Literatura

Las Etimologías, Luz y Color I

Puesta de sol - Fotografía de Carmen Morales
Puesta de sol – Fotografía de Carmen Morales

Qué es la luz, qué es el color, qué relación hallamos entre los colores y las distintas actividades humanas y estados de ánimo. Cuál es el alcance metafísico que dieron las civilizaciones antiguas al problema de la luz y el color. Esto es lo que intentaremos resolver en este artículo, guiados, como siempre, por el origen de las palabras que utilizaron para nombrar estos conceptos.

En el Esoterismo tradicional, luz y electricidad son distintas manifestaciones de una misma fuerza, que podemos llamar magnetismo universal. La luz es el símbolo de la primera actividad divina, de su voluntad, que como un rayo, desciende fertilizando la materia primordial. “Luz” entre los germanos es “Fuerza, vigor, impulso”.

Los egipcios llamaron a la luz Iun; resulta llamativo que IUNO fuese el nombre que le diesen los romanos al aspecto femenino de la Divinidad, a la luz como madre que engendra todas las cosas, la esposa del Padre-Cielo (Júpiter), que también se traduce como naturaleza, disposición, color. La mecha de cabello del jeroglífico egipcio, el determinativo semántico de la palabra Iun, indica que este, el color, es una cualidad que poseen los cuerpos, como una exhalación o  cobertura. Quizás para los egipcios, como para otros pueblos antiguos, la luz fuese la esencia de los seres, su verdad. Es curioso, porque Platón, y también los aztecas, representaban por una I la luz-una sobre el caos, insistiendo en su cualidad de “penetración”. Tal y como describen los egipcios, la luz que percibimos nosotros o luz sensible es un reflejo sobre las aguas, de la Luz verdadera, la de la inteligencia, que Platón llama Luz-Justicia, y que los egipcios representaron con la Pluma de Maat, Diosa del Orden, la Verdad y Justicia.

Los antiguos filósofos también relacionaron la luz con la llama de fuego. La raíz germánica Lug[1] llama y nombra al Dios del Fuego, Lug, Loge o Loki, la figura más compleja y misteriosa de sus mitologías. Loge es el Espíritu del Fuego, el genio de destrucción. Si estudiamos los distintos significados de este Dios encontramos las distintas cualidades que los ocultistas otorgaron a la luz o los distintos tipos de “luz”:

-Se lo relaciona con la nave Skidbladnir, la nave mágica que una vez que se izan sus velas se dirige en línea recta hacia el objetivo fijado; y con la lanza Gungnir, que nunca se detiene en su impulso.

-Sabe muchas cosas, no olvida nada de las debilidades de los hombres y de los dioses. Para los magos medievales, la “luz astral” es el lugar donde se graban, “plásticamente” las imágenes físicas, psíquicas y mentales de todo lo que vive en la Naturaleza.

-Su curiosidad es insaciable, siempre está de viaje.

-Siente pasión por los juegos de azar. El azar fue representado en la Antigüedad por el fuego, que parece no seguir ninguna ley en su danza, salvo la ley que emana de sí. Por eso Loge no respeta las reglas del juego ni las del combate, como un ser privado de moral. Y aunque Corominas dice que la palabra castellana azar viene de una árabe que significa “el lado de un dado”, quizás el nombre de este “lado de un dado” venga de “azar, fuego”.

La raíz indoeuropea LUG puede tomar significados aparentemente tan contradictorios como:

-Doblar: Es lo que significa etimológicamente luxar, en latín.

-Dolor: Luctus en latín; y de ahí, por ejemplo, lúgubre, “que provoca dolor”, o “luchar”, luctare en latín.

-Exceso, Impulso, Desenfreno: De ahí luxus, “exceso, desenfreno”, de donde vienen las palabras lujo y lujuria), y luz (lux, en latín).

Quien considere filosóficamente los significados que le dieron estos pueblos a la luz física y metafísica puede intuir el hilo que une estos significados.

