Arte

Isadora Duncan y la religión de la danza

Entrevista al Prof. José Carlos Fernández para la revista portuguesa “Conhece-te”

Isadora Duncan bailando junto al mar
Isadora Duncan bailando junto al mar

 

Quién es Isadora Duncan, cuál fue su contribución al mundo 

Isadora es ya un nombre y figura casi míticas, el paradigma, por no decir la Musa de todos aquellos que en la danza encuentran un sentido de vida, un camino de perfección y de autoconocimiento. Siguiendo la tónica del pensamiento nietzschiano cuando dice: “¡Oh divino danzarín, considera perdido el día que no danzaste!”

Y si bajamos del cielo a la tierra, o del mito a la historia, Isadora es un personaje histórico, nacido en San Francisco, California, en 1877, que revolucionó la danza del siglo XX, dándole un cariz místico. Es decir, intentando que la danza fuera más que una gimnasia, o un divertimento, o un desahogo emocional, o incluso un espectáculo artístico. Quería convertirla en un acto religioso, en una catarsis del alma recuperando en ella la dimensión espiritual, por ejemplo que podría tener en los Misterios de Dionisos.

Miles de personas, al verla danzar, hallaron una revelación mística del sentido de la vida y el sendero del alma, como aquel que es arrebatado por una visión espiritual. El mismo Walt Disney, elige su retrato y forma de danza para dar vida a la diosa de la naturaleza y la alegría en 1934 en su obra La Diosa de la Primavera, una de sus Silly Simphonies, en que rememora el mito de Perséfone y su descenso a los infiernos. 

Disculpe mi ignorancia, pero quedé un poco pasmado cuando supe que usted dio una conferencia sobre Conan y la destrucción de la Atlántida.

Es natural. Muchas veces nos es realmente difícil no ser víctimas y prisioneros de ciertos estereotipos mentales. Nosotros enseñamos que el alma humana puede elevarse hacia un Cielo de Ideales, en que viven lo Verdadero, lo Bueno, lo Bello y lo Justo, al decir de Platón. Y comparamos este ascenso con una pirámide, la pirámide, símbolo del fuego civilizatorio. La subida se da a través de la Ciencia, la Política, la Religión y claro está, el Arte. El eje y por tanto síntesis y naturaleza profunda de todas ellas es la misma condición filosófica del alma humana. La búsqueda y vivencia de estos Valores Eternos, por ejemplo la Belleza que encarna y cristaliza el Arte verdadero, es un sacerdocio, como lo es la del científico que sirve a la verdad y no a los intereses de nadie, o la del político que busca un reino de Justicia para dignificar el quehacer humano. Isadora Duncan eligió la vía de la Belleza, y su vuelo fue tan poderoso que durante siglos, y quizás milenios, será, como lo es Safo hoy día, fuente de inspiración de poetas, filósofos y artistas, y de todos los que persigan en la vida algo más que el mero sobrevivir como bichos o plantas. Por desgracia, las filmaciones de su danzas son de escasos segundos y de pésima calidad (de los años diez). Sólo nos resta el recuerdo de su danza, las palabras de quienes la vieron bailar y su autobiografía. 

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¿No hizo “Escuela” esta danzarina, no dejó escrito ningún método pedagógico? 

El sueño de su vida era crear una Escuela de Danza y lo hizo, primero en Europa y luego convidada por el Ministro de Cultura ruso, en este país. Por desgracia, la Primera Guerra Mundial interrumpió la primera tentativa, quedó sólo con el grupo más directo de discípulas, con las que danzaba (las Isadorables). Y las condiciones de extrema dificultad económica la segunda. Más que una academia de Danza era un thyasos semejante al de la poetisa Safo en la isla de Lesbos, una Escuela de Vida, de formación de carácter. Muy semejante en su espíritu a las Escuelas de Platón, Aristóteles o Hipatia. Sus discípulas vivían en la misma Escuela y las enseñanzas no eran de profesor a alumno sino de maestro a discípulo. Las Isadorables la acompañaron en su gira por el mundo, y para evitar las complicaciones burocráticas al traspasar las fronteras (pues eran menores de edad), Isadora las adoptó y ellas llevaron durante toda su vida el apellido de Duncan.

