Historia

El Evangelio de Jesucristo en La India

 

Vemos que la Regla de Oro [devolver bien por mal] no es original de Jesús, su lugar de nacimiento fue en la India, dado que no nos es posible negar que el Budha Sakyamuni floreció varios siglos antes que Jesús. Buscando un modelo para su sistema de ética, por qué razón fue Jesús a los pies de los Himalayas en vez de a los pies del Sinaí,[1] si no es porque las doctrinas de Manu y Gautama armonizan exactamente con su propia filosofía, mientras que la de Jehová le parecía aborrecedora y terrible. Los hindús enseñan devolver bien por mal, pero la orden de Jehová era “ojo por ojo” y “diente por diente”.

H.P.Blavatsky, Isis sin Velo, Vol 3, Capítulo III

 

La lectura de esta obra, Isis sin Velo, y en especial de este párrafo, sacudieron la imaginación y sensibilidad de Nicolas Notovitch (1858-1916), aristócrata y viajero ruso. Varios años después él mismo se adentraría en estas montañas sagradas, obteniendo información sobre el Santo Issa, que dejó reflejada en La vie inconnue de Jesus Christ, editado en París en 1894.

Aunque vemos en la wikipedia denigrar de forma salvaje a Notovich y acusarle de impostor, habiendo inventado su historia y el libro, veremos fácilmente que esto no es posible. Quizás en otro artículo desmontemos una a una las acusaciones o la “cortina de humo” que se ha extendido sobre este tema, para que no seamos capaces de separar el hecho del rumor y la contrainformación.

En su obra, traducida al inglés como The Unknown life of Jesus Christ, y de ahí a multitud de lenguas, entre ellas, el español, narra su viaje y estadía en el monasterio budista de Hemis, en Ladakh, Nepal. En una de las conversaciones con el lama jefe del mismo, surge el nombre y la figura del Santo Issa, que nació y después al final de su vida predicaría en Palestina. Es muy interesante el contexto, pues el abad budista estaba explicándole –de un modo genial, por cierto- la doctrina de los avataras.

Notovich le pregunta al lama:

“En una reciente visita a uno de tus gonpas, el lama me habló de un profeta, o como tú mismo le llamarás, un Buddha cuyo nombre era Issa. ¿Me puedes decir algo acerca de él?:

La respuesta fue: “El nombre de Issa es altamente respetado entre los budistas, aunque es muy poco lo que se sabe de él, salvo los jefes-lama que han leído los pergaminos que relatan su vida. Tenemos un número ilimitado de Buddhas, como Issa, y los 84.000 rollos de pergamino que disponemos están llenos de detalles de todos ellos; pero pocos hombres han leído ni una centésima parte de estos registros. De acuerdo a una costumbre establecida, todo monje o lama que visite Lassa debe hacer y llevar una o varias copias de estos textos al monasterio a que pertenece; nuestro gonpa, hallándose entre los afortunados, ya posee un gran número de manuscritos, que he leído en mis horas de ocio. Entre estas copias he encontrado descripciones de la vida y hechos de Issa, quien predicó en la India y entre los hijos de Israel, y que fue después llevado a la muerte por paganos cuyos descendientes adoptaron la doctrina que él enseñó, la doctrina en la que tú crees. El Gran Buda, alma del universo, es la encarnación de Brahma; él permanece inerte casi siempre, conteniendo todas las cosas en él desde el origen del hombre, y su respiración anima el mundo. El abandonó al hombre a sus propias fuerzas; y sin embargo, en determinadas épocas, él emerge de su inacción y asume forma humana, procurando así arrebatar a sus criaturas de una ruina irremediable. En el curso de su existencia terrestre, el Buda crea un mundo nuevo en medio de la gente que se ha ido por mal camino, después deja esta tierra para de nuevo convertirse en un ser invisible y retornar a su vida de perfecta felicidad. (…)

Thangka antiguo tibetano con escena de la vida de Jesus
Thangka antiguo tibetano con escena de la vida de Jesus

¿Cómo es Issa considerado en el Tibet? ¿Tiene la reputación de un santo?

La gente ignora su misma existencia; los grandes lamas, que han estudiado los pergaminos sobre su vida, sólo ellos saben algo de él. Pero como su doctrina no está incluida en la parte canónica del budismo, y los cultores de Issa [o sea, los cristianos], no reconocen la autoridad del Dalai Lama, este profeta, como muchos de su clase, no es reconocido como uno de los principales santos del Tibet”

¿Sería un pecado para ti leer estas copias a un extranjero? Le pregunté.

