Literatura

¿Carta de un Maestro de Sabiduría? Y el misterio de los heterónimos de Fernando Pessoa

 

Retrato caleidoscópico de Fernando Pessoa
Retrato caleidoscópico de Fernando Pessoa

“Mis palabras están pensadas para convencer. Son las palabras de un amigo, como siempre lo son. Eres el centro de una conspiración astral, el lugar de encuentro de elementos de tipo maléfico. Nadie puede imaginar qué va a ser de tu alma. Tantas son las presencias desencarnadas alrededor de ella que, desde aquí, parecen un núcleo de tu destino. No hay defensa posible a no ser que obedezcas los dictados de tu Yo Superior y que todos tus desvelos sean manifestar tu ser de bondad y belleza. Hijo mío, el mundo éste en que vivimos –porque todos vivimos en este mismo lugar- es un enmarañado de inconsecuencias y voracidades. Más hombres son los perdidos que los encontrados. Su destino es demasiado alto para que yo lo diga. Tienes que descubrirlo tú. Pero tienes que esforzarte… a través del caos de muchas vidas hasta que la divinidad, la Divina Presencia reine en tu alma. Pero el hombre es débil y también son débiles los dioses. Sobre ellos, el hado –el Dios sin nombre- vela desde su trono inalcanzable. En mi nombre hay un engaño y también en el tuyo. Nada es lo que parece ser. Entiende esto si puedes, y yo sé que puedes entenderlo. More. Henry More. Frat RC [esto es, Fraternitatis Rosea Crucis]. Lo que ha de ser, ha de ser.”

 

Esta carta, fue escrita por el mismo poeta de forma mediúnmica o psicográficamente, el 9 de julio de 1915. Antes, en el capítulo “El Esoterismo en Fernando Pessoa” explicamos cómo, en estos años, el poeta se había adentrado muy rápidamente y con gran intensidad en los conocimientos y los ideales de la Teosofía. Había quedado estupefacto con la Doctrina Secreta de Blavatsky y con su opúsculo Voz del Silencio, que él tradujo por primera vez al portugués. Es posible incluso que haya realizado su compromiso en la Escuela o Sección Esotérica de la misma, según ya comentamos antes. Este es su periodo de máxima exaltación creativa y búsqueda de la belleza inefable; dos años después, y fracasada esta tentativa, o más bien quebrada, nunca más va a buscar el sentido de la vida, sino más bien huir de él para sumergirse o en el torbellino de sensaciones o en el olvido.

Esta carta, escrita de forma automática, es poderosamente llamativa por la fuerza, belleza y por cómo desborda compasión, ¡cuánto dice en tan pocas líneas! Desconfiamos totalmente, de este tipo de manifestaciones mediúmnicas, que tantas aberraciones originan y propagan y en tal pantano de estupidez sumergen a los incautos. Qué cierto es lo que dice Allan Kardec, respecto a las entidades invisibles que pueblan el mundo astral. No por ser invisibles son mejores, por el contrario, cuanto más cerca de nuestro plano están peores son, a no ser que tengan una misión concreta, como el Hermes mensajero de la mitología griega, que desciende de su Olimpo. Y nosotros, en general, incapaces de ver en lo invisible de este plano astral, como decía Kardec, sólo podemos juzgar por la belleza, calidad, nobleza y dignidad de lo que se dice, virtudes que, precisamente, los espíritus inmundos son incapaces de imitar. El siglo XX y los pocos años que llevamos del XXI están poblados de infinidad de escritos atribuidos a estos Maestros de los que todas las tradiciones antiguas hablaron veladamente y con extrema prudencia. Pero estos mensajes atribuidos a tan excelsos personajes son botos, de moralejilla, de estúpidos tópicos, de oscura y empalagosa indefinición, sin la pincelada o la hebra de un solo signo de genialidad. Como dijo humorísticamente un estudioso del tema, si comparamos estas cartas o fragmentos de ellas que disponemos de finales del siglo XIX (por ejemplo, las compiladas por Sinnet, y escritas no de forma automática, sino normal, pero “precipitadas” por alguna extraña ciencia o arte que aun hoy desconocemos[1]), lo único que podemos afirmar es, “¿qué paso con estos Maestros, perdieron su inteligencia, y la llama de su genio se apagó?”. Esto si considerásemos cierta la afirmación de legitimidad de sus nuevos pretendidos autores.

