Filosofía

El significado filosófico de los mitos griegos

Apolo y las Musas, Nicolás Poussin
Apolo y las Musas, Nicolás Poussin

 

“Si recordase la genealogía de Hesíodo y los antepasados de los Dioses que acabo de citar, no me cansaría de hacer ver que sus nombres son perfectamente propios; y seguiría hasta hacer la prueba del punto a que podría llegar esta sabiduría, que me ha venido de repente, sin saber por dónde, y que no sé si debo darla o no por concluida”.

Cratilo, de Platón[1] 

“Cierto que invocar a los Dioses es bueno, pero conviene invocar a los Dioses y ayudarse a sí mismo”.

La interpretación de los sueños de Artemidoro de Éfeso

 

El filósofo y gramático estoico Cornuto, familiar de Séneca, escribió en el siglo I. d. C. una obra llamada, Compendio de Teología que estudia el significado filosófico y naturalista de los Dioses y Mitos Griegos. Los Dioses, enseña, son Fuerzas y Esencias Inteligentes de la Naturaleza, entendiendo por esta el “Todo en Acción”; y los mitos reflejan las operaciones de esta misma Naturaleza, que incluye, desde luego el Alma de cuanto vive, también del hombre. La escuela estoica y la filosofía greco-egipcia –recordemos, por ejemplo, a Chaeremón- analizaban e interpretaban estos mitos, no sólo desde la perspectiva moral, sino también como medio de comprender la naturaleza y las leyes y procesos internos que la rigen. Refiriéndose, por ejemplo a Hércules, Cornuto dice que representa La Fuerza o Tensión Interior, la voluntad que permite a cada ser vivo, pronunciar el  ¡Si! de su verdadera naturaleza, es decir, ser fiel a sí mismo, cumplir la misión asignada por Dios o el Logos.

Heracles
Heracles

Heracles es la tensión que en todas las cosas existe, gracias a la cual la naturaleza es fuerte y poderosa, invencible e insondable, dispensadora de fuerza y causa de potencia, aun en cada una de las partes…Tal vez la piel de león y la maza, que le corresponden, según la antigua teología han de ser así interpretadas…una y otra son así símbolo, quizá, de la fuerza y de la nobleza. El león es, en efecto, el más vigoroso de los animales salvajes; la maza, la más potente de las armas. Y quizá el dios es representado también como arquero, por su capacidad de entrar en todas partes y por tener, gracias a la tensión, la de arrojar flechas…Y no resulta improcedente atribuir al dios las doce hazañas, como hizo también Cleantes.[2]

Y es que, como dice H.P. Blavatsky en su Isis sin Velo, en todo mito hay un logos, una idea, una enseñanza, un mensaje oculto, expresado a través del lenguaje universal de los símbolos. La palabra “mithos”, en griego, significa “palabra, discurso, narración, hecho, intención, leyenda” y es el modo de objetivación del pensamiento primitivo. El mito es una realidad en lo psicológico, vive en una dimensión invisible e inmaterial, la de nuestros sueños, anhelos, esperanzas y recuerdos, este escenario interior y común para toda la humanidad donde los símbolos tienen vida y luz propia; y donde las ideas proyectan sus verdaderas imágenes, preñadas de emotividad y significación. Alfonso X el Sabio decía, en Las Siete Partidas, que las Espadas forman parte de los decretos de Dios; y expresaba así, por ejemplo, el valor de un símbolo que es una necesidad del alma humana, bien sea como Excalibur, en hierro, o como espada -láser en las modernas epopeyas de La Guerra de las Galaxias, la espada que garantiza el deber ser y que aún se halla, expuesta como símbolo, en los Tribunales de Justicia. Muchas veces, cuando estudiamos, o leemos con pasión la Historia, queremos conocer los hechos, la ley de causa y efecto aplicada a la conducta humana, la fatalidad que gobierna los acontecimientos y la voluntad inquebrantable del alma humana en el atanor de la vida y del tiempo. Pero también queremos bucear en el pasado para buscar símbolos y mitos que de algún modo recordamos, pues yacen en lo profundo de nuestro inconsciente y sin ellos, y lo que representan, la vida es nada. Como decía Mircea Elíade, el rito es una evocación del mito, de un suceso in illo tempore, es un retorno a los orígenes para evocar la fuerza de los inicios, su arkhé, pues en esta dimensión se halla la estructura del alma y, por lo tanto, el soporte de la vida.

Mª Dolores Fdez Fígares ha expresado, de modo magistral, el significado de esta palabra, mithos, en la Antigua Grecia, y de su valor en el pensamiento antiguo: “Homero utiliza mythos en relación con la palabra persuasiva, con la retórica, con la elocuencia, relacionada con los dioses, como herencia de la concepción arcaica del mito como palabra sagrada (hieroi logoi). Los filósofos presocráticos, al recurrir a los mitos, como símbolo, no se proponen persuadir, sino formular verdades. De ahí el apeiron de Anaximandro, o el “todo está lleno de dioses” de Tales. Platón hace referencia al relato en sí al hablar de mitología. Introduce la palabra logos y la utiliza en diferentes ocasiones como si significase lo mismo que mythos, haciendo ver que hay dos modos de hablar de los seres divinos y de los dioses: el logos y el mythos, que pueden estar unidas en el mismo relato (…). Las acepciones modernas y latinizadas de la palabra se refieren, por ejemplo, a una “esencia que en su tiempo fue accesible y ahora ya no lo es”, en palabras de Furio Cesi, si bien Creuzer, en el siglo XIX, admitía que los sacerdotes que elaboraron las primeras doctrinas religiosas de la humanidad vistieron los símbolos con ropajes mitológicos y afirmaba que “las ideas constitutivas de las doctrinas religiosas brotan de los símbolos como un rayo que llega de las profundidades del ser y del pensamiento”[3] 

