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Últimos resplandores del sol

Desde las cumbres más altas de Portugal, en la Sierra de la Estrella, ¡qué bellos atardeceres!, ¡qué evocadores los últimos destellos del Sol que muere… para volver a renacer! Al oeste, y en la misma tierra lusitana el Astro Rey se sumerge en las aguas del mar. Pero aquí mismo, cien kilómetros más hacia el interior, y desde la Torre, el punto más alto de la altiplanicie, a casi 2.000 metros de altura, las montañas entre las brumas azuladas del fin del día, parecen grandes olas de un mar embravecido. Es como si Portugal entero fuese un mar, o por él estuviera cubierto. Sabio Camões, y sabios filósofos renacentistas, que asignaron a Poseidonis el gobierno de estas tierras, que al mar se asemejan, que miran al mar, que hicieron del mar la encarnación de sus sueños y aventuras, que son, como Venus, hijos del mar y su espuma centelleante de blancura.

Pues también el poeta de esta tierra, por antonomasia, Camões asigna a Venus la regencia de esta patria y sus gentes. Venus, como a los romanos, los protege, Venus los inspira. Son hijos del mar y sus abismos, pero también de la ternura y de su gracia. Y el signo de los Peces, que es el de la espiritualidad de lo que desaparece y abandona la tierra, entrando en el mundo de los sueños, signo en que la Diosa del Amor halla su exaltación, es el signo que atribuyen los astrólogos a este país. Es el signo del silencio, y ellos lo son; también es el signo del tumulto de las masas, como el del mar agitado, y también ellos son agitados, colectivamente por temblores profundos; es el signo en que los caminos del mundo se hacen confusos y se quiere, pero no siempre se puede, ver los caminos del cielo, debido a la niebla del psiquismo; es el signo pues del sueño en que el alma descansa… o se agita; de la compasión por todos los desamparados de la vida, por todos lo que sufren, por los enfermos; de la ternura por los niños y los ancianos; de la fusión con el alma de la Naturaleza, de la comunión con Dios, de la gran disolución.

Y esta fotografía, imagen congelada de tan bello atardecer, es lo que nos evoca: silencio, pues la misma respiración de la naturaleza parece in suspenso en este sagrado momento en que el sol muere; neblina, que difumina los trazos del paisaje, de los caminos de tierra, pero que atada a ésta deja inmaculado el azul límpido del cielo; amor, que parece que abraza maternal en su regazo el horizonte entero.

Nos parece oír los acordes del Tristán de Wagner, de su anhelo por la Noche que limpie de las vanidades del día, de esa Noche que borra los duros perfiles de seres y cosas, en su lucha contra el mundo, que acerca las distancias y al final todo lo une en su extático y silencioso abrazo; de la Noche que busca el Amor verdadero, ya cansados de la guerra de las horas de luz, de la Noche dionisíaca que ríe, como dice el Principito, en sus mil ojos de Eternidad, de la Noche que a nadie excluye ni discrimina, que a todos perdona con su beso de paz y descanso… hasta que la luz de un nuevo día nos llame de nuevo a la acción, a los perfiles definidos de nombres y formas, a la giro incansable de la rueda de la Ley.

Pero ahora no, es el momento del descanso, de la luz que en la distancia muere, el cielo y la tierra desaparecen, abrazándose, en amorosas tinieblas.

 

Jose Carlos Fernández

Almada 11 de octubre del 2015

1 comentario en “Últimos resplandores del sol”

  1. “… Cavilaciones sobre los últimos detalles, antes de que las mentes se alejen, para no volver en mucho, tanto tiempo.
    Reflexiones sobre una civilización nómada que tuvo aqui su morada y vuelve a emprender El Viaje, mas esta vez sin máquinas fabricadas, sin equipaje ni armas.

    … Surcarán El Cosmos hacia otras estrellas que también serán soles…
    Buscarán un nuevo Hogar donde se respiren sentimientos; , donde La Palabra no pueda esconder secretos; donde las manos vuelvan a hacer Magia, entre enseñanzas y juegos; entre luz, sombra y reflejo.

    … Y en las “Memorias de Piedra”, esas de cuevas dibujadas por Agua, quedan plasmadas las aventuras vividas a lo largo de sus días, meses y años, por si otroro tiempo futuro, tribus que viven mirando al cielo aprendieran a recordar desde dónde empezó El Tiempo.

    … Distancias infranqueables a los ojos de los miedos, se desmoronan como murallas de papel, ahora que todo se escucha y se entiende al querer seguir, de verdad, emerger.

    … ¡Como brinca El Saltamontes!, con transdimensionales piruetas, portando, seguro, en su lomo, los mapas de aquellos nómadas, no meros errantes perdidos.

    … Nómadas de El Infinito con un eterno Camino asignado por Destino…”
    (NÓMADAS TRANSDIMENSIONALES)
    … Gracias y siempre…
    ¡ SALUD !

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