Pero ésta que el mismo Pessoa escribió, aunque “automática” (lo que inmediatamente despierta nuestras sospechas), dado el estado luminoso y exaltado de su alma en aquel tiempo -bañada por los Ideales que tan valientemente H.P.Blavatsky hizo ondear en su tiempo de oscuro materialismo- y la fuerza y belleza, y lo acertado y profético de cuanto dice; todo ello nos hace pensar que es, realmente, la carta de su Maestro desconocido, a quien llegó a intuir y a quien dedicó algunas de las páginas más bellas de la literatura de todos los tiempos. Unos días antes de escribir esta carta, le dice a su tía Anica, la que imprudentemente había entrado sin ningún tipo de cuidados en el Ocultismo:

“Ya sé lo bastante de ciencias ocultas para reconocer que están siendo despertados en mí los sentidos que llamamos “superiores” para un fin cualquiera, y que el Maestro desconocido que así me va iniciando al imponerme esta existencia superior, me va a causar un sufrimiento mucho mayor del que sentí hasta ahora, y este disgusto que viene por todo [lo mundano] con la adquisición de estas altas facultades. Además de esto, ya la misma alborada de estas facultades viene acompañada con una misteriosa sensación de aislamiento y de abandono que llena de amargura hasta el fondo de mi alma”

Me es difícil creer que Fernando Pessoa escribiese esta carta de no pertenecer a la Escuela Esotérica de la Sociedad Teosófica de entonces; por otro lado, me es también difícil creer que siendo esto verdad, hubiera revelado misterios o vivencias de esta naturaleza. Bien, en toda la vida y poesía de Fernando Pessoa, reina una paradoja desconcertante.

Volviendo a la carta firmada por Henry More, dicho nombre pertenece a un filósofo inglés del siglo XVII estudiante de magia y ocultismo y al que se le atribuye haber pertenecido a la secreta Fraternidad Rosacruz. Claro, cuando en la misma carta dice que “hay engaño en este nombre” quizás se refiere que es un nombre usado para crear este vínculo y dar la enseñanza que da, pero que no se aferre demasiado a este nombre que puede ser genérico, o un modo de encubrir otro que no se quiere revelar, porque no es conveniente. Vemos en la época de H.P.Blavatsky que algunos de los mensajes y cartas que enviaron sus Maestros (a quienes H.P. B conocía de facto y aún personalmente a muchos de ellos) revelan nombres así, que son usados para encubrir personajes y aún fuerzas muy diferentes, lo que dado que el ser humano es hijo de la definición, del nombre y la forma, generaba intencionado desconcierto y confusión. Quizás cuando en esta carta le dice al poeta, que también en su nombre hay engaño, es porque su nombre “Pessoa” significa “persona” y que todos los seres humanos son por tanto también “Pessoa”, pues no hay otro nombre humano que sea más genérico. Quizás ahí resida el misterio de esta frase, quizás no, y haya que esforzarse más en conquistar la verdad que lo esclarezca.

Es pavoroso lo que este “Henry More” le dice a Fernando Pessoa, pues le anuncia “el caos de varias vidas” antes de que el camino sea cierto y seguro bajo sus pies y en él reine sin peligros la “Divina Presencia”. Es también pavoroso por su metafórica exactitud: pues augura el poema de Pessoa en que dice que es el fragmento o caco de una maceta despedazada al caer por la escalera, que la sierva descuidada no consiguió evitar que cayese, y que los Dioses miran sonrientes y compasivos desde lo alto de la escalera. Pocos meses después de recibir esta carta profética, éste sería, hasta su muerte, su estado anímico, como es fácil comprobar leyendo su obra, especialmente su poesía. Es asimismo pavoroso pensar que quizás los heterónimos, son, o por lo menos nacieron, como verdaderas entidades desencarnadas, aunque luego fueran asumidas por la personalidad multifacética del poeta. Y si dichas entidades estaban ávidas de hablar a cualquier precio, no debían ser muy evolucionadas, quizás “elementos de tipo maléfico” como dice la carta. Claro, fuera lo que fuera lo que decían mentalmente, pasaba por la lira asombrosa de los nervios y las imágenes mentales de Fernando Pessoa, y en sus palabras y ritmos está impreso el genio asombroso del poeta.

¿Será ésta la causa de, por lo menos el nacimiento de estos personajes en que Fernando Pessoa se desdobla o se rompe, y que a veces nos recuerdan las voces y presencias que acompañan ocasionalmente a los esquizofrénicos? Esto es lo que pensamos al leer las últimas cartas de amor de Fernando Pessoa a Ofelia, cuando le dice que Álvaro de Campos no le deja ir o que le va a vigilar, o que van a subir juntos al tren con ella, etc…

Y es que entrar en la vida y obra de Fernando Pessoa es entrar en el laberinto, con Minotauro incluido, y también con hilo de Ariadna (la misma belleza de alma e inmarcesible poesía y genio del poeta). Esta carta que hemos analizado, por desgracia poco conocida, quizás sea la espada de un Teseo que nos permita penetrar en este laberinto y vencer el oscuro y fértil enigma que en él reina.

 

Jose Carlos Fernández

Almada, 1 de mayo del 2015

 

[1] El Museo Británico dispone de gran parte de estas Cartas de los Maestros de Sabiduría y que muchos teósofos recibieron de modos totalmente sorprendentes e inexplicables. A hacer un estudio se verificó que no habían sido escritas con tinta de un modo normal, pues no existe el trazo, ni la presión de la pluma, es como si hubieran sido escritas con una impresora laser actual (¡¡¡)

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