Literatura

Fernando Pessoa, astrólogo impenintente

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Con este título, que expresaba el veredicto de la Inquisición cuando alguien era contumaz en el error y no quería arrepentirse, queremos aludir, no sin cierta ironía y aún sarcasmo; al afán desmedido, casi morboso del autor de Mensagem por el estudio de la Astrología, entre las otras Ciencias Ocultas. Evidentemente, hace trescientos años le hubieran quemado por ello, a no ser que estudiase en el recinto oculto y reservado de los monasterios de ciertas órdenes, especialmente dedicadas a estas ciencias, como los jesuitas de aquel entonces. En el Portugal de finales de los años 70, cuando comenzaron a aparecer en el famoso arcón de todos sus manuscritos, más y más cartas astrales; y a pesar de que los Jefes de Estado, como siempre, tenían sus propios astrólogos, los mejores, en general; se hizo todo lo posible por darle la mínima publicidad, minimizar este hecho. En el libro Cartas Astrológicas de Fernando Pessoa, escrito por el astrólogo y artista plástico Paulo Cardoso y el Profesor de Literatura Jerónimo Pizarro; libro en que baso todos los hechos y aún análisis astrológicos de este breve artículo; el primer autor menciona las dificultades que tuvo al enfocar este aspecto del multifacético Pessoa. Paulo Cardoso es, de hecho el gran divulgador de Fernando Pessoa como astrólogo, y quien verdaderamente ha probado que “la astrología ha servido de vehículo de conocimiento y de filosofía orientadora al hombre, al escritor, y que la misma había sido, también, un instrumento útil, estructural e incluso determinante en la creación de sus heterónimos”

Los primeros escritos de este autor y astrólogo, Paulo Cardoso, con que quiso divulgar la vasta obra astrológica de Fernando Pessoa fueron editados en 1990, en Mar Portuguez-a mensagem astrológica da Mensagem; y en 1991 en Mar Portuguez- e a Simbólica da Torre de Belém, en 1991. Hoy, que Fernando Pessoa era un astrólogo, es un hecho totalmente aceptado en Portugal; tierra y gentes, por cierto, amantes de todo tipo de “esoterismos”, y en especial, de los astrológicos, hasta el punto que es difícil encontrar alguien que no sepa, por lo menos los rudimentos de esta Ciencia. Ciencia que si quien la estudia no tiene una mente firme y un carácter formado y sólido, puede acabar en el más espeso laberinto de las fantasías, cuando no directamente desquiciado, como me ha confirmado varias veces la experiencia personal: haciéndose algunos la carta astral antes de salir de compras, a ver si encuentran buenas ofertas. Antes como había que pasarse días y más días haciendo complejos cálculos matemáticos, no era así. Con las tablas de logaritmos y trigonométricas fue más fácil, y con las Efemérides aún más. Hoy, con los modernos ordenadores, o directamente en páginas web que ofrecen sus servicios gratuitos al efecto, desapareció toda dificultad mecánica (no evidentemente, interpretativa), lo que, como por desgracia sucede cuando todo es demasiado fácil, o aparentemente demasiado fácil, ha banalizado estos estudios. Bien, dejemos esta digresión innecesaria, y volvamos al afán astrológico del poeta multidimensional de los heterónimos, a Fernando Pessoa.

Entre los casi 30.000 documentos encontrados en su arca de tesoros, más de 2000 papeles son de carácter astrológico, y ha realizado 318 cartas astrológicas -hecho notable dada la dificultad de hacerlas en aquel tiempo- siguiendo con detalle, en gran parte de los casos, los acontecimientos biográficos de los astralmente retratados, para verificar, constatar, y estudiar con más profundidad y comprender de un modo más penetrante esta ciencia milenaria. En algunos casos, usó los horóscopos ya realizados por Alan Leo en su famoso libro A Thousand and One Notable Nativities, publicado en Londres en 1911. En una larga tabla escribe los nombres de todos estos personajes históricos, disponiendo la distribución de las casas zodiacales, y planetas. En esta tabla se hallan científicos como Pasteur, Edison o Flammarion; políticos como Napoleón, Bismark, Chamberlain, Robespierre o el Papa León XIII; músicos como Robert Schumann, Wagner o Chopin; y sobre todo escritores a muchos de los cuales Pessoa había consagrado sus devociones: Shakespeare, el primero entre ellos; Víctor Hugo, Balzac, Shelley, Ridder Haggard, Coleridge, Baudelaire, Oscar Wilde, Charles Dickens, Yeats, John Ruskin, etc., algunos de ellos aún vivos, cuando Pessoa estudiaba sus destinos.

