Filosofía

Elementos de Metafísica en la obra de Giordano Bruno

Giordano Bruno (1548 - 1600), astrónomo, filósofo y poeta italiano.
Giordano Bruno (1548 – 1600), astrónomo, filósofo y poeta italiano.

 

“Que el ciego terror a la muerte no se acerque al sitio que circunda la inexpugnable muralla de la auténtica contemplación filosófica, al sitio donde la quietud de la vida se halla fortificada y puesta en alto, donde la Verdad está abierta, donde está clara la necesidad de la eternidad de toda sustancia, donde no se debe temer que otro pueda despojarnos de la humana perfección y justicia”
(Expulsión de la Bestia Triunfante)
 
“La Metafísica recibió de Minerva el don de elevar la Inteligencia a la aprehensión de las cosas sobrenaturales, en cuanto que influyen en la Naturaleza y están en cierto modo separados de aquella”
(Expulsión de la Bestia Triunfante)

INTRODUCCIÓN

La Metafísica es para Giordano la ciencia que permite, mediante la inteligencia, y por la vía de la negación (un método semejante a la mayéutica socrática), acceder a los Números, los primeros modos del Ser, y desde estos a su raíz: Lo Uno es el objeto último de búsqueda del filósofo a través de su expresión en la Mente, donde se convierte en la Verdad.

Materia y Espíritu coinciden en lo Uno. Son las dos primeras perspectivas de lo Uno. Son eternas, inmutables e infinitas.

Pero en el reino de la manifestación no podemos hablar de dos entidades sin añadir aquella que les sirve de unión y armonía. Así, surgen, a partir de lo Uno y sin ser nunca distintos de él:

-Tres mundos “hechos” de materia: el físico, el arquetípico y el matemático.

-Tres eternidades en lo Uno: Una Inteligencia Universal creadora de formas, un principio formal, fuente de las formas, y una materia, receptáculo de todas las formas  (que coinciden con la causa eficiente, la formal y la material respectivamente)

-El fin del Universo es que todo esté en todo y en todos los modos: es decir, que en las distintas partes de la materia la totalidad de las formas tengan existencia en acto.

-Tres formas: la forma pura (los Números), independientemente de los accidentes de la materia; la forma vegetativa o sensitiva, que comunica la acción del todo a las partes y la form material, que la materia produce espontáneamente: crean los moldes de los seres adaptándose a las formas puras, cuando se reflejan en el seno de la materia.

El fin de la Metafísica, que es la contemplación del Ser puro mediante la inteligencia, crea en el filósofo una nueva actitud ante la vida. La muerte no hace prisionero ni tortura a aquel que porta la llave de lo Uno, y que le permite abrir todas las puertas de la Naturaleza.

Sin embargo, esa suprema felicidad, que no es tristeza ni alegría, y sí ambas al mismo tiempo, (“triste en la alegría, en la tristeza alegre” era el lema de vida de Giordano Bruno) no es un fin, sino el resultado de hacerse Uno con la Naturaleza, de convertirse en su aliado y plasmar en formas civilizatorias esas formas puras que resplandecen en torno al Ser.

CAUSA Y PRINCIPIO

Principio es aquello que viene antes, ya sea en la duración, en la esencia o en la dignidad. Concurre desde dentro para constituir la cosa y permanece en el efecto.

Causa es lo que concurre exteriormente a la producción de las cosas, y tiene su ser fuera del compuesto, como sucede con la causa eficiente (quien) y la final (para qué) a que esá ordenada la cosa producida.

No todo lo que es principio es causa: el punto es principio de la línea, pero no su causa (que lo sería el movimiento); el instante es principio de la operación, pero no su causa; el término “desde” es principio y no causa del movimiento.

Causa eficiente (Quién): La última causa eficiente es la Inteligencia Universal (Minerva), la más íntima, real y propia facultad del Alma del Mundo. Produce la Naturaleza como nuestra mente los pensamientos.

