Simbolismo

La religión bambara

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Máscara Chi Wara de los Bambara

El discurso no está en las manos del pueblo. Es el pueblo quien está en las manos del discurso  

Proverbio Mande

Los Bambara (también llamados Bamana o Banmanda) son un pueblo Mande compuesto por unos 2 millones y medio de integrantes que viven fundamentalmente en Mali, extendiéndose también por Guinea, Burkina Faso y Senegal.

Recordemos que los Mande son el grupo étnico que elevó las más antiguas civilizaciones e imperios en África Negra (a este pueblo, y más específicamente a los Soninké, son atribuidos los asentamientos en piedra labrada en los promontorios rocosos de Tichit-Walata y en los acantilados Tagant en el sur de Mauritania datados en torno al 2500 a.C.): El Imperio Soninké y luego el de Ghana y finalmente el Shongai, que sucumbió ante el embate de la guerra santa islámica. Es fácil así creer lo que dice Cagliostro, de que él pertenecía a una fraternidad iniciática que tenía miembros en todo el mundo, inclusive más allá del Sahara en ciudades varias veces más grandes que el París de la época. Muchas de las tradiciones y conocimientos de estos pueblos demuestran ser una pervivencia más o menos adulterada de estos conocimientos esotéricos y mágicos, con acento muchas veces, por desgracia, en lo exclusivamente operativo y hechiceril. Los Mande son actualmente 27 millones expandidos por toda el África Occidental y entre los que destacan los ya mencionados Soninke, los Mandingo y los Mandinka, los Dyula y otros grupos más pequeños como los Ligbi, los Vai, Bissa, Malinké y muchos otros.

Aunque la mayor parte de los bambara, como casi todos los Mande, han sido convertidos al Islam hace siglos, sin embargo en las aldeas aún se mantienen los cultos y prácticas tradicionales . La sociedad y los ritos están íntimamente asociados a los llamados TON, fraternidades o corporaciones en base al sexo (con ritos de iniciación separados para jóvenes de uno u otro sexo), la edad (de modo que, por ejemplo, el Ton Soli agrupa a todos los jóvenes en edad de trabajar que aún no se han casado y hacen el trabajo de labranza más duro) por vocación y linaje (como el de los agricultores, el de los cazadores, o el más poderoso y noble de los herreros).

En la sociedad de los bambara (como en la tradicional Mande) hay dos castas, la nobleza y los vasallos y agricultores, además de una serie de castas cofradías que viven en áreas propias designadas para ellos: los Griot (oradores y poetas, que guardan las tradiciones orales), los sacerdotes y los herreros y artesanos.

La religión es desarrollada por seis fraternidades iniciáticas, cada una de ellas con sus máscaras y ritos propios. La más importante y conocida es la KOMO. En ésta, las máscaras incluyen plumas, cuernos de antílope, púas de puerco espín, y bocas similar a las de las hienas, pues este animal es el símbolo del conocimiento. Las máscaras no cubren la cara sino que las portan encima de la cabeza, a manera de tocados, y exhalan ascuas o material fosforescente. Los Komo, como los fieles de Mitra en el Imperio Romano, eran divididos en siete clases, desde la iniciación del niño a los siete años hasta el grado de Gran Maestro que sólo puede darse a partir de los 56. Las seis fraternidades iniciáticas bambara son: N’tomo, antes de la circuncisión (señalando así el camino que va desde la infancia al conocimiento), Komo, después de la misma, que indica el conocimiento del tejido social; Kono, conocimiento psicológico; Tyiwara, conocimiento del cosmos, asociadas a la agricultura; y Kore, alcanzando la divinidad, que es la esencia última del ser humano.

La sociedad o fraternidad mística, N’TOMO se ocupa del primer grado en el camino del conocimiento y afecta a todos los niños antes de la circuncisión. El danzante va vestido de algodón y una vara que usa para fustigar ceremonialmente. En esta etapa el niño aprende lo que tiene que ver con el ser humano y su lugar en el mundo. Este primer grado se divide en etapas simbolizadas por animales: el león –el primer grado- como símbolo de saber, en esta etapa se enseña al niño la grandeza del alma humana –un rey en el exilio, según Platón- , cómo esta nace y la creación de los seres humanos; el sapo se vincula con enseñanzas sobre la vida y la muerte, dado que este animal parece no descomponerse tras la muerte y evoca la idea de eternidad; el pájaro es el grado en que se enseña al niño lo que tiene que ver con el pensamiento del hombre; el de la gallina, las relaciones entre el hombre y el cosmos, ya que este animal guarda afinidades, según ellos, con el sol y la tierra; el grado del perro tiene que ver con la domesticación y enseña sobre la dimensión social del alma humana. En las máscaras n’tomo, por ejemplo, la nariz se muestra prominente porque es para los bambara el órgano del sentimiento y por tanto, del acuerdo (y no el contrato) social y la cohesión que le da solidez y estabilidad. Sin embargo la boca es representada pequeña pues en esta etapa hay que aprender a callar cuando es necesario, la boca puede convertirse en enemiga del humano y por ende, de la sociedad misma.

