Literatura

Una casa-museo para la poetisa Florbela Espanca, por la honra de Portugal

A Flor do Sonho alvíssima, divina
Miraculosamente abriu em mim,
Como se uma magnólia de cetim
Fosse florir num muro todo em ruína.

Pende em meu seio a haste branda e fina.
E não posso entender como é que, enfim,
Essa tão rara flor abriu assim!…
Milagre… fantasia… ou talvez, sina…

Ó Flor que em mim nasceste sem abrolhos,
Que tem que sejam tristes os meus olhos
Se eles são tristes pelo amor de ti?!…

Desde que em mim nasceste em noite calma,
Voou ao longe a asa da minh’alma
E nunca, nunca mais eu me entendi…

 

La Flor del Sueño, albísima, divina,

Milagrosamente abrió en mí,

Como si fuese una magnolia de satén

A florecer en un muro todo en ruinas.

Pende en mi seno el tallo blando y fino.

¡Y no puedo entender cómo es que, al fin,

Esa tan rara flor abrió así!

Milagro… fantasía… o tal vez destino…

¡¿Oh Flor que en mí naciste sin abrojos,

Qué importa que estén tristes mis ojos

Si ellos se entristecen por amor a ti?!…

Desde que en mí naciste, en noche calma,

Voló a lo lejos el ala de mi alma

Y nunca, nunca más yo me entendí…

 

 

Florbela Espanca (1894-1930) debe ser, por la suma de sus lectores, sobre todo en Brasil y Portugal, la mejor poetisa de nuestro país hermano. Vox populi, cuando atraviesa el laberinto de un siglo, es Vox Dei. Quizás muchos autores son, con millones de ejemplares vendidos, best sellers con fuegos de artificio y zarabandas, y en varias décadas no queda ni la sombra de su nombre. Como la luz del genio se difunde de corazón en corazón, nada sabe de laberintos, avanza lenta, pero majestuosa, inexorablemente. Dos poetisas portuguesas que, celosas, denigraron a Florbela Espanca de modo barriobajero, y que estaban hace 30 años entre candilejas, y de cuyo nombre no quiero acordarme, hoy podrían, como mucho besar, arrepentidas, los pies de nuestra Dama del Alentejo. Sic transit gloria mundi, sus libros yacen polvorientos y olvidados en los anaqueles de las librerías, y nadie las festeja con páginas de agradecimiento en el universo virtual, mientras la fama de Florbela crece y crece.

No hay recital de poesía, y especialmente si es femenina en que no se declame alguno de sus sonetos, y brotan espontáneamente canciones como “Ser Poeta” o Arvores do Alentejo” que aunque fados parecen himnos, y se repiten de boca en boca como besos del alma.

Sus poemas, diríanse bordados con luz de estrellas, joyas alquímicas que destilasen elixir de sabiduría y vida con el fuego del cielo, y cuando ella canta es como si elevase la voz el alma de la naturaleza con las imágenes y sentimientos de la más pura dulzura, con el amor de las infinitas madres, con el timbre de la más noble y refinada conciencia humana. Pocos autores realmente han sido elevados espontáneamente a la categoría de Musa, divina, como lo hizo Platón con Safo, y Portugal con esta dama y señora.

Pero, por desgracia, una es la voz del pueblo, el alma de las gentes, y otra los tortuosos laberintos de las mentes académicas, o peor, los oxidados resortes de los perezosos políticos que a veces se mueven como la luna muerta, a remolque gravitatorio de la Tierra, siguiendo las mareas de no sabemos qué mares o influjos. Y mejor no preguntar.

Así, en la villa en que nació, Vila Viçosa, el ayuntamiento, ahora sí, y ahora no, como si estuviese deshojando una margarita, dice que rehabilitará una de las casas donde vivió para hacer una Casa Museo. Pero con decirlo se contenta, como si murmurase, soñando, y pasan los años, y las décadas y no se deciden a hacerlo. Quizás no le ven lucro suficiente, aun cuando pasarían muchos miles de visitantes, como poco, por año, y al final, el pueblo sería conocido en el mundo, precisamente por Florbela Espanca. Pero es que no es una cuestión de interés, de lucro. Es una cuestión de deber, de gratitud, de honra, de culto a los personajes que justifican, muchas veces, el paso por la vida, pues qué sería una vida sin música, sin poesía, sin heroicidad, sin grandes ejemplos de sacrificio. Y donde nosotros no llegamos, ellos sí, y así nos señalan el camino, y nos llenan el corazón de esperanza. Con luz de cielo van dejando una estela plateada en la singladura de esta existencia, hueca y absurda si las Aves de los Grandes Sueños e Ideales no nos hacen mirar hacia lo alto. Portugal no es una marca comercial, un producto de mercado –y aunque lo fuera, esta Casa Museo sería un plus-es una nación y una patria, con su propia luz, con su historia, con su mar y con sus tierras y su cielo. Construir y mantener una Casa Museo es encender una llama de ofrenda a quien ha ennoblecido nuestra vida con la belleza de sus versos. Y es a través de esa llama, y de esa gratitud, y de esa memoria, que sus poemas nos parecerán más alados, su ritmo más musical, y sus ocultos significados más claros y profundos. Júntense en el deber de memoria Vila Viçosa, donde nació –que tiene una buena colección de recuerdos-, Évora, donde estudió y a quien dedicó maravillosos versos, y Matosinhos, donde murió y donde también guardan, en su Biblioteca Florbela Espanca, algunos de sus manuscritos; y hagan ya esta Casa Museo, que ésta es la voluntad del país, la voluntad de sus gentes, y la gloria de quien lo lleve a cabo. Si no, cada vez que recitemos o leamos uno de sus poemas sentiremos en el corazón la peor de las vergüenzas, la vergüenza de la ingratitud, el alma caída del triunfo de la banalidad… que ya bastante nos está corroyendo el alma.

 

 

Jose Carlos Fernández

18-09-2018

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