Dice Giordano Bruno que los pitagóricos lo llaman “motor y agitador” del Universo; los platónicos “forjador del mundo”. Desciende del mundo superior y Uno al sensible y múltiple, infunde y aloja algo de sí en la materia. Los magos lo llaman “el sembrador” porque impregna la materia de todas sus formas. Orfeo, dice Giordano Bruno, lo llama “Ojo del Mundo” porque ve interior y exteriormente todas las cosas naturales y vela porque todo se mantenga en su debida proporción.  Empédocles lo llama “diferenciador” porque nunca se cansa de separar las formas confundidas en el seno de la materia.

Para Giordano es el “artífice interno” porque da forma a la materia configurándola desde dentro, tal y como de una semilla nace el árbol. Obra de continuo todo en todo. Pero es a la vez autor “extrínseco” pues no forma parte del compuesto.[1]

Para Bruno hay tres clases de intelectos: el divino que es todo, los intelectos particulares que hacen todo y un intelecto intermedio (pues en el pitagorismo no hay uno y dos sin tres) que es la verdadera causa eficiente.

Causa formal: Distingue Giordano dos clases de causas formales: una, que está unida a la eficiente y es aquella por medio de la cual la eficiente actúa; otra, suscitada por medio de la eficiente desde el seno de la materia.

Causa final: El fin es la perfección del Universo, que consiste en que en las distintas partes de la materia la totalidad de las formas tenga existencia en acto. El intelecto tanto se complace con este fin que nunca se cansa de extraer toda clase de formas de la materia.

Estas causas son las mismas para todo el Universo, como unidad, que para cada una de sus partes y miembros. Es decir, el quién, el cómo y el hacia donde de lo Uno se relaciona con el quién, el cómo y hacia dónde de las infinitas unidades gracias al mundo intermedio o Alma Universal, sede de los Arquetipos.

FORMA PURA

El Espíritu se une a la Materia engendrando esta forma pura, que en realidad es única. Pero la “disposición de la materia y la eficacia de los principios materiales activos y pasivos produce diversas configuraciones y realiza diversas propiedades.” La Materia y el Espíritu son eternos e inmutables, pero no así el de los dos compuestos que es puro y simple accidente.

De la meditación profunda de esta doble verdad (Espíritu y Materia) surge el conocimiento verdadero sobre la vida y la muerte y de ahí, la serena felicidad del sabio.

Esta forma pura es independiente de los accidentes de la materia, está separada de ella y es Una, porque toda multiplicación numérica depende de la materia”. Las propiedades que la diferencian de los otros dos modos de “formas” son: No depende de la materia, no se extiende, no otorga la perfección del todo a las partes.

No sólo la forma del Universo, sino también la forma de las cosas naturales son alma e infunden con un principio de Vida a todo, según diversas maneras y grados.

La vida es, para Bruno, un principio representativo que hace que cada ser de la Naturaleza se halle unido y conteniendo en sí a todos los miembros del Universo. Por ejemplo, también (en realidad, Todo) los minerales están vivos, pues por medio de ellos se pueden efectuar operaciones mágicas, lo que significa que están vinculados a otros miembros del Universo.

No debemos pensar que la vida o el alma se hallan en el cuerpo, sino por el contrario, que es el alma quien soporta y contiene al cuerpo. Esta Vida-Una (o Gran Aliento de los sabios tibetanos) es Acto y Forma Pura, tanto como la materia es potencia. 

FORMA O ALMA VEGETATIVA Y SENSITIVA

Informa a la materia, pero no se extiende. Está en todo y en cada parte de él y porque no se extiende no atribuye el acto del todo a las partes; y porque depende comunica la acción del todo a las partes.

FORMA MATERIAL

También llamada por Bruno “forma natural”: informa a todo (es decir, está en todo), se extiende (comunica la acción del todo a las partes), depende y no tiene acción por sí misma. Da el nombre y el ser a las partes (cosas). Más adelante, al hablar de la materia, explicaremos más sobre estas formas.

Cuando la forma se “contrae” nace un individuo, que es determinado por la materia. Así también las formas particulares son divinas, nacen de la inteligencia y de la infinita voracidad de la materia (Como Eros, el Amor, que es hijo de Poros, la Abundancia, y de Penia, la Pobreza). Esto lo representa Giordano en el libro “De Imaginum” por un niño blanco que abraza a una niña negra (el niño blanco es la forma, y la niña negra la materia).