Hallamos también en el arcón, por ejemplo, otro documento manuscrito con el título “Muerte Violenta” donde, en 1917, anotó todos aquellos que habían sido víctimas de la misma, y con los datos astrológicos que podrían haber sido su causa. Fernando Pessoa vivió parte de su vida obsesionado sobre cuán larga sería su vida pues, poseído con un sentido de predestinación con respecto a su obra, necesitaba saber si tendría tiempo para culminarla. Hizo asimismo una y otra vez pronósticos sobre su propio mapa astral, queriendo compulsivamente hallar los sucesos futuros y el momento posible de su muerte, algo que no le es recomendado a los verdaderos discípulos. Lo que se hace evidente por sus escritos y documentos es que desconocía la ciencia iniciática de los “siete puntos de muerte”, que precipitan al alma, como en un embudo, al reencuentro con su destino y fin de vida en la tierra.

Claro, Fernando Pessoa remite la Astrología como la plasmación de una “matemática divina”, con sus ángulos, figuras, sumas, restas y potencias de energías actualizadas en el cosmos. Él era un neopitagórico, quizás frustrado, pero no menos neopitagórico como deducimos de estas líneas:

“Dado que los números y las figuras son los tipos externos del orden y el destino del mundo, en la más simple operación aritmética, algebraica o geométrica, desde que esté bien hecha, hay en ella grandes revelaciones; y, sin dar más detalles, en la matemática están las llaves de todos los misterios. Esto no quiere decir –pues sería absurdo- que todos los matemáticos nos están conscientemente comunicando las señales del secreto, cuando hacen sus cálculos”

Fernando Pessoa comenzó a partir del 1909, a juzgar por los documentos que de él poseemos, a solicitar que le hiciesen su carta astral. Disponemos en su arcón de un texto de quince páginas con frases que Pessoa ha subrayado y diversas notas a lápiz. En otra carta astral solicitada, de 44 páginas, se incluyen además pronósticos para un largo periodo, y está firmado por “Newton Verity”. Hay otra de 20 páginas realizada por “Old Sol”, cuyo texto va acompañado por unas tablas de la Luna para 1910. En esta carta se responde a cinco preguntas realizadas por el poeta. Según la respuesta, la pregunta debió ser algo así como si era un enfermo mental, pues se le dice:

“No veo señal de locura, pero debe tener en cuenta que tiene ideas muy diferentes de las de la mayoría de las personas, y que puede, de algún modo, ser considerado excéntrico, nada más.” Hay, del mismo periodo de la vida del poeta, otras dos cartas astrales más. Sabiendo el coste que en su época podía tener cada uno de estos horóscopos (que llevaban, por veces, decenas o cientos de horas de elaboración) podemos concluir que se gastó en los mismos una pequeña fortuna, tal era su obsesión al respecto. Sin embargo varios años después y después de armarse con una buena biblioteca astrológica y estudiar miles de horas concienzudamente, él mismo se hizo un experto astrólogo. Los clásicos de Astrología que usó fueron Sepharial (pseudónimo de Walter Gorn Old), y Alan Leo, pero llegó a familiarizarse con las técnicas más variadas y las más difíciles (por lo menos en Occidente, que seguían otros métodos), como la Astrología Horaria (el gran aporte de la Astrología Árabe) y la Hindú, o incluso prácticas de astrología prenatal, el llamado Epoch, siguiendo una de las obras de Sepharial, The Solar Epoch, a new astrological thesis, de 1924, que hallamos en la biblioteca particular de Fernando Pessoa.

