Literatura

Bob Dylan, un Nobel por fin a los nuevos trovadores

bob-dylan-think

 

That he not busy being born is busy dying

“Aquel que no está ocupado naciendo, está ocupado muriendo”

 

I saw a newborn baby with wild wolves all around it

I saw a highway of diamonds with nobody on it

“Vi a un bebé recién nacido con lobos salvajes a su alrededor

Vi un camino hacia lo alto[1] de diamantes pero nadie en él”

 

Your loyalty is not to me
But to the stars above

“Su lealtad no es hacia mí,

Sino hacia las estrellas en lo alto”

 

Si hace casi tres mil años le hubiesen otorgado el Nobel de Literatura a Homero, no hubiera resultado extraño, especialmente si el jurado sólo hablara en griego antiguo. Y esto porque bellísimos poemas se componían escritos en lengua egipcia, babilonia o quizás en sánscrito védico (aunque los especialistas dicen que esta no aparece hasta el III a.C.), etc.

No hubiera resultado extraño pues toda la literatura era cántico, y todo poeta un rapsoda. Hoy le llamaríamos cantautor y poco antes un trovador. Los poemas de Safo, la Décima Musa, según Platón eran recitados en la Atenas de Pericles, y recitados quiere decir cantados, al modo de Bob Dylan.

En los tiempos en que vivimos, en que es cada vez más claro -como decía el profesor Jorge Angel Livraga (1930-1991) y tantos ideólogos e historiadores como Umberto Eco- que nos precipitamos a una Edad Media, un Nobel de Literatura a Bob Dylan es no sólo un buen homenaje a más de cincuenta años de trayectoria lírica, sino también un augurio de que “the times are changing”. Y espero que Murakami se quede esperando hasta convertirse en un gato negro en su próxima encarnación, o hasta que salga o destruya las cárceles y laberintos onírico-sexuales en que deambula como minotaurete, y que él mismo ha tejido con sus fantasías de onanismo solitario y espectral… Ánimo Murakami, que quizás en vez de el nobelesco caballero sueco, llegue un Teseo con su espada de verdades llameantes, que permitan salir a tus personajes de sus (tus) pesadillas recurrentes, siempre las mismas, con mil trajes y disfraces.

Ya el Buda nos dijo que mejor que mil versos inútiles es uno sólo que serene a quien lo oye, que llene su alma de luz y esperanza, que le devuelva otra vez al sentido inmarcesible de la vida. Y Dylan, poeta y cantante inspirado, ¡cuántas veces rapta nuestra imaginación, como un Pegaso con alas, con versos que no parecen de esta tierra! ¡Y que muchas veces se resisten a toda fácil interpretación! Como sucedió con Hard Rain, en tintes proféticos, que todos quisieron leer como “lluvia ácida”, el efecto de un apocalipsis nuclear, y él insistía que nada tenía que ver con eso.  Es difícil encontrar en toda la historia de la música melodías y letras tan perfecta, mágicamente entretejidas, ajustadas como anillo al dedo[2].

¡Y qué profundo humanismo respiran todas sus canciones! Desde el grito contra la altivez y soberbia de la vida fútil, en Rolling Stone (“piedra rodada”) considerada una de las mejores canciones del siglo XX, hasta la simplicidad mantrámica, casi hipnótica de Knocking on heaven door (“llamando a las puertas del cielo”), o el canto a la fugacidad peregrina de quien aún en los caminos del dolor se va impregnando del perfume y belleza de las flores de vida y belleza, “to the valley bellow”, en la formidable canción de “one more cup of coffee”.

Y aún por encima de todas ellas, qué himno a la verdadera naturaleza humana, a su sed de ideal y de paz en Blowing in the wind

“Blowin’ In The Wind”

How many roads must a man walk down
Before you call him a man?
How many seas must a white dove sail
Before she sleeps in the sand?
Yes, and how many times must the cannon balls fly
Before they’re forever banned?

The answer, my friend, is blowin’ in the wind
The answer is blowin’ in the wind.

Yes, and how many years can a mountain exist
Before it is washed to the sea?
Yes, and how many years can some people exist
Before they’re allowed to be free?
Yes, and how many times can a man turn his head
And pretend that he just doesn’t see?

The answer, my friend, is blowin’ in the wind
The answer is blowin’ in the wind.