Es difícil decir cuál es el origen de la Mitología Griega, de dónde manan sus aguas salutíferas, llenas de símbolos y conocimientos. Los textos más antiguos son las tradiciones órficas, los versos inmortales de Homero en la Ilíada y la Odisea, las obras de Hesíodo, muy especialmente la Teogonía; y fragmentos que conocemos de poetas de la Grecia arcaica y de filósofos presocráticos como Empédocles, Heráclito, etc…Poetas para quienes los mitos constituían ya la veste alegórica de verdades inefables, reveladas sólo en el interior de los templos y sellado su secreto por terribles juramentos. Cuando estudiamos el significado de la mitología griega no debemos considerar sólo, las tradiciones orales y escritas, pues a veces, por ejemplo, en la cerámica geométrica griega, ya aparecen representaciones de escenas de mitos que podemos fácilmente identificar; aunque también de otros que callan, mudos, pues carecemos de ninguna narración que incluyan dichas imágenes, aunque sí podemos adivinar su simbolismo, por comparación con otras culturas. La Teogonía de Hesíodo parece tener su origen en los textos mesopotámicos en lo que respecta a cómo se suceden las diferentes dinastías divinas; la sabiduría órfica evoca, por veces la metafísica védica y otras el conocimiento egipcio; el poema homérico de la Ilíada recopila tradiciones micénicas e incluso cretenses… ¿Dónde hallamos, pues, la verdadera raíz de esta mitología? ¿es el conjunto, muchas veces caótico de mitos griegos, el edificio en ruinas de la primitiva religión órfica? Lo que es cierto es que no hemos valorado, en su justa medida, el legado de Orfeo, hijo de la musa Calíope, que según ciertas tradiciones esotéricas es tan mítico como la ciudad de Troya, y es designado como una “encarnación divina”, o avatara histórico semejante así a Zoroastro, Hermes Trismegisto, Jesús o el Buda. Aún no se ha hecho un estudio profundo y filosófico sobre los llamados Himnos Orficos, a él atribuidos, restos mutilados, quizás, de un conocimiento mágico y teosófico, además de místico y práctico, en el que también debemos ubicar su Lapidario o Tratado sobre las Piedras, de una antigüedad indefinida. No es suficiente conocer el griego antiguo para hacer una correcta traducción de estos textos, carentes, por lo demás, casi de sintaxis, ya que cada himno es una colección de epítetos o atributos del Dios a quien están referidos. Muchas veces es necesario, además de este conocimiento de la lengua, estar imbuido del espíritu de la lengua, es decir del alma griega, para acertar la idea, en medio de tantas opciones que se presentan al traductor. Respecto a las obras griegas un ejemplo de erudito e inspirado fue, por ejemplo Thomas Taylor, referencia obligada en quienes estudian la cultura clásica.

Podemos atribuir el origen de la mitología griega al mismo nacimiento de la cultura heládica, que aparece, en alegoría, como el nacimiento  de Europa. Y es que en cierto modo el alma de la cultura europea y occidental está muy vinculada al Alma Griega, que primero Alejandro Magno, y luego Roma, expandieron hacia los confines del mundo “conocido”: Toda la cuenca del Mediterráneo, Asia Menor, hasta llegar a la misma India. Cuenta Ovidio, en sus Metamorfosis, que Zeus, símbolo del poder que gobierna los destinos del mundo, asumió la forma de un toro y cabalgando las extensas llanuras del Mediterráneo, llevó en andas a la virgen Europa, una de las oceánides hasta una gruta, junto a la playa, en Creta, y procedente de Fenicia. De la unión de Europa y Zeus nacerían Minos, rey de Creta, Radamanto, que se dirigiría a las islas Cícladas, Eaco, que gobernaría las islas de Égira y Sarpedón las tierras de Licia.[4] Curiosamente hallamos en estos centros, ¿en todos? y fundamentalmente en Creta, con expansión hacia Micenas, los focos de la cultura griega, y quizás, por lo tanto, los orígenes de su mitología. Ovidio, en sus Metamorfosis, pone en palabras de Venus, dirigidas a Europa: “¿Tal vez ignoras que eres esposa de Júpiter? Apaga tu llanto y aprende a hacerte digna de la elevada suerte a que estás llamada. De hoy en adelante, una parte del universo llevará tu nombre”

H.P. Blavatsky, en su obra inmortal La Doctrina Secreta afirma que la lengua del misterio tiene siete claves, y que cada una de ellas abre la puerta hacia un horizonte de conocimientos diferentes, pero todos ellos armonizados en las mismas ideas gracias al poder de los símbolos. Tesoros de Alquimia y Química, Astrología y Astronomía, Matemática y Geometría Sagrada, Psicología y Filosofía,  Cosmogonía, Teogonía e Historia de la Humanidad se esconden tras el velo de la alegoría.

