Literatura

El lenguaje de los pájaros y las transformaciones del alma

“Oh, hombre del Camino, no leas mi libro como lirica o como fruto de la altanería.

Mira mi escrito desde el prisma del amor, para que de cien dolores de amor confíes en uno.

El que esto mire desde el prisma del amor, lanzará hasta su presencia la pelota del triunfo.

Olvida el ascetismo y la simplicidad: es necesario amor, amor y renuncia.

Todo el que tiene amor renuncia al remedio, el que desea remedio renuncia al alma”

El Lenguaje de los Pájaros, de Farid ud-Din Attar, versos 4495 a 4499[1]

Pag. 11 del Manuscrito “El Lenguaje de los Pájaros” de Farid ud-Din Attar, en el Museo Metropolitano

Hay un camino para los que de corazón lleguen al rey, pero para el corazón extraviado, no hay camino

Idem verso 1137

 

“He esparcido aquí y allá las rosas de este jardín, ¡quede buena memoria de mí, oh amigos!

En mi escrito, a su modo, cada uno a sí mismo se ve un instante y se deja de ver.

También yo, pues, como los que partieron, he descubierto el pájaro del alma ante los dormidos.

Si a un durmiente perpetuo con este libro se le despierta el corazón al secreto un momento,

Tendré entonces la certeza de haber cumplido con mi deber y mi inquietud y mi tristeza tendrán fin.

Como una tea ardí largo tiempo para iluminar, llameante, un mundo.

Como de la tea, salió humo de mi cerebro. Llama de la eternidad, ¿hasta cuándo desprenderé este humo?”

 Idem, versos 4519 a 4525

 

Estas palabras bellísimas y ciertas, forman parte del libro Manteq ol-Tayr, traducido como “Diálogo de los Pájaros” o “Lenguaje de los Pájaros”, obra del siglo XII, escrita por el místico  Farid ud-Din Attar. Es una de las joyas, no sólo del sufismo persa, sino de la literatura de todos los tiempos. Expresa en lenguaje alegórico las pruebas  y pasajes del Alma que quiere reencontrarse y fundirse con su Rey-Dios interior (simbolizado por el ave Simurg). Sus enseñanzas son pues atemporales y aún pueden vivificar los anhelos de muchos enamorados de la sabiduría en el viaje del conocimiento de sí mismo.

Los diferentes tipos de caracteres o naturalezas de alma son expresados por diferentes pájaros, cada uno de ellos, con las limitaciones y dificultades propias a la hora de alzar el vuelo en búsqueda de la Gran Verdad. Lo que cada pájaro expresa y las respuestas de la abubilla que representa al Filósofo, y es heraldo de Simurg, son un diálogo del alma para, precisamente, alzar el vuelo, saliendo de la jaula dorada o de hierro en que nos hallamos. Cada uno de estos diálogos va acompañado de ejemplos ilustrativos para comprender mejor el asunto y superar las cadenas que nos prenden, en nuestra ignorancia, al mundo de lo pasajero y material.

La representación del alma como un ave en una prisión es sublime, y muy antigua. La hallamos por ejemplo en Platón, en su famoso mito del Fedro, o en las Leyes, donde aconseja representar en los templos aves volando como símbolo de las almas divinas ya libres. En el Risala del Pájaro, bellísimo opúsculo de Ibn Sina, aparece la alegoría que fundamenta esta obra mencionada de Attar. Ibn Sina dice que su alma es un ave que quedó prisionera en las redes de los cazadores, hasta que se olvidó de sí misma y de su alada condición. El vuelo libre de otras aves, que habían conseguido desembarazarse de las redes la despertó de su muerte en vida, y sus gritos de desesperación hacia éstas, hizo que finalmente le diesen el remedio para liberarse, si no completamente, lo suficiente para volar. Y junto con ellas van hacia la más alta montaña de la Tierra, después de atravesar otras seis, con sus tentaciones y peligros. Allí se encuentran con el Gran Rey, en un palacio de una belleza imposible de describir con palabras, y más aún la de Él, de quien dice nuestro filósofo:

