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FiloFoto: Playground

© Pierre Poulain
© Pierre Poulain

 

Esta fotografía, realizada en Curitiba, Brasil, en el año 2009, nos deja perplejos. Nos desconcierta por sus juegos de perspectivas y reflejos, como sucede en el cuadro de las Meninas de Velázquez. Por detrás de los cristales los niños están absortos en sus juegos, pero no llegamos a saber muy bien qué está dentro y qué está fuera. Como en la vida interior, adivinamos, aunque sin conquistar todavía, más belleza y alegrías dentro que fuera. Pero fuera los objetos tienen un volumen, un poder que según cómo estén dispuestos frente al Sol de Verdad, proyectan unas sombras u otras: a esto la filosofía oriental lo llama Karma.

Pero en esta foto el laberinto de imágenes nos confunde: pues lo que está fuera no es más que una imagen reflejada, y lo que está dentro es real, pero sólo vemos bien lo que está cerca pues los vidrios no nos dejan ir más adentro.

¿Y no es éste un símbolo del alma humana?

No hay laberinto para quien vive siempre fuera, fuera, nace, vive y muere. Es, como dicen los textos místicos (Voz del Silencio) al referirse a la Ignorancia: “Es el vestíbulo en el que vives y en el que morirás, en él ríe tu alma mientras se baña en la luz del sol de tu vida, y llora en su castillo de ilusiones, y pugna por romper el hilo que la une al Maestro”. Tampoco hay laberinto para quien halló la Verdad, para quien se conquistó a sí mismo. El laberinto cuyas multiformes fauces quiere devorar el alma, se convirtió en una espiral de luz y vida una vez vencido el Minotauro, la mente egoísta, destructora de lo real. El laberinto es donde vive aquel en cuya vida se entrelazan lo externo y lo interno, esos juegos de imágenes y vivencias, donde no se sabe qué está dentro y qué fuera, qué es imagen de lo real y qué reflejo. O sea laberinto es para el que despierta la conciencia humana pero aún no ha bañado de luz todos sus ocultos recintos internos, no todo aún está en orden.

¿Qué está dentro y qué está fuera? Quizás, como dicen los filósofos Zen en sus paradojas o koan, cuando lo que está dentro sea exactamente igual a lo que está fuera, dejemos de estar limitados por ninguna forma y seamos el espacio mismo, puro, inmutable: el Nirvana al que no era preciso llegar, sino, simplemente abrir la puerta, igual que no nace el mundo cuando abrimos los ojos, simplemente ahora lo vemos, tal y como es.

El estudio de las profundidades del átomo y de los rayos cósmicos, el descubrimiento de la radioactividad y las formulaciones teóricas de la Física Cuántica han quebrado nuestra idea del mundo-objeto, y de la separación radical entre el sujeto y el objeto. Los científicos han dejado atrás la idea material del dentro y el fuera para repetir, con los antiguos alquimistas, que todo está en todo. Han abierto su conciencia (y con ella la de la humanidad entera) al misterio de lo permeable, fundamento íntimo del valor de las metáforas y de los vínculos. La gran sabia rusa Helena Petrovna Blavatsky ya lo había profetizado, magistralmente, en su obra La Doctrina Secreta. Y frente al misterio de lo permeable, nada está definitivamente dentro, y nada está definitivamente fuera. Cuando el poeta español Antonio Machado escribe “Detrás de los cristales, llueve y llueve”, no se dio cuenta, tal vez, que donde llovía era en su alma triste y profunda, pues si no, para qué escribir en un verso lo obvio y repetitivo, si esto no halla eco en el alma y se convierte así en la eterna canción del agua.

Los poetas y los místicos nos han advertido, con su mirada de águila, del misterio de lo permeable, y nos han enseñado, por ejemplo, que en esta fotografía somos, en verdad:
Los niños que juegan en su protegido recinto, como jugaba Dionisos en su Universo, alentándolo y haciendo que girase; el gigante antediluviano y gemebundo; la calle empedrada, el muro de barro cocido y la verja de hierro que cela el paso pero no las miradas ni las voluntades, permeable, en fin; y somos los mirones abúlicos parados en la calle, sin hacer ni querer hacer nada. También somos el fotógrafo, o sea, el filósofo, que se pregunta por el sentido de todo esto y quiere descifrar qué hay detrás del juego de espejos y quiere registrar en su cámara, o sea, en su conciencia el enigma de lo real.

Jose Carlos Fernández
Almada 22 de mayo de 2015

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