Simbolismo

El Cromlech dos Almendres – Evocaciones poéticas de Portugal

 

Vista aérea del Cromlech dos Almendres, Évora (Portugal)

 

En el páramo alentejano, en Portugal, como gigantes de otrora a quienes un encantamiento nos hubiera convertido en piedra, nos alzamos imponentes e inmóviles. Miramos fijamente hacia un horizonte en que el Sol al amanecer despierta a la Ciudad de Évora. Grave y severa es nuestra mirada, mirada de piedra, como la de quien llama sueño al tiempo que corre y vida al recuerdo. Nuestras almas sueñan que danzan obedientes a ciertos ojos luminosos en la noche que vosotros llamáis estrellas, pero que son mucho más, son nuestros Dioses y Maestros y ante ellas respondemos. Sueñan que danzan, sí, pero nuestros cuerpos petrificados no acompañan ya esta danza que nos ha dispuesto en círculo, en un anillo y de ahí el nombre gaélico de cromlech. Somos los menhires, las piedras erguidas a quienes mencionáis en vuestros libros y mapas como el “Cromlech dos Almendres” .

Dicen vuestros expertos que fuimos tallados y nos enclavaron en esta planicie sagrada hace 7000 años, y que al principio, en lo que llamáis el antiguo Neolítico medio nuestros artífices nos dispusieron en dos pequeños círculos concéntricos al que, mil años después sumaron una elipse más amplia, o quizás un óvalo que alinea sus ejes con los puntos cardinales. Arañáis el suelo con vuestros dedos de metal, que ya no son azadas, para encontrar testimonios de nuestra antigüedad, pero después vuestros mismos prejuicios os ciegan. ¿Quién sabe?, quizás seamos de esta edad que decís, o quizás mucho, mucho más antiguos… pero esto no os lo revelará nuestro sueño de piedra, el único que guarda la llave verdadera de lo que fuimos. Y de lo que aún soñamos ser y nos levanta hacia el cielo infinito desde nuestros cadáveres de piedra, y nos devuelve a nuestra verdadera morada, junto a nuestros amados Maestros. Durante las noches calmas de este erial del Alentejo que inmortalizara con sus versos vuestra más amada poetisa, Florbela Espanca, y durante sus días de un azul que ciega, el cielo es nuestra promesa de alguna vez regresar, nuestra eterna promesa.

 

Cromlech dos Almendres

Somos 94 guerreros, semejantes a estatuas durante el día y a sombras en la noche… pero fuimos más, muchos más de un centenar. Algunos caímos y otra vez nos levantaron en pie, pero lejos del puesto en que debíamos estar, un lugar demasiado preciso para apartarse de él ni siquiera una palma. A otros los arrancó la ignorancia inclemente de manos bárbaras, arrancándolos así de lo sagrado para ser convertidos en pilar de una casa o en valla para guardar vacas y cerdos. Nadie oyó sus lamentos y agonías, apartados de este ejército pétreo al servicio del Gran Poder que reina en los cielos… Y si nos oyó confundió esta queja con los murmullos que el viento hace al besar la piedra que es nuestra carne.

Portamos los símbolos de reconocimiento, el Círculo de la Presencia Eterna de Dios, cuya imagen viva es el Sol; la Luna Barca que lleva las semillas de vida y las hace crecer con su magnético influjo, el mismo que provoca las mareas; el Cayado, símbolo de los Dioses que guían en la oscuridad, los Pastores de Hombres y cuya imagen en la tierra son los Reyes verdaderos, los consagrados a Dios y a su pueblo: ¿Pero qué significan para vosotros ahora estas ideas, qué estos símbolos? ¿Qué es para vosotros hoy un círculo si no sois capaces de hallar ningún centro que os de estabilidad y vuestras vidas no giran en torno a nada y se deshacen, pulverizadas en torno a fantasías? ¿Qué la Barca-Luna si carecéis de imaginación, y el cáncer de una fantasía loca se apoderó de vuestras mentes, arruinando sus mejores creaciones, haciendo tierra yerma de vuestro futuro? ¿Qué el báculo del Pastor, si no sois capaces de reconocer a los designados por Dios para ser vuestros guías en la oscuridad, y seguís cualquier fuego fatuo e hipnótico que adule vuestra vanidad y creáis que os proteja de vuestros miedos cuando en realidad os lanza a las fauces del terror?

