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FiloFoto: Tránsito

© Pierre Poulain
© Pierre Poulain

Como una sombra que pasa. Así es la vida, así es el tiempo, así es todo cuanto a nosotros llega, pues igual que viene se va. Como dijo un profeta: si permaneces vigilante, o sea, si es Dios quien mira en ti, verás hasta las firmes montañas, estables y permanentes, deshacerse como sombras en la planicie. Y sin embargo, en el juego de la vida el encuentro de un ser humano con otro, sin importar la raza, el credo, la condición social, es sagrado; y desde la cuna a la tumba vamos siempre acompañados, de nuestros padres, hijos, amigos, socios y de esa red de vínculos nace la natural felicidad; y nada somos sin el otro; y el solitario vínculo con el Amigo Inmortal que vive en nos, es esencial, pero insuficiente salvo para almas excelsas.
Pero lo que vemos hoy es que los monstruos de nuestra imaginación, vivificados por la tecnología pujante y omnipresente, se han convertido en el mundo que nos rodea; en donde el ser humano ya no es lo más importante, pues la máquina lo ha sustituido. Como decía el profesor J. Angel Livraga (m. en 1991) diseñamos las máquinas y luego las máquinas diseñan nuevos tipos humanos, que adapten a ellas sus potencias vitales y anímicas. Ahora ellas no son ya sólo escenario, candilejas, atractivo principal, reloj que marca el ritmo de nuestra existencia; poco a poco se convierten en el personaje mismo, y el ser humano, despojado, se convierte -en su sentido menos filosófico, más oscuro y vago- en una sombra que pasa, perdiéndose a sí mismo y sin reconocer ya al otro, verdadero espejo de nuestra alma.
Como sombras que pasan, empujados por las ruedas dentadas de un mundo que diseñamos con optimismo pero que ahora nos es ajeno, ya que no otorgó la paz que prometía ni iluminó nuestras sendas con la soñada felicidad.
Como sombras que pasan, cargados con nuestros recuerdos y experiencias, que en vez de alimentarnos, arrastramos. Como sombras que pasan, nos es difícil erguirnos, lanzar un grito de desafío al horizonte y avanzar hacia donde realmente queremos llegar, en vez de dar vueltas y vueltas en el vientre de ballena de Jonás de este mundo máquina.

Jose Carlos Fernández
Almada 4 de mayo del 2015

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