Literatura

“La primera muerte de Florbela”, de Antonio Cándido Franco

La poetisa Florbela Espanca
La poetisa Florbela Espanca

¿Quién se oculta temeroso ante las suaves brisas perfumadas de abril? ¿Quién cierra las ventanas de su alma a las brisas perfumadas del amor, estas que anuncian un nuevo amanecer de belleza? ¿Por qué en Portugal se prolonga esta lucha y tensión estéril entre los florbelianos y antiflorbela? ¿Quien puede negar una inspiración sublime, un encanto de belleza a los versos de esta poetisa del Alentejo, de esta alma hermana de Pessoa, un encanto que nos arrebata como un Pegaso que nos llevara a un cielo de pureza y de bondad?

Quebró las reglas morales vigentes hace ochenta años; sus poemas ejercen un efecto disolvente sobre el alma, con su pesimismo y tristeza; era neurasténica y no tuvo coraje para seguir viviendo y sufriendo, ¡mal ejemplo!; fue de hombre en hombre como una flor que se va mustiando con cada racha de viento frío; era demasiado orgullosa e independiente; se adoraba a sí misma, narcísicamente… Esto dicen sus detractores y quienes le niegan el trono de la poesía femenina en Portugal.

Quebrar reglas moralistas que aprisionan lo mejor de nos, que nos encarcelan con los barrotes de la hipocresía y el buen tono, liberar al siglo de una camisa de fuerza sabiendo la lluvia ácida que va a caer sobre quien de el primer paso… es audacia, generosidad, valentía y fortaleza, es seguir los dictámenes de la propia conciencia y no de la conciencia viciada y temerosa de otros. Y además, ¿se puede llamar pecado entregarse sin medida, a quien se ama con toda el alma? ¿Y qué si a las joyas y tesoros que ella da le pagan con baratijas de plástico multicolor?

Que sus poemas son melancólicos y tristes… ¡Bendita tristeza que nos abre a una luz de  compasión por todo y por todos, que nos hermana con los infinitos caminantes que en este universo quieren aproximarse al infinito misterio, a la infinita perfección, a Dios mismo! ¡Que su poesía canta desgarrada y sufriente!… Sí, pero sus heridas son manantiales de luz y belleza, son ventanas abiertas al infinito de su alma.

¡Que era neuroasténica! Sintamos entonces lástima por ella y no la escupamos en el rostro, diseccionando después el cadáver de su psique, olvidados de las flores de su alma… como hizo una escritora…de cuyo nombre no quiero acordarme. Sintámonos en deuda con esta sensibilidad extrema, la de un poeta de verdad, cuyas almas están en “carne viva” abiertas al misterio de la vida. Cuantas veces esta “neuroastenia” es la impotencia del alma crucificada en el siglo, la de un águila prisionera en su jaula y soñando la libertad, o como diría Ruben Darío, las “ansias grandes de este vivir pequeño”, condenados al abrazo de sueño y olvido del mundo, este mundo que nos tienta siempre a que entremos más y más en su cieno blando, pegajoso y oscuro.

¡Que puso fin a su vida! Sí, pero lo hizo valientemente, como una decisión, ¿quién sabe si errada o no?, nacida de lo profundo de su conciencia y de su libertad interior. A veces puede ser un acto de cobardía, y no de coraje, querer vivir a cualquier precio, aun al precio de la propia alma y del sufrimiento de los otros. ¿No se suicidó también Camilo Castelo Branco cuando supo que iba a quedar irremisiblemente ciego, y nadie se lo reprocha?

¿Que se adoraba a sí misma? no, intentaba descifrar el enigma de su alma, quería conocerse profunda, honesta e infatigablemente, rendía culto, en todo caso al Yo verdadero que es la llama inmortal, prometeica gracias a la cual somos semejantes a Dios.