Del mismo modo que la Forma, podríamos imaginar una voz en una habitación. La voz está entera en la habitación y en cada parte de esta, ya que en cualquier punto se la pude escuchar. La voz no se “gasta” según el número mayor o menor de los que la oyen, sino a medida que se adentra en el espacio-materia va perdiendo su potencia. “El alma no es indivisa como el punto, sino en cierto modo, como la voz” (En el libro El Principio, la Causa y lo Uno)

LA MATERIA

La materia es principio o elemento como la forma es causa. Cuando se explica que la materia es modelada por la Inteligencia, se pone el símil del artista; por ejemplo, el alfarero que trabaja la arcilla. Pero la inteligencia actúa desde el interior de la materia: “La Naturaleza actúa desde dentro de su sustrato o materia, que por sí es de todo tipo informe”.

A diferencia de lo que sucede con el Arte, la materia que modela la naturaleza no es perceptible por lo sentidos, sólo mediante los ojos de la Razón Superior: no es preciso demostrar nada a nadie, sino abrir el ojo de la Razón, “Ojo que es luz, luz que es Ojo”

La materia última es como el dios griego Proteo: invisible, huidiza, sin cuerpo ni cualidad alguna. ¿Dónde dirigir entonces la luz de la intuición para percibir la Materia, según Bruno la más grande de las divinidades? A través de las rendijas del Compuesto; deteniendo el instante fugaz en la transmutación de un elemento en otro: “la materia yace oculta y no puede ser conocida como no sea por analogía (…) la sequedad no admite la humedad sino que por un tercer elemento es expulsada e introducida la humedad, y el tal tercer elemento es sustrato de los contrarios, sin ser contrario a ninguno de ellos: es el nitya pralaya o estado de disolución continua de los hindúes, la continua y perpetua destrucción de cuanto ha nacido.

La esencia de la materia es la dimensión; pero la materia última carece de ellas: extrae la dimensión como de sus entrañas y estas dimensiones se adaptan a las formas que en ellas se reflejan, obteniéndose una copia natural de las mismas. La materia está privada de forma a la manera de la mujer que preñada que está sin hijos. La materia es sinónimo de noche, no de noche muerta sino de noche fértil, como en el famoso poema de Fernando Pessoa, “”Vem, o Noite…”

La materia es la sustancia primera, es una para las cosas corpóreas y para las incorpóreas. Aquello indistinto antes de que la materia se distinga en corpórea o incorpórea es expresado por el género de la categoría (y pertenece al mundo intermedio).

La materia puede ser considerada tanto como potencia como sustancia (quizás en esto consista la diferencia que hace en su Tratado de Magia entre los activos y los pasivos de la materia: la materia como sustancia ha de ser activa, pero como potencia pasiva). En la Materia-Una coinciden potencia infinita y acto absoluto. De modo que lo supremo y divino es todo lo que puede ser, y no sólo lo que aparentemente es. El universo infinito es en cada instante todo lo que puede ser mientras que las demás cosas, consideradas una a una no son todo lo que pueden ser. Este principio del Universo inteligible, absoluta potencia y acto no está en ninguna parte y está en todas (como la voz en la habitación) de donde se concluye que todo es uno. Para Bruno existen tres Eternidades en lo Uno: Un intelecto que da el ser a todas las cosas, el “dador de formas”; un alma y principio formal que hace todas las cosas y las informa, la “fuente de las formas”; y una materia de la que todas las cosas están hechas e informadas, el “receptáculo de todas las formas”. Estos tres principios eternos se hallan en relación con tres mundos distintos e interpenetrados: el metafísico, arquetípico o superior, el físico o inferior, y el lógico, intermedio, matemático o racional.

“Hay tres mundos: el arquetípico, el físico y el racional. En el arquetípico se hallan la amistad y la discordia, en el físico el fuego y el agua, en el matemático la luz y las tinieblas. la luz y las tinieblas descienden del fuego y el agua, el fuego y el agua de la concordia y la discordia. Así pues, el mundo primero produce el tercero por medio del segundo y el tercero refleja al primero por medio del segundo”.