En esta biblioteca, a disposición de cualquier interesado en la web, está casi la obra completa de Alan Leo, uno de los grandes renovadores y fundadores de la Astrología Moderna, inspirado por los ideales proclamados al mundo por H.P.Blavatsky; del ya mencionado Sepharial; los símbolos de cada uno de los grados del Zodiaco por Charubel, tratados de Astrología Médica, la obra del mago y filósofo Robert Fludd, Tratado de Astrología General, las obras de un tal H.S. Green, Efemérides y Almanaques, un libro de Astromancia kabalística de un tal Synesius y varios otros.

Es curioso como el nombre que adoptaría Fernando Pessoa a la hora de escribir y publicar textos astrológicos es, precisamente, Raphael Baldaya, que debe hacer referencia al Raphael, autor de las Efemérides Astrológicas que debió consultar de un modo casi continuo.

El poeta había desmenuzado su propia vida y listado todos los acontecimientos más importantes, que le servían para verificar la eficacia de los diferentes métodos astrológicos aplicados a sí mismo, y quizás también para aprender a penetrar en el significado profundo de la influencia de los astros. Usa por ejemplo un sistema de progresión en que hace corresponder a cada año de su vida, cuatro grados de avance de la Luna, y de esta manera coinciden los sucesos astrológicos con los siguiente hechos, de forma exacta, según el poeta: Muerte del padre, del hermano, segundo matrimonio de la madre, llegada a Durban (en Sudáfrica), muerte de la hermana, regreso a Lisboa, muerte de María Clara, cambio de vivienda a la Rua da Gloria, nacimiento de la revista Orpheu, muerte de su gran amigo Sá-Carneiro, aparición de sus Poemas Ingleses, matrimonio de la hermana, muerte de la madre, etc…

El poeta llegó a prever su propia muerte haciendo uso de sus avanzados conocimientos de Astrología; y si se equivocó en meses, fue porque, como nos dice Paulo Cardoso, quizás determinó su Ascendente con un error de varios grados.

Ya dije que, iniciándose en la Astrología como un mero solicitante, y empeñando en ella miles de horas, finalmente demostró un dominio técnico de todas las técnicas astrológicas tradicionales, y llegó a proponer nuevas formas de trabajar con esta Ciencia. Quería publicar, con su pseudónimo de astrólogo, Raphael Baldaya, un libro, cuyos manuscritos permanecieron sin editar en el arcón de sus tesoros y memorias.

Fernando Pessoa es conocido, como escritor y poeta, por haber generado una serie, no de pseudónimos, sino de heterónimos, otros yoes con vidas –y aún muertes- “simuladas” propias, con un carácter diferente al suyo, y cuyas biografías se entrecruzaban las unas con las otras. Hasta el punto que los poemas y escritos (los que se conservaron en su arcón y los editados en revistas) de ambos son no sólo diferentes sino contradictorios, con filosofías de la vida opuestas y enfrentadas, por lo menos aparentemente. El mismo Fernando Pessoa explica estos heterónimos como desdoblamientos de su personalidad, y dice, y nunca sabremos si finge o no, que los mismos existían mediúmnicamente en él; y que, como si él realizase “escritura automática” vivos o muertos literariamente, unas veces escribían unos y otras los demás. Lo que es menos conocido pero ha sido justamente revelado por el astrólogo Paulo Cardoso, es que estos personajes fueron “diseñados” astrológicamente. Y para que los principales fueran complementarios, se les dio una fecha de nacimiento para que tuvieran un carácter tal, y lo que hacían y decían, su vida personal, sus viajes, etc., era una simulación recreada desde su misma carta astral. Aun sus muertes son deducidas de sus horóscopos, pues si hay algo que intrigó a Fernando Pessoa, y en lo que trabajó casi mórbidamente es en hallar los momentos de muerte posible según la fecha de nacimiento.

