Literatura

El sueño de Ravana II

 

ESTUDIO SOBRE LAS TRES GUNAS[1]

(Fragmento del libro de autor anónimo, El Sueño de Ravana)

Cualquiera que alguna vez se haya sumergido en la filosofía hindú, se habrá sentido perturbado por el enigma de los tres radicales, digamos prismáticas cualidades, en las que la unidad eterna y primordial se divide a sí misma, cuando es reflejada en el tiempo, a través del prisma de Maya[2], en el multivariado universo; y de las que cada alma, en cuanto permanezca en dicho estado de separación, participa en un grado mayor o menor. Estas tres cualidades, Tamas, Rajas y Satva, han sido traducidas generalmente, la primera, como Oscuridad; la segunda, como Pasión o Ignorancia (Turbidez?); la tercera, como Verdad o Bondad. Schlegel las traduce como caligo, impetus, essentia, significando la palabra Sat, en primer lugar Ser, y sólo en segundo, Verdad o Bondad, porque aquello que Es es la única verdad, el único bien. El Bhagavad Gita trata brevemente el tema de su naturaleza e influencia en el Capítulo XIV.

Hay –dice Krishna, dirigiéndose a Arjuna-tres gunas o cualidades que se alzan desde Prakriti o naturaleza: Satva-verdad, Rajas-pasión, y Tamas-Oscuridad; y cada una de ellas encierra al espíritu incorruptible en el cuerpo. La guna Satva, debido a su pureza, es transparente y libre de defecto, y entrelaza al alma con dulces y placenteras consecuencias, y con el fruto de la sabiduría. La cualidad o guna Rajas es de naturaleza pasional, surge de la sed del mundo y aprisiona al alma con las consecuencias derivadas de la acción. La guna o cualidad Tamas es la prole de la ignorancia, y quien confunde todas las cualidades de la mente, y encarcela al alma intoxicándola, con la embriaguez, la pereza y la ociosidad. La guna Sattva prevalece en la felicidad, Rajas en la acción, y Tamas, habiendo poseído el alma, prevalece en la intoxicación. Cuando Tamas y Rajas son vencidas, surge entonces Sattva; cuando son vencidas Rajas y Sattva, surge Tamas; y cuando son vencidas Tamas y Sattva, surge Rajas. Cuando Jnana, o la sabiduría, llega a ser evidente en el cuerpo en todas sus puertas, debemos comprender que es la guna Sattva quien prevalece dentro del mismo. La avidez egoísta, el trabajo duro, el comenzar muchas obras, la intemperancia y el deseo sin medida, son gestados cuando es la guna Rajas quien prevalece; mientras que los signos de de la guna Tamas son la melancolía, la pereza, la inercia y la distracción mental. Si el cuerpo se disuelve cuando prevalece la guna Sattva, el alma se dirige a las regiones de los seres inmaculados que habitan en las regiones más elevadas. Cuando el cuerpo alcanza disolución mientras que predomina la guna Rajas, el alma nace de nuevo entre aquellos que se hallan prisioneros de los frutos de sus acciones. Así, de manera semejante, si el cuerpo se disuelve mientras que prevalece la guna Tamas, el espíritu vuelve a entrar en la matriz de los seres irracionales. El fruto de las buenas acciones es llamado Sattvika y puro; el fruto de la guna Rajas es el dolor, y el fruto de Tamas es la ignorancia. De Sattva surge la sabiduría, de Rajas la codicia, y de Tamas, la locura, la distracción y la ignorancia. Aquellos que son de la guna Sattva moran en lo alto; los de Rajas en el medio; mientras que los abyectos seguidores de la guna Tamas se hunden en las profundidades.

Pero en otras fuentes la cualidad Tamas aparece explicada con más claridad, y por ellas sabemos que su falta es por negación. Consiste en la ausencia de todo conocimiento, sensación, movimiento, penetración y transparencia. Esta es, de hecho, aunque puede parecer una afirmación extraña, la base moral de la materia; o con otras palabras, el estado o forma lento, insensible y pesado del espíritu, quien hace que parezca y sea lo que llamamos materia.

Makunda Raja, en su exposición sobre la secuencia de la creación dice:

Sabe que el triple ego o autoconciencia (Ahamkara) es Sáttvica, o autoconciencia de la Verdad o Bondad; Rajásica o autoconciencia de la Pasión; y Tamásica, o autoconciencia de la Oscuridad; en cada uno de los cuales, respectivamente el poder o energía a él inherente, aparece desarrollado de un modo radiante.