Su sistema de enseñanza no puede ser resumido en un método o programa sólo, pues la clave, es el Maestro, el fuego espiritual, las palabras llenas de vida y significado que van modelando el alma del discípulo y avivando su fuego interior. Cuando un discípulo de Platón en Siracusa, Dion, quiso resumir la enseñanza del Maestro de la Academia en un manual que sintetizase su pensamiento, Platón dijo que eso era un grave error, que lo importante era despertar la vida interior del discípulo, su llama sagrada. Un manual en poder de quien no hubiera llegado a determinado nivel de conquistas y realizaciones interiores no serviría de nada, sino para confundir y aturdir al estudiante.

La vida dispersó a estas Isadorables. Una de ellas Anne Duncan tuvo una discípula a quien trató como hija espiritual y transmitió el legado de Isadora. Es Lori Belilove y ha creado la Compañía de Danza Isadora Duncan en Nueva York con resultados admirables, como podemos comprobar en http://www.youtube.com/watch?v=B–BW0T9tsA&feature=related 

¿Cómo aprendió ella a danzar, quién la enseñó? ¿Cuál fue la inspiración de su danza? 

La misma naturaleza y sus espíritus, quizás, aunque ella no fuera consciente, las mismas nereidas, ninfas y hadas, elfos y espíritus de los vientos. Así lo dice ella misma en sus memorias, y añade en qué medida se sentía hija de la Diosa del Amor, y de su estrella, Venus:

Nací junto al mar y ya noté que todos los grandes acontecimientos de mi vida siempre ocurrieron en su proximidad. Mi primera idea del movimiento de la danza me vino ciertamente del rimo de las aguas. Vine al mundo bajo el signo de Afrodita, Afrodita, que también es hija del mar, y cuando su estrella sube en el cielo los acontecimientos me son propicios.

Aún en América, intentando encontrar desesperadamente trabajo y con unos trece años de edad le dice al empresario artístico Augustin Daly, según narra en el libro “Mi Vida”:

Sr. Daly, tengo una idea grande que exponerle y, probablemente usted, Sr., sea el único hombre en este país capaz de comprenderla. Descubrí la danza. Descubrí el arte que estaba perdido desde hace más de dos mil años. Usted, señor, consiguió hacer un teatro magnífico y artístico, pero falta en él aquello que supuso la grandeza del antiguo teatro griego, que es el arte de la danza, el trágico coro griego. Sin esto, su teatro tiene sólo cabeza y tronco, faltándole las piernas para moverse hacia adelante. Le traigo la danza. Le traigo la idea que ha de revolucionar totalmente nuestra época. ¿Dónde la descubrí? En la orilla del Pacífico, junto a las ondulantes bosques de pinos de Sierra Nevada. He visto la figura ideal de la juventud americana danzando en lo alto de las Montañas Rocosas.

Otras veces, dice que su verdadera inspiración fue el espíritu que está detrás de los poemas de Nietzsche y Whalt Whitman, a quienes considera sus padres espirituales. Se pasaba meses en el British y en el Louvre, más de diez horas diarias examinando cada una de las cerámicas griegas e intentando captar el gesto que animaban sus figuras. Era capaz de sentir el movimiento y danza de cuadros como el de la Primavera de Botticelli. Es admirable cómo su atención y anhelo de vivir la verdad de esta obra de arte fueron tales, que llegó, casi a penetrar en el mismo, como hace Mary Poppins en la obra cinematográfica del mismo nombre, o los personajes de algunos cuentos de Hermann Hesse. O como dicen ciertas Escuelas que pueden hacer ciertos magos.

Merece la pena oír sus mismas palabras:

En Venecia, disfrutamos algunas semanas paseando y apreciando los museos, jardines y olivares. Durante ese tiempo, Botticelli era mi única preocupación. Permanecí sentada diariamente, días y más días, frente a la  Primavera, que me sedujo totalmente. Inspirada en esa pintura, creé una danza en la que intenté reproducir los suaves y mágicos movimientos que se desprendían de la misma, la delicada ondulación de la tierra cubierta de flores, las rondas de las ninfas y el vuelo de los céfiros, todo concertado alrededor de la figura central, una especie de Afrodita y Madona al mismo tiempo, cuyo gesto hacía nacer la Primavera (…)

Como ya dije, me sentaba horas y horas frente a dicho cuadro, que nunca me cansaba de admirar. Uno de los guardas de la pinacoteca, viejo y simpático, y al parecer lleno de ternura por mi adoración, me traía un taburete. Yo permanecía allí hasta que veía, veía realmente, crecer las flores, los pies desnudos agitándose, los cuerpos moviéndose y, después, un ángel benefactor que, batiendo sus alas encima de mí, me hacía vivir la siguiente idea: “Yo danzaré así. Transmitiré a los otros esta imagen de amor, de la Primavera y de la vida, que llegó hasta mí a través de tanta emoción. Y será en mi danza como todos encuentren su instante de éxtasis”.