Platón, por ejemplo, analiza y comenta numerosos mitos, según una perspectiva filosófica. Algunos de estos mitos son de común conocimiento entre los griegos, mientras que otros, como el mito de la caverna, el de la encarnación de las almas, el de Er, etc, etc, revelan conocimientos sorprendentes que adivinamos de origen egipcio, en un tiempo en que Egipto se nos muestra como Universidad Iniciática de toda Europa y Asia; los mismos celtas refieren, por ejemplo, en el Leber Gábala, que sus sacerdotes druidas debían viajar a Egipto para adquirir conocimientos superiores.

Hay enseñanzas que Platón no cree prudente revelar en sus libros, de un modo abierto, y así, se eleva hacia figuraciones míticas, cuyo significado preciso posiblemente explicase en su Academia. Pero aún los textos de más fácil comprensión incluyen acertijos y significados encubiertos. Platón, en su Séptima Carta, revela que sus Diálogos, sin una explicación y guía en lo invisible de las Ideas y las vivencias sagradas, son la muralla –este ejemplo era muy usado por los estoicos- más allá de la cual se halla invisible al no Iniciado, la mágica Fortaleza del Conocimiento. La lectura y comentario de sus obras, sin la trasmisión del fuego del discurso, no basta para la trasmutación alquímica…pero ciertas llaves y vivencias convierten sus libros, como decía H.P. Blavatsky, en el mejor compendio que tiene Occidente de la Enseñanza Iniciática; así como en Oriente, continúa H.P. B., la mejor síntesis de esta Doctrina Secreta es el Bhagavad Gita, tratado de filosofía y vida incluido en la epopeya del Mahabharata.

Platón examina, por ejemplo, en el Cratilo, el significado de los Dioses Griegos, analizando las etimologías de los nombres que les damos, es decir, la imagen mental que de Ellos tenemos:

Nosotros nada sabemos ni de la naturaleza de los Dioses, ni de los nombres con que se llaman a sí mismos; nombres que sin dudar, son la exacta expresión de la verdad (…) y comenzando por protestar ante los Dioses que no indagaremos su naturaleza, para lo cual nos reconoceremos incapaces, y que sólo nos ocuparemos de la opinión que los hombres han formado de los dioses y en cuya virtud les han dado esos nombres. 

Así sobre HESTIA, que representa el fuego sagrado del hogar, y el que habita en el interior de la Tierra; y también el espíritu que se expresa como una llama en todo aquello que vive y es; Platón dice que su nombre significa la esencia, y el impulso. Es nacida de sí misma, como esencia; y como fuego nos recuerda la imagen que la India Védica tiene de este elemento y cómo nace. Decían los rishis, sabios inspirados antiguos, que este fuego nace del rozar de dos leños llamados aranis; y que, geométricamente, el Fuego, padre-madre de todos los seres, es la svástica, cruz giratoria cuyo nombre, en sánscrito significa “El Yo que nace de sí mismo”, o la esencia semoviente (por –sí- misma- generada), la cabalgadura de todos los Dioses y Fuerzas espirituales y materiales, la Electricidad Universal, causa sin causa de todos los fenómenos de la Naturaleza.

CRONOS y REA, padre y madre de la segunda dinastía olímpica, y según el filósofo Heráclito, nos recuerda Platón, origen de todos los Dioses; son “los que corren”, porque en cierto modo, Rea, la gran madre, es el espacio-materia, en cuanto móvil (así como GEA, inmóvil y naturaleza -raíz de todos los seres es el Espacio y también Gran Madre, cómo sostén y estructura) y Cronos, sabemos que es el Tiempo. Y de ellos podemos decir lo que refiere H.P.B. respecto de los dioses egipcios ATUM y NUN: El Peregrino que atraviesa los millones de años es el nombre de Uno, y el Gran Verde (las aguas primordiales del Caos) es el nombre del otro; el uno engendrando millones de años en sucesión, el otro adentrándose en ellos para reestablecerlos detrás.

Zeus
Zeus

ZEUS, que la filosofía neoplatónica identificó con el Logos (Voluntad- Amor-Inteligencia) de todo aquello que vive; y del que Séneca, en sus Cuestiones Naturales afirmó que es “el Todo que ves y el Todo que no ves”; representa, según Platón, la causa de la vida, aquél por el que viven todos los seres vivos; y es por tanto, Señor y Rey del Universo. Un concepto equivalente al de Cristos Pantocrátor que tenían los cruzados medievales, Cristos Rey del Mundo.

Zeus sería hijo de CRONOS, que, misteriosamente Platón relaciona con koros, palabra que significa, dice, no “hijo”, sino “lo que hay de puro y sin mezcla en la inteligencia”. Chôros es también “espacio” y “círculo”, el símbolo más perfecto para expresar el tiempo ilimitado, sin principio ni fin; pero que sin embargo configura en su seno un espacio para la experiencia, para el cambio, para el movimiento de la vida, para la causa que genera un efecto; y por lo tanto, para el “tiempo” que puede ser medido en la medida de estos cambios. Recordemos que toda medida nace de un número y por lo tanto es mental, como el tiempo, que Platón considera en el

Timeo “un número en movimiento”. ¿No será que Platón escribió, quizás, el número en el movimiento, y luego tergiversaron los traductores.