Cuando una madre engendra a su hijo y “le da a luz”, se unen todos estos significados: se dobla (doblar significa “hacer dos”), pues aparentemente se rompe la primitiva unidad y aparecen dos seres, la madre y el hijo. Es una situación de dolor, de ruptura. Es también un impulso sin freno, pues la Naturaleza impele al nacimiento de la criatura. Y por último, el hijo sale a la luz de la matriz en que se halla. Como el niño sale de la madre, surge la luz de la oscuridad, donde ya se encontraba de un modo latente (como el fuego en la madera). Para los filósofos de la Antigüedad, este proceso de dar nacimiento a un nuevo ser vivo reproducía el proceso en que se gesta un nuevo Universo, desde su Fiat Lux.

La misma LUNA, significaría, etimológicamente, si seguimos las reglas de formación de palabras de que habla Platón (una especie de kábala que utiliza cada sonido como una idea fundamental), “la luz en la noche”, y significaría también “sabiduría”, es decir, “la luz que ilumina el mundo interior”.

Para los poetas clásicos de casi todas las culturas, la Luna, nuestro astro de plata, es una nave de fría luz que surca la noche, el “altar de llama congelada” que menciona el poeta inglés Shelley.

-Lucubrar: Significa etimológicamente “trabajar a la luz de un candil”

-El Lucio, un pez voraz de agua dulce, toma su nombre del brillo de sus escamas.

-Lúcifer: Que ahora se relaciona con Satán, era el nombre que le dieron en Roma a la estrella del alba, Venus, al amanecer. Su nombre significa etimológicamente “el que trae la luz” (de lux, luz; y fero, “llevar, conducir”)

De esta misma raíz, Lug, viene el griego Leukos, “blanco”, en griego; y de ahí nuestros glóbulos blancos o leucocitos, y también, sin duda, la palabra leche, por su color blanco característico. Las antiguas filosofías relacionaban la luz que viene de las estrellas con la leche, pues ambas nutren todo lo que vive en la Naturaleza, cuerpos y almas. El nombre de Vía Láctea no lo es sólo por su color lechoso. En varias mitologías, las estrellas son coágulos de leche cósmica. La vaca, en la India (Vach, Diosa, precisamente, del lenguaje), y en Egipto (Hathor) representa la estructura viva de nuestro Universo; también el Espacio como madre que alimenta. La misma palabra Vacío (Vacuus, en latín) relaciona el espacio con la vaca. en inglés vaca es Cow (que se lee kau), igual que el griego Kaos, palabra que utilizaban para referirse al Espacio Virgen, a la Materia primordial, que no se halla aún sometida al orden de la Mente Divina.

Otra palabra muy interesante de analizar es ROCA, palabra castellana de la que se desconoce la etimología. Es curioso que en avéstico, “roca” significa “luz”; y la imagen que ellos tenían más importante para referirse al Dios de la Luz, Mitra, era surgiendo como un rayo luminoso de la roca. También en sánscrito rocate significa “reluce”. Es llamativo que las construcciones religiosas o funerarias de la Antigüedad fuesen en piedra, casi siempre en piedra; no sólo, creo, por la mayor resistencia y durabilidad, sino por las propiedades piezoeléctricas de la piedra (más en concreto, la del cuarzo que hay en el granito) que hacen de los templos “edificaciones de luz”. Por otro lado la idea de Roca, más que expresar una piedra sin más, lleva implícita la idea de fortaleza, de construcción, y quizás de uno de los símbolos más antiguos de la Humanidad, que es el de la Pirámide (etimológicamente, “construcción de fuego” o como el fuego). Por ello “Roque” significa en castellano antiguo “Fortaleza” y es la “torre” del ajedrez (de ahí la palabra “enrocar”) y “derrocar” es “derribar una fortaleza”. Y podríamos sorprendernos al relacionar estos significados, tan vinculados con los primeros símbolos, con este extraño santo que es San Roque. Al mismo, de discutible historicidad, se le representa siempre con la rodilla descubierta (símbolo de Iniciación), con una llaga abierta (símbolo de entrada, de puerta al misterio) y acompañado de un perro, símbolo de pureza y de guía en la muerte). No podemos dejar de relacionarlo con uno de los tarots, símbolos antiquísimos y de vital importancia, en que aparece una torre o una pirámide (Roque), con una puerta de entrada y custodiada por un perro. Roque aparece como peregrino. Aquí es el peregrino que se acerca a esta pirámide para recibir la Iniciación. El que sea el santo que cura a los leprosos tiene también un sentido profundo que algún día en alguna de las etimologías expondremos.

