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FiloFoto: Izhak

© Pierre Poulain
© Pierre Poulain

 

Ingenioso juego de imágenes y significados el de esta foto. Un buen estimulante de reflexiones filosóficas, pues la fotografía, registro lumínico del mundo sensible se convierte en espejo de alusiones en un libro de verdades silenciosas que hablan por sí mismas.

Los antiguos filósofos dijeron que somos espíritu, nombre y materia. El espíritu es un rayo de Dios, o sea un destello del Espíritu Universal cuyo cuerpo es el Universo entero. El nombre es la huella moral y anímica que dejamos en la vida, la obra realizada, lo que los renacentistas, con un significado muy diferente del actual, llamaron “fama”. La materia es el cuerpo, la biomáquina, el entrelazado de carne, sangre y huesos que perfectamente funcional tiene vida y aún inteligencia propia, su propio software de biorrobot.

El cuerpo, material, es devorado por la tierra y reintegrado a los elementos; y como decía Shakespeare, algún átomo hay en nuestra sangre de los más excelsos reyes y santos. La fama o nombre es el legado al mundo, sea éste consciente del mismo o no: del mismo modo que un autor puede haber escrito una obra sublime y ésta permanecer en las sombras durante siglos, hasta que alguien la desentierra como un tesoro. Me atrevo a pensar que incluso aunque nadie la trajera desde el olvido o incluso nadie la hubiera nunca leído ni la leyese, ahí está, irradiando su luminosa presencia a todos los seres humanos, como una “batería de energía o magnetismo espiritual”, vibrando en la atmósfera mental como las oraciones de los santos: esto es “nombre”, esto es “fama”, sea el mismo o no pronunciado, sea ella o no pública. Y sin embargo vive en los que viven, al ser pronunciado y respetado, animado por la devoción de los que que han sido y son por él beneficiados. El tiempo y la ausencia de memoria del mismo hacen que vaya entrando en el reino fantasmal y que con los perfiles cada vez más vagos se vaya confundiendo con el espacio mismo, con la “luz que huye”, dejando su marca indeleble en lo que los estudiosos de lo Oculto llaman “archivos akásicos”.

El espíritu pertenece a Dios (o sea a lo que Platón llama Logos), es de Dios, es Dios, y carece como tal de atributos, a no ser los paradójicos y “negativos” (no es hombre ni es mujer, no es blanco ni es negro, carece de memoria y también de desmemoria), y raíz de toda virtud, no es en sí mismo “virtuoso” pues no está manifestado en el mundo, sino a través del alma y la mente.

El espíritu aunque fijo e inmóvil en su mundo de realidades, sentimos que va siempre hacia adelante. Aunque rey en “soledad y tinieblas” –como decían los pitagóricos- es para nosotros como un rayo de luz, con sus eternos y beatíficos dones. Es una flecha en llamas, como Eros, buscando el Corazón de la Vida, un rayo de luz prisionera que busca la Gran Luz Madre que la ampare, en la seguridad y retorno de la Gran Unión. La materia es el plano horizontal sin el que el vertical carece de realidad y soporte, es la base humilde sobre la que todo se construye, el suelo que todos pisan, por el que corren y dejan atrás para sostenerse en uno nuevo, pues el camino no es tal, y suelo nada más sin pasos que lo recorran. En lo material todo va hacia abajo, es la atracción del abismo, y es la fuerza reacción al mismo el que nos sostiene, el que nos mantiene en pie. En lo espiritual todo va hacia adelante, pues la vida nada sabe de pasados y es su energía la que construye el futuro. El nombre mira hacia atrás, desde el futuro al que llegó con su grandeza, por eso nos encontramos con él, nos dice su verdad, nos sonríe y da alientos para que sigamos el camino, nos bendice con los dones de sus conquistas, conquistas que en definitiva, y burlando las apariencias, son siempre espirituales, aunque de efectos materiales y temporales. Y poco a poco se va deshaciendo, para que los viajeros no sientan desmedida atracción por el pasado, tanta que sean incapaces de soñar y plasmar un futuro nuevo, realizar nuevos méritos dejando una nueva huella y un nuevo nombre que salga de la sombra de los pasados, y que también sea esperanza y medida para los futuros.

Jose Carlos Fernández
Almada, 25 de Junio del 2015

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