Literatura

El Principito, 75 años después

“Este es para mí, el paisaje más bello y más triste del mundo (…) Aquí fue donde el principito apareció en la Tierra, y después desapareció.”

¡Qué bello regalo, Saint Exupèry, le diste al mundo! Le entregaste tu Principito. Es difícil saber dónde se gestó, dónde nació, antes de que lo leyéramos impreso en el papel y le conociésemos en tus acuarelas, tan sencillas, pero tan llenas de vida.

Quizás se gestó en las soledades infinitas y en el silencio del desierto del Sahara, finalizando el año 1935, cuando una avería te obligó a comulgar con sus extensiones y su luz cegadora, con una muerte presente que transforma.

Quizás en los primeros esbozos que de él hiciste, cuando ese niño de cabellos de oro comenzó a reír y danzar en tu corazón, queriendo salir al mundo, hijo de una estrella, buscando amigos.

Cuántos lectores ávidos de tus libros quedaron, al principio defraudados, pues estaban acostumbrados a tus novelas de aventuras y reflexiones filosóficas: Correo del Sur, Piloto de Guerra, Vuelo Nocturno, Tierra de Hombres…  Pero en poco tiempo el mundo se rindió ante su encanto y es hoy uno de los libros más leídos de toda la Historia, el primero en lengua francesa. No es en verdad un libro escrito para ser leído por los niños, sino dirigido al niño interior que se esconde en nuestra vida, como el pozo de agua en un desierto.

Nos hemos enamorado de tu Principito, siempre fiel a una rosa en una lejana estrella, siempre puro, sin renunciar nunca a una pregunta, una vez formulada, sin miedo a nada, y buscando siempre amigos.

Nos has enseñado la importancia de crear vínculos, alma con alma, pues la vida carece de sentido sin ellos, es el compromiso el que hace que no seamos simples fantasmas deambulando por el espacio y el tiempo. Y el peligro de no tener imaginación, de ser como el eco, que repite lo que otros dicen. Nos has advertido contra las sociedades que no se adaptan a lo nuevo y esclavizan a los suyos como al farolero, obligado a repetir consignas ya antiguas y obsoletas. Nos has hecho ver lo absolutamente solo que está el vanidoso, con sus gracias de payaso. Y la vida insípida, como la del geógrafo, que llama “efímero” precisamente a lo único que deja una huella en la alma. Y si el Buda decía en el Dhammapada, que es insensato el que cuenta las vacas de otro como propias, o la sabiduría de otro como propia (simplemente por repetir sus palabras), hemos visto esta estupidez en el hombre de negocios, al contar como suyas estrellas inaccesibles, de las que nada extrae, y a las que uno no sirve como heraldo. En viejo castellano decimos que “vale quien sirve, servir es un honor”, quien a nadie ni a nada sirve, con lealtad, nada tiene y nada vale.

Nos has enseñado que entre las rosas, es la tuya la que te llama al cielo, la que a él te lleva, y que “lo esencial es invisible a los ojos”. La importancia de deshollinar diariamente nuestros pequeños volcanes, y de arrancar las malas hierbas que se convierten en baobabs, de cuidar el pequeño mundo en que vivimos, nuestra casa, la tierra emocional y mental que nos sirve de soporte.

Un hombre de letras y un héroe en la guerra y en la paz te condujo hasta nosotros, y ahora hemos aprendido a oír tu risa en el tintineo de plata de las estrellas y tu alegría y danza en el viento y en el agua que corre… Ya no estamos solos, no somos huérfanos, simplemente nos habíamos olvidado, y tú nos has despertado y has seguido tu camino de retorno al abismo celeste que te trajo.

¡Qué extraño! ¿Sabes? ¿Han pasado 75 años? ¿O ha sido simplemente un guiño de ojos, una sonrisa desde tu alegre eternidad?

 

Jose Carlos Fernández

Almada, 20 de abril del 2018

1 comentario en “El Principito, 75 años después”

  1. “… es el compromiso el que hace que no seamos simples fantasmas deambulando por el espacio y el tiempo.”
    Don Jose Carlos… ¿Y si fuera esa búsqueda de “estrellas con vida”, un reflejo, una proyección de “La búsqueda interior”?…como compromiso de un “quién” consigo mismo?.. Acaso, ¿ Hay sendas marcadas en La Nada o es más llanura abierta? ¿ y si la unica regla fuera “Sin dudas; sin miedo”?
    También al que llaman Buda, especifico varias veces que todo es reflejo del interior… eso, por cierto, le incluye a él mismo en, por ejemplo, mi “realidad”.. y a usted, y a los que otean el espacio “exterior”, con extraña esperanza por bañada de dudas…
    “La primera accióm”, la que precede a cualquier otra es “la observación“… el mirar y tratar de ver. ¿ No cree?.
    Efectivamente, entonces, “El Observador determina”. Como explica El Zen: “Hacer sin hacer”.. ¿ Qué miro y cómo veo lo que miro?

    Permítame mandarle un abrazo lleno de agradecimiento y, una vez más, de admiración.
    Álvaro Ponte

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