El mismo poeta explica:

“Refieren los astrólogos que los efectos de todas las cosas se deben a la operación de cuatro elementos: el fuego y el agua, el aire y la tierra. Es de esta manera y con este sentido que podremos comprender cómo operan las influencias. Unos actúan sobre los hombres como la tierra, enterrándolos y aboliéndolos, y estos son los mandatarios del mundo. Otros actúan sobre los hombres como el aire, envolviéndoles y escondiéndose unos de otros, y estos son los gobernantes del mundo de más allá. Unos actúan sobre los hombres como el agua, que encharca y convierte en su misma sustancia, y esos son los ideólogos y los filósofos, que dispersan en y por los otros las energías de su alma. Otros actúan sobre los hombres como el fuego, que quema en ellos todo lo accidental, y los deja desnudos y reales, auténticos y verídicos, y esos son los libertadores. Caeiro [uno de sus heterónimos, el Maestro por excelencia] es de esa raza. Caeiro tuvo esa fuerza. ¿Qué importa si Caeiro sea mío, si de este modo es Caeiro?

Así, operando sobre Reis [otro de los heterónimos], que aún no había escrito nada, hizo nacer en él una forma propia y una persona estética. De este modo, operando sobre Campos [Álvaro de Campos, otro heterónimo, el ingeniero industrial], lo ensanchó dentro de sí, como si quebrase los diques de contención. Y operando sobre mí mismo, me libró de sombras y harapos, me dio más inspiración a la inspiración y más alma al alma. Después de esto, así prodigiosamente conseguido, ¿quién puede preguntarse si Caeiro existió o no?

Centro no sólo de mi alma, sino del alma del viejo mundo resurrecto.”

Esto es lo que escribe en Prefacio a las Ficciones de Interludio, y es curioso y notable cómo se menciona a sí mismo y a tres de sus heterónimos; pues en realidad sus heterónimos son muchos más: el mismo Raphael Baldaya para documentos astrológicos, Alexander Search (el autor de sus poemas ingleses y de juventud), Bernardo Soares (semiheterónimo, autor del Libro del Desasosiego) y un largo etcétera.

Esto es debido a que cada uno de los 4 mencionados (él incluido) está en relación astrológica con un Elemento, de la siguiente forma, y según sus Ascendentes:

ALBERTO CAEIRO- FUEGO

RICARDO REIS-  AIRE

FERNANDO PESSOA- AGUA

ÁLVARO DE CAMPOS- TIERRA

El mismo nombre de Alberto Caeiro, dice acertadamente Paulo Cardoso, debe ser una contracción de CA(RN)EIRO, nombre del signo zodiacal Aries, en portugués; pues éste es el signo del heterónimo maestro, y su Ascendente es Leo, ambos signos de Fuego.

Fernando Pessoa, cuando comenzó a estudiar astrología, creía que su propio Ascendente era Libra (no sabía la hora exacta de nacimiento) pero después rectificando su horóscopo según las fechas más importantes de su vida, determinó que era Escorpión, signo de Agua, y como tal aparece en ese conjunto de cuatro: aunque su signo zodiacal fuese Géminis, por lo que no le era fácil desdoblarse en personajes, ya que éste es un signo en que la “unidad” brilla por su ausencia, o mejor quizás, no brilla si no es en su dupla faz, como los dos caras de una moneda.

Sobre este tema, Paulo Cardoso, a quien estamos siguiendo en todo momento en este artículo, que es sólo un trabajo de divulgación y resumen; dice:

“Los horóscopos de Pessoa y de sus tres heterónimos forman parte de un juego complejo y sutil, en que las piezas encajan entre sí, como en un puzle. En este juego los factores astrológicos se combinan a la perfección. De este modo, por ejemplo, los signos Ascendentes (símbolos astrológicos del cuerpo físico, de la presencia corpórea del nativo) de los cuatro cartas astrales pertenecen a los cuatro elementos de la antigüedad: al Fuego (Caeiro), a la Tierra (Campos), al Aire (Reis) y al Agua (Pessoa); y los temas astrológicos de los heterónimos presentan a Mercurio (planeta de la Literatura) en una casa especial, la VIII, sector relativo a la muerte, a la iniciación, a las sociedades secretas y a la trascendencia. El mismo Pessoa decía: Con una falta tal de literatura, como la de hoy, ¿qué puede hacer un hombre de genio, sino convertirse, él sólo, en una literatura? Con una falta tal de gente con la que coexistir, como la de hoy, ¿qué puede un hombre de sensibilidad hacer, sino inventar a sus amigos, o, cuando menos, a sus compañeros de espíritu?