¿O es que acaso pensáis que es casualidad nuestra forma inicial de doble círculo, y que luego nos convirtiéramos en un óvalo? ¿No habéis pensado que es el huevo el símbolo más perfecto de la vida, y que a la Señora de la Vida, a la Madre Naturaleza se la representa como un huevo? Ya que el Huevo fue añadido como signo sagrado a la Cosmogonía de todos los pueblos de la tierra, y fue reverenciado tanto por su forma como por su misterio interno. ¿No habéis pensado que la forma misma de nuestros cuerpos es ovoidal, como si una serpiente de sabiduría y poder se estuviera gestando en nuestro interior, o que en él permaneciera ya oculta y como mensajera de ciertas voces de las estrellas? Y ¿no nace el óvalo de dos círculos, como si fueran dos existencias ininterrumpidas, la que pertenece al Cielo o al Espíritu y la que pertenece a la Tierra o la Materia, las que le dieran nacimiento en una asociación o vínculo temporal?

 

Detalle de las cazoletas en una de las piedras

Más misteriosos os resultarán aún esas pequeñas cazoletas talladas en uno de nuestros cuerpos, y decís que los sabios que nos usaron en enigmáticas ceremonias disponían ciertas piedras preciosas, como si estas concavidades fueran el engarce de un anillo para que la luz de ciertas estrellas se espejara en ellas. ¿Quién sabe? Probad ver reflejadas en ellas, añadiendo agua para que haga de espejo, a las Pléyades, las visibles y las invisibles pues sabed que desde ellas nos llega un Divino Aliento espiritual del que sois  insensibles, aunque algunos poseídos de loca fantasía digan tales estupideces sobre ellas que las profanan aún más que la ignorancia, pues son, en realidad una forma destructiva de esa misma ignorancia.

¿No habéis pensado que del mismo modo que la Tierra vibra imperceptiblemente, en una frecuencia tan baja que sólo sentidos sutiles pueden oír, también vibran nuestros cuerpos de piedra; y que la forma en que nuestros sacerdotes constructores egipcios nos dispuso permite que entren en resonancia este coro pétreo que formamos con el majestuoso coro de estrellas en ciertos momentos del año; y que el mismo poder vivo de los Arquetipos se revela así con todo su dinamismo, como la presencia de un Dios, una Verdad Eterna convertida y viva en su símbolo, un sonido o poder estelar? Pensad en vuestras radios e imaginad que pudierais oír la voz, la llamada permanente de las estrellas, no para que os dijeran que teníais que hacer en cada momento, sino para siempre supierais si vuestros actos se apartan o no de esta Perfección a la que aspiráis, para que esta Voz del Silencio sirviera de medida de vuestras vidas y de prueba permanente de Dios, Rey siempre desconocido y presente.

¿Y cómo? ¿No habéis estudiado ya las propiedades de ciertas piedras, por ejemplo el cuarzo entretejido en nuestros cuerpos de granito? Cuando se la somete a un impulso mecánico (una vibración sonora, por ejemplo), por mínima y grave que esta sea, la convierte en un destello de luz, aunque invisible a los ojos. Por el contrario, cuando vibran estas piedras de cuarzo al unísono de ciertas frecuencias de la luz, convierten estas ondas electromagnéticas en impulsos mecánicos, como el latido de un corazón, como el que mantiene en marcha vuestros relojes de cuarzo. Esto deben hacer, por tanto, ciertas piedras halladas en ciertos lugares, con la luz de ciertas estrellas cuyas frecuencias sean armónicas. A esto le llamáis piezoelectricidad, y quizás los antiguos sacerdotes eran especialistas en esta “piezoelectricidad tonal”. Añadid a esto la Ley de la Resonancia o de Simpatía, que es el gran principio de la Ciencia Secreta, y ahí tenéis el fundamento teórico para captar la vibración y luz de las estrellas y convertirlas en luz y sonido que evoquen o ¿invoquen? los Arquetipos de que estas agrupaciones estelares son símbolos. Somos, por tanto, un Altar al Dios desconocido presente siempre en el murmullo de plata de las estrellas, estas Flores de un Jardín de Eternidad. Pero no hagáis tonterías, no sabéis ni el alfabeto de esta ciencia perdida, no os dejéis engañar por los prestidigitadores del espíritu que han condenado y asesinado sus propias almas, encarcelando con trampas y arruinando las de los demás.

 Más de una vez vuestra poetisa del amor, Florbela Espanca, se sintió hermanada con lo que fuimos y somos y en esta tierra del Alentejo, muy cerca de donde estamos, sin ella saberlo nos cantó en sus versos, diciendo:

¡Mi alma es como una piedra funeraria
erguida en la montaña solitaria
Interrogando la vibración de los cielos!
 
Minha alma é como a pedra funerária
Erguida na montanha solitária
Interrogando a vibração dos céus!
 
                                                         Jose Carlos Fernández
Viena, 5 de abril del 2011

 

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