“Cualquiera que fuera la belleza sin brizna de fealdad que tu corazón pudiese imaginar, sea cual fuese la perfección sin pizca de deficiencia que pudieses soñar, el Rey es el único en que he encontrado su posesión plena, pues en él se ha realizado de un modo absoluto toda hermosura, sin nada de imperfección, ni siquiera en sentido metafórico. Es todo Rostro por su belleza, para que lo contemples; todo Mano abierta, por su generosidad. Quien a Él se acerca, alcanza la felicidad suprema, quien de Él se aparta, pierde este mundo y el futuro.”[2]

Vemos, pues, que la obra de Attar está inspirada en la de Ibn Sina. La diferencia es que la de Attar es en poesía, y de casi 5000 versos (casi 500 páginas en la versión de Alianza Editorial), o sea, cien veces la extensión de la del autor del Canon de Medicina. Pero la alegoría es la misma, un viaje de las aves-almas hasta encontrarse con el Rey, atravesando, en la obra de Attar 7 Valles hasta convertirse ellos mismos en este Rey.

También el gran filósofo Al Gazzali expresó esta alegoría, y así con el correr de los siglos muchos otros místicos y poetas… y artistas como el mismísimo Walt Disney en su film Mary Poppins, en la canción “Feed the Birds” (alimenta a los pájaros), una de las más bellas canciones del siglo XX.  El profesor J.A. Livraga (1930-1991) enseñó esta alegoría en su artículo “Teoría del Alma Prisionera”:

“El Alma, como un águila, está presa en su cárcel, observando el mundo distorsionado o fragmentado. El inescrutable Destino la ha apresado allí hace muchos millones de años, sus alas están entumecidas… su voz perdió sonoridad… y tan sólo en sueños concibe las Alturas. Estos sueños son los ideales del Alma, su potencial poder ascensional”

Mausuleo de Farid un-Din Attar en Nishapur

 

Farid ud-din Attar, el escritor de esta obra, “El Lenguaje de los Pájaros” vivió durante la segunda mitad del siglo XII y parte del siglo XIII en Nishapur, Jorasán y moriría en el año 1229 en el saqueo mogol de esta ciudad. El mote que lleva, Attar, significa “vendedor de perfumes” y “farmacéutico” pues es de este modo como se ganaba la vida. Viajó de joven a La Meca, a Damasco, Egipto, Turkestán y a la India, y aunque en sus escritos no menciona quienes fueron sus maestros, debió tenerlos de la más altísima categoría. Según Rumi, su verdadero Maestro fue el espíritu de Al Hallaj, crucificado y descuartizado por hereje 300 años antes, un adepto de sabiduría condenado por afirmar que era la Verdad o Dios encarnado, un modo muy audaz en la época y frente al Islam ortodoxo de proclamar su experiencia de la Unidad. Como muchos otros místicos y aún Maestros de Sabiduría –recordemos al maestro del filósofo  Plotino, Amonio Saccas, el teodidaktos, o sea, “el instruido por los mismos dioses”-habría sido enseñado, dice Rumi, en sueños y visiones.

Según Clara Janés[3], Rumi, muy joven, se encontró con este sabio, Attar, ya un anciano centenario en la ciudad de Nishapur, y este sabio le entregó el manuscrito de “El Libro de los Secretos” (Asrar Nama), un tratado sobre la caída del alma en la materia y cómo liberarla de esta prisión. El mismo Rumi, consciente del nivel espiritual de este sabio, diría “él recorrió los siete cielos del amor, mientras que yo sigo dando vueltas a un callejón sin salida”.

Otras obras de Attar son el Diwan, recopilación de 10.000 versos de imágenes asombrosas sobre el camino místico; el Libro de la Elección; el Memorial de Santos –obra en prosa en que describe la vida y milagros de 72 Sabios, finalizando precisamente con su Maestro Al Hallaj-; el Libro de la Divinidad; el Libro de las Adversidades, un “viaje de la mente humana por el cosmos y un mundo espiritual en pos del conocimiento”[4]

La profundidad filosófica de esta obra, “El Lenguaje de los Pájaros”, conmueve al lector. Tienta al alma como el abismo del cielo infinito. Las imágenes que usa son singulares, y por desgracia, del encantamiento del verso, sólo podemos adivinarlo[5], dejándonos arrullar por su música, pero sin entender lo que dice (en el caso de quien escribe estas líneas). ¿Exagero? ¡Júzguelo el lector!, por ejemplo, en el texto llamado “una gota de agua”:

Preguntó un hombre a un loco: “¿Qué son estos dos mundos que conmueven tanta fantasía?”

