esoterismo

Sirio, la estrella de los Misterios

“Me enseñaron que los planetas eran tan variados como las plantas en la tierra, y las estrellas eran como ejércitos dispuestos en orden de batalla”  SAN CIPRIANO de ANTIOQUIA (Citado en Doctrina  Secreta Vol V, Sección XIX)

“El Quinto Orden es muy misterioso, pues se halla relacionado con el Pentágono microcósmico, la estrella de cinco puntas, que representa al hombre. En la India y en Egipto, estos Dhyanis estaban relacionados con el Cocodrilo, y su Mansión está en Capricornio” Doctrina Secreta V

“El hecho es que basta examinar ciertos cartuchos egipcios, mencionados por Rossellini para descubrir que Mercurio- una réplica de Sirio en nuestro sistema solar- y Sothis, precedido por las palabras sole, solis custode, sostegnon dei dominanti, il forte grande dei vigilanti, vigía del sol, fundamento de todos los dominios y el más fuerte de todos los vigilantes. Estos títulos y atributos son ahora del arcángel San Miguel…” Historia de un Planeta ( H.P. Blavatsky)

 

Constelación de Canis Minor, que prefigura el rostro de Anubis con Sirio como su ojo derecho

 

Cipriano de Antioquia, un testimonio de conocimiento iniciático

En su colosal obra de la Doctrina Secreta, H.P. Blavatsky refiere el caso de un joven, Cipriano de Antioquia, que fue iniciado en los conocimientos esotéricos y que después de ejercer, primero como mago y después como hechicero, se convirtió al Cristianismo y acabó siendo mártir en época de Diocleciano. Sucumbió al fruto de la “adormidera espiritual” del fanatismo cristiano… y a los encantos de una jovencita. En el siglo XIX su “Confesión” fue desempolvada de los Archivos Vaticanos para esgrimirla como arma ante las nuevas sectas satánicas. Cipriano, como renegado de la Antigua Sabiduría, no tuvo reparos en explicar en qué Conocimientos fue iniciado; conocimientos que dan la dimensión de una enseñanza poderosa, de una Doctrina Secreta que iluminaba los más recónditos aspectos en la relación entre el hombre como microcosmos, y el universo como macrocosmos. Estos “fragmentos de una enseñanza desconocida” revelan también la magnitud de la Astrología Esotérica y hasta qué punto los mitos del mundo clásico griego y romano, tienen sus raíces, firmes, aunque invisibles en un conocimiento astronómico…y astrometafísico.

Oigamos su “Confesión”: “Soy aquel Cipriano que consagrado a Apolo desde su infancia, fue iniciado tempranamente en todas las artes del Dragón. Antes de los siete años me presentaron en el templo de Mitra y tres años después me llevaron mis padres a Atenas para darme la ciudadanía. Allí me revelaron los misterios de Ceres llorosa, y llegué a ser guardián del Dragón, en el templo de Palas (…) Aprendí la analogía que existe entre los terremotos y las lluvias, entre el movimiento de la tierra y el del mar (…) A los treinta años fui a Caldea para estudiar el verdadero poder del aire que algunos colocan en el fuego y los más doctos en la luz (akasha). Me enseñaron que los planetas eran tan variados como las plantas en la tierra, y las estrellas como ejércitos dispuestos en orden de batalla. Aprendí la caldaica división del éter en 365 partes, y eché de ver que cada uno de los daimones que se lo reparten entre sí está dotado de fuerza material necesaria para ejecutar las órdenes del Príncipe y guiar allí (en el éter) los movimientos”

Se nos enseña que los mitos son el modo de expresión de las civilizaciones antiguas, la objetivación, en definitiva, del pensamiento primitivo a través de los símbolos y sus relaciones. En todo mito hay un logos, un significado oculto, que espera, como la joya en el loto según la conocida expresión tibetana. Cada símbolo dice de una cualidad divina de la naturaleza, y la unión armónica de los mismos permite expresar y aprehender los más abstrusos significados, las ideas más sublimes: desde hechos acaecidos en la evolución de la naturaleza; hasta la misma estructura del Pensamiento Divino.

El lenguaje de los símbolos es un lenguaje universal y armónico; es el patrimonio y la herencia de los Iniciados de todas las épocas y civilizaciones; y quizás el primer descubrimiento del filósofo que busca la verdad. Porque sólo el lenguaje de los símbolos puede expresar aquellas enseñanzas que están más allá de nuestros sentidos y de nuestra razón, y que sólo el alma puede percibir. La analogía se convierte así en la herramienta más importante para un conocer que es más bien descubrir…y recordar.

El sistema jeroglífico egipcio, un legado del dios de la Sabiduría, Thot, a los antiguos pobladores del país de Kem es una expresión, por ejemplo, de este milenario lenguaje de símbolos. Un mismo símbolo o una narración alegórica de los mismos- mito-  puede significar ideas muy distintas, pero todas ellas relacionadas armónicamente entre sí a través del símbolo. Por ejemplo el Ojo de Horus, o el Ojo de Ra; Oudjat; es la “visión interior”; pero también puede significar, cuando aparece en el Espejo de Isis, la mirada divina, o la huella de Dios en la Naturaleza; mirada que puede convertirse en poder destructor y justiciero- Sekhmet- cuando se quebrantan dichas leyes de la Naturaleza. Este Ojo, el gran Ojo en los Cielos puede significar, en otra clave, el Sol, cuya mirada penetra hasta los confines de su mundo, sosteniendo la vida e impulsando los cambios; pero también el Sol del Sol, el Sol de nuestro Sol, que para los egipcios es la Estrella Sirio; el Ojo de Anubis.