La materia que reviste al mundo metafísico es al mismo tiempo todo, y poseyendo todo, no tiene en qué transformarse. Es en el instante de la eternidad todo al mismo tiempo.

La materia del mundo físico “siguiendo las vicisitudes de las partes se hace todo, y según el tiempo, esto y aquello”. Es en los instantes del tiempo sucesivamente explícita.

La materia intermedia es la materia del Alma del Mundo: Aquello que une a lo Uno y lo Otro (según la conocida expresión de Platón en el Timeo). Es el objeto de contemplación de la divina filosofía: Elevarse, o más bien, tratar de unir mediante la contemplación natural los dos mundos en uno solo. Y esta contemplación que percibe lo eterno en lo fugaz, lo inmortal en lo mortal y la luz en las tinieblas sólo se hace mediante la luz de la intuición (Viveka, en sánscrito, el mítico cisne que separa la leche del agua cuando se hallan mezcladas). Es el reino de Apolo o de la unidad y armonía de los opuestos.

La misma materia engendra de sí las formas no inteligibles, llamadas por Bruno “formas naturales o materiales”. Son accidentes (sombras huidizas) que se desprenden de la materia y a ella vuelven: “no hay que concebirlas sino como diversas disposiciones de la materia, que van y vienen, decaen y se renuevan”. Es muy fácil y muy peligroso confundir estas formas-circunstancia con las formas puras de la inteligencia o las formas vegetativas del Alma Universal. Por ejemplo, se habla de la “silleidad” de la silla o de la “socraticidad” de Sócrates, no dándonos cuenta que tanto la silla como Sócrates son accidentes efímeros del Ser verdadero, que se expresa a través de formas puras. Adorar estas formas materiales y no las puras (que son los Números y númenes, los modos del Ser) es la peor de las idolatrías.

La Naturaleza opera con la materia por separación, parto y efusión. A diferencia del arte, que suscita las potencias de la materia por extracción (cuando saca una estatua de la piedra) o por adición (cuando, juntando piedra sobre piedra construye una casa). 

DE LO UNO Y LOS NÚMEROS

Para no manchar de barro las perlas de su sabiduría, reproducimos literalmente un fragmento de su Principio, Causa y Uno:

“El Universo, pues, es uno, infinito e inmóvil. Una es, digo, la infinita posibilidad, uno el acto, una la forma o alma, uno la materia o el cuerpo, una la cosa, uno el ser, uno el máximo y el óptimo; el cual no podría estar contenido, y por eso, sin fin ni término; por tanto infinito e ilimitado, y en consecuencia, inmóvil. No se mueve en relación a su lugar, porque no hay fuera de él nada donde pueda trasladarse, ya que es el todo. No se crea porque no hay otro ser que él pueda desear, ni querer, teniendo en cuenta que él posee todo el ser. No se corrompe, porque no hay ninguna otra cosa en que pueda transmutarse, puesto que él es todas las cosas. No puede aumentar ni disminuir, puesto que es infinito, y así como no cabe agregarle, así tampoco puede sustraérsele, porque el infinito no tiene partes proporcionales. No puede ser alterado por otra disposición, porque nada hay exterior a él de que pueda padecer una afección cualquiera. Además, por comprender en su ser todas las oposiciones en unidad y armonía, y por no tener inclinación ninguna a otro ser nuevo, o por este o aquel modo de ser, no está sujeto a mutación en calidad alguna, ni puede poseer nada diverso o contrario qeu lo altere, pues en el todo es concorde”.

Por analogía se le llama aunque no es, Esfera: En la esfera, ancho, largo y profundidad tienen la misma dimensión en el infinito, no porque sean de igual tamaño, sino porque, simplemente, son una misma cosa; porque son, y por igual, infinitos. Y no  pueden coexistir dos infinitos distintos. Ni tampoco separar partes del infinito, pues si hablas de una parte del infinito tendrás que llamarla infinita, y siendo infinita la parte, se iguala al todo: por eso, en la duración infinita, la hora no difiere del día, el día del año, el año del siglo y el siglo del instante.

