Matemática Sagrada

Comentarios al opúsculo de Plotino: Sobre los Números I

El filósofo Plotino (203-270 d.C.) revitalizó la herencia platónica, abriendo la puerta a una corriente mística y de ideas que iluminó los últimos siglos de la civilización en Occidente, en plena Caída del Imperio Romano. Inspiró, además a los Padres de la Iglesia y a sabios y santos durante un milenio y medio.

Arrebatada su alma por el éxtasis una y otra vez, elevada a un empíreo de Ideas (que el llamó Reino de la Inteligencia), es lógico que sus textos no sean fáciles de leer, dada su enorme elevación y abstracción, lejos de los mortales comunes y los conceptos que elaboramos con nuestras sensaciones vulgares.

Y sin embargo, el emperador Juliano sabía las Enéadas de memoria casi, San Agustín es deudor de ellas en la mayor parte de su filosofía cristiana, el mismo Giordano Bruno en su teoría del infinito y la contemplación activa, y cientos de grandes filósofos se han afanado en penetrar en la caverna encantada de sus reflexiones como aventureros que buscan tesoros escondidos.

Porfirio compiló las enseñanzas escritas de su Maestro en colecciones de nueve libros, llamadas así Enéadas, organizándolas por temas. Dedicó la Sexta Enéada a los temas más elevados, a la metafísica pura, con los siguientes títulos:

-Sobre las Categorías del Ser (I, II y III)

-Sobre la presencia del Ser, lo Uno y lo mismo, en toda parte como un todo (I y II)

-Sobre los Números

-Cómo la multiplicidad de formas surgió y sobre el Bien

-Sobre el libre arbitrio y la voluntad de lo Uno

-Sobre el bien o lo Uno.

De este modo, comprobamos que uno de sus pequeños tratados, el sexto de la sexta Enéada es, precisamente sobre los Números.

En la presentación que Jesús Igal hace de este opúsculo, en la edición de las Enéadas de Gredos, destaca que Plotino no abandona el terreno metafísico al hablar de los Números. En los sistemas herméticos, gnósticos, caldeos, zoroastrianos, en la misma Kábala hebrea y aún en la griega, las especulaciones sobre los Números, estaban ligadas directamente a los Poderes y Jerarquías que gobiernan la Realidad en todos los planos de conciencia. Los Números eran poderes cósmicos, astrológicos, dioses mismos y la base de todo tipo de encantamiento o invocación mágica o condensación talismánica. Pero aunque discípulos de Plotino y luego otras luminarias neoplatónicas penetraron en el reino de la Magia (recordemos por ejemplo a Jámblico o a Máximo de Éfeso) y en sus enseñanzas abundan explicaciones sobre los mundos invisibles y la relación con los Números, él en su Escuela en Roma y en sus Enéadas no lo hizo. Sabía quizás, como buen hijo de Egipto, que estas prácticas y meditaciones debían ser sólo, para los que hubieran entrado en el Santuario más íntimo de los Conocimientos Sagrados, y nunca para oídos o lectores sin discriminar.

Dedicaremos varios artículos a este opúsculo de Plotino sobre los Números, tal es su densidad, y este primero sobre su noción del infinito o ilimitado, que es realmente sorprendente.

Deducimos que para Plotino, el infinito es la materia primordial, el opuesto a la Unidad, en que nace el Ser. Es el caos, la gran disolución y fin de lo real, su muerte, pues lo real es lo múltiple en armonía de unidad. Cuanto más múltiple se hace lo que existe, el alma, más difícil es conseguir esta armonía de unidad, hasta que ya no lo hace, se rompe en pedazos, y estas “aguas primordiales” del infinito, sinónimo de la muerte, deshacen la existencia misma, la anegan, la disuelven. En la mitología egipcia nos recuerda a Ra, el gran poder, la unidad de la existencia, luchando contra Apap, la materia primordial que le quiere engullir. Toda vida es una lucha contra esa entropía universal que emana del infinito mismo, el desorden absoluto. También esta reflejada en el símbolo de NUN, las Aguas de la Materia o Infinito Potencial, aunque la filosofía egipcia en general diferenciaba entre el No Movimiento que genera el Movimiento, del No Movimiento que es el fin sin retorno de la existencia, la absoluta inercia de donde nada puede surgir. O sea, habría una Infinidad que es la Unidad misma del Ser y a través de él se penetra en el Todo en Todo de todos los modos (de Giordano Bruno), en que el yo humano se convierte en el Yo de todo el Universo, el Nirvana Budista. Y una infinitud que es la de lo ilimitado y espacio en que todo muere y se deshace, la infinitud que es materia vacía, la que mata el alma y toda aspiración a lo Ideal, el más allá del círculo (Gran Dragón), por ejemplo, del Pistis Sofía. Ciertamente no es el mismo el “apeiron” o ilimitado de los presocráticos, infinito de donde todo surge, del concepto de “ilimitado” o infinito de Plotino.