Y el Padre de Cronos, el tiempo, es URANOS, el Cielo. Generalmente se asocia a Uranos con el cielo, pero en el sentido de “noche estrellada”, lo que es muy evocador, pues así el “tiempo” nace, es generado por y en las influencias de los “mil ojos de la noche”. Y su sustancia se tornaría homogénea y sin cualidades sin la presencia de estos infinitos poderes estelares que tejen la vida y por lo tanto, el tiempo. En una clave astronómica y humana, el tiempo es medido por el movimiento de las estrellas; y la evolución de nuestra morada, la Tierra, ante el Sol, la Luna, los Planetas y las estrellas es la que configura el tiempo y el ritmo de la vida y la naturaleza.

Dice Platón, también, que el nombre de Urano significa “Aquel que mira desde lo alto”, el espíritu puro, por tanto, la Estrella del y en el alma. Y según una interpretación astronómica y cosmobiológica debe ser, por tanto, Sirio, la Estrella de los Misterios. El dios Urano, griego, es el mismo Varuna de la India Védica según demostró George Dumézil al comparar nombres y atributos. Varuna es el rey de las aguas, de la noche, de los Juramentos y del océano constelado, que consideramos como el mejor símbolo de la infinitud. Varuna y Mitra son hermanos gemelos, como las estrellas Sirio A y Sirio B en su danza perpetua. Se les invoca casi siempre juntos, en los Vedas. Varuna es la Noche y lo inmanifestado y Mitra es el Día y la Luz. En las representaciones de Mitra de origen persa y tan frecuentes en el Imperio Romano, se hace del Sol el mensajero de Mitra, su subordinado; como en los misterios egipcios en que el Sol, Ra, desvía siempre la proa de su nave celeste hacia Sirio, Sept, es decir, orbita, como un “planeta”, en torno al Sol Central que sería esta estrella que los sabios del Nilo identificaron con Isis, la Sabiduría.

Uranos, por tanto, en la  “etimología” que refiere Platón es “Aquel que mira desde lo alto”, y por tanto, idéntico al Avalokiteshvara del Budismo, la deidad más elevada, que significa también “el Señor que mira desde lo alto” y es hijo de Amitabha “la Luz sin límites”.

Platón sigue jugando con las palabras y las etimologías para hacernos ver que HADES, el dios de la muerte, representa, en realidad, lo invisible y el conocimiento oculto de todo lo que es bello. POSEIDON dios de los mares es “una cadena para los pies”, ya que el mar limita nuestros pasos ; y es también, dice,  el dios que lo sabe todo, y el que conmueve la tierra. DEMETER, la naturaleza fecunda, se llama así por los alimentos que nos da como una madre. Y HERA, la palabra empeñada, es la “amable”,  porque representa la vida que conserva las cosas al conservar sus propiedades; y porque la vida es “amable” cuando concierta a los seres humanos con la palabra, pronunciada en el aire; y violenta y cruel, antesala del caos y la disolución cuando no se cumple la palabra; cuando las palabras nada atan ni desatan, sino que se esfuman en este elemento. El aire, que es soporte de la palabra, es también el elemento de esta diosa a quien se representa encadenada entre el cielo y la tierra, y como divina madre, reina del cielo. Los griegos decían que en cada hombre hay un Hércules, por el que juraban; y en cada mujer vivía la diosa Hera, símbolo del Eterno Femenino y de la energía psíquica que nutre las almas mientras viven.

PROSERPINA o PERSEFONE, Diosa en quien se fundamentaban los Misterios de Eleusis, representa el alma de la naturaleza, y por tanto, la sabiduría; sumergiéndose en lo invisible, el Hades y renaciendo con la primavera. Platón dice que su nombre significa o deriva de la “facultad de tocar y de coger lo que marcha”, es decir, la sabiduría, que en la India representaban con el ave mítica Kalahamsa (Cisne Negro), que separa la leche del agua mezcladas en la corriente de un río. ¿Qué expresa su nombre, se pregunta Platón en el Cratilo? Y responde: “La sabiduría de esta diosa. En el movimiento que impulsa todas las cosas, la sabiduría consiste en poder tocarlas, cogerlas, seguirlas en su huida”

APOLO, continúa Platón, rige la música, la adivinación, la medicina y el arte de lanzar flechas, y su nombre significa que purifica, que lava, que liberta al alma y al cuerpo de los males que les aquejan. Las MUSAS, que expresan las artes y medios; y la inspiración por la que el hombre se armoniza con el cielo y con la verdad; significan, dice Platón la indagación y la filosofía. ARTEMIS, que identificamos con la Luna, protectora de niños, jóvenes y doncellas es la pureza y la decencia, y también la integridad. AFRODITA, diosa de la belleza y del amor, recibe su nombre del hecho de nacer de la espuma del mar, es decir de la abundancia, de la excelencia fértil de la vida. PALAS, asociada a Atenea expresa el arte de las armas, el impulso de la acción noble, el asesinar la inercia –tamas, en sanscrito- la “acción de lanzarse uno mismo o de lanzar algún objeto levantándole de la tierra y blandiéndole en las manos”. ATENEA, diosa de la Sabiduría Activa, de la Guerra Inteligente y protectora de las Artes –especialmente del tejido- y defensora de las Causas Nobles significa, dice Platón, Inteligencia de Dios y HEFAISTOS, dios del Fuego es “el árbitro de la luz”. ARES dios de la Guerra, debe su nombre a la virilidad y a la cualidad de inflexible, de no transigir con ninguna condición. La etimología de DIONISO nos es revelada por Artemidoro de Éfeso como “aquel que consigue la realización de cualquier cosa”, pues representa el espíritu agitándose en la materia, el entusiasmo, es decir “Dios en nosotros”. 