Yes, and how many times must a man look up
Before he can see the sky?
Yes, and how many ears must one man have
Before he can hear people cry?
Yes, and how many deaths will it take ‘til he knows
That too many people have died?

The answer, my friend, is blowin’ in the wind
The answer is blowin’ in the wind.

 

¿Cuántos caminos una persona debe de caminar
Antes de que lo llames un hombre?
¿Cuántos mares una paloma blanca debe de navegar
Antes de que duerma en la arena?
¿Cuánto tiempo tienen que volar las balas de cañón
Antes de que sean prohibidas para siempre?
La respuesta, mi amigo, esta soplando en el viento,
La respuesta esta soplando en el viento

¿Cuántos años puede existir una montaña
Antes de que sea bañada por el mar?
¿Cuantos años puede la gente existir
Antes de que se les sea permitida la libertad?
¿Cuántas veces un hombre puede volver su cabeza
Pretendiendo que no ve?
La respuesta, mi amigo, esta soplando en el viento,
La respuesta esta soplando en el viento

¿Cuántas veces un hombre debe de alzar la vista
Antes de que pueda ver el cielo?
¿Cuántos oídos debe tener un hombre
Antes de que pueda escuchar a la gente llorar?
¿Cuántas muertes tendrán que pasar hasta que sepa
Que mucha gente ha muerto?
La respuesta, mi amigo, esta soplando en el viento,
La respuesta esta soplando en el viento.

Las canciones de rebeldía y protesta, exigiendo justicia con todas las fuerzas de la juventud, y aún después, como en Hurricane, se convierten en cariño y ternura, como en Sara, o en un afán de búsqueda teológica, como en God gave name to all the animals. Bob Dylan toca todas las notas del arpegio humano, de su corazón; y él mismo se reinventa una y otra vez, como una llama de fuego, buscándose a sí mismo, queriendo desposarse con la Eterna Belleza, que como arquetipo inalcanzable, tantas veces le huye, como la voz en los conciertos. Vaya, él también huye y escapa a toda definición, no hay manera de fijarle en una categoría. Aunque le llamen Judas y traidor porque abandonó temporalmente la simplicidad folk, no se deja intimidar y camina siempre por donde él quiere. Es interesante ver las ruedas de prensa, las preguntas tan malditas que le hacen tantas veces los periodistas y cómo los desconcierta y se escapa, como agua entre las manos. Pocos saben quizás que se pasó años leyendo libros de la Guerra Civil americana, esforzándose por entender según dijo él mismo “cómo gente tan unida por la geografía y la religión podía convertirse en enemigos encarnizados”., o estudiando Teología como un monje, o pintando y haciendo esculturas de forja en hierro, soldando las piezas de metal con sus propias manos, o que en la época de cristiano exaltado aprovechaba sus conciertos y giras para dar sermones apocalípticos[3]

Curioso personaje Bob Dylan, y realmente de los que dejan huellas profundas. Al ser preguntado qué haría si tuviera que comenzar todo de nuevo, responde que “enseñaría Teología o Historia Clásica Romana”. El premio Nobel de Literatura le era debido desde hace más de una década, pues ¡a ver a qué laureado en las letras le cantan sus versos millones de personas agradecidas! Muchos Nobel de Literatura verán, ellos o sus nietos, cómo los dedos abrasivos del tiempo convierten en polvo impalpable sus libros, pero quizás, en cincuenta o cien años – donde si nos hacemos eco de la lógica de la historia o de las teorías apocalípticas, puede ser que no haya Internet y un libro sea un tesoro de pocos privilegiados-; muchos de sus versos –como los dramas de Shakespeare en la novela Estación Once- serán cantados por nuevas voces, con el nuevo optimismo de una nueva generación, nacida en una  nueva tierra y bajo un cielo más limpio y por fin esperanzador.

 

Jose Carlos Fernández

Almada, 14 de octubre del 2016


[1] Highway significa literalmente “autopista” pero quizás hay un juego de palabras con “alto-camino”

[2] Como tan bien explican Hugh Grant y Drew Barrymore en la película estadounidense “Tú la letra, yo la música” (Music and Lyrics) del año 2007.

[3] Elvis Presley, también profundamente religioso y estudioso de las místicas orientales, leía fragmentos de la obra sublime “Voz del Silencio” de H.P.Blavatsky (1831-1891)

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