Simbolismo

Una interpretación psicoespiritual de los Dioses Védicos

El pensamiento donde se reúnen los dioses en lo secreto, nada sabemos de él

Rig Veda 10.12.8

Varias veces hemos dicho ya que los Vedas, la “Biblia más antigua de la Humanidad” es una fuente inagotable de poesía, filosofía y misticismo. Cada uno de sus mantras es una joya de significados iridiscentes, agrupándose sólo en el Rig Veda en 1028 Himnos que son asimismo en gran parte la base de sus cánticos (Sama Veda) y rituales (Yajur Veda). La Escuela Mimansa (una de las Seis Darzanas) hizo una interpretación ritualista de todos estos libros sagrados, y debe haber incluso interpretaciones esotéricas que se transmitan de la boca al oído y que abarquen misterios astrológicos, alquímicos, teogónicos, de cosmogénesis y antropogénesis como sucede con los grandes Libros Sagrados, desde el Génesis bíblico al Popol Vuh maya.

Sri Aurobindo (1872-1950), uno de los adalides de la independencia de la India, y luego un místico, un yogui y un poeta, con una obra colosal, dedicó varios de sus estudios a hacer una traducción e interpretación de muchos de estos himnos (por ejemplos, los dedicados al dios del Fuego, Agni), especialmente en su Vedic and Philological Studies, Hymns to the Mystic Fire, y en The Secrets of the Veda. Ken Wilber dirá de él que es el sabio filósofo más grande de la India moderna y su influencia se ha dejado sentir durante toda la segunda mitad del siglo XX y aún tiene mucho que aportar.

La interpretación que hace de los Vedas y de sus dioses no es naturalista, en que estos últimos representan fuerzas y elementos de la naturaleza, como la aurora (Ushas), la tormenta (Indra), etc., ni tampoco ritualista donde toda enseñanza es simplemente de cómo y por qué hacer ciertas ceremonias cuyo contenido es mágico y auspiciatorio para que los dioses nos otorguen los diferentes tipos de riquezas (hijos, vacas, felicidad, salud, conocimiento, etc.). Para Sri Aurobindo todos los Dioses son fuerzas espirituales para avanzar en el camino hacia la Luz, poderes del alma de la naturaleza que como dioses pueden nacer en el corazón humano y desde ahí irradiar en su ascenso y hacia el mundo. Los mantras son formas mágicas de acceder a estos poderes en base a las vivencias de su significado, ya que el ser humano es de naturaleza mental, y a la eficacia de los símbolos, como sonidos e imágenes mentales. Esta es, en fin, lo que bien podemos llamar una interpretación psicoespiritual de los mismos.

El Dr. R.L. Kashyap, en su libro “Lo Esencial del Rig Veda” recoge y sintetiza esta versión de Sri Aurobindo. Dice que los himnos “hablan profusamente del ascenso espiritual sistemático de la persona hacia el mundo de la perfección completa, escalando paso a paso hacia ella. Los mantras revelan la parte jugada por los varios dioses quienes lo asisten en el camino, abriéndole puertas cerradas para que explore nuevos horizontes y destrozando mediante sus luminosas armas ocultas las obstrucciones que le impiden el ascenso”. Destaca un himno en el que dice que para aquel que no siente en su alma la presencia de estos poderes luminosos, ¿de qué le servirán estos textos sagrados?:

“Los Rik (se alojan) en el supremo éter indestructible, ahí donde todos los dioses se aposentan. Alguien que no conoce Eso (Tat), ¿qué hará con el Rik? (Rig Veda 1.164.39)”

Y añade que según Sri Aurobindo: “Rik es el mantra de la consciencia Divina, ese trae consigo mismo su luz de revelación; el Yajus es el mantra del poder Divino, este trae consigo su voluntad o capacidad de operación; Saman es el mantra de la dicha (ananda) Divina, y trae consigo su realización ecuánime del deleite espiritual de la existencia”. O sea, un equivalente de un Primer Logos, en el sentido neoplatónico (Ser-Voluntad), Tercero (Inteligencia-Acción eficaz) y Segundo (Amor-Sabiduría y Energía-Vida).

Es interesante cómo parte de los rishis, poetas divinos autores de los himnos, que debían ser auténticos Maestros en Sabiduría o Iniciados, son mujeres, algo luego más difícil o directamente prohibido en las Leyes de Manú (al menos en la versión adulterada que ha llegado hasta nosotros) en que a la mujer le es prohibido el acceso a este Conocimiento. Son 25 mujeres entre los 400 autores de estos himnos, y figuran sus nombres e himnos, a los que dedicaremos un artículo próximo.

