FiloFoto

FiloFoto: Atardecer en el mar

© Carmen Morales
© Carmen Morales

 

Toda la naturaleza canta la belleza de la estación florida, y toda ella resuena como un gong ante el nacimiento del Sol, despierta de su sueño y comienza su himno de vida y lucha.

Y sin embargo, qué bellos también los atardeceres, de qué serena melancolía lo impregnan todo, cómo todo se despide de la agitación del día y anuncia el descanso y el sueño. Poco a poco un velo de silencio y aun de olvido difumina los perfiles y los nimba de dignidad, la naturaleza parece como en suspenso, respiró durante el día y ahora comienza a expirar. Y esto no es sólo una figura retórica, efectivamente la Tierra entera inspira y expira cada día, pues cuando la luz nos llama a la actividad, todo el reino vegetal oxigena el aire, disponiéndolo en su atanor alquímico para la combustión de la vida; y por la noche, al contrario, absorbe dicho oxígeno y exhala, como todos los animales el dióxido de carbono. Así que en el atardecer, y más aún cuando el sol muere tras el horizonte, es como si todo quedara en ese intervalo (sagrado en la tradición hindú, por ejemplo) entre el inspirar y el expirar.

La luz del sol se torna rojiza, tiñendo de sangre y tonos violáceos las sombras, y aun la respiración del mar, con su AUM eternamente pronunciado en cada una de las ondas que mueren en la playa, parece calmarse. Y como el mar es un espejo, sus azules se van haciendo añiles, cada vez más oscuros hasta abrazar a la noche y parecer disolverse en ella. Ahí los barcos lejanos asemejan estrellas cerca del horizonte, y lanzarse al mar es lanzarse a lo desconocido, como si la muerte quisiera abrazarnos a cada instante y devolvernos la paz que la vida nos arrebató.

Y en el contraste de esta luz que muere, y que el ojo de la cámara no puede suplir y convertir en degradados cada vez más tenues como hace el ojo humano, los perfiles enmarcan sombras amables. Los objetos pierden su redondeada opacidad y se convierten en puertas y ventanas hacia el misterio, en el que uno puede adivinar qué hay detrás o dejarse guiar por la intuición o el recuerdo (en general, estos dos eternos enemigos se reconcilian y abrazan todos los atardeceres, del día o de la vida). El recuerdo nos dice del camino recorrido, la intuición del infinito que aún espera y tienta.

Pero poco a poco la noche, imperceptiblemente llega, sin casi hacerse notar, y los perfiles son trazos cada vez más diluidos del gran pintor que es la misma luz. El homenaje que rindió el poeta lusitano, Fernando Pessoa a la Noche expresa con versos maestros, tal enigma, el de la noche que llega y todo lo abraza y funde en su regazo.

Ven, Noche silenciosa y extática,
Ven a envolver en la noche con manto blanco
Mi corazón…
Serenamente como una brisa en la tarde leve,
Tranquilamente con un gesto materno acariciando,
Con las estrellas luciendo en tus manos
Y la luna como máscara misteriosa sobre tu faz.
Todos los sonidos suenan de otra manera
Cuando tú vienes.
Cuando tú entras bajan todas las voces,
Nadie te ve entrar.
Nadie sabe cuando entraste,
Sino de repente, viendo que todo se recoge,
Que todo pierde las aristas y los colores,
Y que en lo alto del cielo aún claramente azul
Ya en creciente nítido, o círculo blanco, o sólo una luz nueva que viene.
¡La luna comienza a ser real!

 

José Carlos Fernández

Si el artículo le ha gustado, deje por favor un comentario. Agradecemos su opinión.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s