De la antigüedad clásica nos han llegado muchos alusiones de cómo interpretar los mitos griegos, pero quizás una de las más sorprendentes y esotéricas sea la interpretación lexarítmica (letras-número), una especie de kábala griega. Cada letra del alfabeto griego, como en el hebreo y muchas otras lenguas antiguas, se corresponde con un número. Y como las primitivas teogonías e indagaciones sobre la naturaleza de lo real se hacían a través de números y formas geométricas, cada divinidad, relación divina o escena mitológica tiene una interpretación número-simbólica que expresa un misterio de la naturaleza y del alma. Este tema se halla genial y profusamente desarrollado en el artículo de Giorgios A. Planas, Helena Petrovna Blavatsky y el redescubrimiento de la kábala griega y sus leyes. La clave lexarítmica de interpretación. Destaquemos algunos hechos de profunda filosofía, para quien se haya interesado en los dioses y mitos griegos y en la geometría sagrada. La relación entre Apolo (1061) y Artemisa(656), según esta clave lexarítmica, es Phi, el Número y Proporción de Oro que rige la Naturaleza y el Arte Antiguo. ¡Claro! Apolo representa la luz solar y Artemisa y Diana la luz de la luna; y del equilibrio , o armonía aúrea de ambas es que la naturaleza, en la Tierra, florece en sus casi infinitas formas de vida. Apolo es lo racional –en su sentido más elevado- y Artemisa es la intuición, ambas necesarias en el camino de la sabiduría.

Okeanos (1146) : Neilos (365) es igual, aproximadamente, a Pi, la relación entre la circunferencia y el diámetro. Pues en la mitología griega Okeanos aparece como un río de agua dulce que rodea la Tierra, mientras que el río Nilo representa la corriente de vida que desciende desde el polo espiritual fertilizando la materia. Es decir, dentro de la Geometría Sagrada, es el diámetro vertical dentro del círculo.

Es un simbolismo muy semejante al siguiente lexaritmo

2x El Cielo (Ouranos), dividido Zeus (612) es igual a PI. Aquí el Señor que rige la Vida es Zeus, que atraviesa como un rayo el doble cielo, es decir las “aguas de arriba” y las “aguas de abajo” del Génesis (el MI y el ME hebreos). O si entendemos el Cielo como una circunferencia entera, Zeus representa el doble diámetro en el círculo, o sea, otra vez la cruz giratoria o svástica, símbolo de la Voluntad y de la Actividad Continua, un símbolo muy apropiado para referirse a Zeus.

La profundidad de estas combinaciones matemáticas es abisal, hace penetrar al alma en las tinieblas del misterio donde destellean relámpagos de intuición. Abren la mente a un universo de significados que le hacen a uno, si no más sabio, sí más humilde. Por ejemplo Pan  (Todo) tiene el mismo lexaritmo que la unidad (Monas), 131; Anthropos (Hombre) que la Naturaleza (Fisis), 1310, es decir, diez veces más (que Unidad y Todo) “indicando el paralelismo entre la evolución ontogenética (del hombre) y la filogenética (de la Naturaleza), del cual nos habla la Filosofía Esotérica desde hace milenios y la Biología actual”[5] 

Platón, en La República, se muestra enemigo de creer en las narraciones mitológicas y hacer de ellas un modelo de vida, o deducir de ellas una moral. Dice que si sus Guardianes de una Ciudad Ideal, creyesen, literalmente por ejemplo, en el lamento de la sombra de Aquiles en el Hades, cuando dice que antes sería el último de los esclavos sobre la Tierra, que rey de los muertos en el mundo de las sombras; difícilmente cumplirían lo que se espera de ellos cuando enfrenten el peligro y la muerte. Platón se declara, pues, enemigo de Homero y Hesíodo en la educación de los jóvenes; pero, añade, que los que saben, en consejo secreto, estudiarán el verdadero significado de estos mitos. Porque estas meditaciones y estudios son ya para mentes avezadas en la filosofía y en la indagación de la naturaleza. Orígenes, el magno filósofo cristiano, fundador de la Escuela Catequética de Alejandría aleccionaba a sus discípulos durante muchos años en Lógica, Matemática, Literatura Griega y Latina, Gramática, Dialéctica, Música…antes de comenzar los estudios de alegoría cristiana, hebrea, griega o egipcia, pues dichos estudios pueden desquiciar las mentes, o peor tornar a los jóvenes en escépticos, al trivializar y hacer juegos con los símbolos religiosos, vulgarizándolos, y arrebatándoles la vida natural que poseen en el mundo de las Imágenes y los Sueños –que- son –reales.

También es cierto que estos mitos dieron gran versatilidad e inspiración al alma romana y griega. Las fábulas, discursos y comentarios sobre mitos eran de gran importancia en los ejercicios preparatorios del joven orador, tal y como nos describen Quintiliano o San Agustín; y el discípulo se acostumbraba a reflexionar sobre ellos, a imaginarlos, a vivificarlos con su voluntad y sus palabras; y a comprender el dinamismo y las tensiones psicológicas de la vida a través de estos mismos mitos. Es decir, el estudiante penetraba en su propio mundo interior y en las causas invisibles de la vida a través de las imágenes y escenas de los mitos griegos. Estas evocan y perfilan, así, escenas psicológicas que debe enfrentar el alma en su camino por la vida. Es tal la variedad y perspicacia de estos mitos, hasta tal punto penetran en el alma de la vida; que es muy difícil encontrar una situación, un problema, una dificultad que no pueda ser figurada por una escena de la mitología griega; y lo mejor es que en sus símbolos está también la llave para abrir esa puerta, para vencer esa dificultad…¡Tal es la fuerza y belleza del legado de Orfeo!

