Filosofía

La amistad en tiempos de crisis

(Artículo escrito en 2006)

Es evidente que nos apresuramos a la garganta oscura de una crisis económica profunda, que en sucesivos avances y retrocesos –como las olas del mar- va finalmente a cambiar nuestro modus vivendi. También es evidente que si esta crisis no hubiera estado precedida de una crisis de valores, de una quiebra moral en cuanto a nuestros principios fines y medios, esta crisis económica no nos sorprendería tan pasivos, tan inertes, tan pasmados y faltos de imaginación. Las dificultades avivan el ingenio y el fuego de nuestro carácter si el alma no se halla enferma, pero cuando vivimos en el temor, en la angustia y en el vacío moral, cualquier esfuerzo se convierte en un mundo que no queremos recorrer ni conquistar. Y sin embargo una mirada esperanzada, una mirada de filósofo sabe que toda crisis es en el fondo, como la misma palabra indica, un “cambio”, una transformación en nuestros valores, en nuestros objetivos y en el modo de relacionarnos con los otros, y, en general, de percibir el mundo. Toda crisis es una metamorfosis del alma, que, cuando es bien aprovechada permite la luz de un nuevo sol de esperanza, nuevos desafíos, nuevas capacidades, como las de un gusano que se convierte en mariposa. Esto es fácil de comprobar en las crisis que vivimos a lo largo de nuestra existencia y que se corresponden con las diferentes edades de la vida: el niño “muere” a su condición infantil para convertirse en joven, y éste, como la serpiente que muda la piel va alcanzando poco a poco la madurez en base a las experiencias que exigen lo mejor de sí, etc, etc. La cuestión es siempre no apegarse ni querer sostenerse en aquello que se pierde, o, si hemos de ser más exactos, en aquello que no existe porque ya lo hemos perdido, porque se ha sumergido en las sombras inmóviles del pasado, tesoro de experiencias en la memoria, pero no ya de vivencias. Las vivencias y las oportunidades del alma se hallan siempre en el presente. Nunca en el futuro que maquinamos y que quizás nunca llegue ni en el pasado de lo que ya no somos y donde ya no estamos. Como en el ejemplo anterior de la serpiente, si ésta renunciase a abandonar su piel vieja, yacería inmóvil, soñando quien sabe qué futuros de pura irrealidad; sería fácil presa de cualquiera de sus enemigos naturales.

Shakespeare dice en su inmortal Enrique V que todo está bien si nuestro ánimo lo está, y podemos añadir que, si no lo está, nada es suficiente para calmar nuestra inquietud. Las experiencias bien asimiladas hacen tañer como un gong el metal del alma, pero desmenuzan y hacen caer el barro con el que en nuestra ignorancia nos hemos identificado. Las experiencias hacen sucumbir al hombre de barro que vive dentro de nosotros, ese que es una masa informe de deseos y miedos, sin nombre ni principios; y dan lustre a lo mejor de nosotros mismos, a quien San Pablo llamó “el Hombre Nuevo”.

Pues bien, esta crisis de nuestra “sociedad de consumo” que ha hecho triunfar al “homo economicus” en vez de al “homo honorabilis”, y que ha conseguido tantas veces que vendamos nuestra alma por algunas monedillas de multicolor fantasía; que nos ha saciado, insensibilizado y adormecido, envejeciendo y aletargando nuestra imaginación, audacia e iniciativa; es posible que lleve a situaciones difíciles y agobiantes en lo material pero que permita el renacer o avivar el fuego de valores como el de la amistad y el de la verdadera solidaridad. Quizás permita dar valor otra vez a la palabra empeñada, a confiar en el prójimo que está cerca y que ahora es casi un desconocido anónimo.

La verdadera amistad, es aquella sin la que no se puede vivir, y por la que se puede morir, luchando. No es necesario ver el film de “la bandera de nuestros padres” de Clint Eastwood, sobre la cruenta batalla de Iwo Jima en el Pacífico para saber –ya que se ha demostrado en la guerra infinidad de veces- que se combate por la nación, o por un ideal, pero morir, se muere sólo por un amigo, por ese “otro yo” –como lo definió Aristóteles- que nos necesita de verdad y en nosotros confía.

Las peores heridas morales, que a diferencia de las del cuerpo jamás se cierran son aquellas en que hemos traicionado la amistad, hemos ensuciado con el barro del egoísmo, de nuestros intereses y miedos sus alas de luz: estas alas poderosas, inmortales y divinas de la amistad pura que nos llevan al cielo.

Y es que no hay cielo sin amistad ni amistad sin cielo por lo que podemos pensar que amistad y cielo son una misma y maravillosa verdad para el alma.

Que nos aventuramos en las tinieblas de un tiempo en crisis… ¡falso!; la verdadera crisis es la pérdida de nuestros valores morales, esos que desde hace decenios el mundo parecen conspirar en arrebatarnos, y con ellos nuestra propia alma, y por ello no es sólo ahora que estamos penetrando en esta oscura senda. Quizás esta crisis económica y fin de un modo de ver la vida ayuden y permitan la resurrección de lo mejor de nosotros mismos, nuevos escenarios del alma que dejen atrás las ruinas de un pasado estéril. Difíciles, sí, pero radiantes de vida y belleza, si nos decidimos a ver con los ojos del alma. 

José Carlos Fernández

Madrid, 26 de enero del 2006

1 comentario en “La amistad en tiempos de crisis”

  1. Simplesmente maravilhoso! Há que resgatar primeiro os valores como a amizade, a simplicidade, a honestidade, a generosodade, a imaginação… poderia ficar aqui a enumerar uma enorme lista de tudo o que precisamos resgatar, mas o que considero mais importante é a amizade, esta não se consegue em loja nenhuma, é impossivel comprar, Antoine Saint Exupéry dizia: “Os homens compram tudo pronto nas lojas…Mas como não há lojas de amigos, os homens não têm amigos.” Obrigada por partilhar os seus ensinamentos.

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