Él dijo: “Estos dos mundos, de arriba y abajo, son una gota de agua: ni tienen ni carecen de existencia”.

En un principio surgió una gota de agua. Una gota de agua, ¡con tantas imágenes!

Y toda imagen que se halla en el agua, aunque sea de hierro, se deshace.

Nada hay más duro que el hierro, igualmente formado en el agua: ¡mira!

Se trate de lo que se trate, su origen es el agua. Aunque todo sea fuego, es un sueño.

Nadie ha visto nunca que el agua permanezca. ¿Cómo sobre el agua se construirán cimientos?

 

En el libro, evidentemente, los diferentes tipos de pájaros representan diferentes caracteres, o diferentes naturalezas o incluso estados de alma. Miles de pájaros comenzaron la travesía, pero sólo 30 llegaron, superando todas las pruebas. Aniquilado el egoísmo:

“Cuanto habían hecho y no hecho previamente se purificó y desapareció de su pecho.

Entonces el sol de la proximidad se iluminó ante ellos y su rayo otorgó resplandor a sus almas.

A la vez, por un reflejo en el Simurg del mundo, del Simurg contemplaron el aspecto.

Cuando, de pronto, los treinta pájaros miraron, dichos pájaros eran ellos mismos aquel Simurg.”

Cuando se ven a sí mismos, son ellos mismos. Cuando miran a Simurg, se dan cuenta que son Simurg mismo. Como sucede con el árbol baniano, que puede constituir un bosque entero sin dejar de ser un solo árbol, y que representa toda la Jerarquía de Santos Iniciados: lo que el cristianismo llamó “comunidad de los santos” y el budismo, la suma de todos los bodhisattvas, y el Antiguo Egipto, “el ejército celeste que marcha junto a Ra, pues su camino es el camino del Fuego”. Todos ellos uno, y al mismo tiempo un bosque sagrado de amor, sabiduría y bienaventuranza. ¡Qué bellamente lo expresó H.P.Blavatsky (1831-1991) en su Doctrina Secreta”! Ella desveló incluso parte del misterio del Simurgh, cuya vida da vida eterna a toda la humanidad bautizada en la conciencia de sí:

Así es, que existirán siempre Iniciados y Profanos hasta el final de este Manvántara menor, el presente Ciclo de vida. Los Arhats (Sabios-Santos libres ya del Karma y la ignorancia) de la “Niebla de Fuego”, los del séptimo peldaño, se hallan tan sólo a un paso de la Raíz Fundamental de su Jerarquía, la más elevada que existe en la tierra y en nuestra Cadena Terrestre. Esta “Raíz Fundamental” tiene un nombre que puede ser traducido tan sólo por medio de varias palabras: el “Baniano-Humano siempre presente” (…)