“Lo que pertenece a Dios” replicó, “pertenece también a los hombres. Es nuestro deber ayudar gozosamente en la propagación de su doctrina; pero no sé dónde encontrar ahora mismo estos papeles. De todos modos, si alguna otra vez visitas nuestro gonpa, te los mostraré con gusto”

Tapiz tibetano antiguo con escena de la vida de Jesús: Entrada triunfal subido en un burro y mujer con palma de victoria
Tapiz tibetano antiguo con escena de la vida de Jesús: Entrada triunfal subido en un burro y mujer con palma de victoria

Varios días después el viajero ruso tuvo que continuar su marcha, con la “buena fortuna” que a medio día de camino del monasterio de Hemis, cayó del caballo que lo llevaba y se rompió la pierna[2] y volvió al monasterio a recuperarse, y el abad cumplió su promesa.

Del mismo conjunto anterior, escena de arte tibetana de Jesús y los niños
Del mismo conjunto anterior, escena de arte tibetana de Jesús y los niños

Notovitch nos explica en su obra que el libro le fue traducido desde el tibetano, lengua en que estaba escrita la copia, pero que el original de la Biblioteca de Lhassa estaba escrito en lengua pali. Este “evangelio” fue escrito con lo que se sabía de Jesús en la India, más la información que se adquirió del mismo de su infancia y asesinato en Palestina, información traída por viajeros en las rutas comerciales que unían, durante el Imperio Romano esta tierra con la India y aún China.

Jesús aproximándose a Ladakh, pintado por Michael Spooner
Jesús aproximándose a Ladakh, pintado por Michael Spooner

Aunque remito al lector a que lea el opúsculo entero, pues es de gran belleza y profundo mensaje filosófico, resumidamente dice que Jesús, aunque nació en una familia humilde, cuando se presentó al Templo de Jerusalén y discutió la Ley con los Rabinos, estos, como es conocido por todos, quedaron asombrados del conocimiento y naturaleza de este joven divino de unos doce años. A partir de este momento, la morada de sus padres se convirtió en lugar de encuentro de discusiones filosóficas y de paso obligado de todos los sabios, ricos y nobles, que querían presenciar el milagro de la dulzura y saber del muchacho. Cuando, según la Ley judía, Jesús debía casarse, y los padres a ello le instaban pues recibían ofertas de los magnates del lugar, él, para evitarlo y siguiendo el divino impulso que le llamaba hacia Oriente, abandonó su casa y se dirigió a la India. Aprendió un par de años con los sabios jainos, luego con los brahmanes estudió todos sus textos sagrados y ciencias “yoguicas” –entre las cuales la medicina sagrada y expulsión de genios. Estudió en Jagarnath y en los grandes centros sagrados de la India, como Benarés y Rajagriha. Desatendiendo las indicaciones de los brahmanes, predicó el amor y la sabiduría a todos, aún a los vaysas (comerciantes) y sudras (artesanos y campesinos, servidores), lo que era un grave pecado en las Leyes ya adulteradas de Manú, y arremetió sin miedo contra manipulaciones y abusos de poder de los sacerdotes que sofocaban con miedo e idolatría el corazón de las gentes, esclavizándolas a su voluntad. Ciertos brahmanes intentaron asesinarle, pero consiguió huir al pie de los Himalayas e ingresó en un monasterio budista. Estudió durante muchos años las doctrinas del Bendito en sus miles de sutras escritos en lengua pali. Predicó que el corazón es el verdadero templo de Dios y que es contra natura que el hombre buscando realizar sus deseos, se doblegue a los espíritus inferiores de la naturaleza, en vez de ser su dueño; o peor, que sea esclavo de su propio egoísmo. Atribuyó gran responsabilidad a guerreros y sacerdotes en el sufrimiento del pueblo, pues incumpliendo sus verdaderos deberes atormentaban a las gentes simples. Predicó contra la Trimurti, enseñando una única Ley y Vida y Señor Eterno, creador del Cielo y la Tierra, que había infundido su esencia en la humanidad.

Jesús meditando en posición de Yogui
Jesús meditando en posición de Yogui

Su fama se extendió por los países vecinos, y cuando decidió volver a su tierra natal, en Palestina, pasó por la Persia y predicó entre sus gentes. Los sacerdotes zoroastrianos se aterrorizaron ante la revolución espiritual de sus discursos e intentaron también asesinarle, aunque al final lo expulsaron de su ciudad, deseando que el mismo desierto lo devorara.

