Filosofía

El Ashtavakra Gita, el sueño de un alma libre y perfecta

ASHTAVAKRA_GITA

 

En un artículo más que sublime, firmado por un pseudónimo desconocido, “ANANDA”, en la revista Estudios Teosóficos de Argentina , más específicamente en el nº 3, del año 1958, encontramos el siguiente texto:

“Una vez, sin embargo, las formas conquistadas serán por la esencia, y todo se resumirá en ella. ¿Dónde estarán entonces las luchas fratricidas de los hombres? ¿En qué pozo oscuro de los tiempos quedarán sujetas las cadenas de los vicios, y los egoísmos que ahora lo ciegan?… Por la boca de la Sabiduría eterna, tal vez nosotros, los de ahora, sonriamos ante el recuerdo de los pecados cometidos bajo el motor autoritario de la ignorancia. Nos reconoceremos en cada cosa como nosotros mismos, y tendremos tal capacidad de amar como Dios tiene, pues gira en el  cuerpo de los más gallardos soles, y trabaja en las diminutas patas del más ignorado de los gusanos. Nosotros seremos el mundo, tal es la conquista hacia la cual vamos. Nosotros estaremos difundidos en el Espacio sin límites cuando la gran vida, o Manvántara, o Edad de Brahma llegue a su fin. Convertidos en estrellas, en galaxias, en plantas, en polvo, ya que trascendiendo la forma es como alcanzaremos a estar en todas las cosas, esperaremos la llegada de la Noche Universal, en la alcoba del Espacio sempiterno. Este pedazo de oro espiritual, llamado hombre, y que no puede brillar bajo la capa espesa de su cieno psíquico, habrá alcanzado entonces la meta suprema del Destino”

Dicen las viejas enseñanzas esotéricas que ese es el destino, felizmente, de la Humanidad. Pero es muy difícil encontrar en la literatura filosófica y aún mística figuraciones de este Ideal perfecto ya realizado. Aun los más grandes santos y sabios celan desvelar este misterio, bien porque, para hablar de él,  debe ser, imagino, necesario haber conquistado esta verdad última o Nirvana –y qué pequeño es el número de ya semidioses que hayan dejado, como la serpiente, la piel vieja de la ilusión temporal- bien porque es muy fácil que dicho conocimiento nos ciegue, que nos deje alucinados, estupidizados para seguir trabajando de un modo eficaz la vida de todos los días.

El drama de aquellos, que pensando tanto en Dios caen en el más frío egoísmo no es muy diferente del de aquellos que soñando sin guía en la libertad final y total, piensan que el camino está ya casi hecho, que no es necesario ningún esfuerzo, que podemos volar en vez de caminar… y así se lanzan al abismo de la nada… de donde antes o después, la garra poderosa del dolor los arrancará… para que dejen de soñar en vano. ¡Cuántas veces las enseñanzas más sublimes llevan a una especie de onanismo espiritual, en que se cree haber conquistado la sabiduría y perfección con sólo soñar en ella… y arrastrando después a los incautos que se lo creen!

Quizás por eso mismo los Sabios sean prudentes a la hora de enseñar tal capítulo de la historia futura de la humanidad, o mejor, tal Loto de Mil Pétalos, aún dormido, en general, en los pliegues del alma humana. Miles de millones de almas devotas, a lo largo de los siglos han repetido quizás el “Yo soy Atmán” o “Om, la Joya en el Loto”, pero qué pocos centenares habrán, como Sigfrido, desposado a la Walkiria celeste, la Neith o Atenea inmortal, reencontrándose, definitivamente a sí mismos.

Y sin embargo, por veces, como en el texto firmado por “Ananda”, en grandes textos filosóficos, y validada su autenticidad por el sello de garantía de los muchos siglos transcurridos, aparecen estos conocimientos. En la tradición budista se elude hablar del Nirvana, para no proyectar en él nuestras fantasías, impotencias o deseos. Y sin embargo, en la védica, como por ejemplo en los Upanishads, en el Bhagavad Gita o en su comentario místico, el Jnaneshvari, sí se habla de la condición del sabio perfectamente iluminado. Y hay un libro, en esta misma tradición védica, que se centra casi exclusivamente en él: es el Ashtavakra Gita.

