Literatura

Filosofía de los Cuentos Ejemplares, de Sophia de Mello Breyner

“Qué puede crecer dentro del tiempo sino la justicia”[1]

En el año 2003 Sophia de Mello Breyner recibió en España el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. No pudo venir a recogerlo directamente, estaba exhausta, con 83 años, y varios meses después fallecería. Celebramos ahora el I Centenario de su nacimiento y es mucho lo que debemos festejar, ya que es abundante la estela luminosa de ensayos, poesías, teatros y cuentos, que deja tras de sí. Y un ejemplo de integridad -no curvándose a los juegos de poder de su siglo ni al viento apestado de la demagogia-, de coraje -enfrentándose a un sistema político que ya agonizaba entre injusticias-, de independencia y de amor a los pobres y desamparados.

Varios años antes, en 1999 será la primera mujer a recibir el Premio Camões, el más importante de la literatura portuguesa, y sus huesos descansan en el Panteón Nacional, dificilísimo privilegio, en nuestro país hermano, en que sólo están los túmulos de 12 de sus glorias. Casi tres generaciones de portugueses han sido educados con los cuentos infantiles, deliciosos de esta poetisa: El Hada Oriana, La Niña del Mar, El Caballero de Dinamarca, El Bosque, etc., o ya más tarde y no menos aleccionador, El Árbol.

Menos conocidos, aunque no menos importantes son sus Cuentos Ejemplares, libro publicado en 1962 y que está ahora en su 39º Edición. La poetisa quiso seguir el ejemplo de Miguel de Cervantes y que cada una de sus historias fuese una lección, un ejemplo. El cuento más largo y famoso de este libro, y también el primero es “La Cena del Obispo”.

En el prefacio de esta última edición, Federico Bertolazzi dice que “el libro nace ante la urgencia dictada por las condiciones sociales inicuas impuestas por el gobierno de Salazar que se mantenía en el poder en virtud de una estructura piramidal de la sociedad, cuyo efecto era el aplastamiento de las clases sociales más bajas”. Sofía de Mello Breyner fue, de hecho, una de las figuras más militantes, junto con su marido, en la lucha contra el Estado Nuevo, y el libro nació efectivamente como una crítica a este personaje y a esta forma política ya moribunda. Y sin embargo sólo el primer cuento, el de la Cena del Obispo se centra en esta crítica acerba, y es fácil adivinar quién es el “Hombre Importante” a quien se vincula con el mismo diablo, de modo quizás un poco infantil. El resto de los cuentos tiene su propio mensaje y enseñanza moral que nada tiene que ver con la política y sí que ver con la pobreza física o de ánimo. Si acaso, de entre los 7 cuentos que conforman el libro, sólo uno más, el de “Mónica”, con cuatro páginas, es una referencia indirecta, quizás a la sociedad egoísta, hipócrita y beata de los círculos del poder en esta etapa.

No resisto la tentación de escoger uno de sus párrafos, simplemente sublimes:

“De hecho, para conquistar todo el éxito y todos los bienes gloriosos que posee, Mónica tuvo que renunciar a tres cosas: a la poesía, al amor y a la santidad.

La poesía es ofrecida a cada persona sólo una vez y el efecto de la negación es irreversible. El amor es ofrecido raramente y aquel que lo niega algunas veces después no lo encuentra más. Mas la santidad le es ofrecida a cada persona de nuevo cada día, y por eso aquellos que renuncian a la santidad son obligados a repetir la negación todos los días”.

Esto obliga a Mónica a observar una disciplina severa. Como se dice en el circo, “cualquier distracción puede causar la muerte del artista”. Mónica nunca tiene una distracción. Todos sus vestidos son bien escogidos y todos sus amigos son útiles. Como un instrumento de precisión, ella mide el grado de utilidad de todas las situaciones y de todas las personas. Y como un caballo bien enseñado, ella salta sin tocar los obstáculos y limpia todos los trayectos. Por eso todo le va bien, incluso los disgustos.”