Prestemos atención también a cómo dos de los elementos de esta “fraternidad iniciática” tienen otro factor en común en sus mapas celestes: un planeta colocado en el signo de Escorpión. Esta situación no es fruto de la casualidad, pues se trata del signo que se relaciona con la ya mencionada Casa VIII, en la que se encuentra el Ascendente de Pessoa, símbolo de su dimensión física[1] . Los horóscopos de Alberto Caeiro y Ricardo Reis, tienen, de hecho, un planeta en Escorpión, y por coincidencia, en el mismo grado.”

Dos personajes a quienes estudió casi obsesivamente haciendo cartas astrológicas fueron Oscar Wilde y Napoleón, recorriendo con mínimo detalle los acontecimientos de las vidas de ambos para ver en qué modo coincidían con los alineamientos de los planetas. A Napoleón le dedica varias cartas y es, para Pessoa uno de los candidatos de forjadores del 5º Imperio de las profecías de Bandarra. Aunque lo que está escrito en las páginas son sólo símbolos astrológicos, y con ellos Pessoa ya sabe lo que quiere expresar, junto a todo tipo de cálculos farragosos; hay una página donde hay “literatura” respecto al horóscopo de Napoleón y que demuestra el avanzado conocimiento astrológico de Pessoa:

“Estudiemos el caso de Napoleón. En su horóscopo. Siete de los nueve planetas están por encima del horizonte. Por tanto, el éxito general, en el sentido de ambición realizada, puede ser previsto. De los dos de los planetas escondidos [por debajo del horizonte], uno, Júpiter, está en la segunda casa, y por ello, va a pasar al mundo superior cuando el Ascendente entre en progresión en conjunción con el mismo; y es un hecho que Napoleón llegó al poder completo cuando se produjo esta dirección del Ascendente. El punto terrible del horóscopo es que el otro planeta escondido, la Luna, está en el fondo mismo de la figura, y a pesar de estar en la Casa IV, en la cual la Luna es fuerte por naturaleza, este planeta está, sin embargo, en un signo débil, Capricornio, rigiendo el Medio Cielo (MC), con el cual está relacionado todo el tema del horóscopo, como veremos después. En este caso, la oposición del Saturno débil del Medio Cielo pasa a tener una importancia excepcional, y queda explicada la ruina final del hombre y de su trabajo. Y sin embargo, como los siete planetas estaban por encima del horizonte, no podría no haber realizado, en gran parte, aquello hacia donde dirigió su ambición”

Nos preguntamos, como Shakespeare en su Julio Cesar, “¿Era Napoleón ambicioso?”, o más bien, era empujado por su destino para renovar el mundo, y así para el bien de todos, como después se demostró al convertirse Francia en señora del orbe durante más de un siglo y renovadora de todas las instituciones europeas. Y ¿no hizo lo mismo Julio Cesar con el Imperio Romano, aunque muerto, gracias a la continuidad que impuso su hijo con la Pax Augustea? No seamos tan livianos a la hora de juzgar a aquellos que sobrepasan, enormemente, el cielo de nuestra cotidianeidad. El mismo Fernando Pessoa, en su carácter paradójico ama y reniega al mismo tiempo.

