Ciencia

¿Hacia lo infinitamente pequeño?

En 1960, Richard Feymann, uno de los más grandes físicos del siglo XX ofreció un premio de mil dólares a quien fabricase un micromotor que cupiese en un cubo de 0.4mm de lado. Un estudiante aceptó y superó el desafío. Había nacido la Nanotecnología. Desde entonces esta ha dado pasos de gigante adentrándose en el campo de lo infinitamente pequeño.

El nacimiento y desarrollo de la Física Cuántica, íntimamente unido al descubrimiento de la Radioactividad, nos hizo, incluso, penetrar con el ojo de la mente en las interioridades de lo que había sido llamado “átomos” (“sin partes”, en griego). Así, los ladrillos básicos de la materia eran ínfimamente más pequeños de lo que se pensaba, y el átomo era semejante a un sistema solar en miniatura. Las leyes de la Electrodinámica Cuántica resultaron ser, según las teorías, paradójicas, violando el principio de causalidad, y aun de localización puntual en el espacio -tiempo (Principio de Incertidumbre de Heisemberg). Los electrones y aún los protones estaban compuestos o podían ser considerados como ondas, según demostró De Broglie, lo que indicaba que en cierto modo estaba en una órbita (o mejor orbital) y otra al mismo tiempo. Aunque quizás la definición de “onda de probabilidad” para describir el estado o situación del electrón, según la interpretación de la Escuela de Copenhague, sea excesiva.

En realidad, quizás los átomos de la filosofía griega (Demócrito o Anaxágoras, con sus homeomerías) e hindú (de la Escuela Vaiseshika y Nyaya) fueran lo que hoy conocemos por quarks, y en ese sentido ver los diagramas y diseños de Química Oculta[1], de Annie Besant y Leadbeater, escrito en 1908, es admirable, pues ya están ahí presentes, como puntos de 3 en 3 las interioridades del núcleo atómico.

Visión clarividente del átomo de Hidrógeno, según Química Oculta de Leadbeater

 

Pensábamos haber llegado al límite de lo infinitamente pequeño y el descubrimiento de los neutrinos, las partículas más ínfimas con masa conocidas en la actualidad, abrió nuevos horizontes y perspectivas. ¡E incluso nos permitió fotografiar el Sol por la noche, con los neutrinos que atraviesan, como si fuera simple niebla, la Tierra entera! La Partícula de Higgs, llamada quizás “partícula de Dios” porque pensamos ahora sí haber llegado de nuevo al límite –con estas nuevas partículas que ni siquiera tienen masa, pero que la confieren- causó asombro a toda la Humanidad. ¡Qué pena que casi nadie abriera los libros de Física del siglo XIX, para ver que eran casi idénticas al Éter que había sido expulsado violentamente del reino de la Ciencia! Pero a los Físicos standard les avergüenza pronunciar la palabra Éter, casi tanto como evocar la teoría del flogisto o del calórico, o peor aún, los 4 Elementos de la Alquimia.

Mientras la Teoría de Cuerdas intenta unificar las dos visiones del Mundo, hasta ahora contradictorias y excluyentes, o sea, la Teoría de la Relatividad y la Física Cuántica; no sabemos si hay una respuesta clara a la pregunta: ¿hallaremos el fin en este camino hacia lo mínimo, hallaremos el fondo en este mar sin límites de la materia?

El sabio Vasubandhu, de la Escuela Yogacharya demostró de forma lógica que no, y el Budismo Mahayana (y la misma Doctrina Secreta) enseñan que el tiempo, el espacio y la materia son infinitamente divisibles, algo que nuestra mente humana, que es dual –y por lo tanto para ella todo tiene una causa y un efecto, un principio y un fin, un no-ser que delimita lo que es- no puede comprender ni aceptar. Y así tampoco podemos comprender –a no ser que sea intuitivamente, como en un sueño fugaz- la afirmación de la Doctrina Secreta de H.P.Blavatsky, en su artículo “Dioses, Mónadas y Átomos”:

“En el Reino de la Ciencia Esotérica, la Unidad dividida ad infinitum, en lugar de perder su unidad, se aproxima con cada división a los planos de la REALIDAD única eterna.”

