Literatura

Metáforas de Fernando Pessoa, una puerta hacia lo desconocido (II)

(leer parte I aquí)

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El universo pessoano, aunque confinado, prisionero y casi anónimo al principio en un viejo baúl de madera, es, cuando lo estudiamos con detalle, extraordinariamente vasto.

Vamos a encontrar en cualquiera de sus poemas metáforas de una audacia sorprendente, como destellos de luz abriéndose paso entre los escombros de un mundo en ruinas y radioactivo. La luz es eterna, bella y heraldo siempre de la verdad; la radioactividad es poderosa, de origen cósmico, y preñada de peligros; el edificio está en ruinas, como la cerámica deshecha en tiestos con que el poeta se identifica y que vimos en la primera parte de este artículo.

Estas metáforas, como el mismo Pessoa menciona, son los “frutos del árbol de su imaginación” y nos permiten entrever un mundo esotérico, oculto, lleno de significados y de vínculos difíciles de imaginar. Las metáforas vibran poderosas en algunos de sus poemas, como por ejemplo, en el que bien podríamos llamar SURSUM CORDA (¡Corazones en alto!) y que comienza con el verso “Finalmente la mejor manera de viajar es sentir”, incluido en la obra del heterónimo Álvaro de Campos.

Lo primero que nos llama la atención en este poema es el segundo verso, “Sentir todo de todas las maneras”, verso que repite en varias de sus obras, en diferentes momentos, lo que significa que era una actitud llave en su vida, una condición natural o adquirida pero sin la cual realmente apenas podríamos entender a nuestro poeta portugués.

Esta conducta es una de las enseñanzas de la Escuela Esotérica de los discípulos de H.P.Blavatsky, y una de las acciones necesarias para expandir la conciencia y obligarla a que salga de la prisión del mundo de las sensaciones corporales. Es decir, sentir, con toda el alma, usando la imaginación –pura, ordenada, plástica y eficaz; no la fantasía, que es caótica, ineficaz, rígida, pues no responde a los dictados de la voluntad, y desmoronable- que es la facultad del alma con la que nos vinculamos a los procesos y los seres de la naturaleza, y también la que permite expresar el mundo interior, y es el alma misma de la metáfora, como figura del pensamiento y el lenguaje.

Este sentir todo de todas las maneras, vivir en el corazón de todas las personas, y ver todo desde todos sus ángulos es lo que nos permite comprender la tendencia del poeta a crear ficciones o heterónimos; en los que se quiebra la misma imagen personal de Fernando Pessoa y se multiplican las puertas por las que la imaginación accede al mundo y deja en él una huella. En este poema, el que estamos analizando, explica la verdadera causa de los heterónimos, y muchos expertos han pasado por alto la explicación que da el mismo autor de Mensagem, y se elaboran otras fantasmagóricas o violentamente psicoanalíticas:

“Cuanto más yo sienta, cuanto más sienta como varias personas,

Cuantas más personalidades tenga,

Cuanto más intensamente, estridentemente las tenga,

Cuanto más simultáneamente las sienta todas ellas,

Cuanto más unificadamente diverso, dispersadamente atento,

Esté, sienta, viva, sea,

Más poseeré la existencia total del universo,

Más completo seré en el espacio entero,

Más análogo seré a Dios, sea él quien sea,

Porque, sea él quien sea, con certeza que es Todo,

Y fuera de Él sólo existe Él, y Todo para Él es poco.”

Aunque aquí reside el peligro de la cerámica-alma partida en mil pedazos, que vimos en la primera parte del artículo. En la Filosofía Oriental se enseña a los discípulos un ejercicio en que deben imaginar un vástago que se abre en dos, haciendo la forma como de una horquilla, y luego cada uno de los ramos debe abrirse simultáneamente en otros dos y ver con la imaginación al mismo tiempo el primero, los dos segundos y los cuatro terceros. Esto es más difícil de lo que parece con palabras, pues obliga a vivir con la imaginación en todos ellos al mismo tiempo, no simplemente ver la imagen como si fuera una foto. En este ejercicio que debe abrirse más y más aún, nunca se puede perder la unidad del “árbol”, no se puede querer abrir más quebrando la “vida-unidad” del mismo. El problema de los heterónimos de Pessoa, y en general, de toda su poesía es que asistimos al quebrar del hilo de Ariadna, la unidad vital, y el vínculo con la “unidad en los cielos” (los budistas lo llamaban Avalokitesvara y los egipcios Osiris), y por lo tanto, al hecho de ser devorado por el Laberinto-Minotauro, por el mundo como abismo, partida el alma en mil pedazos.

Dice en este poema:

“Sentir todo excesivamente,

Porque todas las cosas son, en verdad, excesivas

Y toda la realidad es un exceso, una violencia,

Una alucinación extraordinariamente nítida

Que vivimos en común con la furia de las almas,

El centro hacia donde tienden las extrañas fuerzas centrífugas

Que son las psiques humanas en su acuerdo con los sentidos.”

