Filosofía

El Arte de Triunfar en la Vida

Portada del libro A Arte de Triunfar na Vida, ediciones Nova Acrópole
Portada del libro A Arte de Triunfar na Vida, ediciones Nova Acrópole

 

(Prólogo al libro A ARTE DE TRIUNFAR NA VIDA, de Delia Steinberg Guzmán)

 

“Vivir es crear, aspirar, transformarse y triunfar…”

Esta máxima, escrita por un sabio hindú, resume muy bien la importancia que en la vida tiene “crear, aspirar y triunfar”. La conciencia, si no ha sido petrificada por los hábitos, crea minuto a minuto, abre un espacio, un cauce a este inagotable caudal que es la Vida.

Crear es un atributo del alma humana, o mejor, una llama divina presente en el alma: es el don de Prometeo que nos hace semejantes a Dios.

Aspirar es “querer con el alma”, es dar vida a cuanto imaginamos, es soñar con lo mejor de nosotros mismos, y proyectar esos sueños hacia adelante como un puente que penetra en lo invisible, en el misterio. Extender las alas e impulsados por el viento de cuanto amamos, volar.

Transformarse es la capacidad de enfrentar los cambios de la vida sin arruinar la obra alquímica, sin perder valores duraderos: como decían los egipcios, pasar indemne a través de las diferentes metamorfosis. Al contrario, siendo cada vez más versátil, cada vez más puro.

Pero quien corona la obra alquímica de nuestra existencia es triunfar. Sin el triunfo, la vida cristaliza sus experiencias amargas en joyas de futuras realizaciones, de futuras victorias. Ningún esfuerzo sincero se pierde, es cierto, pero todos sabemos que, íntimamente la vida nos exige triunfar. La victoria es el canto triunfal de esta corriente impetuosa que es la vida, la espuma de blanca e inmaculada belleza que se agita en sus ondas, como la mejor ofrenda a Dios. Es quizás, por esta razón que en el arte griego se muestra a Zeus, Padre de los Dioses con una victoria en la palma de la mano.

Todos queremos triunfar, necesitamos triunfar como necesitamos vivir. Pero este triunfo, para que sea verdaderamente humano, no es necesario que se yerga sobre los cadáveres de la derrota, de los vencidos. Sí sobre el cadáver del pasado que nos aprisiona, sí sobre el cadáver de aquello que nos quiere sumergir en la insensibilidad y en el caos, sí sobre el cadáver de nuestro egoísmo, de nuestras limitaciones y de las sombras inútiles que proyectamos en el espejo de la vida.

Es decir, necesitamos un triunfo y una victoria que sea como una antorcha para guiar a los otros en las sendas de la vida, para dar luz y calor, para romper las cadenas, nuestras cadenas, sus cadenas, o si esto no es posible, hacerlas más livianas. Un triunfo que irradie luz desde el corazón, y desde el corazón quiera darse a los otros, sin medida.

¿Quien no quiere hallar un triunfo así? ¿Quién no quiere ser de luz? ¿Quién no quiere arder en la noche y reproducir, en la tierra, aquí y ahora, el misterio de las estrellas en la inmensidad? ¿Quién no quiere amar, amar… y como el Sol llevar los rayos de este amor a los confines de lo infinito? Consumiéndose en el abismo de Dios.

Los filósofos súmeros enseñaban que la vida es una flecha, y todos queremos que esta flecha de en el blanco, que no se pierda, que llegue, que acierte. Y del mismo modo que existe un arte y una disciplina para que el arquero acierte el blanco, existe un arte y una disciplina para triunfar en la vida. La diferencia es que aquí el blanco sólo es visible con los ojos del alma y existen infinidad de dianas erradas que nos reclaman, que nos aturden, que se nos imponen como fantasmas y en los que la flecha, nuestra vida, se puede perder en el abismo de lo que no es, nunca fue y nunca será.

Miles de discípulos nos sentimos en deuda con la autora de este libro, la profesora Delia Steinberg Guzman, por sus enseñanzas en el arte de vivir, por su afán bondadoso y perseverante en abrir el camino de la Filosofía y en cuidar a los caminantes, por ser un ejemplo vivo de estas enseñanzas, algo tan difícil en los tiempos que vivimos. El que estas líneas escribe siente como el mayor galardón de su vida ser su discípulo y como la mayor felicidad transmitir su legado, que es el legado de la sabiduría atemporal.

Más de mil artículos, más de diez mil horas (tantas como las estrellas que observamos en el cielo) derramando, desde su corazón, aguas de vida. Otorgándola generosamente, como en la alegoría del pelícano que alimenta a sus crías con su propia sangre. De un modo tan peculiar, que hizo afirmar a su Maestro, el Profesor Jorge Ángel Livraga, Fundador de la Organización Internacional Nueva Acrópolis, “que es muy difícil decir cosas tan profundas con palabras tan claras y accesibles”.

