Historia

La Heráldica de los Primeros Caballeros del Espacio

En la Edad Media los Estados podían zanjar sus diferencias con una justa de Dios o arrojándose entre ellos lanzas y flechas, o simplemente a espadazos. En el futuro quizás el drama sea más trágico y lo hagan con estas lanzas en llamas y de enorme poder de destrucción que son los misiles atómicos. Los cohetes que envían satélites al espacio o incluso tripulaciones son en verdad como lanzas que fecundan el silencio y las noches de más allá de la estratosfera, y los viajes orbitales o en el espacio como los de la “caballería de los mares” portuguesa explorando lo desconocido, abriendo la vía a las Indias.

Desde esta perspectiva, los primeros astronautas fueron como los “caballeros del espacio”. No eran simplemente pilotos, fueron casi todos héroes de guerra, arriesgando su vida en misiones peligrosas de vuelo con poco más de 20 años; eran ingenieros y generalmente con un gran bagaje de varias ciencias y disciplinas; como pilotos de pruebas de modelos experimentales había en ellos una gran audacia, un enorme coraje para mirar una y otra vez a la muerte cara a cara. Sabían que por cualquier fácil eventualidad podrían perderse para siempre en el espacio infinito, o escenas semejantes pavorosas para la imaginación. Servían en estas misiones “casi imposibles” a su patria, no a sus intereses particulares. Eran idealistas y con enorme capacidad de sacrificio. Vivía en ellos el espíritu del caballero medieval solitario. Es lógico entonces que también forjasen sus símbolos de guerra y aventura, sus escudos “mágicos” de misión, como el caballero medieval o el micénico hacía con imágenes que representasen su alma y su gesta. Del caballero en la Edad Media se decía que hasta que no hiciera ninguna hazaña su escudo debía permanecer en blanco, sin ningún grabado ni imagen. En el ejemplo más moderno de los astronautas, la NASA los facultó a que ellos mismos diseñasen sus símbolos de expedición, ahora ya logotipos, que iban en sus trajes espaciales, evolución desmedida de la armadura medieval. Todos ellos llevaban además las iniciales de los protagonistas. Todos excepto la Apolo XI. La NASA tuvo la delicadeza de en este caso especial no incluir ningún nombre (las iniciales habrían sido las correspondientes a Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Mike Collins) pues siendo la misión tan importante, la más importante de hecho de todo el programa Apolo y de los precedentes Mercury y Gemini, la llegada del hombre a la Luna incluía a toda la Humanidad. Toda llegaba “en un gran salto” con este “pequeño paso” de Neil Armstrong.

Nos encontramos con una especie de “heráldica del espacio” o si queremos ser más estrictos, de la “carrera espacial”, con símbolos y emblemas imaginativos y sugerentes, evocadores y algunos, simplemente geniales.

Desde luego el que se grabaría a fuego en los anales de la Historia será el de la misión Apolo XI, en que vemos al águila representativa de Estados Unidos dejando atrás la Tierra y a punto de posarse en los cráteres plateados de la Luna, con un ramo de laurel entre sus garras. Inicialmente se pensó que el laurel lo llevara en el pico, como en la famosa alegoría de la paloma y el arca de Noé, pero al final se vio que era más conveniente que lo llevara en sus patas como en el escudo de EEUU lleva también las flechas. En éste el laurel, sólo, significa que llegaban a la Luna en representación de todos los países y en son de paz. El nombre del Módulo Lunar era Eagle, “águila”, razón de más para que ésta aparezca en el logotipo. La afirmación famosa y ya inolvidable de Armstrong, “the Eagle was landed” (el Águila ha tomado tierra), al apagar los motores de la primera nave tripulada en posarse en la Luna, estaba ya anunciada en el escudo que diseñaron.

En la insignia del programa Apolo general (usada como símbolo de todos los vuelos no tripulados) aparece una representación de la Luna, dorada, iluminada por el Sol (y en ella el rostro del dios Apolo esbozado con unas líneas) a la izquierda de una A mayúscula, a la derecha la esfera terrestre, y un trazo en S (la trayectoria de viaje de la Tierra a la Luna) uniendo ambas  y conformando el trazo horizontal de la letra A, y detrás un cielo estrellado con la constelación de Orión destacada. Las estrellas del cinturón de Orión coinciden también con el trazo horizontal de la A.

En la Apolo 1 vemos sobre la bandera de EEUU a una nave plateada orbitando la Tierra con la Luna lejana al fondo. Como es sabido la expedición fue un desastre, o mejor dicho, no hubo siquiera expedición pues  el módulo se incendió durante unas pruebas en tierra y murieron los tres astronautas.

La Apolo 7 fue una misión que orbitó la Tierra, se usaron por primera vez los trajes espaciales Apolo y se hicieron las primeras transmisiones desde el espacio . Muestra simplemente la nave orbitando la Tierra. Como todas, salvo la Apolo 11, lleva los nombres (en realidad, los apellidos) de la tripulación alrededor.

La Apolo 8 fue el primer vuelo tripulado americano en ir hasta la Luna y volver. La forma es la cónica del Módulo de Comando, y el numeral 8 es convertido en la trayectoria orbital Tierra-Luna, entrelazando nuestro Planeta y Satélite.

La Apolo 9 no es muy imaginativa, que digamos, muestra el cohete Saturno, la nave y el módulo lunar unidos en una trayectoria elíptica dorada sobre un color azul con pintas negras, el del espacio a esa altura. En esta misión se hicieron las primeras pruebas del Modulo Lunar mientras orbitaba la Tierra, y el primer ensamblaje entre el Módulo Lunar y la nave, así como la primera salida extravehicular (EVA).