O sea, cuanto más fino el bisturí, más finamente podemos cortar y ver en el interior de la materia, así hasta el infinito. Hasta que no pueda ya ser diferenciado el bisturí de lo que pretende cortar o el ojo de lo que quiere ver.

El drama es que la palabra “infinito” asusta, y quizás la interpretación que hace del mismo –como sucede con el concepto mismo de “eternidad”- la Filosofía Oriental no sea el mismo que hace la Filosofía Occidental. El filósofo Nicolás de Cusa (1401-1464) explica la unión de contrarios en Dios con el ejemplo de la circunferencia que, cada vez mayor, se asemeja más y más a una línea recta. En el infinito (infinito “en acto” que los matemáticos y filósofos griegos no se atrevieron a formular) ambos serían idénticos. Y así con todos los contrarios. Siendo Dios infinito, o mejor, siendo Dios el infinito, en su unidad convergen todas las dualidades -¿podemos hablar de unidad cuando decimos infinito?-y en su infinitud todos los contrarios, como en este caso, “recto” y “curvo”.

Bien, esta forma de entender el infinito, aunque elocuente y gráfica, no deja de ser reduccionista y, en cierto modo, materialista. Quizás fue por este motivo que H.P.Blavatsky, en su Antropogénesis, dijo de este filósofo:

“El concepto y definición de lo Absoluto por el Cardenal de Cusa[2] sólo pueden satisfacer a la mente Occidental tan inconscientemente esclavizada, y por completo degenerada, efecto de largos siglos de sofismas escolásticos y teológicos. Pero esta “filosofía reciente del Absoluto”, atribuida por Sir William Hamilton a Cusa, jamás satisfaría a la mente más sutilmente metafísica del indo vedantino.”

La Física Cuántica nació cuando el físico Max Planck observó que las emisiones de energía del “cuerpo negro” sólo podían tener valores discretos –como un libro, que lo puedes poner en una estante o en el de encima o de debajo, pero nunca en el medio-y todos ellos múltiplos de una cantidad, la llamada Constante de Planck, el “quantum de acción”. De ahí se llegó a que un electrón podía estar en una órbita u otra, pero no en el medio, sólo podía “saltar”, desapareciendo de una y apareciendo en la otra, emitiendo o absorbiendo un fotón en dicho “salto”. Esta cuantificación o división en unidades mínimas se verificaría también en el espacio y en el tiempo, que en el fondo son formas de energía. Esto es lo mismo que afirmar que la realidad total está “pixelada” en todas sus magnitudes, y que no hay valor intermedio entre un pixel y otro. El tamaño del “pixel es mínimo”, dicho quantum de acción, 6.63 x 10-34 Julios x Segundo. Esta Constante de Planck aparece también en el Principio de Incertidumbre de Heisemberg, que da la medida de nuestro máximo posible conocimiento de velocidad y posición de una partícula. No sólo de la medida del “bisturí” para diseccionar la realidad, sino la máxima precisión que intrínsecamente tiene. Quizás esta sea la limitación misma del mundo físico, que es el que estudiamos, pero hay otras dimensiones de sutilidad cada vez mayor. Y no me refiero a las dimensiones en el sentido cartesiano de la palabra. Por ejemplo, introduzco en un cubo guijarros de río hasta que ya no entran más. ¿Está el cubo lleno? Sí, de guijarros, pero puedo seguir llenándolo de arena. ¿Está lleno? Sí, de guijarros y arena. Pero puedo seguir llenándolo de agua. ¿Está lleno ahora? Puedo seguir llenándolo de aire, disolviéndolo en el agua. Y así, con radioactividad, con neutrinos, con luz, donde al parecer llegamos al límite, en el mundo físico. En cierto modo estas son dimensiones diferentes, la de los guijarros, la de la arena, la del agua, etc. ¿Pero existirán otras dimensiones que interpenetren ésta última, la de la luz misma y todo lo que es más denso que ella? Según la filosofía oriental sí, la energía –el prana-con todas sus subdivisiones (donde hallamos los chakras de la medicina ayurvédica), y más allá la luz astral –base de toda nuestra emotividad- y más allá aún el mundo de las formas mentales, que se convierten en pensamientos. Quizás ese proceso se pueda llevar hasta el infinito, aunque nosotros, como seres mentales, no podemos ir más allá en nuestra actual evolución. Más allá, para nosotros, sería haber llegado a la “otra orilla” o el Nirvana, según el pensamiento budista.