OJO

Son los ojos las ventanas del alma y los órganos de la visión. La etimología, se nos dice en los diccionarios que viene de Oculus (con idéntico significado en latín), pero es más fácil que venga del griego Ox– Ojo, que habría originad, por ejemplo: Atroz: De Ater, Negro y Ox, Ojo. Significa “negro de ver”, funesto”. En realidad, el origen de la palabra ox-ojo, griega, y por tanto de la nuestra, ojo, es OX, que en griego significa penetrante, agudo, ardiente. El óxido tiene ese nombre pues es agudo y penetra el metal. En griego oxis es “rápido, veloz, ágil, penetrante” y ojos es carro, vehículo de ojeo-Conducir, llevar, canalizar. En resumen, todo este fárrago de palabras es para recordar que la etimología de ojos hace referencia a la capacidad de penetrar que tiene la mirada, a que es como la llama, a que, como enseñaba Platón, desde los ojos emana un fuego sutil que puede ser mensajero de la voluntad (de ahí el “mal de ojo”; o el inequívoco hecho de que los amantes se alimenten de las miradas).

En muchas culturas, al estudiar etimológicamente la palabra “ojo”, la encontramos relacionada con el Sol y con la verdad. Por ejemplo, en lengua vasca, aparece muy clara esta relación de imágenes y símbolos. Joseph Agustín Chaho (1811-1858), en su obra magistral e inspirada, La Leyenda de Aitor, en que recrea el origen mistérico de las palabras vascas, dice:

Habréis visto a un monte, severo durante el crepúsculo, sonreír en la aurora, cuando verdean sus colinas floridas y los primeros rayos del sol convierten en diamantes a las gotas de rocío: tal es la frente del hombre, cuando sale del sueño de la noche.

Ahí la voluntad divina colocó los dos ojos, beghiak, es decir, los dos soles, biekhiak, las dos inteligencias corporales, las dos verdades, bieghiak, los dos espejos donde la imaginación toma prestada sus evocaciones, de donde el entendimiento llama al tribunal del sol interior y del ojo espiritual las maravillas del mundo externo.

Es por los ojos que el hombre ve: ikus, ekhas, es por esta visión reflejada en el cristal interior, que la inteligencia se instruye, aprende, concibe, ikhas, es decir, ikhus-as, principia a ver la verdad.

El hombre adquiere la ciencia con los ojos del cuerpo y del espíritu, y la transmite por medio de la palabra que pinta las cosas a la imaginación, y traza las ideas al entendimiento, erykhats; es decir, las muestra, las hace ver, las enseña, ikus-eras.

Así los ojos del hombre son los astros iluminadores de su pensamiento, del mismo modo que el sol es el ojo de la Naturaleza.

El ojo vigilante significa un guardián, y el sol es también llamado beghiaria, argus o guardián celeste.

Los ojos, según la poesía inspiradora del idioma de mi pueblo son el emblema de la ciencia y de la prudencia, como los cuernos son un emblema de fuerza, brillo, luz e imperio: un cordero que tiene siete ojos y siete cuernos ha sido el mito de la verdad solar, el símbolo de las civilizaciones euskaras.

COLOR

La etimología de esta palabra está emparentada, según los etimólogos, con celar, en latín, que significa “esconder, velar, ocultar, mantener secreto, encubrir”. De ahí las palabras castellanas. celada-Emboscada, celador-El que vigila; y celada: Pieza de armadura que cubre la cabeza.

Es decir, su significado etimológico dice de “apariencia”, “lo que muestra y esconde”, “brillo”. Es aquello que cubre, como  la piel de una serpiente. Serpiente es Coluber, en latín, de ahí el castellano Culebra.

Hay una representación muy repetida en la Antigüedad, especialmente entre los fenicios y cretenses, que es la de la serpiente (coluber) ascendiendo por una columna (Columna, en latín); simple casualidad o hay algún concepto de enorme importancia detrás. Pensemos, por ejemplo, en la serpiente Kundalini que asciende por la columna vertebral abriéndose en la cabeza como una aureola de santidad, al encuentro del Fuego del Espíritu Santo, representado por una paloma.

