Literatura

Libro de poesías “Bajo un ciruelo”, de Terly

Sigue a la música, pues la verdad sólo puede estar detrás de la belleza. Esta es la voz de la conciencia, la voz del corazón. El laberinto envenenado de los sofismas puede bloquear nuestro camino, pero en el corazón hay una brújula infalible.

He leído de cabo a rabo, en varias horas, el nuevo libro de poesías de Terly, “Bajo un ciruelo”, que recibe el título de uno de sus poemas. Y me ha encantado. Por correr en ambos la misma sangre (es hermano de mi madre) no he querido que esta voz ancestral me nublase el entendimiento e inclinara la balanza injustamente. Así, les he leído a unos amigos algunos de sus poemas, para que me dijeran qué pensaban… ¡Y efectivamente! Sus poemas, no sólo son de una gran belleza y aún embrujo. Algunos son incluso geniales.

Como ya escribí en el prólogo de otro libro suyo de poemas, “Notas de una Lira Deshojada”, sus versos brotan naturalmente, hacen sonreír de comprensión, alegría o belleza a quien los oye. No son ni los intelectualoides-de-amargo-paroxismo, que nadie los entiende, si no es el propio autor, que tampoco; ni las nuevas corrientes que te sacuden con un martillo emocional -usando, claro está la magia de las figuras del lenguaje- que ya no sabes ni donde estás, como una droga psíquica, el mismo recurso que usan ahora la mayor parte de las series para enganchar de modo insano al nuevo adicto.

Poesía bella, serena, nimbada de un clasicismo que nos da un nuevo encanto a la visión del mundo, sin dejar de ser quienes somos. Sin hacernos creer que somos idiotas porque no entendemos lo que está escrito -a pesar de muchos años de luengas lecturas- o subirnos en un carrusel de emociones en el que nos vamos después a tambalear, ya en tierra.

Poesía del que ama a la patria, pues la siente carne de su carne, alma de su alma. Poesía del que siente suyo el dolor ajeno y lo grita en versos, queriendo despertar así la compasión en los corazones de piedra, empedrados de una sociedad de consumo que nos lleva a la nada. Poesía del que canta como un trovador a la amada, en notas de un lirismo erótico; o como un místico o un artista a la naturaleza, perpetua fuente de inagotable belleza, señora de las primaveras y los otoños y del invierno que se aproxima a horizontes de caminos invisibles y ya anhelados. La Musa tardía, aunque siempre joven y con sonrisas de eternidad, no puede detener el curso del tiempo, pero sí abrir la conciencia a sendas luminosas de vida esperanzada, de oportunidades jamás soñadas por el hombre de barro que somos aquí y ahora. El fuego que se extingue aquí arde límpido por fin allí, donde detrás del espejo no le vemos ya. Y no me refiero a la muerte, sino a la estabilidad de las raíces que los sentidos físicos no adivinan ni descubren. Estabilidad en lo profundo que la muerte no puede arrebatar, sino tan sólo desvelar. Y el autor lo sabe, claro; en su poema “Libertad” dice:

Sed como el agua en el río

o como el aire y el viento,

sed como pájaro en vuelo

en busca de aposento.

 

Sed la tinta y no el tintero,

sed entero y no segmento,

ni corchetes ni paréntesis,

sed el mar, sed firmamento.

 

Nunca puerta con cerrojo,

ni alto dique de cemento…

¡Derribemos las murallas

y que nadie quede dentro!…

 

Nos adentramos en su alma -es el milagro de la poiesis, del acto creativo- leemos en sus páginas recuerdos convertidos en poesía, algunos de posguerra duros de hambre y frío; o de homenaje, nostálgico y grato a sus padres, ambos poetas, “in memoriam”; nanas infantiles a sus nietos -nuevas primaveras, reconciliación así con la vida que pasa-, arrepentimientos sinceros o galerías de cuadros de amor vívidos, o ironías que no hieren, como la del poema “Pónganme girado”:

 

Cuando en el féretro metáis mi cuerpo,

cuando mi cuerpo sea ya un despojo,

yo le pido al que cumpla el menester,

que, por favor, me ponga algo girado,

no quisiera pasar mi muerte entera

igual que me pasé mi larga vida,

llevando a cuesta mi dolor de espalda.

 

A ver si algún gusano bondadoso

se da un festín con mi hernia despiadada,

sí, me niego a llevármela conmigo,

no creo que en el Cielo me permitan

pasar con lo que he tanto maldecido,

estoy seguro, que el divino escáner,

haría que saltaran las alarmas.

 

Y aunque algunos poemas son trágicos -¿en qué vida no asoma la tristeza, cuando no es que impera en ella, señora de las horas?- sorprendentes en su ritmo y magia, en lo acerado de sus imágenes:

 

Murió la tarde

y salieron las sombras de paseo

maullando por detrás de los tejados

igual que si fueran gatos negros,

ávidos, famélicos,

en busca de alimento.

Y las sombras me encontraron

meciéndome en la hamaca de los sueños,

esos sueños que abarcan imposibles

y escapan como peces entre dedos.

Y llegó la noche

oculta en la espesura del silencio

pedí a gritos, ¡piedad, clemencia!

y sólo respondieron

los fuegos fatuos de los muertos.

 

Todo avanza hacia las sombras pero no el alma que es de fuego y luz, ni los versos, que son ella y de ella, y que viven al ser leídos y vividos. Y más allá del velo del dolor y de la angustia, la vida es un poema, un poema de amor:

 

Quisiera ser

el canto de un pardillo,

perfume de jazmín

o copa de abedul

para darte sombra.

Pero no,

si yo fuera Aladino,

al genio pediría

convertirme en poema

para ser por ti leído.

 

Jose Carlos Fernández

Almada, 4 de junio del 2019

2 comentarios en “Libro de poesías “Bajo un ciruelo”, de Terly”

  1. Jose Carlos Buenas tardes. Primeramente gracias por su comentario sobre el libro de poesía de su tío. Es bello en verdad. En segundo lugar quiero pedirle un favor: En que dialogo de Platón habla sobre el Equilibrio ambiental o sobre los Ecosistemas? Tiene usted escrito algo al respecto? Muchas gracias por su colaboración

    Fraternalmente,

    Margoth

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