En “La Cena del Obispo” se comete una injusticia con un cura rural abnegado al precio egoísta de la reparación del techo de una iglesia. Es la oposición del sistema patriarcal, veterotestamentario, y los vientos del amor y entrega de un cristianismo ideal y que se soñaba iban a ser los que comandarían el futuro de la sociedad. Uno no puede más que sonreír por la comparación entre que desplacen a un cura incómodo de sufrir, por el exceso de celo; y las aberraciones que salen a la luz todos los días, hoy mismo. La misma Sofía, en breve abandonaría todo sueño político, con la clara conciencia de que tras la caída del Estado Nuevo, habían abierto la puerta al caos con todas las demagogias y pugnas putrefactas por el poder.

“El Viaje” es un cuento asombroso, quizás onírico, quizás un esfuerzo imaginativo para comprender desde lo alto la experiencia de la vida, con un tiempo que todo lo devora y en que no hay marcha atrás; o la experiencia de la muerte, en un retorno a la Casa legítima del Alma. Ha ciertas semejanzas entre este cuento y la misma Odisea, donde cada vez, en cada etapa de su travesía de vuelta a Ítaca, Ulises va quedando cada vez más solo, hasta desnudo perder el sentido en el verde mar del misterio… y amanecer en la enigmática isla de Calipso.

“La Playa” parece una experiencia de juventud, en una playa de verano, en un tiempo sin tiempo, en el que el ser y el existir parecen desvinculados, hasta que una noticia de la Segunda Guerra Mundial los despierta, como un rayo que surca la noche, de esa vaguedad y contemplación ausente del tiempo. Es admirable cómo la poetisa describe las sensaciones, casi táctiles, del paisaje, y nos conmueve hasta qué punto nos envuelve con sus magas palabras, con las palabras ciertas, exactas:

“Ya fuera, nada más atravesar la puerta que daba al balcón, el gran soplo del mar nos cubrió, nos abrazó, nos invadió.

La niebla todo lo había transfigurado.

Ahora tan sólo olía el mar. Un perfume enamorado de algas se escurría de los árboles. No se veían ni las estrellas ni la luna. No se veían ni los plátanos. Sólo se veían muros blancos en la blanca neblina. Todo estaba inmóvil y como suspendido.

Sólo se oía la voz del mar, asombrosamente real, recreándose a sí misma, incesantemente.

Y parecía que los espacios marinos, grandes, verdes y violentos, como siendo nuestro propio destino, nos llamaban.”

Y en “Homero”, el protagonista, que parece un mendigo, es en verdad un poeta como el vate autor de la Ilíada o la Odisea, hablando con la naturaleza y el mar, es un asceta como un renunciante, un sannyasim hindú. Y es precisamente un mago de las palabras, a las que Sofía dio tanta importancia como “definidoras de lo real”:

“Recuerdo que eran palabras moduladas como un canto, palabras casi visibles que ocupaban los espacios del aire con su forma, su densidad y su peso. Palabras que llamaban a las cosas, que eran el nombre de las cosas. Palabras brillantes como las escamas de un pez, palabras grandes y desiertas como playas. Y sus palabras reunían los restos dispersos de la alegría de la tierra. Él los invocaba, los mostraban, los nombraba: el viento, la frescura de las aguas, el oro del sol, el silencio y brillo de las estrellas.”

El ”Hombre” es otra experiencia, ya de mujer madura. El encuentro al azar, en medio de la multitud, con un alma de oro y cuerpo moribundo, en la enfermedad, la miseria y el desamparo. Un encuentro puntual, brevísimo y dramático, en que expone su sentido de amor cristiano, más allá de cualquier religión.

“Y desde el fondo de la memoria, traídas por la imagen, muy despacio, una a una, inconfundibles, aparecieron las palabras:

-¿Padre, padre, por qué me abandonaste?

Fue entonces cuando comprendí por qué el hombre que había dejado atrás no era un extraño. Su imagen era exactamente igual a la otra imagen que se había formado en mi espíritu cuando leí:

-¿Padre, Padre, por qué me abandonaste?

Era aquella la posición de la cabeza, era aquella la mirada, era aquel el sufrimiento, era aquel el abandono, aquella la soledad.

Más allá de la dureza y de las traiciones de los hombres, más allá de la agonía de la carne, comienza la prueba del último suplicio: el silencio de Dios.

Y los cielos parecen desiertos y vacíos sobre las ciudades oscuras.”

Los Tres Reyes de Oriente es un cuento en que demuestra su gran imaginación, su asombrosa inventiva. Cómo recrea los palacios de estos reyes, sus inquietudes, y cómo evoca la necesidad de hallar a quien les redima. Pues a pesar de su sabiduría y opulencia en sus reinos pululan los pobres sin refugio, sin doctrina, sin un pan que les alimente el cuerpo y el alma.