El valor de los mitos griegos floreció, de nuevo, en el Renacimiento, como estudio de psicología  y como filosofía secreta, analizando el significado de sus símbolos. Presentes en la magia, en el arte y en la política. La nueva filosofía de la naturaleza se alza como un Sol iluminando la vida con los valores, conceptos y mitos de Grecia y Roma, enmarcados en un cristianismo místico, que llena de piedad sus contenidos. Filósofos, eruditos y poetas, como Bocaccio –en el Cuatroccento- y después, Natali Conti y Perez de Moya escriben extensos y profundos tratados sobre el significado de estos mitos. Médicos y magos como Cornelio Agripa – al servicio del emperador Carlos V- en su Philosophía Oculta penetran en su significado más esotérico. Sabios, místicos e ideólogos, como Giordano Bruno recrean toda una cosmovisión con las imágenes de estos mitos, una cosmovisión que le permita al alma humana armonizarse con la naturaleza y el sentido de la vida; y que a la manera de las iniciaciones antiguas evoque todos sus poderes latentes. ¿Cuál es, si no, la finalidad de una obra como el De Imaginum, que con escenas mitológicas griegas crea mandalas y yantras geométricos, al modo hindú o tibetano? Botticelli pinta, con el poder de estas imágenes y símbolos, lienzos que son verdaderos talismanes mágicos, como El Nacimiento de Venus o La Primavera; destinados, según conocemos su correspondencia con el neoplatónico Ficino, a evocar la belleza, jovialidad y bondad y neutralizar las influencias ásperas de Saturno y de Marte; influencias que inundan de melancolía o hacen arder de ira la sangre.

Aún hoy la Psicología reivindica poderosamente el valor de estos mitos griegos, y desde Freud, Jung y todo el psicoanálisis; hasta Joseph Campbell, se sumerge en ellos para hallar las causas y los modos del comportamiento humano; o para descubrir en los viejos Dioses, las “nuevas” fuerzas psicológicas y espirituales que conforman el motor de la conducta y los imanes de toda tendencia, esperanza o anhelo.

Recordemos a Séneca cuando desvelaba el sentido filosófico de los Dioses de la Religión Romana, y exponía así el enfoque de la Escuela Estoica. Y es que esta Escuela fue la que más seriamente estudió la filosofía oculta en estos mitos; y halló en ellos las operaciones del cuerpo, alma y espíritu de la Naturaleza: leyes, principios y formas que se manifiestan en lo visible y en lo invisible de esta misma Naturaleza. Es decir, las fórmulas algebraicas de la existencia, y las fuerzas que dinamizan y corporizan estas mismas fórmulas e ideas. 

Los mitos griegos, como aquellos otros que expresaron los poetas inspirados por los Dioses, o diseñaron los Iniciados para llevar a las gentes la luz de los Arquetipos; están enraizados en lo más profundo del alma humana, como el fundamento atávico e instintivo desde el que se elevan sus creaciones, como el mismo lenguaje del inconsciente, como las propias formas vivas de lo invisible. El alma siente este legado, este mensaje cuando se quiebra la muralla de lo cotidiano y lo prosaico, cuando la tenaza de la carne y de la sangre se desdibujan y aflojan su presión. En el sueño, en las situaciones límites, en el ceremonial mágico, ante la presencia de la muerte, raptada el alma en un éxtasis místico o bajo las alas protectoras de un luminoso Ideal, se hacen presente el valor y la vida de estas imágenes, que conforman un lenguaje del alma y del misterio. Es entonces que se percibe cómo los mitos empujan desde otra dimensión todas las realizaciones de la Historia, y que en cierto modo, codifican y vitalizan todo el bagaje del devenir humano. Artemidoro de Efeso escribió en el siglo II d. C. un tratado sobre la interpretación de los sueños, discípulo, quizás de las Casas de la Vida o Escuelas Iniciáticas egipcias, con una tradición milenaria en estos estudios. En él, y con una infalibilidad que conocen aquellos que hayan analizado e interpretado seriamente los sueños, revela cómo el lenguaje de los sueños está ligado al de los mitos y cómo la analogía es la clave de este lenguaje de lo invisible y del alma.

Por ejemplo, soñar con una paloma simboliza y dice sobre una mujer, y es que la paloma está asociada a Afrodita, la diosa del amor y la femineidad. También representa la amistad, las asociaciones en relación, no sólo al comportamiento grupal de estas aves, sino porque Afrodita es la bondad y concordia en el corazón humano, y por tanto, el fundamento amable de toda asociación. El Cisne, vinculado a Apolo, revela desde el inconsciente a rtemidoro- anuncia la muerte.  El delfín, asociado también a Apolo y a Afrodita, representan al amigo, mientras que todos los otros peces y animales marinos significan los enemigos ocultos. Ver en sueños a Atenea, dice, es un buen presagio para un filósofo, pues “esta deidad es considerada como la personificación del pensamiento, razón por la que cuentan que ella nació del cerebro”

La muerte es representada como un viaje muy largo; y un viaje muy largo figura, en los sueños, también la muerte. Afirma Artemidoro que los antiguos solían decir que habían visitado el Hades quienes marchaban  muy lejos, pues todo aquel que vive, sólo en el pensamiento, vive sólo en el Hades.