Anubis de la tumba de Tutankhamon

Horus el Dios Halcón, siempre en relación con la Mente u Hombre Celeste, puede significar el vuelo del Pensamiento Divino; y también el Alma Humana que combate las pasiones, representadas por Seth. Representa el Alma que gobierna la Humanidad, y quien rige a Egipto. Es la Mente que impulsa la Acción, y por lo tanto, aparece como el alma de los astros; del Sol de Vida, de Júpiter—, y de Marte—. Y aquí de nuevo, Horus, como Hombre Celeste, se halla relacionado con la Estrella Sirio en su aspecto de Horus Sept.

Isis es la Madre y la Naturaleza, Señora de la Vida. Como Naturaleza y Madre de la actual Humanidad se convierte en la Tierra, y por lo tanto en la Gran Hechicera que trata de arrebatar al Dios Creador Ra su Nombre Secreto. Pero como Madre de la Tierra y Alma de los ciclos de esta Naturaleza se relaciona con la Luna, Madre de la Madre Tierra. Es el Alma Humana, como Madre de cuanto en ella vive; y de nuevo es la Estrella Sirio, como Madre del Alma, y señora de la Vida Celeste; en su nombre de Isis Sept. Su hermana, Neftis, cuyo nombre significa Señora del Castillo, de la fortaleza, es la Guardiana de los Confines, y por lo tanto, diosa del Número 9; mientras que Isis lo es del Número 7; Madre porque el Número 7 rige la Naturaleza entera; y Virgen porque es pura, luminosa y sin mancha; y porque no es posible inscribir en un círculo el heptágono. Isis y Neftis aparecen juntas como hermanas, lloran y guardan el cadáver de Osiris.

Isis y Neftis de Oro frente al Djed como Columna Vertebral de Osiris

El lenguaje del simbolismo egipcio es muy evocador: Cuando Isis es la Tierra, Neftis es la Luna, su hermana. Cuando Isis es la luz lunar y su faz luminosa, Neftis es la cara oscura. Si Isis es la vida que canta en la naturaleza entera, el fértil cauce de los ríos; Neftis es el curso subterráneo y escondido de las aguas. Si Isis es la conciencia y luz de la vigilia, la madre de nuestro comportamiento; Neftis es la actividad en el mundo sumergido de los sueños y del inconsciente. Si Isis es la Estrella Sirio, Sirio A; Neftis es su hermana invisible, a la que la astronomía ha dado en llamar Sirio B.

Los mitos, tejidos siempre con el hilo luminoso de la sabiduría y el recuerdo, hallan sin duda un modo singular y original de expresar verdades y conocimientos que por su magnitud e importancia deben ser de origen divino. Los egipcios figuraban al Cosmos y al Tiempo como un cocodrilo que se sumerge y emerge en las Aguas Primordiales. Apareciendo y reapareciendo, encarnando y reencarnando. Dicho cocodrilo, según referencias egipcias, tenía las escamas pentagonales; y según Herodoto en ellas iban piedras preciosas y joyas alquímicas; para que en la noche, y en sus estanques sagrados, el movimiento del cocodrilo simulase el nacimiento y muerte de estrellas y constelaciones, en el mar sin orillas de la Eternidad. En la India dicho animal acuático o “cocodrilo” es Makara, la montura del Dios del Oceano, Varuna. Makara es el décimo signo del Zodiaco, Capricornio, en relación con el Tiempo. Makara significa Cinco (Ma) Manos (kara) o Lados (karam) y geométricamente representa, por tanto, al Pentágono. El sabio y erudito Subba Row en su obra “Los Doce signos del Zodiaco”, escrito a finales del siglo XIX nos dice que “el signo en cuestión tiene por objeto representar los aspectos o caras del universo, e indica que la figura del universo está limitada por Pentágonos” en relación con el elemento Éter o Espacio de los pitagóricos, que figuraban como un dodecaedro, el poliedro de caras pentagonales. Más sorpresa causa cuando uno lee en una revista de divulgación científica que “Ultimas investigaciones realizadas por la NASA y la Universidad de Ciudad del Cabo, que identifican la radiación de fondo dejada por el Big Bang, indican que a las escalas máximas las fluctuaciones observadas en el cielo son más pequeñas que las que produciría un universo infinito. Parece que el espacio no es lo suficientemente grande para contener (¿) dichas ondas. Más bien, respondería a un esquema de universo finito, compuesto por pentágonos curvos unidos en una esfera. Si así fuera, si alguna onda se saliera del dodecaedro volvería por la cara opuesta del mismo. Nuevas especulaciones para los interrogantes de siempre”

Para los egipcios las “escamas” del espacio eran pentagonales, figura geométrica asociada al Agua, en la que inscribían, como podemos ver en los techos de sus templos, las estrellas de cinco puntas como si fueran estrellas de mar. Aunque para los egipcios La Estrella de cinco puntas, por excelencia, era Sirio.

