Literatura

Florbela Espanca, en el 120º Aniversario de su nacimiento

florbela
Nota del autor: Texto realizado para la Librería Snob, de Guimarães, que realiza una exposición conmemorativa del 120º aniversario del nacimiento de la poetisa Florbela Espanca y a cuya invitación no he podido asistir por estar comprometido con la Fundação Marquês de Pombal para realizar una conferencia en el mismo día.

 

«Saludo a los presentes en este homenaje a la poetisa Florbela Espanca, y celebración del 120 aniversario de su nacimiento. Y especialmente a todos aquellos que han posibilitado este evento, con sus trabajos y obras artísticas, pues el mejor homenaje a la Belleza y a las Musas es ser uno mismo artífice de esa Belleza, vibrar ante sus vientos del espíritu como las arpas eólicas de la Grecia antigua lo hacían, en sus bosques sagrados.

En la vida de nuestra Dama del Alentejo, se cumple muy bien la enseñanza de un maestro Zen cuando dijo que “Los hijos del fuego vienen buscando el fuego”, pues tal fue toda su vida, como la del fuego, buscando la libertad excelsa, la belleza pura, la honra sin máscaras, salir del abrazo putrefacto de la madera muerta que es nuestra vida, cuando no aletea en ella un cielo de Ideales. La angustia, saudade y dolor que tantas veces sentimos al leer sus versos son, definitivamente, un canto de libertad, una necesidad de gritar para salir de la prisión que impide regresar al reino del que ella se sentía princesa y señora, y que a todos nos aguarda como príncipes y señores. En un mundo en que todos quieren, únicamente, “sentirse bien”, su dolorosa búsqueda del Yo Profundo no es narcisismo, o egoísmo, ni tampoco egocentrismo; es responder al gran desafío y a la gran pregunta de cuál es el sentido de la vida, qué sentido tiene ser hermanos en el sufrimiento, hermanos al sentirnos atados por todo tipo de limitaciones. La voz de Florbela, resuena como un eco en nuestras almas, antes de ser tragados por el dragón de lo cotidiano y silenciados por las drogas sociales que identifican felicidad con hastío. Los Amos de la Caverna, según la famosa alegoría de Platón quieren que seamos sombras, la sombra de lo que podríamos llegar a ser, quieren que seamos brutos, que vegetemos como plantas del invernadero que ellos controlan, que seamos autómatas de una sociedad de consumo, sociedad de consumo que pertenece ya al pasado, pues ese “ideal”, que nunca lo fue, está ya muerto.

Sí Florbela, tú ardiste como el Fuego, pues no quisiste ser madera, sino luz, y sólo ardiendo esforzadamente puede la madera ser luz, refugio contra las alimañas, calor y abrigo ante las punzadas de hielo de los sin alma, guía en la oscuridad y esperanza de consuelo para los que sin decirlo, gimen en la angustia y soledad de no encontrar a sus amigos y hermanos de alma, y caminan solos en el desierto que este mundo es.

Sí Florbela, tu desgarrada vida fue canto como el del fuego, y tus versos rayos de luz buscando el infinito. Y tu alma sin máscaras, sincera y clara, como el agua pura de la fuente que calma la sed del peregrino y busca siempre el mar.

“Recuerda que detestas los trucos y los prestidigitadores. No hay en tu vida un acto cobarde, ¿no es cierto? Entonces, qué más quieres, en un mundo en que todos lo son, más o menos. ¡Honesta sin prejuicios, amorosa sin lujuria, casta sin formalidades, recta sin principios y siempre viva, exaltadamente viva, milagrosamente viva, palpitando con la savia cálida, como las flores salvajes de tu tierra, páramo salvaje y sin cultivar!” . Esto dices en tu Diario, pocos meses antes de que sucumbieras ante los vientos de desolación de tus días de angustia. [1]

“¡Almas sin rey, sin fe ni ley! Almas de ángeles caídos, almas que se esconden para gemir, como leones heridos! Venid todas aquí a mi voz, que el mundo es un páramo yermos, y estamos solos.”[2] Sí como tú atravesamos el desierto buscando el tesoro del oasis que nos reencuentre, y nos permita seguir juntos la dura jornada.

