el “camino” en sí mismo es una causa fundamental. Es el propio camino –“no puedes recorrer el camino hasta que te conviertas en el mismo camino”[5], que te alienta, te llama, te exige, es tu misma condición ideal, es la fuerza del deber ser. Como diría Kant, no responder a los imperativos de la propia conciencia moral-que él llama Razón Práctica- es violentarnos a nosotros mismos.

Olande Anande también incluye aquí las catástrofes geológicas, o accidentes por “estar en el momento inadecuado en el lugar inadecuado”, o sea ser arrastrado por la fuerza de la naturaleza, la acción de los diferentes dharmas de esta, en el mismo sentido que a veces decimos que el karma es la misma acción del dharma que regresa a su naturaleza perfecta e ideal. O el estar expuesto a las mismas leyes de la naturaleza, que responden a nuestra presencia más o menos adecuada.

Quizás este verso del comentario al Abhidhamma que mencionamos antes es el que determine que lo interprete de esta manera:

El nacimiento de un bodhisattva acompañado por el temblor de la tierra, y los muchos universos, etc; ésta es la inevitabilidad de los dhammas.

Pero lo que yo aquí leo es la irrupción de la verdad en medio de las circunstancias, de la joya oculta en el loto, de la verdadera naturaleza desde su cáscara limitante, opresora y necesaria antes, como el huevo del que nace la serpiente, o el recién nacido del dolor de la madre. O sea, esta ley sería de manifestación de lo interno que se hace externo en medio de la lucha y la limitación. El camino llama y empuja al caminante, pero el rastro es de dolor, de todo aquello que no somos y debe ser abandonado, de la guerra contra lo que nos sostiene en medio del camino, pero no nos deja avanzar. Y antes, durante y después, la verdad, y el dharma permanecen inalterados, puros, idénticos a sí mismos.

Según decimos, Atma inserto en la Mente Divina es como una estrella en el cielo, es un Arquetipo en sí mismo, es el Yo Destino. Por lo tanto, al menos desde donde estamos, Atma es igual a Karma, pues su luz es y se refleja en este.

 

José Carlos Fernández

Almada, 28 de julio del 2020


[1] Ver “ Source textos for the Five-fold Niyama”, en  http://www.jayarava.org/texts/the-five-Fold-niyama.pdf . Según indican, estos versos pertenecen a un sumario del Abhidhamma atribuido a Uddhadatta, contemporáneo del famoso Buddhaghosa, en torno al siglo V de nuestra era.

[2] En el artículo mencionado explican cómo el cocotero, a diferencia de los otros árboles, si lo cortas no crece, o sea, cada semilla genera un árbol diferente que tiene su propia naturaleza y características.

[3] También aquí explican que tres causas son las producidas por la ausencia del triple veneno, el orgullo, la envidia y la ignorancia (o sea, humildad, bondad y sabiduría), y que hacen nacer en los reinos superiores (dioses y hombres). La no-causa es no oponerse a este triple veneno y hace renacer en los cuatro reinos inferiores. No se especifica el significado de la doble causa.

[4] H.P.Blavatsky, en Doctrina Secreta I, Estancia I.

[5] Según dice el libro místico Voz del Silencio.

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