Al final llegó a Israel, y aquí la historia es muy semejante a la que ya conocemos, aunque con algunas variantes muy interesantes. Por ejemplo su prisión, sufrimiento y tortura no duró sólo unos días, sino un año entero. Pilatos no fue quien se lavó las manos, sino el Sanhedrín, que intentó liberarlo de la prisión, pero al no conseguirlo, hicieron totalmente responsable al gobernador. Es por ejemplo, admirable su visión de la mujer, tan diferente de la que durante dos mil años han exhibido los que se llaman sus seguidores. Cuando leemos el Mahabharata o los textos védicos, vemos que la de este Jesús es una visión más en consonancia con el pensamiento de la India antigua que con el hebraico y después el cristiano. Y no sólo, más en armonía con la Naturaleza misma, y con los deberes intrínsecos del ser humano. Veamos lo que enseña a los judíos sobre la mujer, tan diferente a las cartas adulteradas de San Pablo que reducen a la esclavitud física y moral a quien es, de cierto, la “inmortal compañera del hombre”.

Respetar a la mujer, pues ella es la madre del universo y toda la verdad de la creación divina mora en ella.

Ella es la base de todo lo que es bueno y bello, ya que es también el germen de la vida y la muerte. De ella depende la entera existencia del hombre, pues ella es su moral y el soporte natural de todos sus trabajos.

Ella os da vida entre sufrimientos; con el sudor de su frente ella vela por vuestro crecimiento, y hasta su muerte, sois vosotros para ella la más intensa angustia. Bendecidla y adorarla, porque ella es vuestra única amiga y soporte sobre la tierra.

Respetadla, protegedla; haciendo esto ganaréis su amor y su corazón; y complaceréis a Dios; con esto muchos de vuestros pecados serán perdonados.

De este modo, amar a vuestras esposas y respetadlas, pues mañana ellas serán madres, y más tarde abuelas de la nación entera.

Sé sumiso con tu esposa; su amor ennoblece al hombre, suaviza su corazón endurecido, doma a la bestia y hace de ella un cordero.

La esposa y la madre son tesoros inestimables que Dios te ha otorgado; ellas son el más bello ornamento del universo, y de ellas nacerán todos cuantos habiten el mundo.

Del mismo modo que el Dios de los ejércitos separó el día de la noche y la tierra de las aguas, la mujer posee el talento divino de separar las buenas intenciones de los malos pensamientos en el hombre.

Por eso os digo: “Después de Dios, vuestros mejores pensamientos deben estar dirigidos sólo a las mujeres y esposas; pues la mujer es para ti el templo divino en el que más fácilmente obtendrás la perfecta felicidad.

Extrae tu fuerza moral de su temple; te hará olvidar pesares y fracasos, te hará recobrar las fuerzas gastadas necesarias para ayudar a tu prójimo.

No la expongas a humillación; haciendo esto te humillarías a ti mismo y perderías la capacidad de amar, sin la cual nada existe aquí abajo en este mundo.

Protege a tu esposa, para que ella pueda protegerte a ti y a tu familia; todo lo que tú hagas por tu madre, tu esposa, por una viuda, u otra mujer en su desgracia, tú lo habrás hecho por Dios.

 

Respecto a las dudas sobre la veracidad o no de este texto de Notovitch, a mí me son suficientes el testimonio directo de dos personajes, verdaderos filaleteos y casi, si no, totalmente santos en vida: Abhedananda y Roerich.

Swami Abhedananda discípulo de Ramakrishna, organizó, en 1920 una expedición al monasterio de Hemis, con el firme propósito de desmentir el libro de Notovitch, y cuál sería su sorpresa cuando el abad de este centro religioso le permitió leer y transcribir los textos originales, casi idénticos al texto del viajero ruso. Me es inconcebible que un personaje de esta categoría y santidad demostrada cometiera y difundiera una mentira tan monstruosa. El detalle oral que da la wikipedia, en una nota a pie de página, de que un discípulo del mismo dijo haberle oído que todo era mentira, no se lo cree ni el Tato. Qué discípulo era, cuando lo dijo, por qué lo dijo después de muerto y no lo denunció como impostor antes, en qué documento aparece esta afirmación; y aunque así fuera, qué prueba hay de que fuera cierto. Como en la legislación de los “Jueces de Córdoba”, según nos describe al-Jusani, la elección de testigos con demostrada vida veraz y honesta es la clave. Y sin embargo nos es de total fiabilidad Nicolas Roerich, abogado, filósofo, arqueólogo, pintor y científico ruso, que organizó en los años veinte una expedición arqueológica científica por el Tibet y el Asia Central. Él mismo vio los rollos y registró cómo era común en los diferentes monasterios y pueblos el hecho de que Jesús pasó aprendiendo y enseñando los años de su juventud en la India.