En la Religión y Filosofía Azteca hay un Dios que es Xipe Totec, “nuestro Señor el Desollado” y que simboliza, además del sacrificio, el alma desnuda de máscaras y que siente todo excesivamente, condición madre del artista y del poeta. Lo que existe, si existe, es excesivo; de algún modo desequilibra la balanza del mundo, y hace correr las aguas de la vida. Si existe, está escrito en la página, ya deja una marca, ya desvía las miradas, ya es más o menos diferente, más o menos semejante a todo lo que está escrito, destaca en el blanco de la misma; ya es excesivo. Por eso se dice que el mejor poema es el que nunca escribimos. Esta realidad excesiva, que entra por fatalidad, por Karma, en la tierra del Karma, de la acción; es lo que hace decir a Santa Teresa “en viva muerte vivo, y tan alta dicha espero, que vivo porque no muero”. Sí, poeta, toda realidad es un exceso, y una ilusión –“una alucinación extraordinariamente nítida”- porque arranca al alma de la verdad que la alimenta y da vida, y la lanza contra el muro de la caverna –tal y como lo describe Platón- obligándola a confundirse, a creer que es la sombra de su cuerpo.

Nos llama la atención, en esta red de metáforas, que parecen perlas en los nudos de la mitológica Red de Brahma; la paradoja “el centro hacia donde tienden las extrañas fuerzas centrífugas”, siendo la realidad, aquí y ahora, ese centro. Porque, ¿no llamamos centrífuga a la fuerza que nos aleja del centro, y centrípeta, la que nos acerca? La solución del enigma, de la paradoja, consiste en que la realidad material, Malkuth, “el reino”, para los kabalistas, es el centro donde se proyectan todas las fuerzas psíquicas de acción, pues el deseo quiere ser consumado en obra. Fuerzas centrípetas para el mundo, pero centrífugas para el alma, como un torbellino que la despedaza, y la arranca de su natural pureza, el diamante es cubierto por una costra de lodo, cada vez más duro.

En este poema hay metáforas y comparaciones sublimes, recordando que a diferencia de lo bello que “incuba”, da calor al alma; lo sublime la hiere porque la despierta con violencia; lo sublime inspira un “terror sagrado”, es una puerta abierta al reino de los Dioses.

Por ejemplo, dice Fernando Pessoa que:

“Cada alma es una escalera hacia Dios”. Y los egipcios enseñaban lo mismo al simbolizar a la diosa Isis, el Alma (de la Naturaleza y del ser humano), por un trono y por una escalera, el mundo psíquico por el cual se asciende a lo divino; el aire que absorbe la luz y el calor del espíritu; y el agua que modela y vivifica la tierra, el cuerpo físico. En cada alma hay infinidad de grados de conciencia, cada uno de ellos un peldaño en ese ascenso hacia, o descenso desde Dios, tan bellamente representada en el cuadro de William Blake, “La Escala de Jacob”.

“Cada alma es un corredor-Universo hacia Dios”, y quedamos sorprendidos cuando vemos en el diccionario todos los significados de la palabra “corredor” en portugués, pues en la metáfora de Pessoa, todos estos significados reverberan al mismo tiempo, y son válidos en este aforismo hermético. Desde luego que esto es intraducible al español. “Cada alma es un corredor-Universo hacia Dios” y “Corredor” significa: “persona que corre”, “pasillo”, “galería”, “camino estrecho” y “corriente rápida y estrecha en la desembocadura de un río”. Cada alma es un universo, es un microcosmos, pero al mismo tiempo, es un pasaje hacia Dios, es un atleta que se esfuerza, corre para llegar a la Meta-Dios, es un “camino estrecho”, como el “filo de una navaja” que dicen los Upanishads, pues el alma es el camino mismo recorrido y por recorrer. “No puedes recorrer el Sendero hasta que te hayas convertido en el Sendero mismo” dice el libro místico “Voz del Silencio”, el alma es el camino y el camino es el alma; pues ambos son la luz divina de la Estrella-Dios, proyectada sobre la tierra del mundo; y en el alma, ambas, tierra y luz, se hallan inseparables; hasta que vuelva a Dios lo que es de Dios, y al mundo lo que es del mundo. Pero más evocador es aún el significado de “rápida corriente, y estrecha en la desembocadura de un río”, pues el alma si está despierta, corre hacia Dios, como un río al mar, para fundir en él la dulzura de sus aguas:

“Cada alma es un río corriendo por las orillas de lo Externo

Hacia Dios y en Dios con un triste susurro”

Qué maravillosas, no nos atrevemos a decir si metáforas o simplemente descripción, ambas aquí entrelazan sus fibras, cuando muestra a la Tierra, nuestra morada como

“…. Jardín en suspensión, cuna

Que mece al Alma dispersa de la humanidad sucesiva!

