Literatura

Ankor, el Discípulo

Este es el título del primera obra escrita por el profesor Jorge Ángel Livraga (1930-1991), su libro más amado, y no sólo quizás por ser el primero, sino, como varias veces dijo, por ser soñado y transcrito al papel en un periodo de la vida de gran intimidad consigo mismo. Como la semilla que vive en la tierra en comunión con su propia eternidad, esperando el momento de convertirse en brote y flor ante la luz del mundo. Aunque quizás esta metáfora no sea la más adecuada, pues en ese periodo de su juventud, y en su formación filosófica y discipular –de ahí el título del libro- él sería más bien como el loto que crece y se eleva, y abre sus pétalos en un cielo de Verdad, Bondad y Belleza.

Esto es, un cielo de Verdad, bondad y Belleza, lo que experimenta el lector sensible nada más abrir las páginas, leer el prólogo del autor, y entrar en el templo del recuerdo:

«Lo que fue, es y será siempre», leía el joven Ankor, príncipe de Poseidonis, inscrito en caracteres antiguos en la cima del enorme paralelepípedo monolítico que enfrentaba el acceso a su Casa de Oraciones; y, sin embargo, el rumor de la lucha y el sordo tronar de las paredes derrumbadas se oía cada vez más cerca… «Lo que fue, es y será siempre»…

Pero sus ojos bajaban al horizonte marino recortado entre los arbustos, y negras columnas de humo lo oscurecían… Levantó sus ojos otra vez y, más despacio, leyó: «Lo que fue, es y será siempre»…

—¡Salve, Ankor! ¡Los dioses te bendigan! La voz poderosa de Oashis, el jefe de la Guardia del Rey, le sobresaltó como si un contacto físico lo hubiese sacudido.

—¡Salve, Oashis! Mas… has interrumpido mis meditaciones y hasta creo que me has dado un mal augurio. ¿Qué es lo que pasa?”

Y así, casi sin darnos cuenta, vamos entrando no sólo en los escenarios que creó su pluma, sino en el alma del mismo autor. Como diría el poeta Miguel Torga, “quien quiera conocerme, léame”. Esto mismo diría el profesor Livraga, que se podía estar más cerca de él quizás leyendo uno de sus libros que compartiendo una mesa.

Y así las páginas se deslizan entre los dedos, y vamos entrando muy despacio en un mundo de una belleza y significados que nos conmueven, fuera de los tumultos del mundo, con enseñanzas asombrosas, más si pensamos que el libro comenzó a ser escrito cuando tenía 19 años de edad. Con metáforas diamantinas, con un ritmo delicado y poderoso al mismo tiempo. Delicado como el paso de la corza, poderoso como la regia presencia del león. Es todo sencillo y enigmático a la vez, luminoso y profundo, abismal, como debía ser la mirada del Dios Anubis para los místicos egipcios.

El libro sitúa la acción poco antes del hundimiento del último resto de la Atlántida, Poseidonis, según Platón describe en el Timeo y el Critias, o sea, hace 11.500 años. Ankor, el protagonista, es hijo del gran Rey Sacerdote de esta tierra ya condenada. Con las sabias disposiciones del padre consigue huir y llegar a la isla de Kuum, inexpugnable baluarte, y Escuela Iniciática desde miles de años antes. Allí después de superar pruebas terribles[1] asociadas a los 4 Elementos, comienza su camino discipular. Y así comienza la senda del conocimiento de sí mismo y del alma de la Naturaleza, con lecciones y vivencias sublimes, y con los trabajos y estudios propios del que quiere conquistar la Verdad, con mayúsculas. Asistimos a aventuras y penalidades como  el rapto por los salvajes guerreros de la Isla del Sur, su liberación, el traslado de la Atlántida a Egipto de sus tesoros de sabiduría y  objetos sagrados más importantes -cuya civilización despuntaba como un Sol en el Horizonte[2]– y el regreso a la Isla de Kuum, para sucumbir con y en la tierra de la que era príncipe, y soñar el retorno a otra no contaminada, virgen de esperanza, pero de nuevo eterna por el corazón de sus Misterios.

—Mira esa estrella… Cuando la miremos juntos en otra oportunidad, ¿nos acordaremos de Fenur y Ankor? ¿Y de reconstruir una nueva patria para los Misterios?

—Nos acordaremos —aseguró el Hijo del Sol.

El agua volvió rápidamente hacia Kuum, hecha una muralla fragorosa. Ambos jóvenes, abrazados, se perdieron en ella. Las aguas sumergieron los montes, los árboles, los nidos, los templos…, pero no tocaron las nacientes estrellas. Sobre la espuma blanca refulgía la elegida, esperando, como una letra luminosa, que volviesen ellos para leerla.

No sabemos qué estrella es esa, ni en qué cielo se ve, pero estamos seguros que su luz resplandece y da vida a todo este libro y todos cuantos el profesor Livraga escribió, y en todo cuanto hizo en su vida, tan intensa y pródiga de frutos.