“Al cocodrilo se lo llamó el Pez de Horus, que era el mismo o el equivalente al Makara indo, monstruo marino simbólico que se dice que habita en el signo zodiacal Capricornio, signo por excelencia de representación de las potencias del nacimiento. Makara simboliza la oscuridad, lo que el Ocultismo oriental llama Laya, el punto de partida de donde nacen los Universos. Este Makara indo sirve asimismo como monstruo acuático, como fundamento de Kumara, que es una Deidad inda, compleja y muy esotérica, que aparece también como Horus, asociada a la mano derecha, al número cinco, a las Cinco Vocales Primordiales y a los cinco peldaños simbólicos del Templo de Amón”[1]

Horus y Cocodrilo, símbolo de la Mente Humana, una que vuela y otra que nada en las aguas primordiales (Manas y Kama Manas de la tradición teosófica)

 

Y el cocodrilo era la primera irrupción del Misterio, el inicio del Tiempo; y también el efecto del Tiempo: “el signo de Makara está relacionado con el nacimiento del Microcosmos espiritual, y con la muerte o disolución del universo físico y su paso al reino de lo Espiritual” (Doc. Sec. V). Y se relacionaba, en tanto que no podemos percibir el Tiempo sin la Mente, con el número 5. “Los Cocodrilos en el Nilo celeste son cinco, y el Dios Tum, la Deidad Primordial que crea los cuerpos celestes y los seres vivos, produce estos Cocodrilos en su quinta “creación” (Doc. Sec V).

Es también el Siete y el Gran Siete que dibuja en los cielos la Osa Mayor, como si fuera el gran marcador del Tiempo. El Siete es en el esquema teosófico Atma, que surge de las Aguas Celestes o Mente Cósmica, Cinco; y contiene en sí toda la estructura septenaria. Tal y como en el cielo, el Sol (Atma), depende de Sirio (5, Manas Cósmico)

Sirio se halla en relación con el Tiempo, y por lo tanto, con el número 9; y se le llama Señor del Tiempo, pues contiene en sí el principio y fin de toda la evolución de nuestro sistema solar, a quien rige, tal y como los egipcios expresaban con la imagen de que la barca solar gira siempre, en su eterno giro, su proa hacia la estrella Sirio.

Esta relación de Sirio con el número 5, con la V Humanidad, con el Manas humano y con la Mente Cósmica (donde se halla insertado el Séptimo Principio, Atma) aparece como un recuerdo vago en distintas tribus primitivas: Por ejemplo, para los indios hopi, Sirio es- así la llaman- la Estrella Azul, Kachima y dicen que “cuando la Estrella Azul haga su aparición en el cielo, el Quinto Mundo emergerá”. Los bambara, una tribu africana vinculada a los dogones, de los que hablaremos más tarde representan el sistema de Sirio por “una[2] sabana a cuadros que se llama koso wala, “imagen de colores” y que consiste en diez secuencias hechas con unos trece rectángulos de colores alternativos añil y blanco, símbolos de la oscuridad y la luz, de la tierra y el cielo– y, pienso, también hacen referencia a los colores blanco y azul de Sirio en el cielo; y a las alternancias de brillo y color en la Estrella por tratarse de un sistema doble- y en la mitología de Bambara, de Pemba y de Faro. Esparcidos por todas partes hay veintitrés del hilo, alternando el añil con el blanco y el rojo. Veinte de estos representan estrellas y constelaciones. Los otros tres representan, respectivamente, el arco iris, el granizo y la lluvia. La quinta secuencia del centro, en la que no hay un rectángulo coloreado, simboliza la Vía Láctea. La novena secuencia, en un extremo, contiene cinco rectángulos negros que representan “la quinta creación en tinieblas, que tendrá lugar con la llegada de las aguas que vendrán”

Invisible el alma, de él sólo se perciben sus cuerpos resplandecientes, figurados por los dientes del cocodrilo, también, en diversas mitologías, los dientes del dragón. Precisamente el jeroglífico egipcio de Sirio, SEPT es idéntico a un diente de cocodrilo, y las fauces de dicho reptil expresan muy bien, el poder devorador del tiempo. Cadmo y Jasón deben sembrar los dientes del dragón para generar una nueva raza de hombres, esotéricamente la Quinta. Recordemos el mito de Cadmo y la fundación de Tebas, en que guiado por la vaca Io, la Luna, y aconsejado por la diosa de la Sabiduría, Atenea, penetra en una cueva donde fluía la fuente de Ares. Debe combatir al dragón que la custodia; le vence; y luego siembra dichos dientes del dragón, creciendo de los mismos y de la tierra terribles guerreros armados, que se baten entre sí hasta que sólo quedan cinco, con los que el héroe funda la ciudad de Tebas. En el mito se refiere a la ciudad del Peloponeso; pero podría aludir también, directa o indirectamente a la Tebas egipcia, tan ligada al culto a la estrella Sirio y a su poderoso influjo, uno de cuyos símbolos es precisamente el Viento de su Dios Amón, el Huevo Solar alado.

Isis como Diosa de Sirio, o sea, Isis Sept

Astronómicamente Amón significa el viento cósmico y espiritual que alienta las almas y que proviene del Sol; pero también aquel cuya fuente es el Sol del Sol, la Estrella Sirio; Y así sucesivamente hasta llegar al corazón de nuestra galaxia, que dicen los Astrónomos es un gigantesco Sol Negro, que engulle y lleva a la disolución y libertad a infinidad de sistemas estelares. Y quizás más lejos aún, hasta llegar al Corazón mismo del Universo, que hace palpitar y ondular las mismas Aguas del Espacio.¡Qué profunda la sabiduría hindú cuando llamó a Makara, el cuerpo del Universo, “una forma de agua” (jala rupa)!