En el lenguaje de los sueños aparece también un simbolismo mitológico y mágico que está enraizado en el folclore popular, en lo más profundo de sus creencias. Por ejemplo, Artemidoro dice que “La Luna es la mujer y la madre del que sueña –idéntico significado le atribuyen los astrólogos-, pues es considerada fuente de toda nutrición”. También significa dinero, bienestar y negocios, en relación con las “cuentas que se hacen al fin del mes”, de ahí la costumbre portuguesa de ofrecer monedas a la luna, exponiéndolas a su luz para que conserve y haga crecer el patrimonio, diciéndola

Lua Nova
Tu bem me vês,
Dá-me dinheiro
Pàra todo o mez. 

Y es que la sabiduría popular, con su capacidad de conservar y trasmitir el eco de antiguos conocimientos, con su fidelidad calidoscópica –permanecen las imágenes fragmentadas y los usos, pero no los significados y la ciencia- ha guardado expresiones y refranes procedentes de estos mitos griegos. Por ejemplo, decimos “lecho de Procusto” cuando queremos forzar a todos, contranatura, a un mismo ritmo y medida. Bien podemos hablar del lecho de Procusto de nuestra civilización occidental, donde todo aquello que no se ajusta a la medida de nuestros valores materialistas, al final, o entra a presión, o es despedazado por el sistema de vida, relegado a una vida marginal. Estos marginales son los que no se integraron a nuestro modus vivendi, y que conforman, naturalmente, los nuevos núcleos de barbarie que llevaran a nuestra civilización a una nueva Edad Media.

Una “odisea” es un periplo a través de mil vicisitudes y peligros, para llegar, finalmente a un refugio de paz, la Ítaca de la obra de Homero.

La analogía y asociaciones de imágenes del mundo onírico es lo que nos permite entender mejor el significado psicológico de los mitos griegos. Analogía de movimientos, de sonidos, de gestos, de forma, de colores, de nombre, de etimología, de números asociados a palabras, etc…La metáfora es reina del mundo imaginal, que decía Henry Corbin; y las figuras o tropos del lenguaje, que bañan de sentimiento y vida la racionalidad del pensamiento, denotan la presencia de este mundo mítico y de esta agitación dionisíaca en el discurso y en el alma humana.

Artemidoro de Efeso ilustra con varios ejemplos cómo trabajan estas analogías y metáforas en el inconsciente durante los sueños, y por tanto, cómo debemos trabajar a la hora de interpretar los mitos antiguos, que son como témpanos de hielo en las aguas de nuestro inconsciente. Dice:

“Las cosas que se mueven de la misma manera tienen un significado idéntico cuando aparecen en visiones oníricas. Por ejemplo, un individuo soñó que era mordido en el pié por una serpiente; pues bien, en un camino sufrió una herida causada por una rueda en ese mismo miembro, donde le pareció en sueños que recibía la picadura. Ciertamente, la rueda se mueve girando toda ella sobre sí misma, al igual que se enrosca la serpiente”

A esto nosotros añadimos que la forma de enroscarse la serpiente es más mítica, simbólica y conceptual que de la naturaleza. Es difícil observar en la naturaleza una serpiente que se muerde la cola, pero en todas las cosmogonías y mitologías antiguas aparece esta imagen; es decir, que está más presente en el alma humana que en la propia naturaleza sensible que nos rodea.

Otra analogía, que aparece también en su Arte de Interpretar los Sueños ilustrará mejor aún la idea:

“Un esclavo soñó que jugaba a la pelota con Zeus. Luego tuvo una disputa con su amo y, por haberse expresado con excesiva libertad, se ganó la antipatía de aquél. En realidad, Zeus representaba el patrón y las idas y  venidas de la pelota el intercambio de palabras y la discusión, ya que los jugadores compiten entre sí y cuantas veces reciben la pelota, otras tantas la devuelven. En general, los dueños, los padres, los maestros y los dioses tienen el mismo significado” (en el mundo onírico).[6]

Subba Row, teósofo y filósofo vedantino, en el siglo XIX, en un breve artículo titulado “Los Doce Signos del Zodiaco” nos da una de las llaves de encriptación de símbolos de ciertas obras sánscritas y que puede servir de guía, o de referencia para penetrar en el laberinto de los mitos griegos. El método no tiene por qué ser el mismo, pero así percibimos el modus operandi, uno de ellos, de los sacerdotes antiguos. H.P. Blavatsky comenta este método en su inmortal Doctrina Secreta: “Subba Row, en su ingenioso artículo “The Twelve  Signs of the Zodiaco”, habla del “oculto significado de las palabras sánscritas” y da las siguientes reglas para descubrir en los antiguos mitos arios “el profundo sentido de la nomenclatura sánscrita:

 1º Desentrañar todas las acepciones y sinónimos de la palabra en estudio

 2º Determinar el valor numérico de las letras componentes de la palabra, con arreglo a los métodos indicados en las antiguas obras tantricas (obras Tântrika-Shàstra de encantamiento y magia)

