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FiloFoto: ¡Hola!

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¡Hola! Esto es lo que nos parece decir con su amable y grácil presencia esta foca –o mejor dicho, lobo de mar-del Jardín Zoológico de Lisboa. Nadie está frente a ella, sino es el ojo atento, la cámara, de la fotógrafa Carmen Morales, cara a cara, mirándose como sorprendidos ambos, por lo que imaginamos, en verdad, que le está saludando. Además, a juzgar por el burbujeo que nace en su boca, algo le está diciendo.

Es asombroso cómo estos animales, llamados pinnípedos (que incluyen al elefante marino, a la foca, la morsa, etc.) siendo mamíferos, y necesitando por tanto, salir a la superficie para respirar, se han adaptado tan perfectamente a su vida en el mar. La evolución natural, un hecho indiscutible y verificado en el proceso de adaptación final, no nos parece resolver la ecuación del diseño base, que es un modelo inteligente hasta el ínfimo de los detalles. La filosofía milenaria defiende que los diseños y estructuras, la mecánica, ha sido “pensada” y construida en base a un plan –ahora lo llamamos “teoría del diseño inteligente”, que los críticos usando guerra sucia quieren desprestigiar asociándola a la locura del creacionismo.

¿Serán posibles, por pura casualidad, en varias decenas de millones de años, todas las modificaciones que han permitido a estos animales adaptarse “volviendo al mar”, lo que además parece “contra natura”? No es, creemos, tiempo suficiente para que, aleatoriamente, “lanzando dados”, una vez cada generación, nos salga este resultado, relativamente perfecto. Y mucho más difícil aun, no sólo que se den estos cambios, sino la conjugación armónica de los mismos. Que las especializaciones evolutivas se conjuguen, simplemente, por azar, es directamente increíble. Es, como decía el filósofo Sri Ram, exigir demasiado de nuestra imaginación, o abusar de nuestra credulidad y desconocimiento en la materia. H.P.Blavatsky, en su Doctrina Secreta, usa un ejemplo genial:

“Supongamos que un Ocultista sostuviese que el primer gran órgano de una catedral había venido originalmente a la existencia como sigue: primeramente, hubo en el espacio una elaboración gradual y progresiva de una materia organizable, que dio por resultado la producción de un estado de materia llamado PROTEIN orgánico; luego, bajo la influencia de fuerzas incidentales, estos estados, pasando a una fase de equilibrio inestable, se convirtieron, evolucionando lenta y majestuosamente, en nuevas combinaciones de madera labrada y pulida, de clavijas y chapas de bronce, de cuero, de marfil, de tubos acústicos y fuelles; después de lo cual, habiéndose adaptado todas las partes y formando una máquina armoniosa y simétrica, el órgano empezó repentinamente a tocar el “Requiem” de Mozart, el cual fue seguido de una Sonata de Beethoven, etcétera, ad infinitum, tocando sus teclas por sí mismas, y corriendo el aire en sus tubos por su propia fuerza y voluntad inherentes. ¿Qué diría la Ciencia de semejante teoría? Y sin embargo, esto es precisamente lo que los savants materialistas nos dicen respecto del modo como se ha formado el Universo, con sus millones de seres y con el hombre, su corona espiritual”

Muchas ideas y reflexiones sugiere esta “imagen congelada”:

  • El drama que debe significar para este animal, el traspaso del dinamismo salvaje, en la lucha por la supervivencia, a la dependencia, para todo, del ser humano; de la libertad de la vida en los desiertos de hielo y en el fértil abismo del mar glacial a la cómoda prisión donde ya no se vive, se vegeta. Cómo por otro lado, el vínculo que desarrollan con el ser humano los hace entrar en una nueva dimensión, insospechada, en un mundo de sentimientos y afectos quizás antes vedado; y esto es, también, evolución. ¿Quién está más evolucionado, el tigre o el gato? Desde la perspectiva de la pirámide-ecosistema, el tigre; respecto al número de cuerdas que vibran del alma del felino, es infinitamente superior la versatilidad anímica del gato doméstico.
  • En relación con el hecho de que del lobo marino está prisionero -sacrificio, desde luego, que deleita e instruye a tantos- también podemos pensar que la mente que no recuerda no sufre. Y en cierto modo es así, pues es la mente quien compara, y sin término de comparación, sin contraste, el sufrimiento mental disminuye. Desde luego el sufrimiento mental sí, pues casi no hay mente; pero el vital, el existencial no disminuye un ápice: el alma está prisionera en una forma de vida que no es la suya, como la de un águila en una jaula, o como en la fábula del águila que cree ser una gallina, o el león una asustadiza oveja, o como el alma humana, que encarnada y prisionera del mundo de las sensaciones materiales, no puede remontarse a las alturas inteligibles que le son propias y asocia fatalmente sus sensaciones a las del cuerpo y emociones derivadas.
  • La gracia y extrema agilidad de la foca en el medio marino, la asombrosa belleza de sus movimientos; y sin embargo, su torpeza cuando sale a la superficie, donde lo único que puede hacer es descansar. Muchas veces “juzgamos” a las personas por cómo son en un medio, el físico o el de la apariencia material, olvidándonos que hay muchas dimensiones o ámbitos en que se desarrolla el Ser, y que, cuanto más sutiles, más bellas y poderosas. Incluso dentro de la simplemente física, hay varias dimensiones casi independientes, una por cada sentido. Todos recordamos el fenómeno de Internet de Susan Boyle a quien el público, en un primer momento, rechazó por gorda, vieja, fea y tonta (todos estos atributos siempre según el sentir superficial y apresurado de la gente, atizada por sus prejuicios). Hasta que comenzó a cantar… ¡qué voz tan sublime y celestial!, ¡era cerrar los ojos y sentir conmovidos el aleteo inmarcesible de la belleza eterna! ¡Cuán superior es la belleza de la voz a la belleza corporal, que además tan rápidamente se marchita! ¡Y cuán superior aún la belleza del alma! Como cuando el Buda nos dice que el olor más fragante que existe en la Naturaleza es el de la virtud. ¿Cuál es la dimensión, cuál es el ámbito de ésta? La foca torpe se convierte en la grácil danzarina del mar.

¡Hola, nos dice la foca! ¡Hola, respondemos nosotros! Y en esa complicidad, en ese saludo es como si ambos saliéramos de la prisión en que vivimos, tal es la magia de los reencuentros.

Jose Carlos Fernández

Almada, 21 de agosto del 2015

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