Filosofía

El jardín de los filósofos

Paseo de los Tilos. Jardín botánico de Coimbra (Portugal)
Paseo de los Tilos. Jardín botánico de Coimbra (Portugal)

Todos imaginamos el paraíso como una especie de maravilloso jardín. El significado primitivo de esta palabra, “paraíso” es precisamente, en griego, “jardín”. Y si el bosque inhóspito, la floresta con animales salvajes acechando y devorándose los unos a los otros es tantas veces símbolo del mundo en que vivimos, del inconsciente, y de “el lugar de las pruebas”[1], el jardín es la residencia amable donde recuperamos fuerzas y nos reencontramos con todo aquello que amamos. Pues no imaginamos un jardín solitario, sino que lo poblamos de nuestras más bellas amistades para poder así dialogar sobre temas en los que parece que el tiempo se detiene y una luz embriagadora y serena baña el alma de un sentido que muchas veces perdemos en la batalla de la vida. Un jardín solitario, puede ser bello durante horas e incluso días, pero qué infierno, como dijo el poeta Anacreonte, un mundo despoblado de voces humanas, verdaderamente humanas y no animalizadas por el miedo y la codicia.

El gran filósofo Séneca, nacido en Córdoba, dice que entre nuestras más bellas amistades debemos contar no sólo a las que podemos ver y oír con nuestros ojos y oídos de carne, sino a todos aquellos cuyas voces y pensamientos resuenan en las concavidades de nuestra alma, llenándola de luz y significado, dignificando sus pasos en el mundo. Todos aquellos sabios, héroes y poetas cuyas enseñanzas han transformado nuestra vida, y que han despertado en ella un sentimiento de amor y gratitud, de devoción incluso pues los podemos llegar a sentir más vivos y presentes que aquellos con quienes compartimos vida y trabajo.

Sí, ellos son amistades del alma, de una familia forjada en el cielo y que deriva de una armonía, de una belleza y fraternidad que desafía el tiempo y el espacio, y que hace que podamos dialogar con ellos en cualquier momento y en cualquier lugar pues no sabríamos muchas veces decir si hablamos con ellos o con nuestra propia alma. Y si Platón definió “meditación” como el diálogo con lo infinito, sentimos que ellos están en lo infinito, que son lo infinito o que nuestra hermandad nace precisamente de que lo infinito que vive en nosotros está ligado a lo infinito que vibró en sus palabras y ejemplos: ¡Santa Hermandad! Y como no pueden coexistir dos infinitos, pues si no el uno limitaría al otro, lo que es un absurdo lógico; el anillo sin fin de lo infinito, como el de un sagrado matrimonio, hace que nos reencontremos con todo aquello que amamos y somos.

En el Jardín que imagino y sueño estarían, sin duda, el divino Platón, durante casi 2.500 años guía de almas hacia el luminoso mundo de las Ideas Puras (Arquetipos), e Hipatia la bellísima filósofa alejandrina que desafió a las sombras del miedo y la ignorancia con la luz de su bondad y sabiduría, asesinada en el siglo V por hordas cristianas a quienes el fanatismo había enloquecido, convirtiendo en animales salvajes. Y también, como no, ejemplo siempre heroico de mi juventud y madurez, Giordano Bruno el “filósofo del fuego” pues su discurso exaltado e inspiradísimo arrebata al estudiante con su entusiasmo (sus “furores heroicos”) y más pura lógica. Giordano Bruno fue quemado ignominiosamente por la Inquisición después de seis años de cárcel y torturas, el 17 de febrero de 1600, en Roma, por defender que la materia está compuesta de átomos y el mundo de las almas es el de las mónadas, unidades inextinguibles (como lo son los verdaderos átomos en el reino de la materia) que recorren las infinitas sendas de la existencia “construyendo la vida universal”. Por enseñar en las universidades y tribunas públicas que el universo es infinito, que nuestra Tierra e incluso nuestro Sol, son una mota de polvo en un mundo de infinitas tierras y soles, habitados por vidas conscientes e incluso seres humanos semejantes (no iguales) a nosotros. Por decir que todas las religiones son copias más o menos fieles de una Religión que es la de la Naturaleza y Alma del Mundo (Religión que la sabiduría egipcia supo interpretar, dice, como ninguna otra conocida), y que nos enlaza mágicamente a ella en una comunión mística e inmarcesible en que Todo está en todo, y todo recorre una escala infinita de perfección: de modo que todas las virtudes y poderes del alma que se hallan en potencia se conviertan en acto bondadoso y puro. Fue condenado por afirmar que el hombre construye su proprio destino y se forja a sí mismo a través de la imaginación y la voluntad, pues es hijo de Dios, y lleva en su corazón la llama inextinguible de Prometeo.

