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FiloFoto: Solos frente al mar

Fotografía realizada en Sagres, Portugal
Fotografía realizada en Sagres, Portugal

 

Este título puede inducir a un equívoco. Es un título paradójico, como lo es la vida misma, pues el hombre desde cierta perspectiva siempre está solo, y desde otra nunca lo está. Nunca lo está pues es siempre un nudo de una trama social, que es quien le garantiza su fuerza, su capacidad de sobrevivir, y la tierra desde la que puede florecer; o como en la Red de Brahma, desde donde puede aprisionar el rocío celeste de lo divino y convertirse, de simple nudo de múltiples hilos, en engarce de una joya de perfección. En el caso de esta fotografía de Carmen Morales, tan bella y evocadora, el audaz pescador no va “vestido de aire”, alguien ha tenido que tejer lo que viste, y alguien pensar y otros construir las máquinas que hilan los tejidos, y quien ha fabricado el sedal y la caña de pescar, lo que significa una perfección progresiva de instrumentos, y por lo tanto una tradición. El mismo sedal será de nilón o un hilo plástico resistente semejante, ¡y cuantos conocimientos de química han sido necesarios para llegar al plástico, tan abusivamente usado hoy en día!, cuántos genios han “quemado” sus vidas para ir construyendo los peldaños de ciencia y técnica que nos han permitido el simple nilón de la caña de pescar. Por otro lado, el pescador tiene una apertura mental que le ha hecho posible aprender esta técnica y categorizar los peces que son comestibles y los que no, y esta apertura no se desarrolla sin el lenguaje, que es quien despierta en nuestra mente todas las estructuras lógicas, como tantos filósofos y lingüistas demostraron. Y la creación de un lenguaje es un asunto serio, parece que sólo sería posible como una dádiva de los dioses a los hombres, o una imitación de tal primitivo lenguaje, realizado por las mentes más esclarecidas de un tiempo perdido en la memoria. O sea, nuestro pescador es un nudo, aquí y ahora, de una red social que se abre más y más, y no sólo en el presente, sino como un conjunto de saberes que el pasado va acumulando y perfeccionando, lo que llamamos tradición. Por eso, aunque estuviera solo, no lo está realmente. Además en el mundo del pensamiento, el poder del alma le permite, con la imaginación, dialogar consigo mismo, o con sus personas queridas: si ama la poesía o la música, comulgar con este pan y bebida mística; o si es un enamorado de la Literatura, o de la Filosofía, podrá traer al presente a estos grandes autores, y como decía Séneca, debatir con ellos los más graves o sublimes asuntos: ¡NO ESTÁ SOLO!

Por otro lado está solo, pues todo Yo es el punto central de una serie de circunferencias a las que llamamos, en conjunto, circunstancia, y el Yo Real, en su infinitud adimensional es punto y no círculo, y los demás, aunque en lo íntimo del corazón, siempre están a cierta distancia, los mismos Dioses, que rigen cada una de las hebras de ese tejido de vida, pueden mirar y alentar para que ese punto que es el Yo sea como una Estrella de Luz, un igual a ellos mismos. Y no es sólo cierto que solos nacemos y solos morimos, pues alfa y omega retornan al punto inicial, sino que además hay una soledad del alma – necesaria, además- que nadie nos puede arrebatar. Y todo acto de verdadera voluntad, y de verdadera libertad, más aún en la más devota de las obediencias, surge de ese Yo central, de ese núcleo de intimidad, de ese santuario en que somos nosotros mismos y nadie más. Pues en una verdadera sociedad, el individuo no deja de ser tal, y tampoco para formar un Estado, como la célula no deja de ser tal para construir un tejido, y estos un órgano, etc… hasta llegar a conformar, por ejemplo, el cuerpo humano. La soledad nos forja porque descubre el misterio íntimo de lo que somos, pero esta soledad no es vivir como eremita en las montañas, es mantener un espacio puro y silencioso en el alma donde no llega ninguna llamada ni reclamo desde el exterior, y donde estamos a solas con nosotros mismos, sin el animal de ninguna pasión convidada al encuentro. Es el séptimo castillo o fortaleza interna que refiere Santa Teresa de Jesús en sus “Moradas”. Los filósofos y místicos egipcios se refirieron a este misterio en relación con la Iniciación, en el que el Aspirante recupera su condición divina, su naturaleza de Estrella en el cielo moral, o sea, en el cielo de su conciencia, en el cielo interior de los imperativos categóricos, que diría Kant. El ser humano vuelve a ser el Dios que olvidó que era y proclama:

“¡Sólo[1] existo!… ¡Solo!… ¡Solo!… Solo recorro las

 soledades cósmicas. Una irradiación de luz fluye de todo

 mi Ser. Yo soy un Ser circundado de murallas, en medio

de un universo también circundado de murallas.