La fraternidad KONO enseña a discernir lo que está bien de lo que no, su máscara es la del elefante, símbolo de sabiduría y memoria; y el pájaro símbolo del espíritu.

La quinta, la TYWARA enseña las relaciones que guarda el ser humano con el cosmos por medio de la agricultura, sus máscaras representan siempre antílopes masculinos y femeninos y se usan en danzas en pareja siempre (imitando los movimientos del antílope) en los momentos de la siembra y la cosecha, simbolizando la fuerza y la sabiduría que necesita el agricultor para obtener los alimentos de la tierra. Tiene varias fases, desde el aprendizaje de herramientas y técnicas agrícolas hasta, finalmente, el dominio del fuego. Quiere desarrollar las cualidades físicas y morales del agricultor, de modo que su actividad sea también símbolo de un trabajo interior.

La fraternidad KORE, para ancianos evoca la muerte y resurrección. Una Iniciación que permita morir en paz, con conocimiento experimentado de qué hay más allá de las puertas de la vida. Sus ceremonias y transmisión de conocimiento se hacen en el bosque sagrado, donde no puede entrar ninguna mujer.

Los sacerdotes, oradores y poetas (griot), los herreros y artesanos lo son porque dominan el NYAMA, que es el poder del alma de la Naturaleza. Los expertos han traducido este término como el bíblico ruah (aliento divino creador) o el egipcio heka (“magia”, de donde viene el nombre del gancho de atracción de Osiris –Voluntad Divina- o del Faráon –vehículo de dicha verdad; también de Hékate, la Diosa de la Luna y los Encantamientos en Grecia, de Heka-Magia Te-Señora), el barakah islámico o incluso como psyque: pues en definitiva es “fuerza astral”, o el dominio sobre la luz astral el que permite activar todos los fenómenos mágico-espirituales (sacerdotes), de transmisión e influjo magnético por la palabra (oradores) y de creación en los plano sutiles y materiales (herreros y artesanos). Este concepto es fundamental, llave, en la religión bambara, nyama vibra en la naturaleza toda, flota en el abismo del no-lugar, en la sangre primordial del Cosmos que todo impregna y vivifica, y unida a la sangre en el receptáculo del sacrificio.

Esta energía todo lo anima, es como la Fuerza de la saga Star Wars del siglo XX, da vida y respiración a todas las cosas, pues todo está vivo por Ella, que da lugar a todas las fuerzas de la naturaleza. Es la energía de acción y la clave de toda acción verdadera en el mundo (es decir las acciones realizadas sin este poder son sombra y humo), al mismo tiempo es liberada cuando se ejecuta una acción con verdadero poder. El orador, artesano o sacerdote debe primero asimilarlo hasta poseerlo en cierto grado, y después adquirir el conocimiento para manipularlo y dirigirlo y adquirir sus potenciales beneficios. Los actos difíciles y peligrosos como la caza o fundir y forjar el hierro exigen una gran cantidad de esta energía y un alto grado de conocimiento. Los que más poder o Nyama poseen son los nyamakalaw, que son , como dijimos, los sacerdotes, los guerreros, los oradores, y los artesanos y herreros (que son al mismo tiempo que trabajadores del metal, médicos, adivinos y hacedores de amuletos); y es que el trabajo de la forja es sagrado y el taller un santuario.

El orador debe aprender el secreto de este oculto poder que puede tanto crear como matar, y que puede destruir a quien haga mal uso del mismo. Los Bamana piensan que las palabras tienen esta fuerza vital, nyama, y que por tanto pueden ser tan poderosas como los hechos mismos. Existe en este pueblo –y en los Mande- un estudio mistérico de la oratoria y la palabra, especialmente en la fraternidad Kono, que imparte conocimientos secretos a sus miembros por medio de estos cantos sagrados, cantos que forman el carácter de los jóvenes y perfilan la sociedad en base a los valores tradicionales. Estos jóvenes son iniciados en la espesura del bosque, en un lugar secreto. Para instruirlos a oír lo inaudible, un enmascarado toca una flauta de caña cuyo canto simboliza la voz de su conciencia. Después el enmascarado representa a una poderosa criatura mítica cuya boca exagerada simboliza el dominio y poder de la palabra; las orejas como las del elefante indican la necesidad de oír en lo sutil. Unido a esta máscara hay un tipo de amuleto, compuesto de una esfera de cuerda, alambre y tela anudada, que representa una fórmula secreta llamada kilisi, que se activa con un canto ritual, saliva y el acto mismo de anudar, e irradia una energía, dicen, que aumenta el poder de la máscara.