Ante lo Uno, toda perfección es relativa a cada ser: “A lo infinito no te acercas más con ser hombre que con ser estrella”. Con lo que los seres se convierten en artífices de su propia evolución, pues en la marcha infinita hacia lo Uno sólo tiene sentido medir la distancia con la medida de cada pie.

Como en lo Uno se identifican potencia y acto, no podemos distinguir el punto, la línea, la superficie y el cuerpo, ya que el punto es la potencia de la línea, la línea la potencia de la superficie y la superficie la potencia del cuerpo.[2]

“Si el punto no difiero del cuerpo ni el centro de la circunferencia, ni lo finito de lo infinito (por la coincidencia de los opuestos), ni lo máximo de lo mínimo podemos afirmar con certidumbre que el universo es todo él centro, o que el centro del universo está en todas partes, y que la circunferencia no existe en parte alguna, en tanto que distinta del centro.[3]

¿Cómo nace, entonces, el movimiento? ¿Por qué cambian las cosas y la materia tiende a asumir otras formas? ¿En qué consiste, en definitiva, la evolución? ¿Por qué nacen los Números desde lo Uno? ¿Son diferentes de lo Uno? A esto Bruno responde que el movimiento y la transformación no tienden a otro Ser, pues sólo lo Uno es, SINO A OTRO MODO DE SER. Los números son modos del Ser (y no particiones del mismo), modos y formas que hacen posible la determinación de cada cosa. La Evolución es el desenvolvimiento de los modos del Ser.[4]

Es decir, el Ser no evoluciona puesto que ya es perfecto. El Ser manifiesta sus infinitas posibilidades y modos, y esto, contemplado por nosotros (que somos otro de sus modos) que sólo percibimos la forma, lo llamamos evolución. Todo está en todo, pero no en todos los modos en cada cosa. Esta es la diferencia entre el Universo y las cosas del universo: Aquel comparte todo el Ser y todos los modos del Ser; estos, en cambio, tienen cada una todo el ser, pero no todos los modos del ser en acto.

La consecuencia moral de esta verdad profunda es inmediata: “He aquí por qué no hemos de atormentarnos el ánimo, he aquí por qué no hay nada por lo que tengamos que desmayar. Porque esta unidad es única y estable y permanece siempre. Todo aspecto, todo lo que aparece, cualquier otra cosa es vanidad, es como una nada”.

Los verdaderos filósofos son aquellos que perciben las huellas de lo Uno allá donde su Inteligencia mira. El que no entiende lo Uno, no entiende nada, el que entiende verdaderamente lo Uno lo entiende Todo. Sin esta percepción interna toda búsqueda es vana y todo hallazgo estéril. No podemos, sin faltar a la Verdad (pues Verdad, Unidad y Ser son para Bruno lo mismo) construir un sistema filosófico sin haber encontrado esta unidad 8que no se muestra ante la razón, sino ante la intuición). Aristóteles es un ejemplo claro de esto; y las falacias, sin la unidad que vigile, se encadenan las unas a las otras, creciendo como una bola de nieve en la pendiente del error.

Además de esta profunda verdad de la relación de lo Uno y lo múltiple, del Ser y la Evolución, da Bruno los principios de esta metafísica o contemplación del Ser:

1-La escala por la que la naturaleza desciende a la producción de las cosas es la misma por la que el Intelecto asciende al conocimiento de ellas. Tanto la una como la otra, partiendo de la unidad llegan a la unidad pasando por la multitud de intermediarios[5]

2- El intelecto debe separarse de las imágenes que vienen de los sentidos y recurrir a las figuras matemáticas y símbolos, a fin de poder con ellas o por analogía con ellas comprender el ser y las sustancias de las cosas. De las imágenes matemáticas y signos deben ascender a la contemplación de los números, percibiendo en ellos la raíz específica de las cosas (`pues los primeros Arquetipos son los Números). y desde allí percibir lo Uno como fundamento y sustancia de todos los Números.