Séneca, en su libro, Constancia del Sabio dice que las almas grandes son siempre víctimas de la maledicencia, que la envidia de los mediocres quiere hacer caer la grandeza del genio -que se forja siempre a sí mismo- inocular como una serpiente su veneno en el talón del poderoso. Y dice también que este veneno puede amenazar la fama, las riquezas y aún la psique, pero nunca el alma de quien se da a la Humanidad, de quien le entrega esos frutos de Amor del Arbol de las Hespérides, esas manzanas doradas de la eterna juventud… Este alma consagrada, tras la muerte vuelve a su Cielo de Ideales y Pureza, a los pies de ese Rey de Justicia que la enviara, sacrificándola, al mundo.

El escritor lisboeta António Cândido Franco, profesor de literatura en la Universidad de Évora, teatralizó en su obra A Primeira Morte de Florbela Espanca el drama de nuestra poetisa, juzgada y condenada al infierno por la plana mayor del santoral eclesiástico.

El texto fue escrito en el año 1999 y se inspira en un momento en que Florbela, dos años antes de su muerte y víctima de una crisis nerviosa, quedó sumergida en un estado cataléptico. Mario Lage, su tercer marido (y el primer matrimonio por la iglesia), que era médico escribió al padre de Florbela: Desde ayer por la mañana está en un estado de somnolencia, sin hablar, y parece que sin oir.

En esta obra, el alma de Florbela se separa de su cuerpo, cree que está muerta y se ve obligada a presenciar un juicio frente a San Pedro, guardián de las puertas del cielo, y los doctores de la Iglesia: Sto Tomas, representando a la razón y San Agustín a la devoción, y haciendo de testigo su ángel rector. El juicio es sectáreo, vergonzante e infame, su alma es pesada no en la balanza de la justicia sino en la de los intereses de la Iglesia Católica y ni siquiera le sirve a la poetisa apelar al amor de madre de la Virgen María, quien sólo puede ayudar a los que tengan el carnet de culto al Sagrado Corazón de Inmaculada.

Evidentemente el juicio es una farsa humorística y pronto descubrimos que en realidad ha sido fabricado por el mismo inconsciente de Florbela (inconsciente en el que se tejen las voces y prejuicios del mundo, de su educación y de su siglo). Y sin embargo, son muy interesantes algunas de las acusaciones a la poetisa y las respuestas que da en este libro. Veámoslas:

Le acusan de impía, de no ir a la iglesia a rezar… Y responde “Me indignan las oraciones pronunciadas de memoria. Las oraciones ni se repiten ni se copian; se imaginan con fervor y se sienten en el alma” y añade “No hice otra cosa sino orar. Mi Padre fue el del Cielo; mis versos fueron siempre mis oraciones”

Le recriminan la sensualidad vergonzosa de sus versos, por ejemplo en el poema Renuncia, y Florbela responde: “Es un poema de amor, lleno de religiosidad y pureza” y “nunca me sentí tan inocente como en la mañana en que lo escribí. Fui entonces la niña y moza de las calles solitarias”

Y para que también nosotros podamos pesar, si no el alma sí la valía o no de sus versos, si es amor puro o sensualidad lo que expresan, si dan alas a nuestra pura sensibilidad o sofocan y aletargan nuestra conciencia, éste es el poema:

RENUNCIA
Mi juventud hace mucho que desapareció
En el tranquilo convento de la tristeza;
Allí pasa días, noches, siempre prisionera,
Con los ojos cerrados, finas manos en cruz…
 
¡Fuera, la Noche, Satanás, seduce!
Se abre en primores de Belleza…
Es como un beso ardiente la Naturaleza…
Y mi celda es como un río de luz…
 
¡Cierra bien tus ojos!¡No veas nada!
¡Empalidece más! Y, resignada,
¡Prende tus brazos a una cruz mayor!
 
¡Convierte en hielo, incluso, la mortaja que te encierra!
Llena la boca de cenizas y de tierra,
¡Oh mi juventud toda en flor!