Parecemos estar leyendo el Cratilo de Platón, el significado del Logos y los alfabetos sagrados cuando leemos una descripción del acto de creación entre los Bambara. Pues existen 266 signos míticos y primeros que son la base de la creación, la semilla y el fundamento del conocimiento. Como en una especie de ADN arquetípico, el origen de todas las criaturas se halla en esto signos en sus diferentes combinaciones. El universo emerge del espíritu y pensamiento de un Dios creador que dio a luz, de la nada, estos signos que designaron anticipadamente, dieron nombre y forma a todo lo que iba a integrar la creación. Y no sólo el nacimiento, también el desarrollo de los seres y cosas está prefigurado en estos signos primordiales, clave, pues, de todo mito y rito. Dios creó la materia en la forma de una placenta, y en sus muros grabó los primeros signos de todo aquello que había de ser creado. Estos 266 signos son los atributos sagrados del Dios creador, NGALA (llamado “Señor de Todo, Maa Ngala y “Señor increado e infinito”, Masa Dembali) y el número se debe al número de días de la gestación del niño, en los 9 meses lunares. Este Dios convive con un Dios Andrógino llamada (o) FARO, que es quien da las cualidades a los seres humanos y hace crecer los frutos de la tierra.

Esta concepción del mundo creado en base a estos 266 signos sagrados la comparten los bambara con otros pueblos africanos, como los Dogon, los Malinke y los Minyanka, todos ellos en el actual Mali.

En otras versiones el origen de todo se halla en una Fuerza Dual: DYA y GLA de la que emerge Faro, creador del Cielo y Pemba, de la Tierra. Faro es una diosa con un hermano gemelo y esposo, KONI, que vive a su sombra, y que debe todo lo que es a ella, quien es la quintaesencia de esposa y madre, el Eterno Femenino.

En otra leyenda se dice que Dios hizo que se desbordase el lago en que vivía la diosa Faro, y esto provocó una gran inundación. El pueblo de Faro y también los animales entraron en un arca (como el de Noé) o canoa de oro, en el que durante siete días estuvieron a la deriva. Luego la lluvia limpió el cielo, y Faro, con el herrero, comenzó su reinado. Todos salieron del arca, construyeron una ciudad, y las primeras lluvias hicieron que las semillas que plantaron crecieran. Bajo la influencia y guía de esta Diosa, el pueblo experimentó la noche y el día, el movimiento de las estaciones y el orden de la vida. También se dice que de su propio cuerpo Faro dio nacimiento al río Niger.

Otra versión enseña que al principio, Dios creó dos parejas de gemelos, el primero formado por MOSOKOROMI, una mujer y PEMBA, su hermano. El segundo por FARO y su hermano. Fue de la interacción de estos cuatro poderes que se gestó el mundo. Pero MUROKOROMI se rebeló y descendió a Tierra por un cordón umbilical con su hermano, cortó dicho vínculo y comenzó una actividad sexual desenfrenada con PEMBA y con todo lo que la rozase, con la tierra misma, con los árboles, con el viento, con los mismos rayos de Sol. Al destruir Dios este árbol de vida y linaje de los gemelos nacieron los gigantes. Ella siguió gestando y guiando a los seres humanos, ahora enanos por caminos tortuosos, enseñándolos en sus artes mágicas, hasta que Dios quiso lavar de pecados el mundo y lanzó el diluvio, protegiendo a Faro y a su pueblo y animales en una canoa de oro, sacrificando un carnero que había surgido de un rayo, y finalizando con la era de Morokoromi y con ella misma.

En otro mito se dice que el Espíritu Creador, YO[1], engendra a tres seres, FARO, PEMBA, y TELIKO. Que Faro es el Señor de la Palabra, creando siete cielos en correspondencia con las siete partes de la Tierra (Alusión a los 7 Continentes de la Geografía Esotérica y a los 7 Globos) que fertiliza con la lluvia dadora de vida. Teliko, espíritu del aire, da vida a las criaturas y concibe a los gemelos acuáticos, antepasados y regentes de los pescadores, los primeros hombres. Pemba, después de girar durante siete años en el espacio, Pemba crea la tierra con sus montañas y valles (que permiten que el agua corra); crea también la mujer , Mosokoroni, mezclando polvo con su saliva e insuflando en ella le da un alma y doble, convirtiéndola después en su esposa: su descendencia son los animales y las plantas.

De gran importancia son también el culto a los antepasados, ante quienes se hacen libaciones, especialmente al hacerles preguntas o pedidos. Hacen ritos funerarios el 1º, 3º, 7º y 40º día después de la muerte.

 

Jose Carlos Fernández

[1] Asociado fonéticamente este nombre al Círculo y su Diámetro Vertical, o sea, el Logos antes de expresarse como tríada. Recordar todas las importantísimas referencias de H.P.B. al símbolo IO, la Unidad (con el Diámetro vertical) o la Década Creadora (si el Diámetro se considera externo al Círculo)

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