Yo soy un solitario inmerso en mi Soledad.

Yo soy un ser pleno de savia del Océano celeste.

Mi madre es la Diosa del cielo Nut, ella es quien ha

modelado mi forma. Yo estoy inmóvil. Algunos rayos de

mi ser llegan a nuestros pechos;

pero las formas las oculto en mí.”

En el escenario que esta fotografía ha detenido en el tiempo, el pescador está solo ante el ímpetu de los elementos, ante la furia del viento y del agua, que se lanzan sobre la roca convirtiéndose en blanca espuma y la naturaleza exhibe todo su poder, del que somos atónitos espectadores. Nos es difícil imaginar que la arena de todas las playas del mundo nacen de ese embate, de ese conflicto incesante en que la roca no cede, pero que en decenas de millones de años se va deshaciendo pues el agua, como disolvente universal, finalmente es el más poderoso de los elementos de tierra, igual que el aire consigue vencer al agua y arrastrarla obligándole a ser espuma y aún nube. El agua impera sobre la tierra y el aire sobre el agua, y el fuego sobre todos los elementos, pues su elemento clave en lo material, el Hidrógeno, es la quintaesencia de todos ellos, como el tiempo lo es de todos los acontecimientos.

Con el genio de la inteligencia, que es el don de Prometeo, el fuego mismo de los Dioses, hemos conseguido, en apariencia, domar la naturaleza, ponerle riendas y conducirla como Pegaso alado a donde queremos. Pero esta foto, donde la dimensión física del hombre se desvanece ante la infinitud del poder de los elementos, nos da la verdadera medida. Por ser racionales, somos de fuego (pues la mente es un fuego invisible), y podemos penetrar todos los otros reinos y obligar a hacer lo que queremos. Podemos provocar rayos artificialmente, o llamarlos y conducirlos a tierra por el camino que queramos (más o menos), podemos retener el avance del mar, o arrebatarle espacio creando playas nuevas, podemos hacer, no que los vientos nos obedezcan –pues a tanto no hemos llegado- pero sí aprovechar su empuje para generar energía… Pero no somos superiores a la Ley misma y si dominamos a la Naturaleza es siguiendo sus mismas leyes, y no por el imperio de nuestra voluntad, aislada. Podemos, como en el Principito, mandar que amanezca, cuando sabemos que va a salir el Sol, y no antes ni después; podemos protegernos de las mareas, o aprovecharlas, pero no impedirlas, y lo mismo con los vientos, y no podemos evitar que el fuego queme, ni el agua moje ni el aire seque. Y desde el luego no somos superiores a las Leyes de la Naturaleza, ni a las físicas ni a las morales, a quienes los filósofos indos llaman Dharma… y no podemos desafiar impunemente estas leyes morales. Dicen las viejas tradiciones esotéricas, que la Tierra es un Ser vivo, sometido, como nosotros a leyes propias, y con capacidad de reacción para volver al equilibrio cuando este sea perturbado violentamente. Y dicen que hay una serie de válvulas o mecanismos de seguridad que se disparan a medida que esta armonía es perturbada, como si avisasen de males mayores si uno persevera en el empeño egoísta y mendaz. ¿Podemos detener realmente el calentamiento de la tierra? ¿O impedir una glaciación? ¿Podemos dominar la fuerza arrebatadora de los terremotos? O si con el calentamiento la energía acumulada se libera en vientos tempestuosos, ¿somos capaces de luchar contra vientos tres o cuatro veces más rápidos que los más poderosos huracanes actuales?, ¿vientos como los que se producen en el planeta Marte? Ahí volvemos a desnudarnos del peligroso disfraz de la soberbia, de pensar que somos altos cuando estamos en lo alto de una montaña, o de una onda movediza; y recuperamos la verdadera medida, la medida humana que nos permite trabajar en armonía con la Naturaleza, y no forzarla ni torcerla en propio beneficio. Como dice el maravilloso texto místico “Voz del Silencio”:

“Ayuda a la Naturaleza y trabaja con ella, y la Naturaleza te considerará como uno de sus creadores y te prestará obediencia, y ante ti abrirá de par en par las puertas de sus recintos secretos, y pondrá de manifiesto ante tus ojos los tesoros ocultos en las profundidades mismas de su seno puro y virginal. No contaminados por la mano de la materia, muestra ella sus tesoros únicamente al ojo del espíritu, ojo que jamás se cierra, y para el cual no hay velo alguno en todos sus reinos.”

 

José Carlos Fernández

Lisboa, 16 de Julio de 2015

 

[1] Del Libro de la Oculta Morada

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