Dicho sea de paso, el cocodrilo no sólo es el símbolo del Tiempo, con mayúsculas, sino también de los ciclo temporales, de los anillos del tiempo, los anillos del Karma; y rige la unidad de medida por excelencia en la astronomía antigua, que es el ciclo de sesenta años, que los egipcios relacionaban con Osiris. Ciclo de cinco revoluciones de Júpiter y dos de Saturno. Plutarco, en su “Isis y Osiris” nos dice la causa: “El cocodrilo, ciertamente, ha adquirido honor no falto de motivo razonable, sino que se declara representante vivo de Dios, puesto que es la única criatura sin lengua; porque la Palabra Divina no tiene necesidad de voz(…) Dicen que el cocodrilo es el único animal habitante del agua que tiene una membrana fina y transparente que se extiende desde su frente para taparle los ojos, para poder ver sin ser visto; y esta prerrogativa también corresponde al Primer Dios(…) Ponen sesenta huevos, que eclosionan en el mismo número de días, y los cocodrilos que viven más tiempo alcanzan este mismo número de años de edad: el número sesenta es la primera de las medidas para los que se ocupan de los cuerpos celestes”

El filósofo platónico Olimpiodoro se refiere a este ciclo de conjunción del periodo de Júpiter y Saturno, como aquel en que “las almas son castigadas”. Es la base del ciclo mesopotámico saros-anillos- de 3600 años, y una décima parte del ciclo o periodo Neros, del Próximo Oriente antiguo.

Las tradiciones mitológicas y esotéricas hindúes vinculan a los Kumaras con Sirio, significando el más importante de ellos Sanat Kumara el Señor del Tiempo. Los egipcios relacionan también a Anubis con el Tiempo y con la Estrella Sirio. Sirio es en el Cielo el Ojo de Anubis, cuyo perfil dibujan perfectamente las estrellas en el cielo en la constelación del Perro, Canis Minor. Hallamos en el Isis y Osiris de Plutarco un eco filosófico de los conocimientos iniciáticos de antaño: “Otros opinan también que Anubis quiere decir Tiempo, y que su denominación de Kuon- término griego para “perro” – no se refiere tanto a un parecido con el perro, aunque este sea el empleo general de la palabra, como al otro significado del término asimilado a criar; por que el Tiempo engendra todas las cosas de sí mismo, las produce dentro de sí mismo, como si estuviera en un útero. Pero esta es una doctrina secreta que se da a conocer en mayor profundidad a aquellos que se inician en el culto de Anubis”

También Plutarco describe a Anubis como el horizonte o círculo que separa la oscuridad, Neftis, de la Luz, Isis, que es Sirio; el umbral que separa el futuro del pasado. Rige, por lo tanto el tránsito de la muerte a la vida y de la vida a la muerte. De la vida a la muerte es el chacal negro y guía en las tinieblas de la muerte y de la iniciación. De la muerte a la vida es el chacal blanco, up-uaut, “el que abre los caminos” y se lo relaciona con el jeroglífico de la placenta.

Hay otro significado, esta vez astronómico de por qué se figuró a Sirio como Señor del Tiempo, o, de nuestro tiempo. Sirio es, en el cielo un Ojo luminoso perfectamente inmóvil, y una referencia “fija” en los Cielos, lo que hace que los egipcios tuvieran el calendario más perfecto conocido. Esto se debe a que el movimiento anual que tiene Sirio es de 1” 32, que compensa casi exactamente el movimiento aparente de las estrellas en el cielo debido a la precesión equinoccial o movimiento de peonza de la tierra cada 26.500 años. Mirar siempre una estrella es un punto de referencia más fijo que hacerlo con el Sol, y la medida de año más precisa es el llamado Año trópico, en que una misma estrella pasa por el mismo meridiano, al término de un Año. Pero si esta estrella es Sirio, da una medida casi exacta del tiempo, por lo que Sirio da la unidad de medida del tiempo, lo que los egipcios sabían. Sirio es astronómicamente, el Señor del Tiempo.

Volviendo al “diente”, jeroglífico de la estrella Sirio; expresa también como idea, en la lengua egipcia el “estar preparado”, “hallarse provisto”, en el sentido de tener armas para combatir, o dientes para masticar, o virtudes mágicas para enfrentar demonios y trasgos. En ciertos textos neoplatónicos de origen egipcio, Anubis- es decir, Sirio- es quien arma a la Humanidad, con un Hacha de doble Filo para trazar y recorrer el laberinto de la existencia y enfrentar Apap  (la serpiente de la materia primordial y los eclipses) y a Sobek (el cocodrilo acuático)

El cocodrilo Sobek divinizado

 

El jeroglífico Sept, con forma de diente, que es la Estrella Sirio, viene acompañado con un determinativo que significa “diosa” y “cuerpo”, figurado por una serpiente. Ambos jeroglíficos juntos dicen de Sothis- Isis. Sin embargo una lectura ideográfica, que hicieron los neoplatónicos sería “Diente- Serpiente”, o diente de serpiente. Es interesante recordar que se dice que en Tebas- la egipcia, la de las cien puertas- se rendía culto al Diente de la Serpiente, cuando en realidad conocimientos y ceremonias estaban vinculados a la Estrella Sirio, en sus distintas posiciones en el cielo.