En la autoconciencia de la Verdad o Bondad, es el poder o energía del conocimiento o la sabiduría; en la autoconciencia de la Pasión, reside el poder o energía de la acción; en la autoconciencia de la Oscuridad, existe incesantemente el poder o energía de la sustancia o materia (dravya)”.

De este modo, la cualidad Tamas puede ser considerada como la principal característica de la materia bruta, la insensibilidad, la opacidad, la obstrucción fría, la inercia; en óptica, es el rayo púrpura oscuro o rayo violeta; en lo moral es la tendencia a lo material a la lentitud, a lo brutal. Su forma más elevada de desarrollo orgánico no va más allá de la mera vida animal y la esfera de los sentidos.

Rajas es la característica de la vida moral, o del alma; la negra opacidad es penetrada por un brillo ardiente y turbio, que no es aún totalmente puro y transparente;  la obstrucción y la insensibilidad son despertadas por las punzadas de dolor del movimiento; el púrpura oscuro o violeta han sido transformados en el rayo rojo. Lo sensitivo se ha convertido, penosa y dificultosamente en lo emocional; el sentimiento suplanta a la sensación y al impulso ciego.

Satva es la característica del espíritu; el espíritu que permanece, de hecho, como una antítesis del cuerpo y el alma, de la materia y de la vida; y así, aunque brillante, luminoso, y glorioso, aún participa de la separación, y es prisionero de las cadenas de la individualidad y la limitación; el rayo naranja, en óptica, listo para escapar y desaparecer en la pura luz. El alma emocional es impulsada por el sufrimiento a una conciencia de sí y reflexión profundas; la pasión se transforma en razón y en conocimiento. El conocimiento de Sí mismo, al comprender la materia, se transforma en compasión universal. La vida de las emociones se consume a sí misma, y todas las otras pasiones expiran al dar a luz un sentimiento eterno de justicia y amor, que son realmente, uno solo.

Así, como el sentido ha sido transformado, al despertar, en pasión o sentimiento, el sentimiento mismo ha sido elevado a la condición de eterno principio: y, así como la vida sensual del impulso animal ciego ha sido, convertido, en llamas, en la vida heroica de la pasión, esta última es, a su vez, por reflexión y conocimiento, elevada a la calma región del ideal o de la vida espiritual, en la que los Rishis, y Munis, y Kavis, sabios y santos, profetas y poetas divinos, viven la vida de trabajo eterno e inquebrantable tranquilidad; trabajo “sin prisa ni descanso”, no demiúrgicamente, sino de forma sabática[3].

Más allá de la cualidad aislada de Sattva hay una esfera llamada puro Sattva, que debe ser considerada como la representación de la esencia pura, pura existencia, pura verdad, pura bondad; considerada como una única esencia. A estas se llega sólo cuando se ha renunciado a toda separatividad; cuando Sattva vuelve a entrar, prevaleciendo sobre Rajas y Tamas, y penetrando en ellas con su influencia, juntos los tres rayos aislados prismáticos se funden en la pura luz universal, y en la conciencia de una divina reunión. O, como dice Hipólito –si es que Hipólito es el autor del Manuscrito de Oxford- “cuando el hombre se convierte en Dios”; o, como expresó en su teología Alfonso de Ligorio, cuando traducía el español de Santa Teresa[4]: Anima fit unum quid cum Deo[5], cuando lo plástico, lo emocional y lo ideal, se convierten absolutamente en uno solo, y ya no hay, propiamente hablando, ni materia, ni alma ni espíritu, sino algo que es todos ellos y al mismo tiempo ninguno, llámenle Brahma[6]; llámenle vida constante y eterna [nitya]; denle el nombre, si quieren, de la verdadera trinidad hindú en su unidad –SAT –CHIT –ANANDA-GHANA –“COHESIÓN DEL SER, PENSAMIENTO, y FELICIDAD”, en la cual los eternos avances y retrocesos de lo Uno, se presentan en perfecta armonía con la especulación más profunda del Platonismo, y aún más con el más profundo desarrollo del Cristianismo Joanino.