El “Ser” al cual se acaba de hacer referencia, y que tiene que permanecer innominado, es el Árbol del cual, en épocas subsiguientes, se han ramificado todos los grandes Sabios y Hierofantes históricamente conocidos, tales como el Rishi Kapila, Hermes, Enoch, Orfeo, etc., etc. Como hombre objetivo, él es el misterioso (para el profano, el siempre invisible, y sin embargo, siempre presente) Personaje, acerca del cual abundan las leyendas de Oriente, en especial entre los ocultistas y los estudiantes de la Ciencia Sagrada. Él es quien cambia de forma, y sin embargo, permanece siempre el mismo. Y él es, además, el que posee la autoridad espiritual sobre todos los Adeptos iniciados que en el mundo entero existen. Él es, como se ha dicho, el “Sin Nombre”, que tantos nombres posee, y cuyo nombre y naturaleza son, sin embargo, desconocidos. Él es el “Iniciador”, llamado la “Gran Víctima”. Porque, sentado en los Umbrales de la LUZ, la contempla desde el Círculo de Tinieblas que no quiere cruzar; ni abandonará su puesto hasta el Día postrero de este Ciclo de Vida. ¿Por qué permanece el Solitario vigilante en el puesto por él escogido? ¿Por qué permanece sentado junto a la Fuente de la Sabiduría Primordial, en la cual no bebe ya, puesto que nada tiene ya que aprender que no sepa, ni en esta tierra ni en sus Cielos? Porque los solitarios Peregrinos cuyos pies sangran de vuelta a su Hogar, jamás se hallan seguros, hasta el último momento, de no perder su camino en este desierto sin límites de la ilusión y de la materia, llamado la Vida Terrena. Porque quiere gustoso mostrar el camino hacia aquella región de libertad y de luz, de la cual es desterrado voluntario, a todos los prisioneros que han logrado libertarse de los lazos de la carne y de la ilusión. Porque, en una palabra, él se ha sacrificado por la humanidad aunque tan sólo unos pocos elegidos podrán aprovecharse del GRAN SACRIFICIO.

Bajo la dirección silenciosa y directa de este MAHAGURU, todos los demás Maestros e Instructores menos divinos de la humanidad, se convirtieron, desde el despertar primero de la conciencia humana, en los guías de la humanidad primitiva. Gracias a estos “Hijos de Dios”, aquella humanidad infantil obtuvo sus primeras nociones de todas las artes y ciencias, lo mismo que las del conocimiento espiritual; y Ellos fueron quienes colocaron las primeras piedras de los cimientos de aquellas civilizaciones que tan cruelmente confunden a nuestras generaciones modernas de escritores y de eruditos”

 

Según nos dice el Dr. Jamil Anwarali Kassam en su excelente trabajo “El simbolismo de los pájaros en La Conferencia de los Pájaros de Attar”, el Simurg era un ave mágica que ayudaba a la humanidad, y literalmente, en lengua persa significa  “30 pájaros”. Ya el mismo poeta y sufí Rzbihan Baqli (1128-1209) escribe[6] :“Cuando el Simurg del alma vuela desde el mundo de la humanidad al reino de la Divinidad, el alma ascendente se habla a sí misma en la rosaleda del barro de Adán; los que buscan el reflejo de aquella sombra del Simurg se convierten en la sombra de Dios”. Una imagen muy sugerente, buscar la Sabiduría es buscar el reflejo de la Verdad en las sendas de la Existencia, y encontrarla es hacer que la Verdad se refleje ya en uno mismo, o sea, “te acercarás a la Llama pero nunca la tocarás, pues te habrás convertido en ella”.

Hay sin embargo, muchos pájaros que sucumben en la travesía, pues esta, aunque natural y divina, maravillosa, es el esfuerzo más exigente que nadie puede realizar:

“Fueron muy pocos, en verdad, los que llegaron. Sólo uno, de cada mil, lo consiguió.

Los hubo que se ahogaron en el mar, otros se desvanecieron y desaparecieron.

Los hubo que en lo alto de la montaña, dolientes, heridos y sedientos, perdieron la vida.

Los hubo que, por los rayos del sol, perecieron con las alas quemadas y abrasado el corazón.

Los hubo con los que, sin más, acabaron panteras y leones en un suspiro.

Los hubo que se extraviaron y sucumbieron en las garras de las aves de presa.

Los hubo que en el desierto, con los labios secos, sedientos de calor y cansancio se murieron.

Los hubo que, por conseguir un grano, se mataron entre sí como locos.

Los hubo que, por agotamiento y debilidad, se rezagaron y no prosiguieron.

Los hubo que, por distracciones del camino, parados donde estaban permanecieron.

Los hubo que, atraídos por las fiestas, olvidando el deseo de la meta, se rindieron.”