Esta obra, que pertenece a la tradición vedantina, y por tanto, muy del espíritu de los Upanishads, está como ellos, escrita en forma de diálogo. Los expertos no concuerdan en la antigüedad del Ashtavakra Gita. Unos dicen que pertenece al periodo que va desde el siglo VI al III a.C. y que habría sido compuesto poco después del Bhagavad Gita. Otros que entronca en las Seis Escuelas de Filosofía de la India o Dárshanas, y que sería del siglo VIII o incluso del XII o del XIV.

La obra, que bebe o es de la misma inspiración que los Upanishads -quizás los más grandes textos de metafísica nunca escritos- los Aranyakas o tratados esotéricos de los bosques, o los Brahmanas; está compuesta de 302 slokas o versos (otras versiones refieren sólo 298), siguiendo un diálogo entre el rey Janaka y el sabio Ashtavakra, cuyo nombre significa “ocho veces torcido” Es curioso cómo esta palabra nos indica geométricamente una dupla esvástica (cuatro “ganchos” o letras gamma cada una, de ahí el epíteto de “cruz gamada”; una svástica girando hacia la derecha-destructora o de Shiva, y otra hacia la izquierda, creadora-conservadora o de Vishnu) o un octógono estrella.

El octógono estrella es una figura especialmente sagrada, que en la India se vincula a la Diosa del Amor o Venus (la Diosa Sri o Lakshmi, nacida, como la Afrodita griega, de la Espuma de un mar de leche), y debemos estar atentos a la mención que de ella hace H.P.Blavatsky en su Antropogénesis:

Según la Doctrina Oculta, este Planeta es el primario de nuestra Tierra y su prototipo espiritual. De aquí que el carro de Shukra (el de Venus-Lucifer) se diga que lo arrastra una Ogdóada [ocho] de “caballos nacidos en la tierra”, mientras que los corceles de los carros de los otros Planetas son diferentes.

El octógono es la figura geométrica de las Virtudes en el Islam, los templarios le dieron también una gran importancia, y en la Naturaleza, sabemos que cinco órbitas de la Tierra equivalen a ocho de Venus . Es por tanto, entre otros significados, símbolo del vínculo que une la Tierra y Venus, raíz, pues de la conciencia humana, que es de origen divino.

Este personaje, Ashtavakra, aparece en la epopeya del Mahabharata, con una historia en la que se aclara el origen de su nombre (“ocho veces torcido”): Cuando aún estaba en el vientre de su madre, y siendo su padre un eminente y sabio sacerdote, le criticó diciéndole (imaginamos que mentalmente) que aunque supiera de memoria y recitase diariamente los Vedas, aún cometía graves errores. Y tenía razón, pues, el padre, en un ataque de furia, le maldijo y condenó así a su hijo a la deformidad de por vida. Asolado por la pobreza –rebote kármico quizás de la maldición-, el sacerdote viajó a la corte del rey Videha, y derrotado en un combate teológico, fue castigado con la prisión. El hijo, aún deforme, se consagró al estudio, y fue también a la corte del rey Videha. Venció en un combate dialéctico en la corte del rey Janaka, y de este modo su padre fue liberado, y se reconcilió, agradecido, con el hijo. Éste, retirada la maldición, al darse un baño purificador en un río sagrado, se curó de todas sus deformidades, pero su nombre se mantuvo y el rey Janaka se convirtió en su discípulo.

La narración es simbólica y no podemos dejar de relacionarla con la creación del Quinto Sol en la tradición nahuatl y azteca. Con Nanahuatzin, el personaje deforme y lleno de pústulas que se inmoló para que naciera el Nuevo Mundo, convirtiéndose él mismo en el Sol del Movimiento (asociado también a la Conciencia), y el orgulloso sacerdote que temió hacerlo y lo hizo sólo después, transformándose en Luna.

El libro está organizado en forma de 20 capítulos, aunque el nombre que estos reciben debe haber sido “a posteriori”:

  • I Saksi – Visión del Yo y el Espectador Omnipresente.
  • II Ascaryam – Maravilla del Yo Infinito más allá de la Naturaleza
  • III Atmadvaita – El Yo en el Todo y Todo en el Yo
  • IV Sarvamatma – El conocedor y el no-conocedor del Yo
  • V Laya – Etapas en la Disolución de la Conciencia
  • VI Prakrteh Parah – Irrelevancia de la Disolución de la Conciencia
  • VII Santa – Del Tranquilo e Ilimitado Océano del Yo
  • VIII Moksa – Esclavitud y Libertad
  • IX Nirveda – Indiferencia
  • X Vairagya – Ausencia de Pasión
  • XI Cidrupa – El Yo como Inteligencia Pura y Radiante
  • XII Svabhava – El Ascenso a la Contemplación
  • XIII Yathasukham – Bendición Trascendente
  • XIV Isvara – Natural Disolución de la Mente
  • XV Tattvam – el Yo No-nacido o Brahmán
  • XVI Svasthya – La Permanencia del Yo más allá de la Destrucción del Mundo
  • XVII Kaivalya – La Soledad Absoluta del Yo
  • XVIII Jivanmukti – El Camino y la Meta del Samadhi Natural
  • XIX Svamahima – Majestad del Yo
  • XX Akincanabhava – Transcendencia del Yo.