¡Cuántas joyas del conocimiento! ¡Y en qué áreas tan distintas!, todas ellas unidas por el hilo irrompible de la sabiduría y de la tradición iniciática, todas ellas luminosas por el amor con que eran y son presentadas. Filosofía de la Historia, Ética, Psicología, Estética Metafísica, Oratoria, Antropogénesis (doctrinas esotéricas sobre el origen y evolución de la Humanidad), Cosmogénesis (sobre el origen y evolución de nuestro Universo), Historia de la Filosofía Antigua, Oriental, Medieval, Moderna, Sociopolítica, Fenomenología Teológica y todo un compendio de doctrinas herméticas dedicado a sus discípulos más directos.

La obra que tiene en sus manos, o que quizás esté leyendo en el ordenador, es una pequeña recopilación de artículos dirigidos, en principio, a todos los estudiantes de Nueva Acrópolis, o editados en diferentes revistas.

En el Prefacio de este libro, en una edición anterior, escribimos: esta obra constituye un desafío para cada lector en la labor de descubrirse a sí mismo. En ella se presentan, de un modo profundo y claro, el laberinto de las dificultades sentidas y vividas en el mundo de hoy: angustia, dolor, incomprensión, intolerancia, stress y tantas otras que lanzan cada vez más al hombre en la incomprensión y el desaliento.

El verdadero arte de la autora fue encontrar la llave en el análisis de los problemas que nos afectan bajo todos los prismas, y proponer soluciones en el ámbito del conocimiento humano. Y lo hace como si se tratase de un diálogo amistoso con alguien que tenga ante sí, de alguien que busque encontrar respuestas que satisfagan y restablezcan su seguridad perdida. En el fondo, tiene por finalidad rescatar la verdadera condición del ser humano.

Creo útil añadir algunas ideas más, que puedan servir de recordatorio para quien entre en el jardín encantado de sus enseñanzas vivas:

  • Aunque la lectura es muy fácil, porque como dijimos antes, un don de la autora es hacer fácil lo difícil, los temas e ideas expuestos son muy profundos, de cada vez mayor belleza si se estudian con atención; y fértiles para los cultivos internos del alma, si se meditan maduramente y más aún si dichas verdades son, como decía H.P.B., honradas con la práctica.
  • La mejor forma de leer estas páginas es, en la medida que esto sea posible, alcanzando antes un estado de calma interior, alejando nuestra mente de los continuos requerimientos del mundo: problemas, inquietudes, deseos, dispersión, etc… Platón decía que Filosofía es la música que se hace con el alma, y estos escritos son, si uno se halla en calma, una fácil constatación de esta verdad. No es poesía, pero las ideas expresadas vibran “musicalmente”, el curso de su pensamiento fluye lleno de armonía y belleza, de una armonía y belleza que son una dádiva para el corazón.
  • Es evidente que la presencia del Maestro es irreemplazable, a la hora de prender la llama de la búsqueda interior y de sentir vivas las fuentes que manan desde lo más profundo del Ser. No hay discípulo sin Maestro, pero qué fácil es sentirse discípulo con enseñanzas tan amorosamente ofrendadas, qué alegría sentir en las velas de nuestra nave (la del alma), las brisas de la sabiduría. Hay que hacer un ejercicio de imaginación, o quizás no sea necesario, y más que leer oír estas enseñanzas (todas estas afirmaciones son válidas, desde luego, para todos los libros que instruyen el alma), en una especie de “diálogo amistoso”
  • Hay una lógica del pensamiento y otra lógica que rige la vida. Hay que sentir, cuando leamos estas enseñanzas, como se entrelazan, sin oponerse, sino complementándose, uniendo la coherencia lógica y objetiva de la mente a las certezas intuitivas que percibe el corazón y que brotan, como flores, del reino de los sentimientos puros. Recordar al Buda: no debemos aceptar nada que no acepten, el corazón y la mente, ambos en mutuo acuerdo.
  • Esta Filosofía es Práctica y de nada sirve si no se practica, si no se extraen de ella elementos que podamos considerar como propios. No son producto de la especulación ni de la fantasía, no están escritas resumiendo otras obras, ni para “ganar dinero”. Son vivencias, experiencias de vida, destilaciones alquímicas de estas mismas experiencias y aporte generoso de un alma a otra, en esta divina hermandad que es la condición humana, que nos hace a los unos responsables de los otros.

En el Dhammapada leemos que más victorioso es el que se vence a sí mismo que el que vence en la batalla mil veces mil hombres. Es nuestro ferviente anhelo que las enseñanzas de esta obra, “El Arte de Triunfar en la Vida”, puedan liberar en su ánimo potencias ocultas y luminosas, para la eterna lucha del hombre contra sus propias sombras; para, peregrinos como somos, caminar más felizmente en las sendas del tiempo, que son las sendas de la evolución.

José Carlos Fernández

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