Orbitales o niveles de energía cuantizada del Hidrógeno en el modelo estándar.

En todo caso, como se refiere en el artículo ya citado de “Dioses, Mónadas y Átomos”:

“Ni la Filosofía Esotérica ni Kant, por no decir nada de Leibnitz, admitirían jamás que la extensión pueda componerse de partes simples e inextensas”

También dice antes:

“No es necesario recordar al lector ilustrado la tesis de Kant para demostrar su segunda Antimonia. Los que la han leído y comprendido, verán claramente la línea divisoria que trazamos entre el Universo absolutamente ideal y el Kosmos invisible, pero manifestado. Nuestros Dioses Mónadas no son elementos de la extensión misma, sino sólo los de la Realidad invisible que es la base del Kosmos manifestado”

La segunda Antinomia de Kant[3] a la que se refiere es, precisamente el tema de esta breve reflexión. Está formada por la

Tesis: Todo cuanto existe en el Universo está compuesto de elementos simples e indivisibles.

y

Antítesis: Lo que existe en el Universo no está compuesto de elementos simples sino de elementos infinitamente divisibles.

Evidentemente ambas no pueden ser verdaderas. Para Kant el error está en que se ha tomado el espacio y el tiempo como cosas en sí mismas, en vez de hacerlo como formas que aplica nuestra facultad de conocer. Tesis y antítesis serían perfectamente compatibles porque la una es válida en el mundo de los fenómenos, mientras que la antítesis es válida en el mundo de los noúmenos. O sea, que desde la perspectiva del noúmeno, la materia es infinitamente divisible. Pero desde la perspectiva de la materia, podremos “diseccionarla” siempre en la medida del bisturí que poseamos, y esa medida mínima sería en nuestro mundo físico el “quantum de acción”.

De ahí la afirmación anterior de H.P.Blavatsky:

La línea divisoria que trazamos entre el Universo absolutamente ideal [o sea, de los noumenos] y el Kosmos invisible, pero manifestado [todos los grados de sutilidad, todas las dimensiones o planos de conciencia de la Naturaleza hasta llegar al de la Existencia Pura- Atma-]”

Quizás al final Descartes tenía razón con su división extrema entre la res cogitans y la res extensa, aunque el mundo del pensamiento no es ni mucho menos el “Universo absolutamente ideal”, sino sólo un elemento  más sutil que el estrictamente físico. El espíritu desciende hasta las cavernas más profundas de la materia, trayéndola así a la existencia. La materia se eleva más y más para abrazar al espíritu, sutilizándose y convirtiéndose en un soporte cada vez mejor del mismo. Y el ser humano vive crucificado por y entre ambos, lanzando al espacio infinito su eterna pregunta de quién, qué y por qué.

 

Jose Carlos Fernández

Almada, 11 de enero de 2018


[1] Este libro fue escrito por métodos poco ortodoxos (clarividencia enfocada en las interioridades de la materia). Y sin embargo fue el manual que usó Francis Aston ( ) al estudiar el Neón y por el que obtuvo el Premio Nobel de Química en 1922.

[2] Y sin embargo, en otro apartado elogia la gran sabiduría de este personaje.

[3] Seguimos aquí los Apuntes de Filosofía Moderna de Nueva Acrópolis

1 comentario en “¿Hacia lo infinitamente pequeño?”

  1. Buenas tardes, Don Jose Carlos.
    Hoy me he acordado mucho de usted ante la tergivesación llevada a cabo por ciertos participantes en un foro de opinión que, generosa y amistosamente, ofrece un programa de radio. El programa se llama “La escóbula de la brújula” y la emisión que le cito es la última, editada bajo el titulo “¿ Existen los milagros?.
    Con su permiso voy a reenviar este su último artículo al director del programa, Don Jesus Callejo. Quizás él ya conozca su trabajo; quizás usted haya oido hablar de él o de su programa.

    Con referencia al artículo que acabo de recibir… ¿ Podríamos considerar que el cubo siempre ha estado lleno de “Nada”, y que al ser llenado de guijarros, arena o agua, esta “Nada” no ha cedido “espacio” sino que simplemente ha compartido “sitio” sin pederlo?

    Una vez más un sincero saludo pleno de admiración y agradecimiento.
    Á. Ponte

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