Literatura

El día en que Mary Poppins se hizo egoísta y el día en que Walt Disney salvó su alma

Carátula del filme Mary Poppins de Walt Disney
Carátula del filme Mary Poppins de Walt Disney

“Disney le dijo a ella [Pamela L. Travers, la autora del personaje Mary Poppins] que era muy engreída. Ella respondió, “¿Lo soy?”, “Sí” reafirmó él. “Piensas que sabes más sobre Mary Poppins de lo que yo sé” “Bien, engreída o no –respondió ella, sonriendo-  pienso que sé más que tú”. Disney destacó, triunfal, “no, no sabes más”

Las muchas aventuras de esta niñera mágica han sido generadas en la infancia de Pamela –la soledad en su infancia, soñando despierta en Allora, el carácter dominante de su tía materna, en las reglas y preceptos de vivir que le dieron- y en su amor por AE y los misterios de creación que oyó de sus labios y leyó en los poemas de Yeats y Blake”

Mary Poppins ha sido llamada Diosa Madre”, una bruja, un hada buena, una mujer sabia, una “Madre extática”, ejemplificada como Artemis y como Sofía, Maria Magdalena o la Virgen María. Se ha dicho que contiene secretos Zen o que compendia el Zen. [1]

Mary Poppins cantando “Feed the birds” en el filme
Mary Poppins cantando “Feed the birds” en el filme

Bien, el título no es exactamente cierto, pero quizás el único modo de expresar la relación de Pamela Travers con su alma prisionera, proyectada sobre el personaje libre y poderoso de Mary Poppins.

Decir “alma prisionera” no es insulto, sino, usando la alegoría de Platón, el estado en que se halla toda alma aquí en la tierra, condenada a percibir el mundo a través de los sentidos materiales tan sólo. Como un águila enjaulada, sueña su libertad, su libre vuelo en un cielo de Ideales.

Pamela Travers  – nombre artístico de Helen Lyndon Goff – es la autora que creó el personaje literario de Mary Poppins , a quien el cine de Walt Disney dio fama imperecedera, convirtiéndolo en uno de los talismanes líricos del siglo XX.

Pamela nació en Queensland, Australia, el 9 de agosto de 1899 y muere en Londres, el 23 de abril de 1996. Como vemos muy bien en la película “Al encuentro de Mr. Banks”, su padre, un irlandés sensible, amante de la poesía de Yeats y Russell, y posiblemente teósofo como ellos, no pudo soportar la vida gris y mediocre de empleado de banca y se entregó a la bebida, y con ella a una muerte prematura. Ella tenía sólo siete años.

Siendo aún una adolescente, comienza a escribir versos  para las revistas  “The Bulletin” y “The Triad”y a interpretar papeles shakespearianos en una compañía de teatro, haciendo giras por Australia y Nueva Zelanda.  También interpretó el personaje de la Bella Durmiente, el que después analizaría  simbólica-racionalmente en un artículo ya casi al final de su vida. El sueño de ésta es convertirse en una gran actriz aunque en breve comienza a sentir la atracción por escribir artículos periodísticos. Siente, asimismo, los primeros dardos del amor. Como escribiría en el poema Surrender:

Young Psyche, tremulous with love’s pain,

First knew the wine of Eros’s drooping mouth.

“La joven Psique, estremecida con las penas del amor

Conoció, por vez primera el vino de Eros en sus besos de miel[2]

 

Sus inclinaciones místicas, de abrazar con sus anhelos el Alma del Mundo, se sienten ya, como un hálito en sus versos. En el poema Keening, escrito con 23 años, se refiere a Iosagan, que es el nombre irlandés de Jesús

 

When I was young in green Athlone

The Young Iosa played with me.