Nuestro poeta astrólogo también hizo la carta del monarca alemán mecenas de Wagner, de Luis II de Baviera, a quien el destino aisló en su torre de marfil cercado de la misma pureza ahora fantasmal, con que gobernó su reino, depredado finalmente por los intereses de los ambiciosos. Fernando Pessoa, identificado en cierto modo con este personaje, le rinde homenaje en su Libro del Desasosiego en un texto que llama “Señor Rey del Desapego y la Renuncia: Segunda parte de la Marcha Fúnebre para el Rey Luis Segundo de Baviera”, y es con este texto de tanta belleza que queremos cerrar este breve artículo:

“¡Señor Rey del Desapego y la Renuncia, Emperador de la Muerte y del Naufragio, sueño vivo errando, fastuoso, entre las ruinas y los exilios del mundo! ¡Señor Rey de la Desesperanza entre las pompas, dueño doloroso de los palacios que no le satisfacen, maestre de los cortejos y de los aparatos que no consiguen apagar la vida!

¡Señor Rey erguido de los túmulos, que viniste de noche y con luz de luna llena, a contar tu vida a las vidas, paje de los lirios deshojados, heraldo imperial de la frialdad de los marfiles!

Señor Rey Pastor de las vigilias, caballero andante de las Angustias, sin gloria y sin dama ante la luna de los caminos, señor de los bosques en las laderas escarpadas, perfil mudo, de visera calada, pasando por los valles, incomprendido en las aldeas, silbado en las villas, despreciado en las ciudades!

Sea mandrágora lo que tragáis en los cálices, (…), en las salvas, y las guirnaldas que sean de violetas…, de las flores tristes que evoquen la tristeza.

Va el Rey a cenar con la Muerte, en su palacio antiguo, a la orilla del lago, entre las montañas, lejos de la vida, ajeno al mundo.

Sean de instrumentos extraños, cuyo mero son haga llorar, las orquestas que se preparan para la fiesta. Vistan los siervos libreas sombrías, de colores desconocidos, fastuosos y simples  como los catafalcos de los suicidas.

Y, antes que comience el festín, pase por las alamedas de los amplios parques el gran cortejo medieval de púrpuras muertas, el gran ceremonial silencioso en marcha, como la belleza en una pesadilla.

¡La Muerte es el triunfo de la Vida!

¡Por la muerte vivimos, porque sólo somos hoy porque morimos para el ayer! Por la muerte esperamos, porque sólo podemos creer en el mañana por la confianza en la muerte del hoy. Por la Muerte vivimos cuando soñamos, porque soñar es negar la vida. ¡Por la muerte morimos cuando vivimos, porque vivir es negar la eternidad! La Muerte nos guía, la muerte nos busca, la muerte nos acompaña. Todo lo que tenemos es Muerte, todo lo que queremos es Muerte, es muerte todo lo que deseamos querer.

Una brisa de atención recorre las alas.

Helo ahí, que llega, como la muerte que nadie ve y la … que no llega nunca.

¡Heraldos! ¡Tocad! ¡Atended!

Tu amor por las cosas soñadas era tu desprecio por las cosas vividas.

Rey-Virgen que despreciaste el amor,

Rey -Sombra que desdeñaste la luz,

¡Rey-Sueño que no quisiste la vida!

¡Entre el estrépito sordo de címbalos y atabales, la Sombra te aclama emperador!”

 

Jose Carlos Fernández

Almada, 9 de febrero de 2015


[1] Discordamos en esto con el autor de estas líneas. El Ascendente es mucho, muchísimo más que eso; es el camino que recorre el Alma-Conciencia (representada por el Sol en la Carta) y con el que se va paulatinamente identificando, al recorrerlo, pues “no puedes recorrer el Sendero hasta que te hayas convertido en el Sendero mismo” (Voz del Silencio), por lo que el Ascendente llega a ser la “acción a largo plazo”, la “obra realizada”, la “vocación del alma” ¿Por qué hay siempre un gran vínculo entre los que tienen un Ascendente determinado con los del mismo signo que tal Ascendente? Porque cristalizan el Ideal del otro, y no es casualidad que Marsilio Ficino en su Tratado del Amor, diga que es uno de los factores de unión matrimonial estable, máxime cuando coinciden recíprocamente Signo de uno con el Ascendente del otro y al contrario.

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