Caminando en los escenarios que sus páginas recrean, asistimos a una ceremonia de recepción de los nuevos discípulos que nos sobrecoge, y recordamos a Platón cuando, en las Leyes explica que las ciudades de los sabios eran gobernadas por Dioses y no por seres humanos. Nos son presentados, más bien insinuados, los emblemas antaño secretos que resumen la acción de todas las fuerzas morales y de la naturaleza, y que fueron después adulterados como Arcanos Mayores del Tarot. Recorremos los laberintos de cientos de kilómetros que surcaban el subsuelo de Egipto uniendo todos los centros sagrados hoy conocidos en esta tierra y los que aún no lo son. Y muchas otras aventuras cuyo disfrute no queremos robar al lector.

El libro es pletórico en enseñanzas de psicología sorprendentes, de simbología, de matemática y geometría sagrada, de enseñanzas filosóficas y metafísicas de tan alto vuelo que a veces es difícil de acompañar aunque están escritas de forma tan sencilla; de alquimia revelando –ya lo intuíamos por los Puranas- que en la Atlántida conocieron una forma de “fusión nuclear”, y también revela algunos de los episodios históricos que la humanidad en general olvidó, con este último cataclismo geológico que estremeció al mundo entero y mudó la faz de la Tierra, hace ahora 11.500 años. Aprendemos a veces, y otras sólo intuimos los significados que hay detrás de ciertos ritos que se ejecutan en la obra… y que nada tienen de fantasía ni especulación sino que son la simple y maravillosa repetición en la Tierra de los misterios del Cielo.

El estudio en Nueva Acrópolis es también muy importante para una comprensión cada vez más profunda de este libro. Y si uno lo lee cada varios años se sorprende de la cantidad de importantes detalles -y más importantes enseñanzas aún- que habíamos pasado por alto, y ahí estaban, sin disfraces, delante. Simplemente no era la hora aún y no le habíamos dado la importancia que después descubrimos.

El libro ha aparecido por veces con otros títulos como “Ankor, príncipe de Atlantis”, o semejantes, y un equipo de Nueva Acrópolis de Uruguay está haciendo un magnífico trabajo, dando a la historia y enseñanzas forma de comic, una labor ímproba que miles agradecemos ya y millones sin duda en los próximos años, y cuando esté terminada.

El pasado guarda las llaves secretas que abren las puertas del futuro, este libro es un claro ejemplo de ello, y aunque se sumerge con la imaginación en un pasado remoto y olvidado, sabemos que ahí duermen, escondidas, importantes llaves del porvenir. Pues, como enseñaba el profesor Jorge Angel Livraga, a veces debemos recordar lo que habíamos olvidado –pero nuestra alma siempre supo-para seguir avanzando con pasos firmes hacia el horizonte que nos espera.

 

Jose Carlos Fernández

Almada, 26 de mayo del 2018


[1] Terribles para quien no debe entrar en ese Camino, pero imaginamos que difíciles pero naturales para quien a Él es llamado.

[2] Se trata del Egipto Rojo, o el Predinástico. Recordemos que cuando Herodoto estuvo en Egipto, sus sacerdotes le narraron como las dinastías divinas y semidivinas gobernaron Egipto más de diez mil años antes del renacimiento y reunificación acometida por el faraón Menes.

1 comentario en “Ankor, el Discípulo”

  1. .. Buena sean, siempre.

    “… a veces debemos recordar lo que habíamos olvidado –pero nuestra alma siempre supo-para seguir avanzando con pasos firmes hacia el horizonte que nos espera.”, dejó escrito.
    Gracias por compartir su continua reflexión… reflexión… reflexión…

    .. Dicen que El Tiempo no corre para ‘Los Moradores de Las Arenas”; que las olas no esculpen playas, allí donde El Espacio Es Esfera y El Círculo verdes praderas.

    … Nadie se esconde de nadie, ni Los Libros, Leyes llevan. Pues al nacer traen su genética repleta de La Historia de La Tierra y que aunque uno no quiera, por la columna se unen la izquierda y la derecha. Así, El Alfa y Omega.

    … Tea que en su centro se alberga; que alumbra sin miedo, si se prende en El Silencio… sin Tiempo, que es eterno; que es murmullo que desvela.
    Y respiran Las Memorias de un infinito momento. En los sueños encontrados da luz la antorcha sin brea.

    … La Alquimia de carne y hueso; de Aire; de pensamientos, reduce el ruido a sonido de un palpitar natural y en El Desierto Perdido, los “Hijos de El Barro”… animado, reflejan de El Sol, su brillo.

    … Laberintos sin sentido para quien no encuentra un sitio donde construir su puente. Ese que enlaza el final con el principio, transmutando las marañas en simétrica tela de araña.
    ¡ No esperéis ser “Los Elegidos”!; No esperéis que temple el frío, ni hagáis de la sed apero para el cultivo. Cada cual tiene un camino; una forma de beber, un “así” en El Equilibrio… En Las Memorias fue escrito.

    … Memorias de El Infinito. Memorias sin recorrido. Memorias de Un Todo… en su forma de individuo.

    Un abrazo cercano…
    Álvaro.

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