Literatura

Mahabharata, la gran epopeya de La India

El Mahabharata es una de las obras más sublimes de la Literatura y Religión de todos los tiempos. Con sus cien mil versos, y la altura y complejidad de los temas tratados (en todos los ámbitos de la vida) hace palidecer a la Biblia hebrea y cristiana y a obras como la Odisea, la Ilíada. H.P.Blavatsky dijo que los Vedas fueron la matriz de pensamiento y mística donde bebieron todas las tradiciones de casi todos los pueblos históricamente conocidos. El Mahabharata, junto con el Ramayana, forma un “Quinto Veda” y sus enseñanzas, dilemas morales, arrebatos líricos y filosofía profunda elevan el alma del estudiante hasta donde quizás ninguna otra obra llegó. Como para los cristianos la Biblia, es de inspiración directamente divina. El caudal indoeuropeo que corre entre sus miles de páginas (cuatro veces la extensión de la Biblia) la convierte en un cántico a todo lo justo, lo bello y lo bueno, en un cuadro vivo del ideal heroico, de un sentido ígneo, poderoso y responsable de la vida, que no es una maldición sino una maravillosa oportunidad de triunfo, alegría, comprensión y redención, de respeto a todo lo que vive, de fraternidad luminosa entre todos los seres humanos, hijos de una misma madre Tierra. ¡Qué diferente del sentido de culpa de Adán y del trabajo como una maldición, y del sexo –y casi el amor-como un tabú, en el que ha sido educado el mundo occidental!

La Diosa Tierra se queja al Dios del Cielo, Indra, de que las vidas contaminadas e impías, insolentes de los humanos, que se han multiplicado como un virus o un cáncer sobre ella, la están llevando casi al punto de no retorno hacia la extinción (¡qué semejanza con el tiempo actual!). Indra ordena que las almas de los Dioses encarnen en la Tierra, para que luchando entre ellos, con sus cohortes de innúmeros guerreros, la purifiquen. Es la pureza a través del sacrificio. De este modo, en el seno de una familia, y de un reino, cuya capital es Hastinapura (la Ciudad de los Elefantes, es decir, la ciudad de la Sabiduría), las tensiones entre los 5 hijos de Pandú (divinos, justos, heroicos, luminosos) y los 101 de Dhitarashtra (fanáticos, mezquinos, iracundos, turbulentos y egoístas) se convierte en una Gran Guerra que implica a la India entera. La mitad de la obra es cómo se gesta, y las tentativas de evitarla, al precio de lo justo. La otra mitad es la guerra propiamente dicha, las luchas entre los diferentes héroes (símbolos de fuerzas de la naturaleza, estrellas, conceptos filosóficos, pueblos, etc.). En la mitad, el sublime discurso filosófico del Bhagavad Gita. En él, Krishna -rey y como avatara de Vishnu, encarnación de este Dios que sostiene al universo entero y guía como hilo irrompible la acción hasta el final- enseña a Arjuna, antes de la batalla, en medio de los dos ejércitos, los misterios del alma humana, el sentido de la vida y del deber, la estructura de la naturaleza, los peldaños que llevan a la realización espiritual… y, lo más importante, por qué debe luchar, en este teatro ceremonial que es el drama mismo de la existencia.

Lucha entre Bhisma y Arjuna, una de las escenas del Mahabharata

Como el tronco de un árbol y su infinidad de ramas, más grandes y pequeñas, junto al tema principal hay cientos de historias de un simbolismo, belleza y significado que conmueven hasta lo más íntimo. Historias que no sólo te hacen pensar, sino sonreír por dentro, o llorar de compasión, por su dramatismo moral, trágico, propio de los grandes héroes que no renuncian jamás a sus principios.

Ya haya sido enseñado, como dicen unos, en el siglo IV a.C, ya dos mil, o diez mil años antes (según estudios astronómicos de algunas escenas), la actualidad de estos textos es tan grande como su belleza. En la primera versión en televisión que hicieron en los años 80 en la India, los domingos, antes del mediodía, todo el país quedaba paralizado, y el carácter devocional hindú, tan sincero, ponía guirnaldas al televisor como si fuera un altar. Pues a tales divinas enseñanzas y visiones les conducían sus imágenes.

En la nueva versión de 100 horas y 267 capítulos, la tecnología moderna ha dado muchísima más vida, color y realismo a la narración. Un encantamiento para el alma, para sumergirla en sus propios abismos de símbolos, y de enseñanzas, que reconocemos como válidas, ayer, hoy y siempre, pues hacen sonar la lira mágica de nuestro corazón.

Si te decides a ver esta serie, o leer esta obra, bienaventurado tú, que vas a realizar este viaje, esta sagrada aventura. Que vas a pensar, reír y llorar con las escenas de Kurús y Pandavas, drama mismo de las batallas dentro del alma humana.

 

Jose Carlos Fernández

Almada 16 de agosto de 2017

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