Se le acusa de orgullo y ateísmo y Florbela responde: “me enseñaron que el alma será juzgada por el bien y por el mal hecho en vida”

Finalmente se la condena en este opúsculo al infierno y Florbela responde que “Responde por sus actos” Satanás le increpa: ¿Y también por tus versos? y ella dice: “Sirven como oraciones de Dios”. El Ángel exclama: “¡Ignominia! ¿No sientes vergüenza de traer aquí y por segunda vez las palabras venenosas donde cantaste tu amor disoluto?” y ella responde, en esta obra, lo que es el credo del saudosismo y de la religión natural: “El Amor es pureza y la Saudade es su velo. Yo sólo amé hombres intangibles, tocados por la sombra y la ausencia. Por eso dije en un verso que amé mucho y nunca besé. No tuve amantes; consentí sólo hermanos”

El libro de António Cândido Franco es una defensa de Florbela y una apología del saudosismo, una llamada a la necesidad de retornar a un panteísmo natural, a un ateísmo religioso que sin embargo siente las voces de Dios en cada piedra y en cada árbol. Esta religión de los poetas, esta filosofía de la belleza pura está cristalizada, según el autor, en este movimiento que defendió la Saudade como el supremo sentimiento de retorno al “paraíso perdido”, la equivalencia portuguesa a la Compasión del budismo mahayana. Amoroso culto a la naturaleza que proclama a Teixeira de Pascuaes su mejor profeta:

SAN PEDRO

¿Y las arbitrariedades voluntarias de Florbela después de su matrimonio con el médico?

ANGEL

Se enamoró en Oporto de un poeta de la misma escuela saudosista, un amigo de ese de quien hablamos hace poco[1] y que es hoy en día quien más insulta al Cielo en lengua portuguesa.

SAN PEDRO

La lengua portuguesa es una de las más blasfemas. Desde Gil Vicente se oye en ella dar carcajadas en una risa impía y viperina.

ANGEL

No bastó condenar a Prisciliano, el hereje portugalaico.

SAN PEDRO

Es preciso continuar castigando a todos los que heredan sus errores. Los saudosistas son los más peligrosos.

ANGEL

Así es.

Finalmente la farsa se deshace porque “era una ilusión, un teatro de sombras, proyecciones del espíritu que pueden empezar y acabar cuando uno quiera. Símbolos y nada más”. Florbela es conducida por un espíritu psicopompo que al final resulta ser el espíritu mismo de la Saudade, “el deseo de vivir, el espíritu de la creación del mundo. Es por mí que todo vive y aspira a permanecer”

Florbela se da cuenta que “La Muerte es una ilusión. Lo que me interesa es el Amor”, y el espíritu que la guía, como si fueras un Anubis egipcio, el Rey y Protector de los Muertos y de los Iniciados le dice que “Preciso de tu lira de Orfeo. Tu Amor ha de fundir el corazón de piedra del Infierno”

Y esto es lo que nosotros también pedimos, con y como António Cândido Franco;

Que el manantial de puro amor de los versos de Florbela y del Cielo de Ideales y Belleza que los inspiraron pueda deshacer la dura piedra de corazones insensibles al canto de la vida, al canto de los astros, al canto de las almas… Pues cuando el corazón despierta, el mundo se pone otra vez en marcha, como el agua estancada que otra vez comienza a correr rumbo a la plenitud del mar. Como dijo el profesor Jorge Angel Livraga (1930-1991) “el corazón despierto no se detiene, no espera, no vacila, porque en él está toda la fuerza del mundo y sintiéndola, cualquier tiempo es bueno para la buena acción”

José Carlos Fernández

Lisboa, 27 de octubre de 2010

"Florbela Espanca, poetisa del amor" de José Carlos Fernández. Versión en español de la obra.
“Florbela Espanca, poetisa del amor” de José Carlos Fernández. Versión en español de la obra.


[1] Se refiere a Teixeira de Pascoaes, al que páginas antes le ha mencionado el ángel diciendo que “nadie en lengua portugesa ha ofendido tanto al cielo” (A Primeira Morte de Florbela Espanca, en la delicada y cuidadosa edición de Licorne, pag. 15)

1 thought on ““La primera muerte de Florbela”, de Antonio Cándido Franco”

  1. Maravilhoso o artigo e a visão humana com que o autor compreende a poetisa. Aqueles que a condenam pelo suicídio, não sabem ainda como vão morrer. Como podem julgar e condenar?!!!

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