“¿Es verdad que la multiplicidad es un abandono de la unidad y la ilimitación (lo infinito) un abandono total por ser una multiplicidad innumerable, y que por ser el mal en cuanto ilimitación, por eso también nosotros somos malos cuando somos multiplicidad? Y es que cada cosa es múltiple cuando, no pudiendo centrarse en sí misma, se derrama y se extiende, desparramándose; y sí, en su derramamiento, se ve totalmente privada de la unidad, se convierte en multiplicidad, al no haber algo que aúne sus partes una con otra. Pero si hay algo que, a la vez que se va derramando incesantemente, se hace permanente, se convierte en magnitud.”

Para Plotino, como para Aristóteles, a diferencia de lo que piensa la matemática moderna desde el siglo XIX, el infinito no es un número, más bien es el no número, la sustancia ilimitada que la razón no puede tornar inteligible, o sea, numerar, ordenar. Es cierto que desde Cantor con su teoría de los transfinitos y de los Aleph, dividió en clases el infinito matemático mismo, diferenciando el infinito mismo de los que llamamos números Naturales, de, por ejemplo, el de los Reales. Pero el debate sigue abierto, desde luego en lo filosófico. En la filosofía griega se hablaba del “infinito en potencia” en el sentido de que era dinámico, o sea, que siempre podíamos contar un numero detrás de otro, por muy grande que fuera ese número. O sea “infinito” no era un número, sino el hecho de que siempre hay “más allá”, en la serie de los números, o hacia lo infinitamente pequeño o grande, o hacia adelante o hacia atrás en el tiempo. Multiplicar, sumar, dividir, restar infinitos, como si fueran números es un absurdo que hace, por ejemplo que nos encontremos con la famosa fórmula de Ramanuja y que además es fácil de demostrar:

1 + 2 + 3 + 4 + 5 + 6 + … ⁼ -1/12

Peligroso el momento en que convertimos al infinito en un “conjunto de” cuando ese es precisamente el valor del número, aquello que limita, aquello que encierra.

“¿Qué pasa, entonces, en el llamado “número del infinito”? Pero primero, ¿cómo puede ser número, si es infinito? Porque ni las cosas sensibles son infinitas, con lo que tampoco lo será el número asociado a ellas, ni quien las cuenta cuenta un número infinito, sino que, aunque las duplique o multiplique, la suma es limitada; y aunque tome en cuenta el futuro, o el pasado o ambos juntos, la suma es limitada.

-¿Tal vez, entonces, no es ilimitado simplemente, sino en el sentido de que siempre cabe aumentarlo?

-No, no está en poder del que cuenta generar el número: el número está ya delimitado y fijo. En realidad, en el mundo inteligible el Número está tan delimitado como lo están los Seres: la cuantía del Número es la de los Seres.”

Más claro, agua. Ahora, además diferencia a los Números verdaderos de sus sombras o simulacros, y como Platón, insinúa que los matemáticos no filósofos trabajan con las sombras de los números, deducidos de las cantidades, deducidos de las sensaciones, y no hijos verdaderos de la Inteligencia, pues es allí donde los Números son los seres infinitamente vivos, perpetuos, inmóviles, voluntad pura desde donde se forjan las leyes de todo lo que existe.

“Nosotros, del mismo modo que pluralizamos al hombre aplicándole una pluralidad de predicados -el de “bello” y demás-, así, juntamente con el simulacro de cada Ser generamos un simulacro del Numero, y multiplicamos los números del mismo modo que multiplicamos la ciudad que no existe así realmente (¿)”

Y retorna el misterio de lo ilimitado o infinito:

“-Pero este ilimitado, ¿cómo puede ser real si es ilimitado? Porque lo que es real y existente ya está apresado por el número.”

Y cómo podemos imaginar, concebir, conocer lo infinito:

“Pero lo infinito, ¿cómo concebirlo? Porque la que existe en los Seres ya está limitada, no está en los Seres, sino si acaso en “los que devienen” [sus imágenes, pues], como está también en el tiempo.”

Y ahora comienza una disquisición sobre lo infinito de tal elevado carácter, que nos deja abrumados. Explicaciones muy semejantes a las del primer capítulo de Cosmogénesis de la Doctrina Secreta de H.P.Blavatsky (1831-1891) y al famoso poema védico que explica cómo se hallaba el Universo antes de su aparición fenomenal, una mar infinito de sustancia primordial sin ningún tipo de atributo, definición, lugar ni cualidad, pura potencia y nada de hecho:

“No existía algo ni existía nada;

El resplandeciente cielo no existía;

Ni la inmensa bóveda celeste se extendía en lo alto.

¿Qué cubría todo? ¿qué lo cobijaba? ¿Qué lo ocultaba?

¿Era el abismo insondable de las aguas?

No existía la muerte, pero nada había inmortal.

No existían límites entre el día y la noche.

Sólo el Uno respiraba inanimado y por Sí,

Pues ningún otro que Él jamás ha habido.