En Portugal disponemos de una muy buena traducción realizada por Pedro Teixeira da Mota, con excelentes reflexiones y comentarios, de la más pura tradición esotérica teosófica y vedantina. Y con un glosario enriquecedor al final del libro, con el significado y alcance de los términos usados más importantes, con disertaciones sobre los Upanishads, las Gunas, Brahman, el Dharma, las Seis Escuelas de Filosofía o Darshanas, sobre el Yoga, los Tattvas, sobre el Trino Logos hindú (el Sat, Chit, Ananda), sobre el Om, Purusha y Prakriti (Espíritu y Naturaleza), etc., etc. Un manual sintético de Filosofía de la India en varias páginas.

El libro comienza con una pregunta del rey Janaka a su maestro Ashtavakra:

“Enséñame, oh maestro, cómo se consigue el Conocimiento (jnana), dónde nace la Libertad, cómo conquistar el desapego”.

Quien le responde:

“Si quieres liberarte, amigo, evita como veneno los objetos de placer, y ama cual elixir de la inmortalidad la tolerancia, la rectitud, la compasión, el contento y la verdad”.

Y después de una sucesión de sublimes enseñanzas, termina, en el capítulo 20º, con una serie de preguntas retóricas del rey Janaka que demuestran que su comprensión ha sido plenamente iluminada por la luz de la Conciencia Pura y Eterna:

“¿Dónde está la enseñanza o dónde la escritura sagrada? ¿Y dónde está el discípulo y dónde el maestro? ¿Y dónde están los propósitos de la vida, para mí que soy la Felicidad suprema y absoluta?

En verdad, ¿dónde está lo que es o dónde está lo que no es?, ¿dónde está la Unidad y dónde la Dualidad? ¿Y qué se puede decir más? Nada surge ya de mí…”

Por el tono del discurso no podemos decir que las verdades sean más o menos morales, parece ir al nudo de la cuestión, a la clara visión que nos enseña la raíz de la acción. O sea, no dice “Haz esto” o “No hagas lo otro”, sino “¡Mira, sé consciente!” Pues en esa conciencia está la natural vivencia de la causa y el efecto, y por tanto de las acciones y sus frutos, sean estos buenos o malos.

“Mira a los amigos, tierras, prosperidad, casa, mujeres, presentes y otros bienes de la fortuna, cómo duran sólo tres o cinco días, velos como sueño o como red de magia que aprisiona (indrajalava)”

“A pesar del apego, vida tras vida has perdido tus dominios, hijos, mujeres y placeres (…) Hace cuántas vidas, con dificultad y dolor, actúas con el cuerpo, la mente y la palabra? Hoy, por fin, ¡para!”

Nos preguntamos ciertamente si es lícito, para aquel que no ha consumado y consumido la acción en todos los planos (material, emocional y mental) obedecer esta enseñanza. Antes de la hora. Es el sueño de la perfecta libertad, cuando la esencia se libera de la prisión formal en que vive. Esta lección nos puede aturdir a todos los que no estamos aún preparados. Como en el Uttara Gita, el héroe, Arjuna, antes de emprender este camino celestial, debe haber vencido uno a uno a todos sus enemigos, y hallarse solitario, con su Maestro Dios, Krishna, sobre una montaña de cadáveres: sus enemigos, las encarnaciones pasadas indómitas a la voz del Yo Superior.