3-Como la sustancia y el ser son independientes de la cantidad  (y en consecuencia la medida y el número no son sustancia sino que conciernen a ella; no ser sino algo del ser) debemos decir que la sustancia no tiene número ni medida.

4- Los opuestos coinciden en la Unidad. “Todo número, sea par o impar, finito o infinito, se reduce a la unidad, la cual, repetida con lo finito establece el número, y con lo infinito niega el número”. Los opuestos residen en una misma sustancia, “del mismo modo que son aprehendidos por el mismo sentido”. La armonía de los opuestos es la piedra angular de la magia profunda: “Quien quiera conocer los secretos más importantes de la materia contemplo y considere en torno a lo mínimo y a lo máximo de los contrarios y opuestos. Magia profunda es la que sabe extraer el contrario luego de haber hallado el punto de unión”.

PRIMERA VERDAD

Un aforismo de la India Védica reza “Nada hay superior a la Verdad”. Para Giordano Bruno la Verdad es la Unidad que preside por encima de todo. Está antes que todas las cosas como causa y principio, en cuanto que por ellas las cosas tienen dependencia. Está en las cosas y ella misma es su sustancia, en cuanto que por ella tienen la subsistencia. Está después de todas las cosas, en cuanto que por ella son comprendidas sin falsedad.

Es ideal, natural, nocional, metafísica y lógica.

Es la última búsqueda de la mente, “a la cual, en todo tiempo, en toda edad y en cualquier estado que se encuentre, el hombre siempre aspira, y por causa de la cual desprecia todas las fatigas, intenta todo trabajo, no hace caso del cuerpo y odia esta vida”.

La Verdad es incorpórea en cualquiera de los planos de la realidad en que se apoye (físico, matemático o metafísico). Muchos han sido, explica Bruno, los modos de buscarla de los grandes sabios:

-Pitágoras la busca, dice, en los números, las huellas que deja impresa lo Uno en la Naturaleza. Estas huellas o números ponen de manifiesto el progreso, razones, modos y operaciones de la verdad, “porque el número aplicado a lo múltiple, a la medida, al tiempo y al peso, traduce en toda cosa la verdad y el ser”.

-Los presocráticos la buscaban en el Todo, ya inmóvil (Parménides), ya en incesante flujo (Heráclito); expresada en todos los modos en los cinco elementos de la naturaleza (Empédocles: Tierra, agua, aire y fuego), o en uno sólo de ellos (Tales: Agua)

-Los caldeos iban tras ella mediante la “vía de sustracción” (que luego utilizarían los escépticos: la negación aplicada a todas las especies y a todos los predicados posibles.

-Platón, “como dando vueltas” mediante la dialéctica, “a fin de que lábiles y fugaces especies permaneciesen como cogidas en la red, detenidos en las vallas de las definiciones”. Diferenciando entre el reino del Ser y del “siempre legando a ser” (el mundo de las apariencias) y trazando las Ideas (Imágenes de los Arquetipos) entre estos dos mundos. Las Ideas, formando el mundo de la opinión y participando de lo Uno y de lo Otro (lo múltiple), del Ser y del No-Ser, crean una escala de analogías mediante las cuales la Inteligencia puede ascender y descender.

-Aristóteles quiere desde los efectos remontar a las causas, desde las huellas hasta el “Peregrino. Pero “desvaría muy a menudo el camino, por no saber distinguir apenas las pisadas”.

Bruno reconoce la validez de todos estos caminos de ascenso a la Verdad, pero ante la desproporción tan grande entre los medios de nuestro conocimiento elige la vía de la negación[6]: “El conocimiento más alto y profundo se da por negación y no por afirmación, llegando al conocimiento de que la belleza y bondad divina no es aquello que cae o puede caer en nuestro concepto, sino aquello que traspasa infinitamente nuestra comprensión… porque no vemos los verdaderos efectos, las verdaderas especies de las cosas o la sustancia de las ideas, sino sus sombras”.

De ahí, dice Bruno, que en los últimos grados de la contemplación divina, el silencio sea la actitud más pura, porque más se honra y se ama a Dios con el silencio que con la palabra.