Si la obra de Giordano Bruno fue milagrosamente salvada por sus discípulos y seguidores, poco o casi nada sabemos de Hipatia, salvo que de todas partes del mundo venían a escuchar su palabra inspirada y su argumentación impecable. Muchos historiadores dicen, incluso que es ella quien luego fue convertida por la adoración popular y ahora ya dentro del cristianismo, en Santa Catalina de Alejandría, tal fue el rastro luminoso que dejó su vida durante siglos. El film  Agora, del director Alejandro Amenabar es una justa reivindicación de un personaje casi olvidado, y ella también es conocida por los comentarios de Carl Sagan en su famosa serie Cosmos, en que la reconoce como la primera mujer matemática de la Historia.

Sus estudios sobre las Cónicas[2] haciendo reflexiones sobre la obra del mismo nombre de Apolonio de Pérgamo; y sobre la Aritmética de Diofanto, base de la actual álgebra, ven la matemática no en su dimensión profana de gobernar el mundo a medida del hombre y sus razonamientos, aunque sean estos perversos como el que ha construido gran parte del mundo que vivimos, mundo de angustias y mentiras, separados de los caminos de Dios y la Naturaleza. La ven en su dimensión sagrada, la verdadera Matemática que permite que el alma humana salga de la caverna de las opiniones y sombras para contemplar la Vida tal cual es, un océano de formas y luz espiritual.

El Jardín que yo sueño puede ser el jardín en el que tú estás, en el que tú te sientas y caminas plácidamente: El Jardín de los Filósofos de aquellos que dialogan, que conversan sobre los grandes asuntos del alma, y sienten el vigor que emana de las Ideas vivas, ideas vivas, vívidas y vividas, que cortan como espadas llameantes los bosques de ignorancia, mentiras y oscuras opiniones. El profesor Jorge Ángel Livraga (1931-1991), Fundador de la Organización Internacional Nueva Acrópolis (en 1957) decía que un mundo sin poesía es un mundo sin belleza. Un mundo sin Filosofía, sin amor y búsqueda de la sabiduría, es un mundo de mentira, un mundo sin horizontes pues el alma se pierde en el laberinto de lo cotidiano y en la angustia de lo sin sentido.

Un Jardín de los Filósofos es una bella iniciativa, y en todas las ciudades del mundo se debería honrar a los sabios que nos han permitido ser lo que somos, pues lo mejor de la cultura y sociedad humana nos viene de ellos, de su genio y labor incansable. En todas las ciudades del mundo debería haber un Jardín de los Filósofos. Y la efigie en piedra o bronce de Hipatia, Platón y Giordano Bruno nos recordarán que la senda del mundo es una senda de difíciles pruebas en que debemos ser siempre fieles a lo mejor que vive dentro de nuestra alma, o sea, que debemos mantener el fuego encendido, esa llama que el amor a la sabiduría ( o sea, la Filosofía) ha encendido en nuestro altar interior, llama que debemos honrar y proteger, pues sin ella la vida carece de sentido, es una vida de sombras, de “muertos” que caminan, de víctimas y tiranos de sí mismos. 

 

José Carlos Fernández

26 de Julio del 2012, Lisboa


[1] Curiosamente la palabra “nirvana” que es la extinción de toda ilusión y sufrimientos nacidos del egoísmo, tiene dos posibles lecturas según su etimología. En una de ellas es precisamente “extinción” no sólo del dolor sino de la sombra que proyectamos en un mundo de sombras, “extinción” de la causa y el efecto en un mundo que no es real pues no es permanente. El otro significado etimológico de “nirvana”, el más divulgado es, precisamente, “más allá del bosque”.

[2] Figuras derivadas del Cono: Circunferencia y elipses, parábolas e hipérbole, fundamentos de la Óptica y la Acústica.

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