Es evidente que en Sophia, llameando en su alma de poetisa, vivía una inquietud y una profundidad filosófica, una pregunta incesante a la vida, un alma griega que se admiraba de la belleza y que siguiendo sus huellas busca la verdad. Sus más que breves estudios académicos no saciaron su sed, y supo instintivamente que no iba a endulzar ahí sus labios con las “aguas de la Fuente Castalia”. Sus lecturas de los mejores poetas y los clásicos griegos y romanos, de Shakespeare, sus meditaciones solitarias y comunión con la naturaleza, las conversaciones con el sacerdote eruditísimo y humanista Manuel Antunes, y sobre todo los bosques, el mar y la luz fueron sus verdaderos maestros, los que la hicieron reencontrarse con su alma inmortal, los que alimentaron su llama perpetua.

Y verdaderamente el mar fue su gran amor e inspiración, tantas veces evocado en sus poemas, o en el cuento infantil “La Niña del Mar”. El Oceanario de Lisboa incluyó muchos de sus versos o máximas sobre el mar en sus muros y paneles, y no es extraño: en el mar Sophia halló, con sensibilidad de poeta y elevación de místico, la respiración del Alma del Mundo, halló el símbolo vivo de la Gran Madre, la dimensión femenina de la Eternidad misma:

 

“Quando eu morrer voltarei para buscar

Os instantes que no vivi junto do mar.”

 

“Cuando muera volveré para buscar

Los instantes que no viví junto al mar”

De este modo hay una trama de filosofía, de amor a la sabiduría, como un mar del que emergen la espuma blanca de sus versos y la serena ondulación de su prosa, siempre elegante, equilibrada, de formas puras.

Veamos, por ejemplo, algunas de las ideas presentes, de su filosofía, en estos cuentos ejemplares:

  • La sociedad es un entrelazado de responsabilidades. Es deber del que sabe enseñar al que no sabe, del poderoso amparar al débil de las iniquidades, y del que tiene cuidar o ayudar al desposeído, pues “de nuestra propia hambre podemos decir que es un problema material y práctico. El hambre de los otros es un problema moral.”
  • La costumbre, si injusta no es un derecho, y no puede ser aprobada como tal: “Sus conveniencias, sus comodidades, sus ventajas e intereses le parecían derechos éticos absolutos, principios sagrados de paz orden.”
  • La caridad no es sólo una virtud, es un deber, un imperativo moral, la voz de Dios en el alma humana: “Pero ahora no se podía distraer. Ahora el cura nuevo hablaba de caridad. Y la caridad de la que hablaba no era la conocida práctica de las limosnas reglamentarias y comedidas. Era un mandamiento de Dios solemne y riguroso, una palabra desnuda de Dios atravesando el espíritu del hombre.”
  • Lo burgués con su indiferencia a todo salvo a los pequeños intereses, y su culto sólo al éxito social o a lo mediocre hizo caer el sistema antiguo de valores caballerescos y culto a la honra:

“Pues en los tiempos antiguos cuando un hombre poderoso se hallaba enfermo o tenía la conciencia pesada, hacía la promesa de mandar construir una iglesia para dar paz al cuerpo y al alma. Pero ahora hay remedios para todas las enfermedades y argumentos para todas las conciencias (…) Y ahora las certezas burguesas barrieron la inquietud e hicieron inútil la esperanza.”

  • En el cuento El Viaje parece referirse a la condición del alma desnuda de su prisión de necesidades y temporalidad:

“Y ella imaginó con sed el agua clara y fría alrededor de sus hombros, e imaginó el césped donde se echarían los dos, lado a lado, a la sombra del follaje y de los frutos. Allí pararían. Allí habría tiempo para posar los ojos en las cosas. Allí habría tiempo para tocar las cosas. Allí podrían respirar despacio el perfume de los rosales. Allí todo sería demora y presencia. Allí habría silencio para escuchar el murmullo claro del río. Silencio para decir las puras y graves palabras pesadas de paz y de alegría. Allí nada faltaría: el deseo sería estar allí.”