Detalle del Halcón, del mismo manuscrito de El Lenguaje de los Pájaros en el Museo Metropolitano de Nueva York

 

Peores fueron, sin embargo, los que ni siquiera lo intentaron, aquellos que no se sintieron con fuerza para empezar (simbolizados por el tímido ruiseñor), o que se sentían felices y orgullosos de estar junto a los poderosos del mundo, sirviéndolos, (simbolizados por el halcón) aunque, como dice el texto, estos reyes fueran la sombra de nada frente al incomparable Simurg. O los que anhelaban restaurar la felicidad, el paraíso perdido (simbolizados por el pavo real), y no la busca del Alma-Rey. O los que suspiraban por los ojos del amado (a), y no podían vivir sin beber su licor celestial, día a día, cómo iban a emprender esa búsqueda que tan lejos los llevaba (es aquí el ruiseñor que suspira por la rosa), mejor vivir arrullado por delicias que hacen olvidarse de todos los dolores del mundo y del alma, y aún de sí mismo. La perdiz, enamorada de las piedras preciosas en la montaña, tanto que no se atreve a dejarlas, simboliza a aquel prendido con todo lo que satisface o todo lo que brilla en el mundo: gloria, honor, virtud, poder, olvidándose del brillo del alma misma que suspira por el regreso.[7] Y así hallamos al pato, que necesita día a día sus abluciones rituales para ser puro, y no puede separarse de las mismas, o el loro, vestido de perfección, pero enjaulado esperando simplemente el alimento de su dueño y que no percibe que la vida nada es si no se vuela hacia Simurg, O incluso el ave mitica Homa, cuya sombra benéfica otorga la realeza, o el poder entre los hombres. Esta ave dice:

“¿Por qué iba a ser mi compañero Simurg, el rebelde? Coronar reyes es para mí ya suficiente”

 

Y se le responde:

“Entiendo que los reyes del mundo ascienden hoy día por tu sombra,

Pero mañana, en su nefasta espera, todos ellos se quedarán sin corona.

Si el rey no ve tu sombra, en el momento nefasto, ¿cómo, el día del juicio, se verá liberado?”

Abubilla discursando con los pájaros, de este mismo manuscrito de “El lenguaje de los pájaros”

 

Entre los pájaros, el que asume el protagonismo, después de Simurg, que es la meta final, es la abubilla, que simboliza al Filósofo, con mayúsculas. En la mística persa es asociado con Eros, es la llamada y guía del Amor en este mundo de trampas para cazar almas. Ya en el Corán se menciona este pájaro en relación con el amor y la sabiduría, cuya conjunción es la quintaesencia de la Filosofía (Philos-Amor Sophia-Sabiduría). Es el guía de Salomón buscando a su amada, la reina de Saba. En este libro, “El Lenguaje de los Pájaros”, la abubilla es el heraldo de Simurgh, es quien puede conducir a Él, a la Unidad. Despierta a los pájaros respecto a la existencia del Ave Rey, que es lo mismo que decir, el verdadero sentido de la vida. Razona con ellos disipando sus dudas y temores. Les anima a emprender el vuelo y va junto a ellos señalándoles el camino.

 

Inquieta la abubilla y llena de esperanza, se presentó en medio de aquella algarabía.

Llevaba, del camino, la túnica, y la corona de la verdad en la cabeza.

Con ágil pensamiento, llegaba del camino, con el discernimiento de lo malo y lo bueno.

Dijo: “Oh pájaros, soy, sin ninguna duda, de Dios y del secreto mensajera.

De tanto ir y venir con noticias de Dios, por mi habilidad me confió el secreto.

Aquel en cuyo pico está “en nombre de Dios”, no es raro que conozca tantos misterios

(…)

¡Albricias, abubilla convertida en mensajera, la Verdad te hará correo para todos los pueblos!

¡Oh, que te sea propicio el viaje a los confines de Saba, y brindemos con Salomón por el lenguaje de los pájaros!

De los secretos de Salomón te has vuelto confidente. Y por eso vienes con la corona de orgullo.

Atad al diablo y mantenedlo encerrado, para que puedas ser de Salomón confidente.

Cuando al diablo encierres en la cárcel, con Salomón volarás por el viento.

Bien, bien, oh musidje[8], que de Moisés tienes el talante, levántate y únete a la música del saber.

El que conoció esta música lo dejó todo y agradeció de esta forma, de la creación, la música.