3º Examinar cuantos mitos y alegorías se relacionan con la palabra en cuestión

4º Permutar las sílabas de la palabra y descubrir el significado de los nuevos grupos formados”

Sin embargo Subba Row no da la regla más importante y tiene razón en ello. Los Shâstras tántricos son tan antiguos como la misma magia (…)” 

Representemos en nuestra imaginación un mito, de todos conocido, que nos permitirá dar los acordes finales, sellar el cuadro de ideas que hemos desarrollado en este artículo, estas líneas en que hemos reflexionado sobre el significado de los mitos griegos. Es el mito que narra el concurso musical de Marsias y Apolo, y transcribo a J. Humbert, en su Mitología Griega y Romana : “Marsias, natural de Frigia, era un músico notable que habiendo hallado junto a una fuente la flauta que Minerva arrojara, supo modular con ella dulcísimos sonidos. Orgulloso de los elogios de que era objeto, se atrevió a lanzar a Apolo un insultante desafío, que le fue aceptado, pero bajo la condición de que “el vencido se pondría a disposición del vencedor”. Los habitantes de Nisa fueron designados jueces del pleito. Marsias fue el primero que, colocándose en medio de la multitud, arrancó a su flauta sones maravillosos, con los que imitaba a la vez el gorjeo de los pájaros, el murmullo de las fuentes, la voz imperceptible de los ecos, los silbidos del huracán, el alegre vocerío de los borrachos. La asamblea maravillada aplaudió entusiastamente, y Apolo, sin dejarse deslumbrar por estas clamorosas demostraciones de aprobación, acompañándose con su lira impuso silencio entonando un preludio melancólico. Después se entregó al arrobamiento que su arte le producía e infundió en todos los corazones el delirio de la más delicada sensación estética. Apolo tejió su canto con estas palabras: “Ariadna abandonada en una isla desierta, Ariadna plañidera y gemebunda, Ariadna que se reprocha haber abandonado a su padre, su hermana y su patria por un amante voluble, Ariadna que tenía por únicos testimonios de su pena los peñascos insensibles y las olas en perpetuo mugido, Ariadna, en fin, cuya llama sobrevivía aún a la traición del pérfido ateniense”. Las lágrimas brotaron de los ojos de todos los presentes y le adjudicaron el triunfo. Pero su crueldad empañó la gloria a que se había hecho acreedor; cogió a Marsias, atóle al tronco de un abeto con las manos ligadas a la espalda, y lo desolló vivo. Su muerte causó duelo universal. Los Faunos, los sátiros y las Dríades, le lloraron amargamente, y sus abundantes lágrimas engendraron un río de Frigia que por esto recibió el nombre de Marsias”.

Marsias representa aquí la luz, la voz de la naturaleza, en sus mil y melodiosos sones, también el alma humana que es esa misma naturaleza, y que hace vibrar en su seno, sus infinitas voces y reclamos. La flauta y sus modulaciones significan que toda la actividad de esta naturaleza nace del son de siete notas o vibraciones fundamentales, que los sabios identificaron con los niveles de vibración y de conciencia de la vida, con la estructura septenaria de todo lo manifestado. También representa la columna vertebral del hombre, la médula espinal y la columna de luz de los místicos taoístas, por las que el hombre se liga a la naturaleza entera, aún a las divinas e inmortales esencias de la misma. Apolo es, como su nombre indica la unidad, el “sin-polos” que pasa a través de toda esta naturaleza como un viento, como una música. Marsias cantó a la naturaleza y Apolo al origen celeste del alma humana, representada por Ariadna, la luz mística que guía al Aspirante en el Laberinto de la Vida y en las pruebas de la Iniciación. Cantó también el drama de esta luz, de esta llama espiritual, presa en una cárcel de materia, como Ariadna, soñando en una isla desierta, equivalente a la dama que espera en el castillo, que el caballero venza al dragón y la liberte. Las lágrimas del jurado, otorgando la victoria a Apolo indican dónde se halla lo más profundo de nuestras esperanzas, dónde se halla el sol de nuestra libertad, dónde se halla el Sendero. Marsias atado y desollado en el árbol de la vida es el sacrificio de la Iniciación por la que la naturaleza se convierte en alma, por la que el dragón, como aparece en las representaciones aztecas o en Teotihuacán, exhala  de sus fauces la estrella cuyo rayo es el alma y la conciencia humana. Tal y como canta el tratado místico del Tíbet,  Voz del Silencio: ¡ESA ESTRELLA CUYO RAYO ERES TÚ! 

José Carlos Fernández

Lisboa, Junio 2006


[1] Todas las citas del Cratilo son de “Obras Completas de Platón” de la editorial Porrua.

[2] Fragmento del Compendio de Teología de Cornuto, extraído de la obra Los Estoicos Antiguos, de la editorial Gredos, y traducción de Angel Capelletti.

[3] De la Editorial de la revista Esfinge, editorial NA, nº67, abril del 2006, pag 3

[4]  Las reflexiones sobre el mito del rapto de Europa y su significado están extraídas del Discurso de ingreso de don Juan Manuel de Faramiñán Gilbert en el Instituto de Estudios Giennenses, pag 10 y 11

[5] Del artículo citado en el texto

[6] Todos los fragmentos del “Arte de Interpretar los Sueños” son de la traducción de Elisa Ruiz García, en la Editorial Gredos, 1989.

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