Hemos visto que una de las ideas relacionadas con Anubis es el tránsito de la oscuridad hacia la luz- de la ignorancia a la sabiduría, de la corrupción a la pureza. En griego, el término que designa el nacimiento de un diente, desde su concavidad es “anatole”, significando “hacer surgir” y también “parir”. Pero este término se usa, también para describir como se elevan en el horizonte estrellas y constelaciones. La similitud, por lo tanto, de dientes y estrellas es importante en el mundo antiguo, y es que si hay algo parecido en el microcosmos del cuerpo humano a las estrellas en el cielo son los dientes. En el llamado “Libro de los Muertos Egipcio”, en el Himno 42, la diosa que rige los dientes es Selkit –la diosa Escorpión- mientras que Anubis se vincula con los labios, porque permiten el nacimiento de la palabra, es decir, de la vida. Y es que cuando se vinculaba a Anubis con los dos horizontes, de ambos surgen, como los dientes cuando los labios se abren, las estrellas cuando se elevan en el seno de Nut, la madre cielo.

Corte esquemático de la Gran Pirámide

Los filósofos árabes describieron las pirámides de Egipto como un reflejo de las estrellas en el cielo. El investigador Robert Bauval en su “Enigma de Orión” hizo un sesudo estudio arqueoastronómico y vincula las tres estrellas de la constelación de Orión (que la religión egipcia asocia a Osiris) con las pirámides atribuidas a Kheops, Kefrén y Micerinos. Pero es posible, también, desde otro ángulo, que la Gran Pirámide y su Hermana (¿De Keops y Kefrén?) signifiquen a la Estrella Sirio A y Sirio B, o quizás en otra clave a nuestro Sol y a la Estrella Sirio B, de masas tan similares. La Doctrina Secreta enseña que la estructura de la Gran Pirámide es la del Sistema Solar, y que sus siete cámaras (aún faltarían por descubrir varias) serían los siete planetas que tradicionalmente ha considerado la astrología. Como el Anubis de Plutarco, en su Isis y Osiris;  la Gran Pirámide recibe el nombre de “la del bello horizonte”.

Es necesario que, dado que este breve ensayo versa sobre la estrella Sirio y el tratamiento que de ella han hecho en distintas tradiciones mitológicas; que estudiemos, primero, lo que de ella dice la astronomía moderna.

Sirio es la estrella más brillante y de mayor magnitud (aparente) del firmamento. Situada en la constelación de Canis Major, y llamada “La Estrella del Perro” en civilizaciones tan distantes como China, Egipto y Grecia. Situada a 8.6 años-luz de la tierra, en el hemisferio norte es visible desde el mes de noviembre hasta abril. Tiene dos veces la masa de nuestro Sol y sin embargo su brillo y luminosidad es veinte veces mayor (estamos hablando de Sirio A) Aparece de un color blanco y azul; y en el curso de los años, según la posición recíproca respecto a su compañera, Sirio B, cambia su luminosidad y su brillo, hecho ya observado por los astrónomos antiguos, por ejemplo los griegos, que referían esta característica como una de las más notables de Sirio. La astronomía moderna comenzó a detectar irregularidades en la órbita de Sirio desde el 1834, pero no conseguirían identificar a su estrella hermana hasta 1862. En el año 1920 se obtuvo el primer espectro de luz procedente de Sirio B y se la clasificó como una “enana blanca” –era la primera enana blanca que se estudiaba y sirvió de patrón para todas las otras que se descubrieron después-. Las enanas blancas son estrellas de brillo muy débil y gran densidad.

 

Tamaño relativo del Sol y Sirio

 

El tamaño de Sirio B es tres veces el de nuestra Tierra y su masa es similar a la de nuestro Sol. La densidad de Sirio B es, por tanto 65.000 veces mayor que la del agua. No está hecha- dicen los astrónomos- de materia corriente sino que los átomos están prensados y los electrones aplastados en lo que se conoce como materia degenerada o superdensa. Las dos estrellas, Sirio A y Sirio B giran la una en torno a la otra en un periodo orbital de 49.9 años (50, redondeando) intercambiándose partículas y rayos cósmicos; más aún cuando se acercan tanto cuanto se lo permiten sus órbitas, que es cuando se crean poderosísimos campos magnéticos; y Sirio B, más densa arrebata materia a su compañera, acelerando ambas más y más su giro; lo que provoca que produzcan una pulsación cósmica, una irradiación y flujo magnético hacia nuestro Sol, que lo distribuiría, como una lente por el sistema solar.

La relación entre esta Estrella, Sirio A y su hermana, Sirio B quizás sea uno de los significados del combate, repetido y feroz entre Horus (recordemos que uno de los significados de Horus, en su forma de Horus Sept es precisamente Sirio) y Seth Tifón; existiendo incluso una divinidad de dos cabezas, una de Seth y otra Horus, “reconciliados”. Se los obliga a combatir en un espacio cerrado- es decir que “orbitan” el uno hacia el otro, con sucesivos acercamientos y alejamientos, estrictamente ordenados por el Dios Thot, la Inteligencia, dado que es él quien otorga todas las medidas y ritmos. Esta idea no debe resultar tan extraña si estudiamos el significado de la palabra typhon, con que los griegos designaron al Dios Seth. Repasemos primero la idea astronómica: Sirio B, una estrella casi oscura, envuelta en fortísimas turbulencias magnéticas hace gravitar pesadamente a Sirio A, le arrebata materia y “ciega” Recordemos que los dogones y otros pueblos conceden la preeminencia a Sirio B, que aunque más oscura, rige y sería el “padre oscuro del hijo luminoso”. Pues bien, Tyfon –nombre griego de Seth- significa “cometa”, es decir, una estrella en movimiento; Tyfos quiere decir “humo, vapor”, y también orgullo y vanidad; Tyflos es “ciego”, en el sentido de “brumoso y oscurecido” y Tyfloo significa “cegar, confundir” y también “envolver en humo”. Para colmo el perro Ortros, uno de los nombres de Sirio en la mitología griega es hijo del monstruo Tifón, junto con Cerbero, el perro de tres o cincuenta cabezas. El 50 es un número que aparece continuamente asociado a Sirio, por la relación de este con el 5 y por los 50 años de la órbita conjunta y acercamiento y alejamiento de Sirio B y Sirio A.