También cita a este místico y poeta cuando explica el poder del mantra de los himnos védicos:

“En el sistema de los iniciados antiguos, el cual ha sobrevivido parcialmente en las escuelas de Yoga indias, la Palabra es un poder, la Palabra manifiesta y crea. Porque toda manifestación y creación es expresión, todo existe previamente en el soporte secreto del Infinito, guhagitam, y tiene solamente que manifestarse aquí en su forma aparente mediante la consciencia activa. Ciertas escuelas del pensamiento Védico suponen incluso que los mundos han sido creados por la diosa de la Palabra y que el sonido es la primera vibración etérea que ha precedido a la formación y posterior materialización.  En el Veda mismo hay pasajes en donde se trata a los metros poéticos de los sagrados mantras como símbolos de los ritmos en los cuales el movimiento universal de las cosas es proyectado.”

Desde esta explicación espiritual, Agni, el dios del Fuego físico y también del digestivo, y aún del estelar, evoca la Voluntad Divina. Es el poder universal de la luz y el calor, y el poder de la voluntad cuando va unido a la sabiduría. El primer mantra de los Vedas es al dios Agni y de él se dice “Él trae aquí los dioses”. Es la Llama que arde en la oscuridad, y es por ello que se le invoca: “A ti, Agni, día a día, noche y día, a través del pensamiento, llevados por la obediencia, a ti nos acercamos”.

Indra, que es el relámpago, el aire, la tormenta significa el Señor de la Mente Divina, quien hace, como Zeus en Grecia, que los designios del Fatum se cumplan, y quien abre los caminos en la mente humana, luchando contra los monstruos que la ensombrecen y matan. Pues Él es el “dios de la luminosa inteligencia”, el “destructor de las murallas” que impiden el paso de la luz y de la acción divina.

Sarasvati es un río, una corriente y el fluir de las aguas celeste, como Hapi en el Antiguo Egipto. Pero también es la Diosa de la Inspiración, de esa música celestial que lleva al hombre al reino de los Dioses.

Vayu es el dios del viento. Pero en esta interpretación se convierte en el Señor de las energías de la vida, quien rige el Prana en que se expresan las pasiones, sentimientos, emociones y habilidades.

Por eso se le dice:

“Que Vayu sople en nuestros corazones un bálsamo, el cual es sanador y trae felicidad. Que prolongue él nuestras vidas” Rig Veda 10.186.1

Los Ashvins, que son los médicos de los Dioses, y en otra clave Mercurio y Venus, se convierten en los Señores de la Felicidad, que permiten que el cuerpo humano quede libre de enfermedades y que así pueda aceptar el Prana divino. Como dice el Rig Veda, “hacen ver al ciego y caminar al cojo”, y “con miel -mística- alegran los movimientos y sus caminos”. Como dice el autor de “La Esencia de los Vedas”, ellos “traen consigo el deleite de los planos superconscientes de la Verdad y buscan aquí el Soma, el deleite de la vida que goza el hombre consciente de sí sobre la tierra. A donde quiera que vayan ellos se comprometen en este doble movimiento de buscar la miel del Soma y derramar la miel de la Divina dicha. Con esta miel de gozo ellos endulzan todas las actividades del hombre, aligeran y alegran sus labores de ascenso. Su almacén de miel nunca queda exhausto; su contenedor está siempre lleno.”

Mitra, que es un Dios de la Justicia, de la Luz solar y de los Contratos y la amistad entre los hombres, y entre estos y los Dioses, se convierte en el Señor del Amor y de la Armonía.

Varuna, Dios del Océano y de la Noche del Pralaya, guardando el corazón de diamante del Cosmos que duerme, y Dios de los Juramentos, se convierte en el Dios de la Pureza y de la Infinitud, que elimina de la conciencia todo tipo de restricciones en pensamiento y acción.

Según explica el autor de “La Esencia de los Vedas”:

“Dado que los trabajos de la mente son constantemente interferidos por los elementos viciados del deseo, la preferencia y el juicio erróneo, hay una carencia de coherencia y armonía entre uno y otro movimiento mental; hay una pesada limitación impuesta por la naturaleza de los sentidos a través de los cuales se alimenta la mente para sí misma. Además hay influencias en el mundo que están en contra del pleno desarrollo de la mente en dirección hacia la Verdad. Para sortear todo esto es invocada la ayuda de Varuna “el Señor de la Pureza y la Vastedad” quien rompe las barreras que limitan al ser y elimina las impurezas que se aferran a él, y también la de Mitra quien opera en la pureza generada por Varuna para establecer las armonías y las alegrías de las relaciones felices, construyendo un discernimiento espontáneo entre lo correcto y lo incorrecto.

Sarama, que es la perra de Indra, con la que este Dios encuentra y libera a las vacas Go (rayos de luz, corrientes de sabiduría) que habían sido hechas prisioneras por los Panis, seres de Niebla, en una caverna. En esta clave representaría la intuición, la guía de luz en la oscuridad, que permite a la mente encontrar el camino y liberar al alma-sabiduría prisionera.