“¡Yo quiero ir contigo a eses lejanos / Reinos! Déjame levantar las blancas velas, / Ser uno de tus audaces navegantes! // Mis ojos ciegos son dos hondos pozos… / -¡Háblame de tu cielo! ¡Enséñame las estrellas! / Muéstrame el camino hacia tus Nuevos Mundos.”[3]

Esto cantaste tú ayer, esto gritan hoy nuestras almas, como un himno, y la belleza de tu poesía es viento en las blancas velas, y el ejemplo de tu sinceridad, firmeza de singladuras, confianza en el maderamen. Cuál es el nombre de tu proa, dicen los textos mágicos egipcios, y responde el alma que navega, “Alma que se Concentra”.

“Tu amor hizo de mí un lago triste: / Cuántas ondas que ríen no pudiste oír,/Cuánta canción de ondina allá en el fondo!// Espera… espera… oh mi sombra amada…/ Mira que más allá de mí ya no hay nada/ Y nunca más me encontrarás ya en este mundo…” [4] Gracias Florbela, pues diste voz y aliento a nuestra propia alma, cantas lo que ella nos quiere decir, dices lo que ella nos quiere cantar.

“Estoy tan delgada! La hoja va corroyendo la vaina, poco a poco, pero implacablemente, con seguro afán. Mi alma debe ser un diamante o una llamarada de fuego y siento en ella la belleza inquietante y misteriosa de las obras incompletas o mutiladas” , anotaste, como una confesión, en tu Diario. Pues tu alma es como la espada que devora la vaina, pues quiere ser libre, para los grandes combates, o simplemente, para brillar, en las manos bendecidas que la empuñen, como un decreto divino, trazando en el cielo su misterioso lenguaje, fecundándolo con su límpida existencia.[5]

Florbela, eres una bella flor abierta en el alma de la Humanidad entera, una estrella sonriendo ya pura en un cielo de infinita belleza, un loto azul que despunta, como un sol que nace, y abre sus pétalos por encima del horizonte de la Historia, de ese horizonte que separó la llamada desde lo alto, a tu alma de águila; y las vicisitudes de la tierra que tanto te hicieron sufrir.

Hace 120 años aceptaste, al nacer, todos los dolores que iban a limpiar el oro de sus impurezas, “en el atanor de la vida humana”, pero de él, de este atanor, como dice el libro Voz del Silencio, “se elevan llamas aladas que van tejiendo la triple vestidura del Sendero”, y así dignificaste tus gritos de libertad y honor, convirtiéndolos en versos que como alas abiertas, después quizás de llorar, nos han hecho volar y volar y volar.

¡GRACIAS FLORBELA!»

 

José Carlos Fernández

____________________

[1] “Lembra-te que detestas os truques e os prestidigitadores. Não há na tua vida um só acto covarde, pois não? Então que mais queres, num mundo cm que toda a gente o é… mais ou menos? Honesta sem preconceitos, amorosa sem luxúria, casta sem formalidades, recta sem princípios e sempre viva, exaltantemente viva, miraculosamente viva, a palpitar de seiva quente como as flores selvagens da tua bárbara charneca!”

[2] Página 59 Poesía Completa: Almas sem Pátria, // Almas sem rei,/ Sem fé nem lei!/ Almas de anjos caídos,/ ¡Almas que se escondem pra gemer/ Como leões feridos// Vinde todas aqui à minha voz/ Que o mundo é ermo/ E estamos sos.

[3] Eu quero ir contigo a esses distantes
Reinos! Deixa-me erguer as brancas velas,
Ser um dos teus audazes navegantes!
Meus olhos cegos são dois poços fundos…
– Conta-me o céu! Ensina-me as estrelas!
Mostra-me a estrada dos teus Novos Mundos!

[4] Não vás ainda embora, ó sombra amiga!

Teu amor fez de mim um lago triste:

Quantas ondas a rir que não lhe ouviste,

Quanta canção de ondinas lá no fundo!

Espera… espera… ó minha sombra amada…

Vê que pra além de mim já não há nada

E nunca mais me encontras neste mundo!…

[5] [Estou tão magrita! A lâmina vai corroendo a bainha, a pouco e pouco, mas implacavelmente, com segurança. Devo ter por alma um diamante ou uma labareda e sinto nela a beleza inquietante e misteriosa das obras incompletas ou mutiladas]

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