También nuestra palabra cuello viene de esta raíz; que también significa “habilitar”, “allí donde está el eje”. Así tenemos la palabra “terriCOLA”, que vive en la tierra.

En sánscrito “color” es ranga, de donde quizás viene el francés rang, que dice de “hilera, orden, jerarquía”. Y de este la palabra castellana rango.

Para referirse a la luz el idioma vasco utiliza las palabras: Argi, Nabari y Dirdira. Así, Ilargi es la Luna y no podemos dejar de relacionar esta palabra Argi, con Arga o Arca, que en los idiomas indos significó la matriz y el receptáculo de la luz. Argentum es en latín, “plata”, el metal de la luna (y de ahí el nombre del país, Argentina, por el Río de la Plata). Argos en griego significa “brillante”. La raíz es la misma que la indoeuropea con la que designaban a su casta, ARJ, de donde viene la palabra Ario y Arjuna, que significan, en su lengua, “los fuertes, los luminosos”.

Otra palabra que utilizaban para referirse a lo luminoso, lo claro, lo esclarecido es Garbal, que proviene de la raíz GAR: Llama de fuego. Y de aquí conceptos que tan relacionados están con el fuego físico y metafísico: “limpiar, devastar, resolver, puro”, todas ellas expresadas con la palabra Garbi. Y es evidente, aunque los especialistas digan otra cosa, que la palabra castellana Garbo, debe venir de aquí, por el hecho de “moverse como una llama de fuego”, esto es, con gracia, con belleza, o de “ser como el fuego. Puesto que en castellano significa: “gallardía, gracia y perfección, generosidad”.

También en relación con las propiedades de la luz y del fuego tenemos la palabra raudo. Corominas dice que viene de “rápido”, y este de raptus, en latín, que significa “arrebatado”. Sin embargo raudhr significa “rojo”, “como el fuego” en escandinavo antiguo, que expresa mejor la idea de “violento, precipitado”.

MIRAR

De la palabra latina mirari– “mirar, asombrarse”. Así la palabra Milagro, viene de Miraculum: “asombroso, digno de ser visto”; aunque ahora, por degeneración del lenguaje y del pensamiento signifique “transgresión de las leyes inmutables de la Naturaleza”, lo cual es absurdo, pues la naturaleza no puede contradecirse a sí misma, como uno sea en apariencia, tan sólo.

Esta palabra debe venir del fenicio MIR, “estrella”. Platón dice que la palabra estrella, en griego deriva de una frase que significa “las que atraen las miradas”

MIRIADA

Que significa “10.000” o también “cantidad enorme, pero indefinida”. Es posible que su significado original fuese, “tantas como estrellas en el cielo”[2]. Todas las palabras que designan números y formas geométricas están relacionadas con imágenes naturales, perfectos símbolos de la idea que contienen; el origen de las palabras es siempre evocador de imágenes que despiertan nuestra intuición, y producen un aleteo en el alma… como si fuese un lejano recuerdo… ¡no sabemos de qué! Esta palabra fenicia mir, debe haber tenido también lugar en el griego antiguo, quizás designando a los ojos, pues encontramos en el griego, miro– “llorar, gotear, correr gota a gota”; y da ahí la palabra griega y castellana Mirra, que es la resina aromática en forma de lágrimas que gotea el árbol…

Brillar- Viene del sánscrito Vril (el mismo que estudiamos en la palabra virtus), y que originó la partícula griega BRI-participio que dice de fuerza o de poder y de donde viene por ejemplo el castellano “brioso”. Tenemos por ejemplo en inglés el verbo bright-brillar.

José Carlos Fernández

(leer parte II aquí)


[1] LUG, en celta designa al cuervo; y resulta llamativo que en muchas civilizaciones el cuervo fuese símbolo de la luz invisible, su esencia; así, por ejemplo, entre los persas, y luego en representaciones romanas aparece Mitra recibiendo a un cuervo de tres patas que viene del Sol para transmitirle su influjo. También entre los chinos el cuervo de tres patas es la esencia del Sol, mora en él el número impar (Yang) por excelencia.

[2] De hecho, en la clasificación que Ptolomeo hizo de las estrellas dividiéndolas según su luminosidad aparente en seis magnitudes, incluyó en su catálogo de estrellas, aproximadamente 10.000

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