La Apolo X tiene una insignia con forma de escudo, la X como número 10 aparece en tridimensional sobre la Luna y se ve un cohete lanzado desde la Tierra que lo atraviesa, así como el Módulo Lunar orbitando muy bajo, pues de hecho, recorrió nuestro satélite a 15 kms de altitud nada más, tomando fotografías de posibles lugares para alunizar. Consiguió también hacer el ensamblaje de Modulo de Mando y Lunar mientras orbitaba la Luna.

La insignia de la Apolo 12 muestra un velero con bandera americana, dejando una estela plata y dorada acercándose a una Luna, que no se muestra entera, pero sí el Océano de las Tempestades, que es donde la nave alunizaría, y con gran precisión, además. Cuatro estrellas simbolizan a los tres astronautas de la misión, más un cuarto que falleció antes.

La insignia de la Apolo 13 tampoco muestra ya ninguna nave espacial, sino un carro de luz solar, con 3 caballos, que sale de la Tierra y se aproxima a la Luna, o cabalgan su superficie. Según las explicaciones mismas que da la NASA, que evidentemente estoy siguiendo muy de cerca, dicho carro de Apolo representa “cómo los vuelos Apolo han extendido la luz del conocimiento a toda la humanidad” , con un lema que dice “Ex Luna, Scientia”, o sea, “De la Luna, Conocimiento”. Irónicamente esta expedición no llegó a alunizar y la tripulación salvó la vida casi milagrosamente, como vimos en documentales o en la película Apolo 13 protagonizada por Tom Hanks.

La insignia de la Apolo 14, elíptica, muestra el pin de astronauta con forma triangular de estrella de cinco irradiando tres haces o rayos, viajando de la Tierra a la Luna como si fuese la misma nave, sobre un fondo azul y dejando una estela dorada. Este pin había sido adoptado varios años antes para los astronautas de las misiones Apolo, y era de plata para lo que aún no habían viajado al espacio y de oro para los que sí. En esta expedición, además de importantes actividades geológicas, se hizo el primer alunizaje en una región montañosa, en Fra Mauro.

La insignia de la Apolo 15 muestra tres pájaros –que más bien parecen alas delta- estilizados representando a la tripulación, en los colores blanco, rojo y azul, y sobre la superficie lunar, a los pies de los Apeninos lunares. Esta fue la expedición en que se usó el “rover lunar”, y se colocó en órbita luna un subsatélite.

En la de la Apolo 16 un águila calva, la de Estados Unidos sujeta un escudo con los colores rojo y blanco de su bandera, sobre la superficie de la luna. Bordeándolo, los tres nombres de la tripulación y 16 estrellas alusivas al número de misión. Por encima un símbolo estilizado de “vuelo” de la NASA, dorado.

La insignia de la última expedición a la Luna, o sea, la Apolo 17 muestra al Dios Apolo (más en concreto el busto de Apolo Belvedere) mirando al espacio donde vemos la Luna, Saturno y una galaxia, aludiendo así a futuras expediciones. El trazo estilizado del Águila de la bandera americana lleva tres estrellas figurando a la tripulación, las bandas rojas de su bandera  y cruza la imagen de la Luna, significando así que ésta ya ha sido visitada y conquistada.

Entre las insignias de los proyectos Gemini y Mercury hay también alegorías muy interesantes. Destacar, por ejemplo, la de Gemini 6, que es un hexágono dorado con fondo negro en el cual las estrellas de Orión y otras, y el trazo en plata de un 6 realizado por una nave espacial uniendo varias de estas estrellas.

O el de la Gemini VIII realizado por el mismo Neil Armstrong, que es un círculo azul celeste y en el interior un prisma de cristal convierte la luz de las estrellas Castor y Polux (las dos más brillantes  de la constelación)en un haz de siete rayos que generan dos trazos verticales del signo zodiacal de Geminis (II) –símbolo del programa espacial- y los 5 correspondiente al número 8 en latín, es decir VIII (a la letra V, con dos trazos, dos rayos). En esta expedición los astronautas Armstrong y Scott hicieron el primer ensamblaje en órbita entre dos naves, y no perdieron la vida por los nervios de acero del “primer hombre”, pues el conjunto de ambas naves no equilibró su giro y la conjunta comenzó a girar a una velocidad angular de un giro por segundo.

Para nosotros hoy estas insignias pueden carecer de ningún valor, como en general para la mayor parte los escudos de la heráldica medieval. Si preguntamos a alguien por la calle es dudoso que pueda reconocer  o describir ni una sola. Desde luego que en Estados Unidos no será lo mismo, pues estos caballeros del espacio fueron sus héroes; aunque su proeza rebasa lo estrictamente patriótico y responde a toda la Humanidad, y por lo tanto estos emblemas pertenecen a la Historia del género humano, son Historia y no podemos ni debemos olvidarnos de ellos. Canalizaron, tal es el poder de los símbolos, la emotividad y fueron distintivos de los esfuerzos humanos perfectamente coordinados de casi medio millón de profesionales. Pero al abrir el camino virgen del espacio, al sondar estos “mares desconocidos” lo hicieron para toda esta Humanidad, desconcertada y sufriente, y señalaron el inicio de un cambio para toda ella: viendo a la Tierra entera, su morada en cuanto seres humanos, y sintiendo la necesidad de hallar una armonía que prevalezca más allá de razas, credos, nacionalidades y políticas. Y para conseguir esta victoria es imperativo que hagamos un viaje a las profundidades del corazón humano y sintonicemos con la Eternidad que procuramos entre las estrellas y en los abismos del espacio.

 

Jose Carlos Fernández

Almada, 5 de enero del 2019

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