Surya, con brazos, manos y cabellos de oro, que es el Dios del Sol, llamado “el Señor de los rayos de Luz” y el Karma Sakhsi, el testigo de las actividades de los hombres, se convierte en la Deidad suprema de la Luz y de la Fuerza, el Sol interior radiante sobre el alma humana. “Es la Luz y la Verdad más elevada de todas”. Despierta en el alma humana y destruye las fuerzas de la ignorancia. “Él asciende junto con sus siete energías o caballos brillantes hacia el océano último de la existencia altísima. Él nos conduce a la Verdad y a la Inmortalidad que están más allá del mal y la oscuridad”.[1]

“Contemplando la Luz altísima más allá de la oscuridad llegamos al sitio de la Divinidad, al Dios Sol, a la Luz más elevada de todas” Rig Veda 1.50.10

Savitri, sería, más que el Sol, su irradiación, su dinamismo, su divina refulgencia. De ahí que el escritor Saiana diga que éste es el nombre del Sol antes del amanecer. Pero después se va a convertir en la forma femenina Savitrí, con una o seis caras sentada sobre un loto, o simplemente sobre las aguas, y portando una concha y un disco “que simbolizan la manifestación del universo mediante la palabra-sonido originario”[2]; en otro par lleva la maza y la espada, las fuerzas para luchar contra los demonios; y en el otro, una mano lleva el cuenco con el licor del deleite “madhu” o el secreto de la manifestación (ánanda), y la otra bendice a los fieles. Pues da origen al mantra más importante de los Vedas, atribuido al rishi Vishvámitra, y que recibe el nombre por la medida de sus versos, con 24 sílabas:

oṃ bhūr bhuvaḥ svaḥ

tat savitur vareṇyaṃ

bhargo devasya dhīmahi

dhiyo yo naḥ pracodayāt

Y que se traduce como: “OM, Tierra, Cielo, Paraíso/ Ese Dios del Sol adorable/En su luz de Dios medito/Meditando en aquel ardemos de entusiasmo”

Aunque el gran sanscritista e ideólogo fundador de la Arya Samaj, Dayananda Sarasvati lo traduce así:

¡Oh Dios! Tu eres el Dador de Vida, el que remueve la pena y la tristeza, el que otorga la felicidad. ¡Oh! Creador del Universo, podamos recibir tu suprema luz destructora del pecado; guía nuestra mente en la recta dirección.”

Vishnu, que en los Vedas casi no aparece, es la Luz Divina-Logos que recorre con tres pasos el Universo, abriendo el espacio para la corriente de Vida, la de las almas que con Él evolucionan. Sri Aurobindo dice que “Vishnu establece el marco de los mundos internos mediante su propia medida, dentro de los cuales nuestras acciones del alma toman su lugar. Es por Él y con Él que nos elevamos en sus asientos más elevados en donde encontramos esperando por nosotros al Amigo, a la amada y a la Divinidad Beatífica”[3]

Rudra es el dios que aúlla y pugna para liberar al alma de sus limitaciones, y que luego se va a convertir en Shiva en el hinduismo. En os Vedas es el dios del viento, la tormenta y la caza, y es llamado en un himno del Rig “el más poderoso de los poderosos” e incluso identificado con Agni. Se dice que encarna “lo salvaje y el peligro impredecible”. Un dios armado con arco y flechas de muerte (y por tanto de libertad), “flechas que se extienden entre el cielo y la tierra”. Es “extremamente aterrador” y “feroz como una fiera formidable” es el dios médico y “señor de las plantas curativas”.

En la interpretación psicoespiritual de Sri Aurobindo, Rudra es “el que conduce por la fuerza esta creación hacia arriba”. Y para ello “sobaja a todos aquellos a quienes arrogantemente obstruyen su curso y mata a los oponentes malignos; y pese a que es terrible, Él también es benéfico y compasivo para el afligido”.

Soma, que es la Luna y el elixir místico que alimenta el alma, y para algunos una bebida alucinógena para favorecer el éxtasis, significa en esta clave el “Deleite del Trabajo”, según Sri Aurobindo. Soma es el deleite mismo de la existencia, la felicidad que se desprende de la acción consciente y libre de deseos y miedos. Es el ananda o felicidad del que dice el Taittiriya Upanishad “en la que todo nace, todo se sostiene, y hacia donde todo se dirige”. Esto dice el autor de este libro y que “Soma es el deleite liberado en cualquier trabajo que es hecho de manera consciente” y que “Dondequiera que aparece la palabra soma en el Rig Veda es acompañada por el epíteto Suta (el esfuerzo de liberación). Cuando hacemos cada trabajo conscientemente, estamos envueltos por este deleite. El significado pleno de la existencia es realizado sólo cuando esta intrínseca ananda es producida y desarrollada en su figura completa envolviendo la vida.”

 

De esta manera los Vedas, de ser fragmentos sin vida de un pasado remoto, y generador de todo tipo de supersticiones, se convierten en herramientas de vida interior y de comprensión, en armas mágicas, las del conocimiento, para enfrentar las dificultades que nos impiden avanzar hacia la felicidad y la Luz espiritual.

 

Jose Carlos Fernández

Almada, 28 de abril del 2020


[1] Las dos últimas citas, del libro “La Esencia de los Vedas”

[2] Idem

[3] Idem

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