 

Los 7 Valles que deben recorrer los pájaros antes de encontrarse con la gloria inefable de Simurg es el equivalente a los 7 Castillos del Alma de la mística española Santa Teresa de Jesús. Son las 7 Iniciaciones que conducen a la extinción definitiva de la ilusión, al Nirvana budista, y que descubren finalmente la “joya escondida en el loto”. Las cuatro primeras son por tanto, las equivalentes al sentido real –y no el vulgarizado- de los 4 Yogas.

El Primer Valle es la Búsqueda. La 1ª Iniciación[9] o el Karma Yoga, o aún su antesala. En cierto aspecto, el Opus Nigrum de la Alquimia, según evidencian claramente estos versos. Es la acción que beneficia a los otros y el sacrificio incesante, pues todo lo grosero debe ser quemado.

Cuando bajas al valle de la búsqueda, se te presentarán, a cada instante, cien fatigas (…)

Años de esfuerzo y firmeza necesitas, porque aquí son inestables los estados.

Tienes que abandonar tus posesiones en esta etapa y perder tus bienes todos.

Sangre te costará entrar en el valle y apartarte de cuanto ha sido tuyo.

Como el conocimiento no estará a tu alcance, tu corazón, de lo que alberga, deberá deshacerse.

Cuando tu corazón se limpie de todo adjetivo arderá con la luz de la Majestad divina.

 

El Segundo Valle es el Amor, equivalente a la 2ª Iniciación y al Bhakti Yoga, el Yoga de la Devoción y el Amor Incondicional, el Aspirante en él es ya un Santo, ebrio siempre del amor a Dios y a Su presencia eterna en la Naturaleza. Y como la luz espiritual se halla en todo, el artificio de las reglas y códigos se difumina, el mismo bien y mal pierden su sentido, pues todo es en cierto modo bueno, pues todo sirve al Plan Divino. La defensa de esta idea llevó a muchos místicos sufíes al suplicio, pues difícilmente podía el orden social digerirla sin daño público.

 

Ilustración de manuscrito “El Lenguaje de los Pájaros” en el Metropolitano de Nueva York, detalle de la garza.

 

Después aparece el valle del amor. De fuego se llena el que lo alcanza.

Nadie, en este valle, es nada excepto fuego. De aquel que no es fuego no se cumple el gozo.

Como el fuego es el enamorado verdadero, el que es ardiente y rebelde y cálido.

Ni un solo instante piensa en el futuro; alegremente prende en el mundo cien hogueras.

Ni un instante es infiel ni creyente. Ni un instante conoce duda ni certeza.

Bueno y malo son en su camino equivalentes. Ni esto ni aquello existe, cuando el amor llega (…)

Si te abren, del más allá, aquella visión, compartirá contigo su secreto cada partícula (…)

Hay que tener mil veces vivo el corazón en este derrotero para sacrificar cien vidas en cada aliento.

 

El Tercer Valle es el Conocimiento Místico, la 3ª Iniciación y el Gnani Yoga, el uso perfecto de la mente, cuya energía convierte a la psique en un diamante perfectamente tallado.

Después de aquel, aparecerá ante ti el valle del conocimiento, carente de fin y de principio (…)

De todo ser ínfimo se aclarará el secreto; el jardín del mundo, para él, florecerá.

Verá la almendra, no verá la cáscara. Ni una partícula verá, solamente al amigo (…)

De asombrosa perfección es el alma del hombre que puede bucear en tan profundo mar.

Si el gozo de los secretos te llamara con fuerza, tu entusiasmo se renovará a cada instante.

Aquí se revela el ansia de perfección, aquí sería justo cien mil veces entregar la vida.

 

El Cuarto Valle es el Desasimiento. O sea, la Libertad, la Voluntad plena que comienza a expandirse, heroicamente y a sellar cada uno de los actos en el Camino. La 4º Iniciación, El Rajas Yoga.

Luego llega el valle del desasimiento. No hay que luchar en él, pues no tiene sentido.

Del desasimiento soplan vientos y de un soplo agitan todo el terreno (…)

Si has visto un mundo entero de dolor, considera lo que has visto como un sueño.