EL TIEMPO

La eternidad es un instante, y todo el tiempo no es más que un instante. Así como el tiempo es uno, mas se da en diversos sujetos temporales, así el instante es uno en todas y las diversas partes del tiempo. Es como el ejemplo ya mencionado de la línea, que es engendrada por un solo punto en movimiento y no es la suma de infinitos puntos.

El misterio del tiempo lo expresa Bruno mediante un símbolo en el libro “Los Furores Heroicos”: Es una imagen del sol con un círculo en el interior y otro en el exterior” y con el lema inscrito: “Circuit”. Se refiere al movimiento que hace el sol por este doble círculo, trazado a la vez en su interior y en torno, para significar que este movimiento se hace y es hecho (¿??), de ahí que, por consiguiente, el sol siempre se encuentre en todos los puntos del ciclo recorrido, porque si se mueve en un instante se sigue que justamente se mueve y es movido, y que está por todos los puntos de la circunferencia igualmente presente,  y que en él convergen en unidad el movimiento y el reposo.

Desde luego que se trata, no sólo del Sol Físico, sino del Sol de Inteligencia, parecido a la definición pitagórica de Dios (y que Bruno también utiliza): “Una circunferencia cuyo centro está en todas partes.

El Sol es la misma eternidad, está en perfecta posesión de todo; comprende simultáneamente el invierno, la primavera, el verano y el otoño, el día y la noche; porque él lo es todo en todos y por todos los puntos y lugares. Como este Sol más allá del tiempo se debe comportar la Inteligencia del que quiere comprender la esencia de las cosas, como el movimiento (búsqueda) presente y continuo. Pues este símbolo representa el acto del conocimiento divino, que es la sustancia del ser de todas las cosas; y por consiguiente, como todas las cosas tienen un ser finito o infinito, asimismo, todas son conocidas, ordenadas y provistas.[7]

 José Carlos Fernández


[1] Está en el Universo como el piloto en el barco; dicho piloto, en cuanto se mueve junto con el barco, forma parte de éste, pero en cuanto lo dirige y lo mueve no se considera que sea parte, sino una causa distinta de él. Rige el mundo como si no estuviera en él, otorgando la vida y la perfección al cuerpo, no se adhiere a ninguna imperfección de éste.
[2] Es importante señalar que para Bruno, y en general, para toda la tradición pitagórica, la línea no es una suma de infinitos puntos (pues la suma infinita de nada, nada da, aunque quizás esta definición sea una verdad profunda en la clave psicológica o humana, donde llamamos punto a la realidad de presente más pequeña que podemos concebir como seres humanos), sino que la línea es engendrada por un punto en movimiento. Toda forma es acto, y es engendrada por la forma más simple por medio del movimiento.

[3] Esta es la definición pitagórica de Dios. También, en la India, la del “Círculo Zeroana de Vishnu”, que según un místico hindú es: “una curca de tal naturaleza que cualquiera y la menor posible de sus partes, si la curva se prolongara en una dirección cualquiera, continuaría y finalmente volvería a entrar en sí misma, formando una curva que sería la misma, o lo que llamamos círculo (Esta definición coincide perfectamente con una circunferencia cualquiera de nuestro modelo de universo esférico de cuatro dimensiones donde nuestro mundo de tres dimensiones es la superficie esférica exterior)

[4] Según la doctrina esotérica la evolución es de las formas, mientras que el desenvolvimiento es de la conciencia.

[5] Esto nos recuerda a la Estancia II del Bhagavad Gita: “Los seres son inescrutables en su origen, manifiestos en su condición intermedia e igualmente inescrutables en su condición última”.

[6] Es similar al juego de continuas preguntas que plantea Plotino en sus Enéadas, como si más que enseñar, viniese a aprender; y es que de nada sirven las definiciones positivas en Metafísica. Las soluciones han de nacer dentro del alma; por lo tanto el alma se alimenta de preguntas, quizás más que de respuestas y teorías. O al menos, las preguntas abren su capacidad, para recibir como si fuera un Grial, el rayo de luz de una verdad que la fertiliza.

[7] Esto es lo mismo que decir, como enseña la tradición hermética: “Dios tiene un Plan; y ese Plan es la Evolución”

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