Cuando yo era joven en la verde Athlone

El joven Iosa jugaba conmigo

 

Uno de sus primeros mentores fue uno de los fundadores de la revista “The Triad” (nombre sospechosamente platónico o mejor, teosófico), Frank Morton, corresponsal  en Singapur y Calcuta del viaje de Annie Besant por la India. Recordemos que Annie Besant era la Directora Internacional de la Sociedad Teosófica y brillantísima oradora y discípula de la mujer más asombrosa y sabia del siglo XX, Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891). Es muy difícil que la corriente de su inspirado pensamiento, y los ideales teosóficos no fueran uno de los temas de conversación entre ambos.

Precisamente en el primer poema que escribe para esta revista, ya se insinúa el personaje de Mary Poppins, el poema se llama “Mother Song” (Madre Canción) y resulta paradójico que 40 años después Pamela Travers  discutiera furiosa con Walt Disney por el hecho de que Mary Poppins cantase. El arpa eólica de su corazón, y con ella todos sus poemas habían sido silenciados por lo que los místicos budistas llaman “inteligencia de la cabeza”, egoísta e indiferente al sufrimiento ajeno.

En este poema, bello y delicado, de 1922, canta:

Little son,

You must soon be sleeping;

Baby stars are peeping,

One by one.

 

“Time for bed!”

Hear de Dustman Crying,

As he comes with flying

Wings outspread…[3]

 

En la película de “Al encuentro de Mr. Banks” -que relata las dificultades de Walt Disney para conseguir los derechos de edición de Mary Poppins, y el férreo, casi inhumano control que quiso imponer Pamela Travers en su rodaje- el autor de Micky Mouse le pregunta una y otra vez cómo surgió, cómo nació el personaje de esta “niñera mágica”. Pamela le responde, al final, cansada de su insistencia que “entró por la ventana, volando”.

¡Y vaya si es cierto!  Entró poco a poco, por la ventana de su imaginación, se fue materializando en ella, como una corporización de su misma alma, como una encarnación de sus más excelsos sueños. Semejante a cómo El Principito se fue insinuando en la mente de Saint Exupèry, o Harry Potter en el alma de J.K. Rowling, o Juan Salvador Gaviota en la de Richard Bach. Nos preguntamos si estas obras, a la que sumamos también, claro está la del Señor de los Anillos –y de la que el mismo Tolkien decía que desde la entrada de los Jinetes Negros había cobrado vida propia, que él se limitaba a transcribir lo que veía imperativamente en su pantalla mental- no han sido dádivas del cielo al mundo. Presentes de los poderes luminosos que velan por la humanidad (Bodhisatvas, Iniciados, Santos o Nirmanakayas, ¿qué importa el nombre?) para la educación de una generación entera, y para que no olvidemos lo esencial, confundidos en los juegos de ilusiones y egoísmos del mundo.

En aquel entonces la sutileza de la mente de Pamela Travers, su idealismo, la versatilidad shakesperiana de su alma, su depurada sensibilidad, la hacían una buena candidata para recibir tal dádiva, y para darle forma con su mente, símbolo a símbolo, velo a velo, como la concha envuelve en perla nacarada la partícula del mundo desconocido que entró en su santuario. Esa dádiva celeste es la que quiso Walt Disney dar al mundo entero, pero sin las censuras de quien quizás ahora se había convertido en su enemiga. Por eso el texto inicial de este artículo, en que Walt Disney le dice que conoce mejor al personaje de Mary Poppins que ella misma, porque él aún respira y vibra en ese cielo de Ideales desde donde naciera Mary Poppins, como nace la blanca espuma del mar.

A los 25 años establece contacto con George Russell, editor de la revista Irish Statement, a quien envía varios poemas. Durante casi diez años va a ser su maestro, su inspiración, su guía en las sendas literarias y en las del alma, su protector. Este poeta, pintor, ideólogo y místico irlandés, a quien Henry Summerfield en su biografía va a llamar el “hombre de las mil mentes” había pertenecido, con el también poeta  Yeats (quien fue expulsado por realizar ceremonias mágicas indebidas para desarrollar poderes psíquicos) a la Escuela Esotérica de la Sociedad Teosófica. Y también, como su amigo íntimo Yeats, había conocido y  quizás sido discípulo directo de H.P.Blavatsky. En el primer encuentro con ella en 1888, Russell tenía 21 años, quedó vivamente impresionado. Henry Summerfield[4] nos cuenta:

La imagen de ella impresa en su joven memoria permaneció inalterable a todo desarrollo ulterior de su personalidad o juicio. “Yo era demasiado inmaduro, demasiado pequeño –él diría ya anciano- y ella demasiado remota, el Cosmos entero en el cuerpo de una mujer enferma”

La desgracia fue que cuando se produjo la primera gran escisión en la Sociedad Teosófica en el enfrentamiento entre William Judge y Annie Besant, la ST Irlanda –quizás por la tensión con Inglaterra- se inclinó por la “rama americana”. Poco tardaría Russell en darse cuenta del grave error cometido.

Cuando Pamela Travers lo convirtió en su mentor literario y anímico, ella tenía 25 años y Russell, 57. “Era considerado un coloso intelectual en Dublín. Su reputación se había extendido hasta Washington y Nueva York en la medida en que se transformó a sí mismo de artista en visionario, de poeta en dramaturgo, de economista en editor, y en aquel tiempo en carismático conferenciante y por último en consejero de la administración de Franklin D. Roosevelt”. Para ella, sus virtudes “giraban alrededor de él como un zodíaco”, de él diría “meterle en la casilla y etiquetarlo de economista, periodista o artista es como intentar atar a un león en una red de fina seda”. En otros escritos diría que era su sol, que era como Zeus, y ella un paje en su corte.

En qué medida el personaje de Mary Poppins surgió de la luz que este gran idealista irradió en su alma, lo revela el famoso número de la calle a la que llega volando Mary Poppins, el 17 de la calle Cherry Tree Lane, de Londres. El nº 17 era el de la calle en que vivía Russell y donde se celebraban las tertulias de los domingos de filosofía, economía, poesía, y sobre el futuro de Irlanda. Y sinceramente no creo que esto sea casualidad.

Y sin embargo, Russell se daba cuenta de la inestabilidad de su mente, y de la peligrosa fascinación de todo cuanto la encantaba. Cuando surgió, en el año 1932, la oportunidad de que ella hiciera un viaje a la recién nacida Rusia Soviética[5], le diría, “¿por qué eres como la polilla buscando las llamas en que precipitarse de nuevo?” Pamela Travers estaba obsesionada con conocerse a sí misma[6] y esto la fue precipitando en los prestidigitadores y maestros del engaño, o peor aún en los maestros del egoísmo, los profetas de “la inteligencia de la cabeza”, los que a precio del alma, convierten tu mente una fortaleza… desierta. En uno de los encuentros – y parafraseamos la biografía de Pamela Travers, Mary Poppins, She Wrote, de Valerie Lawson- Pamela le dijo a AE (el nombre de poeta y místico de Russell) que estaba preocupada sobre quién era ella en realidad, que había tratado de asumir varios atuendos, pero que siempre le parecía ser una impostora. Y él le dijo, simplemente, ¿por qué preocuparse? En otro encuentro le explicó que sí, que había visto “diablilos” en ella saliendo por debajo de las máscaras, pero que qué importaba, todos tenemos, dijo “criaturas dentro nuestro, arcángeles, ángeles, devas, hadas, diablillos y demonios y por qué preocuparse si uno de estos últimos se mostró a través de la máscara”