Se aproximaba la hora de cerrar el museo y yo continuaba aún delante del cuadro. Me esforzaba por hallar el sentido de la Primavera a través del misterio de ese momento incomparable. Tenía la impresión de que la vida no había sido para mí, hasta ese momento, nada más que una vana búsqueda, un palpar a ciegas; que si consiguiese encontrar el secreto de aquel cuadro, podría indicar a los otros las riquezas que traemos dentro nuestro, la inagotable fuente de alegría que puede ser la vida. Recuerdo que, habiendo meditado sobre nuestro destino, yo pensaba como alguien que parte alegremente a la guerra y reflexiona después de volver con el cuerpo cubierto de heridas: “¿Por qué no enseño a los otros un evangelio que nos evite tantos sufrimientos?”

Tal era el curso de mis meditaciones, en Florencia, frente a la Primavera de Botticelli, y que más tarde intenté transformar en los ritmos de una danza. ¡Oh! Dulce vida pagana apenas entrevista, en que la imagen de Afrodita se difuminaba bajo los contornos de una Virgen a la vez más graciosa y tierna, en que Apolo translucía en la sombra de San Sebastián, tú penetrabas en mí como un flujo de alegría propiciatoria y mi más ardiente deseo era invocarte en una danza que sería la Danza del Futuro.” 

¿Dejó algún legado escrito de su arte o de su visión de la danza? 3

Aparte de Mi Vida, que narra hasta el momento en que parte a Rusia, escribió algunos opúsculos y artículos que fueron editados con el nombre El Arte de la Danza 

¿Se ha concretizado el futuro de la Danza que soñó Isadora? 

Las semillas han sido lanzadas, algunas crecieron, otras esperan. Sin duda ella abrió el camino para que el mundo viera la danza como mística, como un medio de entrar en el reino del espíritu, y también para que este pueda, a través del gesto, expresarse en el mundo. Quizás una “Nueva Humanidad de la Intuición” y en perfecta sintonía con la Naturaleza, más allá de estos tiempos de crisis que vivimos, pueda hacer real el sueño de Isadora. Quién sabe, quizás en mil o diezmil años la danza sea religión con que el hombre exprese su amor a Dios. Quizás  honre y rinda culto así, danzando, a las verdades que sienta crecer y vivir en su alma y el nombre de Isadora sea pronunciado con reverencia y gratitud. Quién puede saber las formas que asumirán la o las religiones del futuro, por qué no iban, por ejemplo, las flores y sus perfumes ser el símbolo de las virtudes del alma, de los Dioses que la rigen, y las danzas entre ellas puro ritual. 

El amor de Isadora por el espíritu y la belleza griega nos traen a la imaginación a Sophia Mello Breyner, y su genio libre e independiente, así como su entrega amorosa nos recuerdan a Florbela Espanca. ¿Qué nos puede decir sobre esto? 

Sinceramente pienso que Isadora y Sofía Mello Breyner son almas hermanas, si no gemelas. El hijo de la “poetisa del mar” reveló el vínculo profundo que unía a su madre con la nueva sacerdotisa de la danza, aunque dudo que se conocieran (Sofía nació en 1919 e Isadora murió en 1927). También Sofía se sentía hija del mar y danzaba y danzaba como el personaje de uno de sus cuentos, en la Menina do Mar.

Respecto a Florbela y la danza de sus versos, hija de la más pura música de la naturaleza, creo que esta poetisa portuguesa, Florbela, es en poesía lo que Isadora en danza. 

¿De dónde le viene su interés por Isadora Duncan? 

Cuando era joven vi la película de Vanessa Redgrave  (realizada en 1968) y quedé muy impresionado, varios años después leí su biografía y cuanto cayó en mis manos sobre ella, y el impacto fue tal que organicé y di un ciclo de conferencias en Santiago de Compostela, Coruña y Lugo, sobre los distintos aspectos de su vida y obra.

La pureza y sinceridad de alma de Isadora Duncan, la fuerza imbatible de su idealismo, lo profundo de su vivencia filosófica y artística la convierten en ejemplo de todo enamorado de la verdad.

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