 

Trayectorias de Sirio A y Sirio B

 

En el año 1995 los astrónomos franceses Daniel Benest y J.L. Duvent afirmaron que parece existir una pequeña enana roja, Sirio C, en el sistema estelar de Sirio, pues detectaron una perturbación que no se podía explicar de otra manera. Es curioso, ciertamente, que los egipcios, en el Zodiaco del Templo de Denderah figurasen tres diosas en la barca de Sothis (Sirio): Sothis, Anukis y Satis; y que Neugebauer, el gran estudioso de la astronomía egipcia afirme que “dicha diosa Satis, como su compañera Anukis, no puede considerarse una constelación separada sino más bien vinculada a Sothis”. Una de las formas simbólicas de Sirio en Grecia es Hékate- que también significa la Luna- la diosa de la magia y de los juramentos terribles, de tres cabezas.

Más extraordinario aún es el conocimiento que de la estrella Sirio tienen los dogones, una tribu africana que vive en el actual estado de Mali, y que consideran sus conocimientos procedentes del Antiguo Egipto. No son conocimientos a los que ellos se refieran libremente; sino que los trasmiten gradualmente en sus iniciaciones a quienes piensan pueden ser dignos de ellos. Por “fortuna”, los antropólogos franceses Marcel Griaule y Germaine Dieterlen, después de vivir varios años entre ellos pudieron acceder a estos conocimientos “iniciáticos”. Marcel Griaule fue el primer forastero depositario- después de una solemne reunión de los sacerdotes más importantes de la tribu- de dichos conocimientos: Resumamos lo que sabe, desde hace siglos y más siglos esta tribu sobre el sistema Sirio.

El punto[3] de partida de la creación- evidentemente de la vida en nuestro sistema solar, o la vida del alma humana, no el origen ni la vida de nuestro infinito universo-es la estrella que gira en torno a Sirio, que de hecho se llama la estrella Digitaria; los dogones la consideran la más pequeña y la más pesada de todas las estrellas; contiene el germen de todas las cosas. Su movimiento alrededor de su eje y de Sirio sostiene la creación en el  espacio. Veremos que su órbita define el calendario[4]

 

Dogones de Mali con sus máscaras Kanaga

 

El nombre con que los dogones designan esta estrella es Po, que es el de la semilla que constituye su alimentación básica- como el de muchas tribus de Africa-, semilla de la planta Digitaria exilis o Fonio. Resulta que su semilla es de las más diminutas que existen, lo que la vincula directamente a la importancia y por otra parte al tamaño reducido de Sirio B. Para los dogones esta semilla es la “fuente de todo en el mundo”; pero en realidad a lo que se están refiriendo es que la estrella Po, o Digitaria es la fuente de todo el mundo y que todo tipo de  materia tiene su raíz en esta estrella. Pienso que una interpretación de este fragmento es que desde la Estrella Sirio- más particularmente Sirio B- emana una irradiación cósmica que interviene definitivamente en las trasmutaciones alquímicas de la materia; no sólo de nuestro sistema solar sino de todas las estrellas cercanas de la “molécula cósmica” que incluye a Sirio, nuestro Sol, Alfa Centauro, Procion, Altair  y decenas de estrellas de mucha menor visibilidad.

Recordemos la enseñanza mistérica: un electrón es como un planeta, un sol como un átomo, y un grupo de soles ligados armónicamente es una molécula. Esto los dogones lo relacionan con la Placenta, y hablan de, por ejemplo, de la “placenta de Po” porque en cierto modo, ella alimentaría a las distintas estrellas que se hallan dentro de su placenta o influencia estelar. Ver cómo nacen las estrellas de la nebulosa, alimentándose de ella-por ejemplo, actualmente, las de la nebulosa de Orión- es la perfecta imagen de una placenta

Describen la órbita de Digitaria como un huevo o una elipse, y girando en torno a Sirio A, que se halla- según los dibujos de los dogones- en uno de los focos de la elipse, con lo que los dogones demuestran un conocimiento de la gravitación universal o de las leyes de Kepler. A su vez Digitaria, Sirio B, giraría en torno a sí misma cada año, lo que los dogones celebran con el rito del bado, pues dicen que un haz de rayos cósmicos y espirituales llegaría desde esta estrella, cada año. Literalmente, para que cada uno lo interprete como quiera y pueda, dicen: “En[5] esta ocasión, expulsa de sus tres espirales los seres y las cosas que contiene. A este día se lo llama badyu, “padre arisco”, porque está marcado por un movimiento general del mundo que trastorna a las personas y las coloca en una relación insegura con ellas mismas y con las demás”

Los dogones afirman que este sistema es triple- hecho recientemente corroborado por la ciencia- llamando a esta tercera estrella, Sirio C, emme ya (sorgo hembra) sol pequeño o sol de las mujeres. Dicen que comparada con Digitaria es cuatro veces más ligera y recorre un trayecto mayor en la misma dirección y el mismo tiempo, 50 años, siendo sus posiciones relativas tales que sus radios forman un ángulo recto.

