FiloFoto

FiloFoto: Iniciación musical

© Pierre Poulain
© Pierre Poulain

 

¿Quién gira en torno a quién? Por más que en la Edad Media se empeñasen en que el Sol y todos los planetas giraban en torno a la Tierra, Copérnico demostró y luego Galileo sufrió la pura y simple verdad. La Mecánica de Newton nos dijo que en realidad, ambos giraban en torno a un centro de gravedad común, pero que dada la masa del Sol, y aunque se desplazase a una enorme velocidad en el espacio, él era el Rey y todos los planetas daban vueltas a su alrededor, permaneciendo él inmóvil. Antes Giordano Bruno, quien fue torturado y quemado por la Inquisición, dijo que no tenía sentido hablar de centro en un universo infinito, porque en el infinito todo es centro, por lo mismo que infinito más uno es igual a infinito. Al descifrar los jeroglíficos egipcios quedamos admirados, pues estos constructores de pirámides insinuaban que el mismo Sol, señor de toda vida en la Tierra, y dueño de los movimientos y actividad de todos los planetas, deponía su cetro ante la estrella Sirio, y que ante este misterioso Ojo Azul giraba.

En el himno CLXXIV del llamado Libro de los Muertos, el Iniciado dice:

“¡Las Jerarquías Celestes me han engendrado!
Fui concebido por la Diosa Sekhmet [el Karma, la Necesidad] y traído por ella al
mundo al lado de Sirio, el gran espíritu estelar que
muestra cada día a Ra [el Sol] el camino.”

Y ahora nuestra ciencia ha encontrado un centro alrededor del cual gira nuestra galaxia entera (miles de millones de estrellas) y al que las tradiciones esotéricas llamaban Sol Negro o el Sol Central.
El niño al ser concebido verifica el misterio de los dos que se convierten en uno, materialmente, pues su código genético es el resultado de ambos progenitores, padre y madre (y no sólo de la semilla del padre, como durante milenios se dijo). Durante el embarazo el niño forma una unidad aparente con la madre, pues en ella yace oculta, por ella come y respira, pero lleva el germen de la separatividad, pues no es la madre, es diferente a ella, y la Naturaleza le impele a salir de ella. Luego el uno se convierte en dos, la entrada en la materia, y ahí es la madre la que comienza a girar en torno al niño, no sólo en la cuna, sino al estar pendiente a la más mínima de sus necesidades. El niño se convierte en centro y la madre en circunferencia. Pero el niño crece y adquiere movilidad y ahora es el niño que gira en torno a la madre y el padre, pues hay como un cordón umbilical invisible y sabe que no puede apartarse, los necesita a ambos. Este cordón invisible se irá haciendo más y más grande hasta que se rompe, como cuando el barco se hace a la mar, o el pájaro, llegado el momento, salta del árbol y el instinto hace que vuele. En la educación la vida del niño se mueve entre dos centros, la casa y la escuela, por lo que la curva que simboliza este giro es la de la elipse (Genial enseñanza del filósofo hindú Nilakantha Sri Ram (m. en 1973)), curva cuya distancia suma a dos puntos denominados focos, es siempre la misma.

Y si en el nacimiento del niño, el uno se convierte en dos, en el momento de cortar el cordón umbilical físico; al amamantar y al educar la madre al niño, los dos vuelven a ser uno, pues el paulatino despertar del alma del infante, como una flor que se abre, hermana a ambos, los armoniza y en la armonía la unidad es reina. Es por eso que las Diosas Madre, símbolos de sabiduría, más que de vida material, no son figuradas pariendo, sino amamantando, como Isis, o la Virgen María, y la leche, es símbolo de lo que alimenta al alma, lo que la hace vivir y crecer, o sea, de la Sabiduría.

En una Edad de Oro, dicen los textos védicos, todo gira en torno a los sabios (brahmanes), y en la circunferencia más externa se hallan los sudras, los que hacen los trabajos más serviles. O sea, en los sabios está la voluntad y la ley, el amor y la sabiduría, la inteligencia y la forma, son el corazón de luz de la sociedad. En las Edades de Hierro, cuando reina el caos y la injusticia y nadie sabe cuál es su sitio, o si lo sabe no puede acceder a él sin adulterar su naturaleza, los ignorantes (ignorantes de lo esencial, tengan o no títulos universitarios) están en el centro y los sabios en la circunferencia externa.
En esta fotografía, quizás el anciano debería estar enseñando, reposando, o en actividad contemplativa, orgulloso y sereno de las batallas de vida, y el niño alrededor de él en su dimensión infantil de los sueños, recreándolos con sus juegos. Pero no, el niño está cansado de jugar y es el anciano, quien poseído por el espíritu de la música, que todo lo renueva, danza en torno a él, quizás para decirle que en esta vida no se puede dejar de danzar y de soñar.

Jose Carlos Fernández
Almada, 9 de julio de 2015

Si el artículo le ha gustado, deje por favor un comentario. Agradecemos su opinión.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s