SAT –el absoluto SER autoexistente- desenvuelve en sí mismo el yo consciente [Ahamkara]; El Ser instintivo o Vida llega a ser CHIT, es decir, PENSAMIENTO, o RAZÓN, al reflejarse en su propia naturaleza; la interna PALABRA o LOGOS, que dice, “Yo soy Brahman, o el Existente por sí mismo”. Desde el yo consciente el Pensamiento contemplando su propio Ser eterno y desde el Ser eterno que se desenvuelve en un eterno yo consciente, el Pensamiento, o la Razón, se convierten en un soplo eterno de ANANDA, la Felicidad, o el AMOR, y estos tres se encuentran en GHANA, o COHESIÓN. El rojo ha sido dolorosa y esforzadamente extraído del púrpura o violeta oscuro;  el naranja[7] ha sido exhalado del rojo. El movimiento de la Alegría naranja es triple. Si mantiene su raíz en el rojo, se desarrollará en un círculo en concordancia con Pravritti, o progreso, hasta que vuelva a reentrar en el violeta primordial, y produce así el verde vivo de la naturaleza universal, donde todos los seres vivos se regocijan y donde las hadas adoran danzar. Si, prefiriendo el camino de Nivritti, o retroceso en sí mismo; vuelve a entrar en su fuente, el rojo, y en su fuente común, el violeta, juntos los tres se unen, funden en una llamarada y sumergen en pura luz; entonces el rojo es sometido al violeta, y la Luz es todo en todo.

Si él mismo se lanza desde su fuente, el rojo, y no se dirige al encuentro de su origen común, el violeta, procura estar solo, el llega a ser, en su orgullosa soledad, el amarillo, mortífero y venenoso, que es el color de las serpientes y de los dragones, y de los intratables Brahmarakshasas.

La naturaleza titánica [o sea, de los Asuras] no es de este tipo: ya que aunque la naturaleza Tamásica predomina en ellos en gran parte, participa aún ampliamente de Rajas, y en menor medida de la cualidad Sattva. El problema que debe ser resuelto en el caso del titánico Ravana –y en mayor o menor grado en cada alma humana, en la medida que participa también de la naturaleza titánica, ya que todas en su ascenso desde la materia deben hacerlo en alguna medida- es, cómo puede Tamas ser transformado en Sattva, o ser penetrado y gobernado por él; cómo puede la materia volver a ascender y convertirse en espíritu; la grosera oscuridad y la lenta estupidez del árbol o del animal ser iluminada en autoconciencia, reflexión, razón, conocimiento; el egocentrismo bruto mudar en amor y compasión universal; el ciego instinto y los rudos deseos del titán o del hombre titán, ser sublimados en los principios de eterna conciencia, autorrenunciación, y la pura idealidad de la vida divina.

Esto puede ser conseguido sólo de una manera, y este camino pasa necesariamente por Rajas –la vida de pasión- la vida de sufrimiento. El resultado de cada pasión en nuestra naturaleza, incluso amor, no sólo él, pero el amor más que todos los otros; es el sufrimiento y la tristeza. El primer despertar de la materia inconsciente en la conciencia de la vida simplemente animal se da por medio del sufrimiento físico; y este proceso continúa más allá a través del sufrimiento mental que es la naturaleza misma de la vida emocional del alma.

Sólo a través de la angustia del fuego puede el negro carbón de la mina llegar a ser transmutado en luz. Y nada más, sólo la tristeza y la angustia, que son el resultado inevitable de las pasiones en la vida emocional o Rajas, constituyen el fuego purificador designado para así purgar y desechar la escoria de nuestra naturaleza titánica, y transmutarla en puro Sattva, donde la pureza, la bondad y la verdad prevalecen. El apetito bruto y el impulso ciego son reemplazados por la pasión; y la pasión trabajando con la tristeza y la reflexión y la simpatía que la tristeza conlleva, y es su propia extinción; finalmente desaparece y se sumerge en el amor y en la absoluta resignación. Esta filosofía parece descansar sobre el fundamento de una verdad incuestionable. Ya que, comprendida en toda su profundidad, es idéntica, en última instancia, al camino de la Cruz.  

Traducción al español por Jose Carlos Fernández 


[1] Las notas de autor son de mi querido amigo Ricardo Martins, quien ha traducido esta obra del inglés al portugués, enriqueciéndola con numerosas notas aclaratorias.

[2] Ilusión, velo, apariencia, o poder demiúrgico. Relativo al dios Maya, arquitecto o artífice. (N.T.)

[3] De forma semejante a aquella con la que se dice que el Padre siempre trabajó” (N.A.)

[4] Oratio Meditationis (N.A.)

[5] Es decir, “el alma se une con Dios”

[6] El todo en toda parte (N.T.)

[7] Recuerde el lector que estos son los colores de Rajas, de Sattva y de Tamas, respectivamente, que surgen el uno a partir del otro. (N.T.)

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