Inclusive, AE le dijo que escribiera acerca de una bruja, cuya imagen se fundió con la de la niñera que ya tenía en mente Pamela. A Russell, de otra generación y con la mente siempre enfocada en los clásicos le costó aceptar la imagen “de marca” de Mary Poppins, por qué era necesario pintarla con ese paraguas, bolso y ese sombrero tan desastrado (el mismo que tenía Pamela de una muñeca, en su infancia). AE reconoce que Mary Poppins es una encarnación de algunos atributos de Pamela, pero por qué no se ofrece entera, sinceramente, se pregunta, solo una parte, una proyección de ella misma. La respuesta es muy simple, ofrece lo mejor, una corporización de sus intuiciones, si no un legado del cielo. También dialogan juntos[7], AE le dice que Mary Poppins debería haber descendido a la ciudad vestida luminosa y diáfana, como la diosa Maia, una de las siete estrellas que forman la constelación de las Pléyades. Si Mary Poppins hubiera llegado a la tierra en los días de antaño, dice el poeta, lo habría hecho con largas trenzas doradas, llevando en una mano un ramo de flores y en la otra una lanza, y con sandalias aladas. Pero, claro, en una Edad de Hierro como esta, llega con apariencia y vestes más acordes.[8]

Cuando Pamela Travers cumple 35 años, una edad decisiva para el alma, su amigo y maestro después de un breve viaje a Estados Unidos, muere. Desde dos años antes ella está siguiendo las enseñanzas de Gurdjeff y Ouspensky (a quien a pesar de las críticas y menosprecios a H.P.Blavatsky y sus doctrinas, las salas teosóficas de Warwick Garden le abrieron las puertas para que divulgase su “Cuarto Camino”), a través de un “amigo” de AE, Orage, que será quien le introduzca en estas enseñanzas tan en discordancia esencial con las que había recibido de su mentor. Y a quien amaría tanto como después admiró y temió a Gurdjeff. Pues el uno representaba la sabiduría de corazón, y el segundo la de la cabeza, esa, de la que en el tratado místico Voz del Silencio, se dice:

Busca los Caminos. Pero, oh Lanu (discípulo), sé puro de corazón antes de comenzar la jornada. Antes de dar el primer paso aprende a discernir lo real de lo falso, lo siempre efímero de lo siempre permanente. Aprende sobre todo a separar el aprendizaje de la Cabeza con la Sabiduría del Corazón, la doctrina del Ojo de la doctrina del Corazón.

Sí, la ignorancia es como una redoma cerrada y sin aire; el alma un ave dentro de ella. Ni canta ni puede mover las plumas; la cantora enmudece, adquiere pesadez y muere exhausta.

Pero incluso la ignorancia es mejor que el saber de la Cabeza sin la sabiduría del Alma para iluminarla y guiarla.

Las semillas de la Sabiduría no pueden brotar ni crecer en un espacio sin aire. Para vivir y cosechar experiencia el espíritu necesita espacio y profundidad y señales que la guían hacia el Alma Diamante.”[9]

Ella misma reconoce este hecho, pues deja la poesía, la búsqueda de belleza y de ideal y su sed insaciable es ahora la “perfección egoísta”, el conocimiento y poderes mentales. De su maestro amado, dice, poco después de este morir: “yo no era un entusiasta de AE. Nada hice por él. Qué hace una flor por el sol. Nada, simplemente crece y crece gracias a él”.

Y sin embargo, en una carta a sus amigos reconoce que Orage (el seguidor de Gurdjeff) “hace crecer el intelecto en los hombres, mientras que AE alzaba en ellos su espíritu”[10]: ¡gran diferencia!, que determinaría ya entera la vida de la autora de Mary Poppins, después de su más bello legado al mundo.

Pamela Travers se encontraría con Gurdjeff en París en el mes de marzo de 1936, y después viviría temporadas en el “Priorato”, en Fontainebleau,  donde este personaje “educaba” a sus discípulos más cercanos, con trabajos que les desquiciasen la personalidad, haciendo que se enfrentasen unos a otros –para así “fortalecer” sus mentes- violando la delicada intimidad de sus psiques –como quien abre con la hoja de una espada el botón de flor de un loto que aún crece en el agua-y con danzas tipo sufíes en que debían demostrar el más absoluto control sobre cada uno de sus músculos y nervios, pues la clave es aquí que la mente domine el cuerpo. Una danza ciertamente diferente a la de Isadora Duncan, donde parece que la perfección, gracia y amor del cielo encarnan en movimientos. Aquí los danzantes parecen marionetas movidas por el resorte de la voluntad personal, plenamente desarrollada.

