Ciencia

El misterioso sol central de la Doctrina Secreta – El corazón de nuestra galaxia

“En el mar sin orillas del espacio refulge el invisible y céntrico sol espiritual cuyo cuerpo es el universo en que infunde su alma y su espíritu”

Isis sin Velo II de H.P.Blavatsky

 

Posición del Sistema Solar y la eclíptica respecto a la Vía Láctea y el centro de la galaxia

En los libros Isis sin Velo, 1877, y la Doctrina Secreta 1888 de H.P.Blavatsky (1831-1891) hallamos referencias a un misterioso Sol Central u Oscuro de enorme importancia en la economía del Universo.

También ella nos dice que cada símbolo puede ser leído con ayuda de Siete llaves de interpretación, como la Astronómica, la Alquímica, la Ética, la Matemática, la Teogónica, etc., por lo que es fácil entender que, desde cierta perspectiva, este Sol Central es el Logos Solar, el sumo espíritu encarnado en el Sol, como ser vivo. O incluso en todo el espacio hasta donde llega el “viento solar” o su influencia gravitatoria magnética, hasta la Nube de Oort, a un año luz de distancia, que es donde según pensamos ahora, llegan los verdaderos límites del Sistema Solar.

A veces perdemos las medidas, y sin ellas es difícil imaginar nada. Hace cuarenta años pensábamos que los límites del Sistema Solar estaban en Plutón, o, como mucho en el llamado Cinturón de Kuiper, desde donde vienen los cometas de ciclo corto, a una distancia de unas 40 unidades astronómicas (la distancia Sol-Tierra). Esto significa que el tamaño que la Ciencia da hoy al Sistema Solar es 1.500 veces el tamaño que le daba antes. Un hecho, por cierto, al que no se le ha dado demasiada publicidad, pero que debería conmovernos.

Pues bien, el Logos Solar es el Espíritu que dinamiza, evoluciona y se expresa en este organismo. Siendo Espíritu es invisible, causal, eterno, y un átomo, no más del Logos que anima al Universo entero, como un gigantesco Árbol de Vida. Este sería uno de los significados del Sol Central, que los egipcios identificaron con Amón como Dios del Misterio y del Silencio.

“Por lo tanto, se enseñaba en los templos internos que este Universo visible de Espíritu y Materia no es sino la Imagen concreta de la Abstracción ideal; él fue construido sobre el modelo de la primera Idea divina. De este modo, nuestro Universo ha existido desde la Eternidad en estado latente. El Alma que anima este Universo puramente espiritual, es el Sol Central, la deidad misma más elevada.”[1]

Desde esta perspectiva, el Sol Central es Dios, cuyo símbolo es el Sol visible (Apolo), o la infinidad de ellos en el mar sin orillas del espacio (Dionisos), el fundamento de toda verdadera religiosidad natural, tal como de forma tan bella expresa la autora de “La Clave de la Teosofía”. Palabras interesantes también para quienes la hayan tildado de atea:

“Lejos de nosotros[2] el intento, no ya de blasfemia, sino ni siquiera de irreverencia contra el divino Poder, por el que existen todas las cosas visibles e invisibles y ante cuya majestad y perfección absoluta se abisma la mente. Nos basta el convencimiento de que Él existe y que Él es la sabiduría infinita. Nos basta tener como las demás criaturas una centella de su esencia. Reverenciamos al supremo infinito e ilimitado poder, al céntrico SOL ESPIRITUAL cuya luz nos ilumina y cuya voluntad nos circunda. Es el Dios de los profetas antiguos y de los profetas modernos; el Dios cuya naturaleza sólo cabe vislumbrar en los mundos evocados a la existencia por su potente FIAT; el Dios cuya revelación está cifrada por su propia mano en los imperecederos símbolos de la armonía universal del Cosmos. Él es el único evangelio infalible.”

Pero en otra clave -y lo sabemos porque la referencia es muy específica, como veremos a continuación- el Sol Central debe referirse al Sol Negro o Invisible, o Agujero Negro que es el Corazón de nuestra galaxia, la Vía Láctea. ¡Y he ahí lo sublime, lo grandioso de la Enseñanza de H.P.Blavatsky! ¡La mención, detallada y admirable, hace casi 150 años, al Corazón de nuestro Universo, o sea, de nuestra Galaxia, que sólo sabemos que existe hace veinte! Los lectores de Isis sin Velo o la Doctrina Secreta serían incapaces de imaginar hace treinta años a qué se refería la autora de estas obras, pero ahora, ¡es tan evidente!

Veamos alguna de estas referencias:

“Hasta[3] la misma Ciencia se ve obligada a aceptar astronómicamente este “Sol Central” de los Ocultistas, pues no se puede negar la presencia en el espacio sideral de un cuerpo central en la Vía Láctea, un punto invisible y misterioso, el centro siempre oculto de atracción de nuestro Sol y Sistema. Pero este “Sol” es considerado de modo diferente por los Ocultistas de Oriente. Mientras los cabalistas occidentales y judíos -y hasta algunos astrónomos piadosos modernos- sostienen que en este Sol está especialmente presente la cabeza de Dios, y le atribuyen los actos volitivos de Dios, los Iniciados Orientales sostienen que, como la Esencia supradivina del Absoluto Desconocido es igual en todas partes, el “Sol Central” es simplemente el centro de la Electricidad-Vital-Universal; el recipiente dentro del cual, esa Radiación Divina, diferenciada ya al principio de cada “creación” está enfocada. Aun cuando todavía en una condición laya o neutra, es, sin embargo, el Centro de Vida atrayente, así como también el emisor constante.”