Disponen de otros conocimientos esotéricos y astronómicos admirables. Por ejemplo, dicen que la Luna está muerta y seca, como la sangre reseca. Los planetas son estrellas que giran en torno al Sol. Las distintas posiciones de Venus aparecen registradas en altares, piedras realzadas, disposiciones en cuevas. Tienen cuatro calendarios: tres litúrgicos, el solar, de Venus, de Sirio, y un cuarto calendario agrario, de base lunar. Conocen los cuatro satélites más importantes de Júpiter a los que llaman “las cuñas de Júpiter”. Saturno es “la estrella que limita el espacio”. La Tierra está contenida en la Vía Láctea, que es “por sí misma la imagen de las estrellas moviéndose en espiral dentro del mundo de las estrellas que se mueven en espiral” Los movimientos celestes están relacionados con la circulación de la sangre. Los planetas, satélites y estrellas compañeras son la sangre en circulación, visión, por ejemplo, que comparten con los aztecas y con Paracelso. Como ya dijimos, los dogones usan la placenta como símbolo de un sistema de estrellas o planetas. Se refieren a nuestro sistema solar como la “placenta de Ogo”, mientras que el sistema de la estrella Sirio es la placenta de Nommo, siendo- como Osiris en Egipto- este el nombre colectivo para el gran héroe de su cultura y fundador de la civilización, proveniente del sistema de Sirio. “Ambas[6] placentas cósmicas están vinculadas, se entrecruzan y se encuentran en el origen de diversos calendarios, imponiendo un ritmo a la vida y a las actividades del hombre. Uno de ellos, el más cercano a la Tierra, tendrá el Sol como eje; el Sol es el testimonio de los restos de la placenta de Ogo, y el otro, más lejano, Sirio, el testimonio de la placenta de Nommo, supervisor del universo”

Seguimos extrayendo del trabajo de estos antropólogos “Un sistema siriano en Sudán” las siguientes citas sobre el sistema de Sirio y otros datos de gran interés:

Dicen que Sirio aparece rojiza a la vista y Digitaria, blanca, y que Dios, Amma, creó a Digitaria antes que a cualquier otra estrella. Es el huevo del mundo, la infinitamente pequeña, y conforme se desarrolló, engendró todo lo que existe, visible e invisible. Está compuesta de tres de los cuatro elementos básicos: aire, fuego y agua. El elemento tierra está sustituido por el metal.

Encontramos también enseñanzas precisas de Cosmogénesis. Del Huevo del Mundo sale[7] “una línea vertical, el primer brote en salir del saco; otro segmento, el segundo brote, asume una posición en cruz, y así aporta los cuatro puntos cardinales: el escenario del mundo. La rectitud de estos dos segmentos simboliza la continuidad de las cosas, su perseverancia en un solo estado. Por último, un tercer brote, tomando el lugar del primero, le da forma de óvalo abierto en su parte inferior, y rodea la base del segmento vertical. La forma curva, en contraste con la recta, sugiere la transformación y el progreso de todas las cosas. El personaje que se obtiene de este modo, llamado, la “vida del mundo”, es el ser creado, el agente, el microcosmos que resume el universo”.

“La estrella (Digitaria) es la reserva y la fuente de todo: “Es el granero de todas las cosas del mundo”. Los contenidos del receptáculo estrella son expulsados por la fuerza centrífuga, en forma de partículas infinitesimales comparables a las semillas de la planta Digitaria que sufren un desarrollo rápido: “La cosa que va, emerge fuera, se hace tan grande como ella cada día”

Dígitos del Codo del Louvre, Sirio ocupa la posición nº 23 (contando desde Ra)

 

“Está hecha de un metal llamado sagala, que es algo más brillante que el hierro y tan pesado, que todos los seres de la Tierra juntos no pueden levantarlo” Recordemos que esta estrella, Digitaria o Sirio B tiene un densidad decenas de miles de veces superior a la del agua, y por lo tanto, miles de veces a la de un metal común. El hecho de que los dogones la consideren “metálico”, o de “el más pesado de los hierros” tiene una corroboración científica. El metal y sus cualidades (brillo, peso, conductividad eléctrica, maleablidad, resistencia a la tracción, etc..)  son tales porque los átomos pierden sus electrones más externos, y los núcleos se estructuran como en “películas”. Pero a la gravedad inmensa que es sometida la materia en una estrella como Sirio B, prácticamente todos los electrones “saltan” de sus órbitas y quedan libres, por lo que podemos afirmarlo como “el metal de los metales”. El paso siguiente alquímico- o físico atómico- se verifica cuando la gravedad y presión es aún superior y los electrones se funden a los protones generando neutrones, y dando lugar a la llamada “estrella de neutrones”, miles de veces aún más densa que la enana blanca, pero sin sus propiedades “metálicas”

Esta estrella, a quien llaman también “principio profundo” polo to, derivación de tolo po, Estrella Digitaria, es también para los dogones la Estrella de la Circuncisión (masculina y femenina); en una clave fisiológica porque la forma del prepucio en torno su ligazón, en el hombre; y de los “labios menores” en torno al clítoris, en las mujeres es la misma forma del giro de Sirio B en torno a Sirio A; y por lo tanto, de Sirio A en torno a Sirio B. La hipersensibilidad de ambos centros estaría ligado al “nudo nervioso cósmico” que significa esta Estrella y su capacidad de activación “hormonal cósmica”, capacidad, por lo tanto, de producir cambios en la estructura de la materia y de la vida por procedimientos alquímicos completamente inexplicables para nosotros. Recordemos que la circuncisión era propia de los sacerdotes egipcios, y que de ahí luego se convirtió, gracias a Moisés, sacerdote egipcio, en signo distintivo del pueblo hebreo; aunque lo cierto es que Maimónides le dedicaría varias páginas tratando de explicar el origen y el por qué de dicho rito sin llegar a decir nada determinante ni convincente.