Claro, los efectos no se hicieron esperar, fue perdiendo la sensibilidad moral, endureciéndose y pensando cada vez más, exclusivamente, en ella, en sus intereses, allá se cayera el mundo.

Porque quería sentirse madre –otra vez ella en el centro de la tela de araña- adopta un niño, Camilus, en el año 1939, ofrecido por uno de los biógrafos de Yeats, que con siete criaturas, no puede mantenerlas dignamente. Ella decide quedarse con uno de sus hijos, gemelo de otro, y el padre le implora que dada su status económico, que se lleve a los dos, que están muy unidos, que –por ser gemelos- sufrirán enormemente con la separación. Ella no accede, y, por el contrario, consulta a un astrólogo amigo suyo para ver cuál es el que le dará menos problemas (¡extraño estudio astrológico siendo gemelos, hasta el mismo San Agustín se quedaría pasmado!) Al final Camilus, se encontrará con su hermano en plena juventud y desvelará todas las mentiras de su madre, quien a pesar de la evidencia, y pudiendo elegir explicarle a su hijo adoptado los motivos que le llevaron a crear una historia, por su bien; se enroca diciendo que lo que siempre le ha contado es verdad, para desesperación de quien nunca se ha sentido realmente amado, y sigue viendo como persevera en la mentira. Al final Camilus se casará y creará una familia… y se convertirá en un alcohólico, y sus descendientes, que mantuvieron una relación mínima con su “abuela”, Travers, dirán, al final de la vida de ésta, la fatídica sentencia de que nunca había amado a nadie, sólo a ella misma.

Durante el resto de su vida Pamela Travers continuará trabajando en la “Obra” de Gurdjieff, creando y aún dirigiendo grupos de estudio y editando revistas y libros de tal orientación ideológica. Recordemos que ella escribió los primeros dos libros de Mary Poppins alentada por la influencia de los ideales teosóficos y el poder del alma de Russell. Paulatinamente el personaje, según nos dice Valerie Lawson, se fue transformando. Ahora, según la biógrafa de Pamela Travers, Mary Poppins tenía siempre una razón para descender del cielo y acercarse a la familia Banks, “para encontrar algo para ella, una vez que lo había encontrado, era libre para marcharse” y dejarlos. En otras palabras, ¡dice que Mary Poppins se había convertido en una egoísta! Que nosotros, humildes mortales no estemos nunca a salvo, de un modo u otro de las dentelladas del egoísmo, es natural, pues la santidad o heroicidad es el fin de un arduo camino. Pero que sean egoístas las proyecciones de nuestros más elevados sueños, la naturaleza misma de un personaje literario que creamos con nuestra imaginación, ¡eso sí que es un problema!, porque así se está justificando y haciendo paradigmático el egoísmo en sí.

La intuición estética, del alma, su pureza de regalo del cielo, poco a poco se iban transformando:   “Pamela, ahora con 51 años, había absorbido todas las teorías de los panditas sobre lo que significaba realmente Mary Poppins. Comenzó a mezclar las ideas de Gurdjieff en las aventuras y personalidad de Mary Poppins; la niñera fue ahora más que nunca una gurú, o vidente, o buscadora de verdades espirituales”. Antes no lo hubiera necesitado, porque, como el Adepto que ha superado todas sus limitaciones y cuyo único objetivo es ahora ayudar a los otros, o al Plan de Dios que es la evolución misma; ella era “prácticamente perfecta en todo”, un modelo de referencia inegoísta y no de dudas y búsquedas.