“Singular es, hijo, la persona bendecida que por medio de la observación de la actividad humana en el mundo objetivo llegó a extinguir el deseo de vivir, el deseo de disfrutar y el deseo de conocer

En verdad, todo este mundo es no eterno, y está corrupto por la triple aflicción[1], sin valor, despreciable y rechazable. Quien se convence de que esto es así, halla la paz”

La naturaleza de todo lo que vive es pura luz, pura conciencia, este es el destino del ser humano, pero la ignorancia nos hace ver formas en las sombras y se ata a lo que nunca fue, nunca es y nunca será. Es muy corriente en el pensamiento hindú, y más especialmente en el vedantino, poner el ejemplo del caminante que, de noche, ve una rama caída y piensa que es una serpiente. Todo aquello que haga, tema, etc., creyendo que es una serpiente, ha nacido de una irrealidad, son acciones y pensamientos carentes de sentido. Hasta que no se de cuenta que es, de hecho una rama caída, todo lo que hace o piensa al respecto es vano. Todo lo que hace, piensa, proyecta, y siente el ser humano olvidado que es pura luz y conciencia, ¿de qué es causa, sino de dilación y sufrimiento? De ahí que el principal desafío es, como figuraba en el Templo de la Luz de Apolo, “conocerse a sí mismo”, descubrir esa naturaleza ígnea:

“Todo lo que existe es sólo una proyección imaginativa y el Atmán es permanente y libre. Sabiendo esto, ¿puede alguien sabio comportarse como si fuera un niño?”

Él es visto siempre estable en Sí y puro de corazón. En todas las circunstancias está completamente libre de los deseos e impulsos

“El hombre cuya mente abrasa el calor del sol de las cosas por hacer, ¿dónde encontrará la paz si no es refrescado por las aguas de ambrosía del contento?”

“No distante ni limitado, siempre presente se halla el Yo libre de distracciones, de penas, de cambios y dueños.”

El título de este artículo menciona el “sueño de una libertad perfecta”, el estado en que, como describe este misterioso personaje, “Ananda”:

“Nosotros seremos el mundo, tal es la conquista hacia la cual vamos. Nosotros estaremos difundidos en el Espacio sin límites cuando la gran vida, o Manvántara, o Edad de Brahma llegue a su fin. Convertidos en estrellas, en galaxias, en plantas, en polvo, ya que trascendiendo la forma es como alcanzaremos a estar en todas las cosas, esperaremos la llegada de la Noche Universal, en la alcoba del Espacio sempiterno.”

Bella y sublime descripción, muy semejante a la que expresa en algunas de sus máximas esta obra, el Ashtavakra Gita:

“Con la mirada mental en el vacío del espacio, la acción sin interés, los sentidos inoperativos, sin lujuria ni indiferencia vive aquel en quien se secó el océano del mundo ilusorio”

“El Conocedor de la Verdad nunca se siente infeliz en este mundo, puesto que con su propio Yo impregna la totalidad del universo”

“Deja que en ti, que eres Océano Infinito, se levanten y caigan las ondas del universo de acuerdo con su misma naturaleza, pues en nada aumentarás ni disminuirás”

“¿Que el cuerpo acabe al terminar un ciclo cósmico o que se vaya hoy mismo, ¿qué incremento o disminución puede producir en ti, que eres Pura Conciencia?”

“Verdaderamente, Yo estoy en todos los seres, y por tanto, todos los seres están en mí. Esto es el Conocimiento. Así, no hay lugar para el rechazo, la aceptación o la negación”

“En mí, que soy Océano Infinito, el barco del mundo es llevado de aquí para allá por el viento de su propia finalidad. La impaciencia no existe en mí”

“En el Océano Infinito de lo que verdaderamente soy, las ondulaciones del mundo se levantan y disuelven por su misma naturaleza, sin que yo crezca o decrezca.”

¡Qué sueño de perfecta belleza y libertad! ¡Y saber que de hecho ésta será la gran vivencia y conquista de todos los seres humanos y aún existentes, no sólo ya en perfecta Concordia y Unión, sino todos pura Unidad! Todas las flechas de nuestras casi infinitas acciones y pensamientos, desde el principio mismo de nuestro tiempo, iban, y no lo sabíamos, buscando ese Blanco. Y al llegar a Él, como dicen los textos védicos, nos daremos cuenta que era el Corazón de Diamante de la verdad misma, y que por lo tanto jamás habíamos salido de él, jamás nos había abandonado. Simplemente estábamos dormidos, ¡y despertamos!

 

Jose Carlos Fernández

Almada, 13 de agosto del 2016


[1] Nos dice Pedro Teixeira da Mota, en uno de los comentarios que esta triple pena o aflicción es: 1) la nacida de nosotros mismos, 2) de otros seres y aún de los devas de los mundos celestes, y  3) del destino. ¡Sabia lección!

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