En la Doctrina Secreta hay varias menciones no sólo a este Sol Central[4], sino también a un Sol Polar (o sea, que alrededor de él giramos en un plano polar respecto al nuestro, el plano de la eclìptica), a un Sol ecuatorial (idem, gira aparentemente en un Plano ecuatorial con respecto a nuestro Sol) y nuestro Sol visible. Es difícil saber a qué estrellas se refiere, además de al corazón de nuestra galaxia, ahora llamado Sagitario A: quizás a Sirio (en un plano polar) y a Alcione (en las Pléyades, en Tauro, por lo tanto, en un plano ecuatorial). Lo que sí dice la Doctrina Secreta, en su peculiar estilo es que la primera veste de la Mónada o rayo del Espíritu Universal que habita y diviniza la conciencia humana, siendo eterno, es irradiada desde este Sol Central Espiritual, sea el Logos Solar o las estrellas mencionadas a las que se refiere.

“De este modo[5], aun cuando el séptimo “principio” -Atma, en la Constitución Septenaria- llega al hombre a través de todas las fases del Ser, puro por ser elemento indeterminado y unidad impersonal, pasa por medio [la Kabalah dice procedente] del Sol Central espiritual y del Grupo segundo, el Sol Polar, que radian ambos su Atma en el hombre. El Grupo Tercero, el Sol Ecuatorial, une Buddhi -Luz Espiritual- a Atma y a los atributos superiores de Manas; mientras que el Grupo Cuarto, el Espíritu de nuestro Sol visible, le dota de Manas -Mente- y de su vehículo, el Kama Rupa, o cuerpo de pasiones y deseos: los dos elementos de Ahamkara -la conciencia del Yo- que desarrollan la conciencia individualizada, el Ego personal. Finalmente, el Espíritu de la Tierra, en su triple unidad, es el que construye el Cuerpo Físico, atrayendo a él los Espíritus de la Vida y formando su Linga Sharira (cuerpo astral).”

Volviendo al Corazón de nuestra Galaxia, hoy se sabe que es un gigantesco Agujero Negro o Sol Negro (prefiero mil veces este nombre, pues no hay ninguna prueba de que sea simplemente “agujero”), con una masa de 3 millones de veces la masa de nuestro Sol (¡¡¡¡). Se determina dicha masa por la atracción, las velocidades y las órbitas de centenares de estrellas que le rodean. Agujero Negro o Sol Negro porque este Sol en sí mismo es absolutamente invisible en el espectro de la luz visible. Aunque emisor de poderosísimos Rayos Gamma. En las diferentes frecuencias de Rayos X todas las estrellas cercanas se ven inmersas en una masa de irradiación y en misteriosos filamentos de luz de decenas de años luz de medida. Se sabe que late como un corazón en diferentes ritmos. En el más rápido, tiene emisiones cada día, o incluso según otras revistas científicas, 4 ó 5 veces por día y durante 100 minutos cada vez. Aunque observando los corazones (Soles Negros) de otras galaxias, sabemos que generan ondas poderosísimas de presión que cambian la galaxia entera en ciclos de cada cinco o diez millones de años. También se sabe que está rodeado de estrellas muy viejas -como si fueran los ancianos sabios de la corte de un gran rey- y se piensa que habrá sido formado por la fusión de multitud de cúmulos globulares.

En el recién instalado radiotelescopio de Meerkat, en Sudáfrica, con una potencia 50 veces superior al Hubble en varias bandas del espectro de radiofrecuencias han obtenido esta imagen, cuya medida es de mil años luz (la distancia entre Alpha Centauri, la estrella más próxima y nuestro sol es de 4.3 años luz) por quinientas, lo que permite ver la formidable potencia de este motor que dinamiza la galaxia, con llamas o filamentos de luz enormes y misteriosos.

Es fácil pensar que dado el tamaño de este emisor de luz no visible[6]-que en el cielo, y de noche, ocupa un ángulo de dos grados, semejante pues al Sol visible- ante videntes o místicos, con una percepción desarrollada más amplia que la ordinaria, se mostraría como un Sol de Noche. Sol del que por cierto hablan muchas tradiciones, y que los griegos vincularon, en una clave a Dionisos, cuya sangre espiritual fertilizaría el Cosmos entero.

 

Jose Carlos Fernández

Almada, 26 de marzo del 2020


[1] En el artículo “Sustancia Primordial y Pensamiento Divino”, del volumen II de Doctrina Secreta (en la edición en español)

[2] En Isis sin Velo I

[3] Estancia X de Antropogénesis, de la Doctrina Secreta

[4] Recordemos que el plano de la Eclíptica que une la Tierra con el Sol forma un ángulo de 60.2 grados con el que plano que une Sol y Corazón de la Galaxia.

[5] Idem, una página después.

[6] Esta imagen ocupa el ángulo de seis lunas -cada una 2 grados- por lo que el foco de luz es semejante a un Sol de Noche, sólo que en vez de con luz visible, con Rayos X.

1 comentario en “El misterioso sol central de la Doctrina Secreta – El corazón de nuestra galaxia”

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