En el mes de noviembre del 1949 muere Gurdjieff. Durante los años de la II Guerra Mundial Pamela Travers pasó dos veranos con los indios navajo, aprendiendo de su mística, y trabajando con uno de los grupos de Gurdjieff. Su búsqueda, obsesiva, pendula de un lado para otro sin hallar ningún tipo de paz y ni siquiera de sentido, tan contradictorias son las doctrinas que ahora, como las de un Grial quebrado, estudia sin llegar a beber ya nunca lo que sacie la sed de su alma, seriamente desequilibrada. Estudia a fondo el Mahabharata y el Ramayana, pasa temporadas enteras haciendo los ejercicios contemplativos del budismo zen, sigue las enseñanzas y prácticas de Dürckheim y traduce su libro “The Way of Transformation: Daily Life as a Spiritual Exercise”: “Tomaba nota de sus sueños, sus miedos y resoluciones, de cómo era rica pero se sentía pobre, de cómo ser una buena madre para ella misma, cómo construir –siempre pensando en ella, al parecer- una fortaleza de coraje, confianza y paciencia, cómo hacer algo diferente cada día, y como llevar las riendas de todos las piezas de su vida interior[11]

Después conoce a Krishnamurti y se pasa todos los veranos en la villa de Saanen, cerca de Gstaad, oyendo las conferencias de esta  enigmática paradoja humana que llevó cuando discípulo, el nombre de Alcyone y escribió la joya mística “A los Pies del Maestro”. Quizás incluso sea la misma Pamela Travers quien le hace una pregunta a Krishnamurti[12], y cuya respuesta le debió haber dejado pasmada pues era imposible conciliar su fe a Gurdjieff, o su devoción a nadie más, si tenía la audacia de entrar en el desierto sin fin de las enseñanzas de su nuevo ídolo humano. Perdida la estrella que iluminó su alma y eclipsado su sol interior un ejército de ídolos se alzan para atontarla y confundirla-

Según vemos en una filmación del año 1980, le preguntan a Krishnamurti, y repito, no sería nada extraño que fuera ella misma:

“He sido miembro de un grupo de Gurdjieff. Encuentro que me ha dado una base para entender mejor lo que Ud. está diciendo. ¿Debo continuar con tal grupo para así ayudar posiblemente[13] a los otros, como yo he sido ayudada? ¿O un grupo así produce la fragmentación interna?

La guerra psicológica de Krishnamurti es altamente eficaz. Antes de leer esta pregunta ya está sonriendo irónica y despectivamente, y después de leer la primera frase de la misma dice: “Del orden al desorden” y luego, riendo, “creo que eso es correcto”.

Después de leer la pregunta dice: “Es una idea extraordinaria ayudar a los otros, porque uno se encuentra extraordinariamente la comprensión, la belleza, el amor la verdad (todo esto lo dice haciendo aspavientos para burlarse de los que piensan o sienten así) y toda la afirmación de orden, y la gran sensación de plenitud” Después de ironizar sobre ese deseo comienza con su máquina dialéctica implacable: “En primer lugar, por qué deseamos pertenecer a algo…, etc., etc.” De todos modos, no es necesario preocuparse por lo que sintiera o no, Pamela Travers o quien hiciese la pregunta, es decir si había o no contrariedad. Las mentes quebrantadas, o sin la estrella guía de la sabiduría -¿¡y quien tiene la mente intacta?! -ya no se preocupan demasiado por el principio de no contradicción o de identidad, o sea, de que A es igual a A y contrario a no-A.

Bien, este es el contexto psicológico y humano en que Walt Disney, después de 20 años de tentativas sin fruto, se encontró con Pamela Travers para hacer una película basada en su personaje literario Mary Poppins, y que la haría rica de por vida, además de promocionar máximamente sus nuevas producciones de la maga niñera. Pamela Travers, otrora tan intuitiva, poética y artística odiaba todo lo que surgía de la mente proteica de este gran encantador que fue Disney. Sin sensibilidad ya, no era capaz de ver las “señales que llevan al Alma Diamante”, o al menos, las marcas de verdadera belleza en el mundo. Disney la convidó para que viera qué estaban haciendo en el estudio, y ella en vez de ver…, convertida en la Señora No, impuso el terror en el ambiente en que trabajaban. No es necesario detenerse mucho en ello, pues está detallado en el filme Saving Mr. Banks, muy exacto a nivel histórico, pues se guardó archivo de todas las grabaciones de revisión del guión de Mary Poppins[14]