 

El Quinto Valle es la Unicidad

Una vez esto queda atrás, llega el valle de la unicidad, la morada del anonadamiento y del despojamiento.

Los que atraviesen este desierto tienen todos idéntico punto de partida.

Ya sean numerosos o pocos los que veas, todos ellos, en este camino, están en uno.

Si son muchos son uno, uno en uno unido. Cada uno en uno, plenamente uno.

 

El Sexto Valle es la Perplejidad

Tras éste llegará el valle de la perplejidad. Dolor y nostalgia serán tu ocupación continua.

Cada instante, en él, será triste. Cada aliento te supondrá una espina (…)

En este valle, el hombre es como un fuego triste o un hielo consumido por el sufrimiento (…)

Toda huella de la unicidad en su alma se perderá, y también la “pérdida” (…)

A la pregunta: “¿Eres mortal o inmortal, o ambas cosas? ¿Eres uno, otro o ni uno ni otro?

Responderá: “Nada absolutamente sé, tampoco sé, por tanto, no saber.

 

El Séptimo Valle es la pobreza y la aniquilación

Después llega el valle de la pobreza y la aniquilación. ¿Tiene sentido decir algo?

La identidad de este valle es el olvido: la mudez, la sordera y el desvanecimiento.

Cien mil sombras eternas te cercan, cegado por un solo sol estás.

Cuando el mar inmenso se puso en movimiento, ¿podían permanecer los dibujos en el mar?

Los dos mundos de aquel mar son dibujos, nada más. El que diga lo contrario en la ilusión se halla.

El que en este inmenso mar se pierda para siempre perdido y en reposo quedará.

El corazón en este mar de calma lleno no encontrará otro ser que el anonadamiento.

Si vuelve en sí de este anonadamiento, alcanzará una visión muy alta, se le entregarán hartos secretos

Abubilla entregando el mensaje de Salomón a la Reina de Saba, manuscrito persa

 

En una época en que corrían vientos de orgulloso ascetismo, un ascetismo inútil, estéril que petrificaba las conciencias y las hacía insensibles a las infinitas llamadas del alma y de la vida, surge la voz de este sabio para quien la clave de todo, la quintaesencia del camino espiritual es el Amor:

 

Al que le llegue una mirada afortunada, en un momento, descubrirá su alma cien secretos.

Hasta que no te toque una mirada así, ¿cómo sabrás de tu existencia?

Si a solas te sientas con frecuencia, no puedes hallar, sin otros, el camino.

Es necesario un maestro del camino, no vayas solo. A ciegas no te lances a ese mar.

Un maestro es lo que necesitas en la vía, en todos tus esfuerzos te protege.

Si no distingues el camino del pozo, ¿sin lazarillo, cómo avanzarás por el camino?

No tienes ojos ni el camino es corto; en el camino, el maestro es tu guía.

 

Jose Carlos Fernández

Almada, 7 de septiembre de 2017


[1] Editado por Alianza Editorial, traducción de Clara Janes y Said Garby, pag. 480

[2] “Risala del Pájaro”, en Tres Tratados Esotéricos de Avicena, Editorial Tecnos, Madrid, 1998. Traducido por el islamista Miguel Cruz Hernández.

[3] En el estudio preliminar de esta obra, en la versión ya mencionada de Alianza Editorial.

[4] En el Apéndice de esta misma obra, por Clara Janés, pag. 507

[5] Podemos oír esta obra recitada en https://ganjoor.net/attar/manteghotteyr/aghazm/sh1/

[6] Seguimos aquí el trabajo mencionado unas líneas antes.

[7] “No desea colores el que tiene perfume, pues el hombre de esencia no anhela las piedras”, se le dice a esta ave en el texto.

[8] Pájaro parecido al cucú, que vivía en el monte Tabor, mencionado en los relatos sobre Moisés. El mismo Moisés en su ascensión se convirtió en un pájaro pequeño. (Nota del libro “El Lenguaje de los Pájaros” de Alianza Editorial)

[9] Nos referimos a lo que las tradiciones esotéricas llaman 7 Iniciaciones Humanas, no a las 4 Planetarias, que serían sus equivalentes.

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