Más allá de la cortina de humo lanzada en la primera mitad del siglo XX por algunos que se llaman cristianos, cortina de humo sulfúrico pues incluye ultrajes, difamación y sucias técnicas, poco a poco la verdad se impone. Antes o después el edificio teológico que se ha elevado en torno a la figura del Santo Issa caerá, en ruinas, o de pura vejez, frente a la pura verdad de su vida pura. Qué estupendas nos aparecen las reflexiones de H.P.Blavatsky en Isis sin Velo al respecto:

“No hay de la divinidad de Jesús, es decir, considerado como encarnación del Hijo de Dios, ni una sola prueba que resista a la crítica exegética. En cambio, cuando se le mira como reformador radical, acérrimo adversario del dogmatismo teológico, debelador de la hipocresía y promulgador de uno de los más sublimes códigos de la moral, es Jesucristo una de las más colosales y mejor definidas figuras de la historia, que irá tomando mayor relieve a medida que transcurran los siglos, aunque los dogmas teológicos forjados por la fantasía humana vayan perdiendo de día en día su inmerecido prestigio. Jesucristo reinará universalmente el día en que todos los hombres se amen como hermanos con el amor del incognoscible Padre común de la raza humana.”[3]

 

Jose Carlos Fernández,

Lisboa, 24 de septiembre del 2016


 

[1] En la versión española de Isis sin Velo, de H.P.Blavatsky, traducida por Federico Climent Terrer, al final del capítulo III del Tercer Volumen, dice, literalmente: “Ciertamente, no arranca de Jesús la Ley de Oro, sino de la India, pues no es posible negar que el Buda o iluminado Sakya floreció muchos siglos antes de Jesucristo, cuya doctrina es la continuación de la de aquel, pues el Fundador del cristianismo no buscó su modelo al pie del Sinaí, sino al pie de los Himalayas, Su doctrina armoniza con las de Manú y Gautama, al paso que difiere de la de Moisés. Los indoístas preceptuaban la devolución de bien por mal. Los hebreos decían: Ojo por ojo y diente por diente”. Hay un detalle y defecto importantísimo en esta versión, pues dice que buscó en el Himalaya y no en el Sinaí su modelo. Pero en el original inglés dice claramente que no sólo buscó su modelo, sino que fue a los pies del Himalaya. Podría haberse inspirado en la doctrina budista, sin ir a los Himalayas, por boca de los esenios, como yo mismo interpreté la primera vez que leí Isis sin Velo; pero en el original inglés expresa de modo inequívoco que fue allí, o sea que Jesús aprendió, fue discípulo a los pies del Himalaya, en los monasterios budistas, como después veremos.

En el original inglés dice: “We see that the Golden Rule was not original with Jesus; that its birth-place was India. Do what we may, we cannot deny Sakya-Muni Buddha a less remote antiquity tan several centuries before the birth of Jesus. In seeking a model for his system of ethics why should Jesus have gone to the foot ot the Himalayas rather tan to the foot of Sinai, but that the doctrines of Manu and Gautama harmonized exactly with his own philosophy, while those of Jehovah were to him abhorrent and terryfing? The Hindus taught to return good for evil, but de Jehovistic command was “an eye for an eye” and “a tooth for a tooth”.

[2] Este es uno de los argumentos que esgrimen los contrarios a la veracidad del libro de Notovitch, aludiendo a la semejanza de esta historia con la de un conocido de H.P.Blavatsky y que menciona en Isis sin Velo. Este último se partió una pierna también al desembarcar cerca de un monasterio del Monte Athos, y gracias a ello consiguió ver –pero no transcribir- un manuscrito único y que se creía perdido de la obra “Logos Alethés” o “Palabra Verdadera” de Celso, donde se narra la historia de Jesús según los archivos romanos de principios del siglo II. Parte de este libro, pero no la correspondiente a la vida de Cristo, la conocemos por la crítica o defensa que hizo Orígenes en su magna obra “Contra Celso”, la única que sobrevivió entera de este filósofo cristiano e Iniciado Padre de la Iglesia defensor de la Reencarnación

[3] H.P.Blavatsky, Volumen III, capítulo III de Isis sin Velo

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