Reinaban las tinieblas, y todo el principio estaba velado

En obscuridad profunda, un océano sin luz (…)”

Habiendo dejado ya completamente determinado que lo infinito no es un número, por su propia naturaleza o no naturaleza, Plotino explica:

“Es que aunque esté limitado, ya por eso mismo es ilimitado, pues lo que se limita no es el límite, sino lo ilimitado, ya que entre el límite y lo ilimitado -lo infinito-no media ninguna otra cosa que admita carácter de finitud. Así, pues, este ilimitado escapa de suyo a la idea de límite, pero se ve apresado y cercado desde fuera; no escapa, sin embargo, de un lugar a otro, pues que tampoco tiene lugar, sino que, una vez apresado, entonces surge el lugar. Y por el tampoco hay que pensar que sea propio suyo el movimiento que llamamos local ni que le completa de suyo ningún otro de los movimientos que se suelen enumerar. En conclusión, no se moverá en absoluto. Pero tampoco está quieto. ¿Dónde, si el “donde” surgió posteriormente? Parece, más bien, que el movimiento se predica de lo infinito mismo en el sentido de que no es permanente (…)

-¿Cómo podría uno, pues, concebir lo infinito?

-Abstrayendo la forma mentalmente.

-¿Y qué pensará de lo infinito?

Pues que, simultáneamente, es los contrarios y no es los contrarios.

Pensará que es grande y pequeña, pues que se hace ambas cosas, y que es estable y móvil, pues que también se hace estas cosas. Pero es evidente que, antes de hacerse esas cosas, no es ninguna de las dos determinadamente, De lo contrario, ya lo has determinado. Si, pues es indefinida y es los contrarios indefinida e indeterminadamente, podrá presentársenos como lo uno y lo otro. Y si te acercas a ella sin tenderle límite alguno a modo de red, se te escabullirá y hallarás que no es una sola cosa. Si no, ya la has determinado y si te acercas a una parte de ella como a algo uno, aparecerá múltiple; y si dijeres que es múltiple, de nuevo te engañarás, porque si cada una de sus partes no es una, tampoco será múltiple la suya de todas. Su naturaleza es esta: en cuanto representado como uno de los dos contrarios, es movimiento; en cuanto objeto de representación es estabilidad; el no poder verlo por sí mismo, es movimiento y deslizamiento fuera de la inteligencia; pero el que no pueda escaparse, sino que esté cercada por fuera y no le sea dado avanzar, será estabilidad. De modo que no se le puede atribuir sólo movimiento.”

De ahí la imagen del infinito como un mar sin orillas en una respiración incesante, que cuando aprisionado en la “red de Thot (el dios egipcio de la Inteligencia y los Números)” se ve obligada a ser soporte para la evolución o manifestación de la vida universal.

 

Jose Carlos Fernández

Almada 16 de Julio del 2019

2 comentarios en “Comentarios al opúsculo de Plotino: Sobre los Números I”

  1. … Igual que El Movimiento puede advertirse por El No Movimiento; así Lo Infinito puede advertirse por Lo Finito… Así como El Silencio es parte, inseparable, de La Música… Soy lo que soy y, también, lo que queda del No Soy.

    … Entonces ¿Qué es Infinito? Todo pues es sujetado por Nada… Ilimitada…

    Gracias.
    ¡ SALUD !

    ….

  2. “… Espíritus recorren, insaciables, las marañas de un incombustible Movimiento empujado por una voluntad espacial.
    … Haces de haceres que tan pronto sobrepasan la velocidad del rayo, sobrevolando con abstractas piruetas lo aún indescriptible; como, al instante siguiente, se enganchan, salvajes, en las esquinas de los más escondidos recovecos que límpidos quedan al volver a volar, soplada, su atrapada serenidad…

    … Porque “El Orden de las cosas” siempre quedó sujeto al sujeto y su entendimiento y, así, los rugidos de El Universo alinean las derivas de todo lo que va dando forma a Su Cuerpo mas sin dejar, como huellas de sal, Su Esencia inicial…

    Esa que subyace, bajo capas y capas, ¡Liber de Causis!, latiendo uniforme como concepto primordial que, ya siendo Cero, nunca pudo dejar de existir. Ni siquiera aún antes de que El Ser aprendiera a mirarse pudiendo verlos que es engendrarlos.

    … Y Espíritus son Los Seres que habitan en Los Estares. ¡Tan vívidos!. Tan vivos, alegres pululan, danzan, se aman, se reflejan y descansan, apenas un sorbo, antes de retomar, insaciables, sus Vuelos de Luz entre millones de soles que mueven sus llamas, como espigas de esas de trigo zarandeadas por El Viento, en un Espacio flexible-mente infinito y tan colmado de sitio que parece vacío… ¡Ah!, pero es que vacío es también concepto y, así, contenido.

    … Mira tú, entonces, que todo es lo mismo. Espíritu y Vacío. El Viento y El Trigo. Concepto y forma; lo esencial y lo sensitivo; la línea, la esfera y sus relojes del tiempo…”
    (VUELOS DE LUZ)

    ¡ SALUD !

    ….

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