Madre verde y florida todos los años reciente,

Todos los años vernal, estival, otoñal, hibernal,

Todos los años celebrando con brazadas de flores las fiestas de Adonis.

¡En un rito anterior a todas las significaciones,

En un gran culto en túmulo por las montañas y los valles!

¡Gran corazón pulsando en el pecho desnudo de los volcanes,

Gran voz despertando en cataratas y mares,

Gran bacante ebria del Movimiento y el Cambio,

Vigor de vegetación y florescencia rompiendo

Tu propio cuerpo de tierra y rocas, tu cuerpo sumiso

A tu misma voluntad trastornadora y eterna!

¡Madre cariñosa y unánime de los vientos, de los mares, de los prados,

Vertiginosa madre de vendavales y ciclones,

Madre cariñosa que hace vegetar y secar,

Que perturba las mismas estaciones y confunde

En un beso inmaterial a soles y lluvias y vientos!”

¡Qué metáforas, qué joyas iridiscentes en este auténtico himno a la Tierra! Qué profundas enseñanzas, por ejemplo, al decir que nuestro planeta es un corazón que hace derramar lava por los volcanes cuando rítmicamente bate; o cuando La llama, gran voz que despierta y se hace oír en cataratas y mares. En las enseñanzas mistéricas se decía que donde mejor se percibe el alma de la Tierra es en la poderosa voz de las cascadas, o en el murmullo o estrépito de las olas del mar, que aquí se oye la música de la Naturaleza, y que toda ella vibra en la nota Fa, y todas las cascadas de sonidos, en su lejanía se funden con esta nota-madre, que los filósofos egipcios llamaron el Rayo Verde, el camino espiritual mismo, que la Tierra recorre en su órbita evolutiva en torno al Sol Físico y al Espiritual (el Logos Platónico).

Qué metáforas cuando al cantar a la Tierra, dice que “todo yo soy un himno”, o un “satélite de tu dinámica íntima”, o un “monte confuso de fuerzas llenas de infinito, tendiendo en todas las direcciones hacia todos los lados del espacio”, o cuando llama a la Vida, con mayúsculas “cosa enorme, que todo lo prende y todo lo une”; pues si el amor es la fuerza que todo lo une, la vida es la cristalización, el río de este gran amor, que une a las diferentes naturalezas, nolis volendi, para que se reconcilien y armonicen, por la paz o la guerra, en esa tensión que es el rasgo distintivo de la vida misma y que tan bellamente cantó Heráclito.

Qué metáfora, y paradoja, cuando dice que él es “una llama ascendiendo, pero ascendiendo para bajo y para arriba”, pues la naturaleza espiritual del ser humano es el fuego, que “nos habla de una Tierra y de un Paraíso Vertical, de una fiebre incansable por subir, de una Vocación de Altura, Pureza y Poder que forjó cuanto la Humanidad –tú y yo– tenemos de bueno.”[1] Y añade Fernando Pessoa que

“Asciendo hacia todos los lados al mismo tiempo, soy un globo

De llamas explosivos, buscando a Dios y quemando

La corteza de mis sentidos, el muro de mi lógica,

Mi inteligencia limitadora y helada”

Pues el lema de los magos y alquimistas, de los filósofos del fuego, es que este elemento es la Unidad de cuanto vive, y que Todo está en Todo (Pan to Pan), fundamento de todas las ciencias herméticas, y llave de la Astrología, y que los astros, si bien no determinan, inclinan. Así lo insinúa el poeta cuando dice, un poco más adelante, que él está unido y es empujado por las correas en tensión de los astros y de aún más allá. Aquí la metáfora no es sólo poética imaginación sino mago conocimiento, visión de lo real, con los ojos del alma:

“Soy una gran máquina movida por grandes correas

De las que sólo veo la parte que empuja mis tambores,

El resto va más allá de los astros, pasa más allá de los soles,

Y nunca parece que llegue al tambor desde donde parte…”

La sabiduría celta enseñaba que el maestro es un poeta que ha estudiado y comprendido estas fuerzas misteriosas que siente en lo más profundo del alma, y también rigiendo los procesos de la naturaleza; y que cuando éste tiene además el poder de evocar, el poder imperativo de transformar, sin dejar de ser poeta y maestro, ya es mago. Pues bien, a través de las metáforas de Fernando Pessoa, poeta hasta la fibra más íntima del alma, intuimos al maestro que enseña, y en la lejanía –que no es tal para quien sabe- al mago que impera, en lo alto de la montaña de todas las realizaciones.

José Carlos Fernández

Almada, 16 de noviembre del 2014

[1] Artículo “Junto al Fuego” de J.A. Livraga (1930-1991), aparecido en la revista de Nueva Acrópolis España, nº 101, Enero de 1983.

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