Una de las figuras geométricas con que representan a la Estrella Digitaria (Sirio B) es la espiral, pues dicha estrella consiste en[8] “un núcleo central que expulsaba semillas o brotes cada vez mayores en un movimiento espiral cónico. Las siete primeras semillas o brotes se representan gráficamente con siete líneas, que aumentan en longitud, dentro del saco formado a su vez por un óvalo que simboliza el huevo del mundo”

Recordemos que para los dogones la espiral y la hélice son el movimiento vertiginoso del mundo; los radios representan la vibración interior de todas las cosas

Según los sacerdotes dogones la máscara kanaga, que figura al Gran Dios, Amma- y que recuerda, sin duda, al Dios Amon egipcio- representa por una parte el gesto estático del Dios, y por otra la esvástica, mediante la repetición de los mismos gestos en un ángulo de 90º  respecto al primero. La segunda figura representa al Dios girando sobre sí mismo a medida que desciende a la tierra para reorganizar el mundo en caos. No podemos dejar de relacionar esto con el esquema del Arbol Cósmico de los Africanos del Noroeste y con el dibujo con que los bambara, tribu emparentada a los dogones, expresan la actuación del demiurgo durante la creación.

Tampoco podemos dejar de expresar la similitud de esta imagen y de cuanto hemos dicho respecto al valor de Sirio como ojo y corazón de “nuestro” universo; con la descripción que hace Hesíodo en el Escudo de Heracles, y que comenta el profesor J.A. Livraga en sus apuntes de Simbología. Después de describir al Dragón que mira hacia atrás en el centro de dicho Escudo, y relacionarlo con los cocodrilos en Egipto que miran en esta misma forzada actitud dice:

Recreación del siglo XIX del Escudo de Hércules tal como lo describe Hesiodo en su obra

 

“El símbolo del dragón es el del Anima Mundi, la fuerza que mueve las cosas, que gira sobre sí mismo, que está vigilando; es el guardián de las puertas, emblema del aliento de la naturaleza que se cuida a sí misma. Este dragón de Heracles lanza fuego por los ojos.

Al lado de los espejos del borde hay unos círculos representando los cielos, el Urano de los griegos. En una parte del escudo está la estrella Sirio e inmediatamente debajo el sagrado Olimpo, y a los pies de éste el Areópago, como en una ciudad.

Si consideramos que el Olimpo es equivalente al Monte Meru indo, tenemos a Sirio, lo Uno, Aquello; luego, el Monto Olimpo como una tríada o cara de pirámide, y por debajo el cuadrangular Areópago haciendo las veces del cuaternario inferior o los cuatro elementos de la personalidad, el mundo perecedero y multitudinario. En el Escudo de Heracles, Sirio es descrito como emanando una serie de círculos concéntricos “que no acaban jamás” y que abarcan todo el escudo o, lo mismo, todo el Universo” [9]

 

Zodiaco de Denderah en pintura del siglo XIX

Otra representación que aparentemente no tiene nada que ver con la descripción de Hesíodo, pero que quizás sí lo tenga- ambas figuran el Cosmos en la Eternidad- es el famoso Zodiaco de Denderah, hoy en el Museo del Louvre, y donde el centro de dicho Zodiaco Circular, en Piedra lo constituye una estrella que puede ser Thuban, alfa del Dragón, de enorme importancia en la magia y astrología egipcia (a ella conduce uno de los llamados “canales de ventilación” de la Gran Pirámide), pero donde existe otro centro o corazón hacia donde derivan una serie de Dioses y figuras estelares, y este es Sirio. Sigamos la descripción, profunda y maestra, del ya mencionado Jorge Angel Livraga:

 

“Este Zodiaco tiene una particularidad extraordinaria: además de las cosas de un Zodiaco común, es decir, el que las figuras estén en su perímetro, encontramos una espiral de Dioses que va desde el centro hacia fuera, donde abundan las barcas en formas de serpientes. Este espiral de dioses representa, según las tradiciones, los ciclos pasados, o sea, que en este Zodiaco, donde figuran solamente once signos, no está el último, lo que nos daría una antigüedad mínima de veinticinco mil años y nos muestra que estamos en todo un periodo de precesión de equinoccios completo. Este Zodiaco marca hacia el centro una serie de figuras que se van encadenando hasta un centro donde está Sirio, o la estrella Sothis, con lo cual, además de ser una representación astrológica, está dando una representación teológica, pues sabemos que, en la simbología egipcia, Sothis, o Sirio configura el corazón espiritual de nuestro Cosmos”[10]

 

Jose Carlos Fernández

Artículo escrito en el año 2002


[1] Magia, Religión y Ciencia para el Tercer Milenio. De Jorge Angel Livraga .Pag 72

[2] El Enigma de Sirio, de Robert Temple

[3] El Enigma de Sirio

[4] Artículo sobre los dogones de estos antropólogos en African Worlds, citado, en “El enigma de Sirio”, de Robert Temple.

[5] El Enigma de Sirio

[6] El Engima de Sirio, de Robert Temple

[7] Idem

[8] El Enigma de Sirio, Robert Temple

[9] Manual de Simbología Teológica: Simbología Teológica en Grecia y Roma

[10] Magia, religión y ciencia para el Tercer Milenio, de Jorge Angel Livraga Pag 75.

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