  • En Homero al describir este, no sabemos si mendigo o loco o poeta cantor, describe cómo será el hombre superadas por fin todas las pruebas y maldiciones de su mente, que lo separan de la Naturaleza:

“Pero el Buzio aparecía solitario, no se sabía en qué día de la semana, era alto y derecho, recordaba al mar y a los pinares, no tenía ninguna herida o daba pena. Sentir pena por él sería como sentir pena de un plátano o de un río o del viento. En él parecía abolida la barrera que separa al hombre de la naturaleza. El Buzio no poseía nada, como un árbol no posee nada. Vivía con la tierra toda que era él mismo. La tierra era su madre y su mujer, su casa y su compañía, su aliento, su destino y su vida. Sus pies descalzos parecían escuchar el suelo que pisaban.”

  • Y en el de Los Tres Reyes Magos, parece una profecía cuando describe al rey Gaspar que no quería rendir culto al becerro de oro:

“Nos separamos de ti porque te separaste de nosotros y renegaste de nuestros caminos. No formarás parte de nuestras asambleas. Ni serás más oído en nuestros consejos, ni participarás de nuestros festejos y banquetes. Y tampoco tendrás lugar en nuestra fuerza. Los soldados no protegerán tu casa ni tus caravanas. Y serás presa difícil de los bandidos. No recibirás la protección de nuestras leyes, y nuestros jueces juzgarán en sentencias contra ti, y tu razón será como un puñado de ceniza. Como la gente de baja ralea no tendrás protección ni defensa mientras no te curves ante el altar del Becerro para adorar los ídolos que nosotros adoramos.”

  • En este mismo cuento expresa de una forma muy bella su relación con el Misterio, con Dios, su natural religiosidad, esa poesía que es mística y la más profunda de las filosofías:

“¡Señor qué lejos estás, qué oculto y qué presente! Oiga nada más que el eco de tu silencio que avanza hacia mí y mi vida toque la franja límpida de tu ausencia. Miro fijamente a mi alrededor y la solemnidad de las cosas, como quien intenta descifrar una escritura difícil. Mas eres tú quien me lees y me conoces. Haz que nada de mi ser se esconda. Llama hacia tu claridad la totalidad de mi ser para que mi pensamiento se vuelva transparente y pueda escuchar la palabra que desde siempre me estás diciendo.”

“Y sobre el mundo del sueño, sobre la sombra intricada de los ensueños donde los hombres se perdían avanzando a tientas, como en un laberinto espeso, húmedo y movedizo, la estrella ascendía, joven, trémula y deslumbrada, su alegría”

 

Jose Carlos Fernández

Córdoba, 21 de diciembre del 2019


[1] En el cuento Los Tres Reyes Magos, de Sophia de Mello Breyner

1 comentario en “Filosofía de los Cuentos Ejemplares, de Sophia de Mello Breyner”

  1. “… Miran a su alredeor con cierta nostalgia hacia un mundo, Su Mundo, que, parece, se les escapa. Pero ese es su secreto… cuando ellos llegaron El Misterio ya estaba pues con ellos viajaba…

    … Ahora; ¿Qué es “ahora”?, sólo nuevas formas de expresar, pero perennes, por instintivas, maneras de entender.
    No existe “El Silencio” decía aquel cuando resulta que de El Vacío todo emana. Sólo en La Nada puede caber El Todo…

    … Acaso, ¿No son “los silencios” el espacio donde pueden sonar las notas?…
    Todo es Ritmo. También es Mago ese Músico.

    … Miran con nostalgia como si Su Mundo fuera a desaparecer. Pero, ¡Fijaos!… serenos… que cuando se vaya, vuestra realidad es y està en él… Eterna Energía que vuela El Uni-Verso…

    … Vuelan las espadas, brillan las hadas. Murallas milenarias y naves interplanetarias. Chamanes, tambores. Mares, desiertos. La Luna y las cuevas pintadas con manos humanas.
    … Los cuentos de Magos y las ondas de Radio. Fantasmas templarios y bosques de brujas que seducen dioses…

    … No digas que no existe. Dí, acaso, que tú no lo viste o, seguro, quizás, que no lo entendiste…

    … Ahí quede el legado de quien aprovechó El Valor para enseñar a soñar y a tocar lo soñado.
    Los ciclos eternos volverán a desvelar, ¡como recién descubierto!, lo que nunca muere porque siempre es..
    (LO QUE SIEMPRE ES)

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