Al final, después de crueles tensiones y una lucha sin fin, Walt Disney consiguió hacer el filme como quería, como debía. Prometió que la película no sería de animación, y no lo es, sólo en una escena aparece la animación de los dibujos animados, interactuando con personajes de carne y hueso. Consiguió que el alma del filme fueran las canciones, aceptó de buen grado que se pudiera salvar a Mr. Banks. Salvó la magia de Mary Poppins, no sólo todo lo extraordinario que hace, salvó la magia de su amor redentor y pura belleza, alimentó a las aves del Ideal que aletean en todas las almas que no han perdido aún su sinceridad[15]. ¡Qué importa que Pamela Travers, en el estreno de Mary Poppins, en el 1964, llorase, como dijo, de rabia! Walt Disney salvó el personaje Mary Poppins de adulteraciones egoístas, y en cierto modo salvó así también el alma de Pamela Travers, su nombre y obra en el mundo. Sí, ciertamente, sabía más Walt Disney de Mary Poppins que su misma autora, que se había ido olvidando de ella misma: la amó, la salvó y se la dio pura y perfecta al mundo, tal y como las potencias celestes que guardan a la humanidad, se la habían entregado a ella.

 

Jose Carlos Fernández

13 de marzo de 2016

 

[1] Ambas citas del libro Mary Poppins, she wrote: The life of P.L. Travers, de Valerie Lawson

[2] En una traducción no exactamente literal.

[3] Hijito mío/ Debes ya dormir;/ Las estrellas nacientes se asoman/ Una a una // “Hora de dormir!”…/ Oye el voceo del Basurero,/ Según llega volando/ Con sus alas abiertas…

[4] En su libro That Myriad Minded Man, pag. 28, Edicion Colin Smythe 1975

[5] Del que surgió su primer libro, “Excursión por Moscú”, recopilando las experiencias y reflexiones de tal viaje.

[6] Una forma de egoísmo sutil, pues no es lo mismo estar decidido a conocerse a sí mismo, y emprender calma y serenamente el camino para hacerlo, y así crecer, como lo hace el árbol bien plantado; que estar fascinado, obsesionado, por los múltiples yoes del presente, pasado o futuro que aparezcan en el campo mental de observación, y lo peor, rendirles culto. O sea, el peligro de encender una vela a cada ídolo que se muestre en nuestra fantasía queriendo así ser adorado. Esa es la verdadera y más peligrosa  de las idolatrías, de la que todas las demás no son más que sombras y proyecciones externas.

[7] Estoy siguiendo aquí de cerca el libro de Valerie Lawson

[8] Idem

[9] El texto Los Dos Senderos, dentro del libro Voz del Silencio, traducido y comentado por H.P.Blavatsky.

[10] Valerie Lawson, pag. 176

[11] Del libro de Valerie Lawson

[12] Pregunta y respuesta filmadas y fáciles de encontrar en youtube

[13] Possibly, “tal vez, posiblemente” en inglés. Si quien hizo la pregunta en el año 1980 es Pamela Travers, ¿por qué dice “posiblemente”? ¿Es que el inconsciente le delata, y duda realmente si está haciendo un beneficio a los otros, o este “possibly” es por no generar violencia, ya que en la filosofía de Krishnamurti, al parecer nadie puede ayudar a nadie ni ser ayudado por nadie? Nos preguntamos irónicamente, por qué entonces el interés de este personaje hindú porque le escuchen y el enorme esfuerzo “organizativo” (¡¡¡) en divulgar sus palabras.

[14] Salvo la visita de Walt Disney a su casa en Londres, que es fantasía literaria, o el que todas las decisiones que tomó al respecto del filme estuvieran basadas en los recuerdos del padre, lo que es bastante improbable pues murió cuando ella tenía siete años.

[15] La maravillosa canción de “Feed the birds” de los hermanos Shermann, el alma del filme Mary Poppins.

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