Literatura

La tierra silenciosa y desolada

 

(Capítulo del libro El Sueño de Ravana) 

En una de las escenas de su sueño[1], Ravana rey de Lanka, camina junto a su compañera ideal (su alma gemela, su propio “antitipo”)  por una tierra desierta donde todo se halla petrificado: hombres y ruinas de ciudades. Y todo este mundo en ruinas entona un lamento al amanecer, queriendo, pero sin poder, volver a la vida. La explicación del sueño la está haciendo el rishi Ananta Yajamana,habiendo convocado el rey Ravana a su Consejo de Sabios para que intentaran descifrar su sentido: “Yo estuve errando, me parece, a través de una tierra maravillosa, sin ningún tipo de vida, donde todo se había transformado en piedra, en desolación y en muerte. Es que las silenciosas ciudades en el desierto, más grande aún hacen el desierto; y a lo largo de sus calles tristes y abandonadas, nadie en ellas habitaba, ante sus templos vastos y colosales, ningún devoto vivo se inclinaba; el guerrero y su caballo de guerra, el monarca y su prometida, el sacerdote, el dios, la víctima, de igual modo se hallaban petrificados. La virgen y su pobre gato doméstico permanecían sin vida lado a lado. Gigantescas formas de la vida pasada miraban a través de la piedra, con una melancólica y eterna belleza, que el tiempo no había destruido, y lamentándose, a medida que el sol nacía, todos entonaban un gemido.”

“Esa tierra desolada por la cual caminaste, ¡oh Titán! con tu bella y misteriosa compañera, donde las silenciosas ciudades se confundían con los grandes desiertos, donde la vida no se mostraba, y ninguna voz era oída en las calles, sino que todo era muerte y desolación; donde todo estaba inmóvil y petrificado; donde todo estaba rodeado de gigantescas ruinas, y formas colosales de vida pasada miraban a través de la piedra en tu dirección, portadoras de una belleza solemne y eterna, profiriendo un gemido ante los primeros rayos del nacimiento del sol, ofrece una imagen verdadera de este, nuestro mundo miserable. Porque, a decir verdad, ¿qué es nuestro mundo, sino una inmensa ruina, o un aglomerado de ruinas –una tierra de muerte y desolación- un desierto repleto de fragmentos de un pasado extinto?

Si contemplamos la naturaleza externa, encontramos en sus asombrosas cadenas montañosas, en los gigantescos picos de sus volcanes –explotando a gran distancia en el cielo-; en sus rocas abruptas y escarpadas y planicies pétreas; en sus moles gigantescas, dispersas y solitarias, lejos de sus parientes, en la montaña original; así como en sus grietas enormes, abismos y valles; señales evidentes de grandes convulsiones que ocurrieron en tiempos pasados. Toda la tierra parece un vasto y sublime conjunto de ruinas. Y cuando observamos con mayor detalle los materiales que forman esas ruinas; encontramos por todas partes las huellas de un mundo extinto. Una vegetación gigantesca, de consumada belleza, en las formas; así como fragmentos de construcciones llevadas a cabo por otros seres vivos, cuyo tamaño era colosal y de una estructura extraordinaria, así como un terrible poder: ellas nos rodean por todas partes. Son los rostros muertos de organismos extintos que nos miran en todos los lados desde la piedra, con su belleza melancólica y eterna; y, a medida que nuevas auroras descienden sobre el mundo en ruinas, un triste lamento es entonado por todas las creaciones pasadas, saludando el nacimiento del sol, que las hace recordar su vida ya pasada.”

El Coro canta

“¡Tal como hoy, oh Sol!, en tu eterna juventud,

Te levantaste un día sobre nosotros!

Cuando aún éramos jóvenes, y pensábamos que, a semejanza tuya,

Prosperábamos en fuerza.

Pero tú, diez mil años después, diez mil eras después,

Tú surges inalterado.

Y cuando esos, que ahora parecen prosperar y vivir,

¡Como nosotros, hayan perecido!

Entonces con triste gemido saludarán tu aurora,

a partir de sus oscuras cámaras de piedra,

Tal como nosotros ahora te saludamos, ¡oh Sol!

¡Oh, Sol, tu juventud es eterna!” 

“Si miramos –continuó el Rishi- hacia la naturaleza externa de aquello que llamamos mundo de los vivos, en vano buscamos la vida. La muerte viene a nuestro encuentro en cada esquina. El terrible Yama está en todas partes. Toda creación animal se manifiesta tan sólo para ser destruida por alguna forma de muerte violenta. A las pacíficas manadas que pastan en las laderas, se les muestra Yama [Dios de la Muerte] en forma de tigre; a la inocente oveja, que bala, en forma de lobo o hiena. La serpiente captura al sapo en su lecho húmedo, y le arrastra a su madriguera donde le quiebra los miembros, o si no le arrebata la vida con su fuerza, cuando lo arrastra por los surcos entre las piedras. El halcón clava su pico cruel en el pobre gorrión; el gorrión, a su vez, captura y devora a la lagartija. El pájaro caza al pájaro; el pez caza el pez, según se halla escrito en el Mahabharata:

“Los peces más fuertes, persiguiendo a los de su especie, cazan a los peces más débiles.

Este es nuestro modo de vivir, el cual nos ha sido impuesto durante toda la eternidad.”

Con todo, es el hombre la peor encarnación de Yama. Entra con una alegría salvaje en el bosque de bambú, o de caña de azúcar, para atacar y matar al jabalí. Persigue por la planicie al tímido y gracioso antílope; las flechas vencen su agilidad; y la criatura, exhausta, confinada otrora a la belleza y a la libertad, cae sollozando sobre la tierra, y muere agonizando. El hombre retira a las pacientes ovejas, desprovistas de habla, y  a los indefensos corderos, de los pastos donde otrora balaban alegremente, para llevarlos al matadero. En este preciso instante pasan tus siervos frente a las puertas de la corte, transportando en la cabeza cestas en las cuales se ve el bello plumaje de los gallos cingaleses, que fueron reunidos en las villas en torno a Lanka, y que son ahora transportados en grupo, felices los unos en compañía de los otros, inconscientes de su destino. Son llevados al campo de batalla, para alimentar a tus militares. La fiesta del hombre es señal de muerte para las criaturas más humildes de la tierra; él se regocija, se casa, al mismo tiempo que los animales mueren, objetos de su alegría, víctimas inmoladas por sus dioses del hogar. Aún aquellas criaturas, cuya carne el hombre aún no se habituó a comer, son perseguidas hasta la muerte usando los medios más dolorosos y prolongados. El caballo, que en su juventud lo transportó en los días de batalla o de espléndidas ceremonias, cuando llega a la vejez o su fuego se extingue, es consagrado al cruel vaisya[2], que lo lleva en carros alquilados, y tú, ¡oh Rey!, observas miles de esas criaturas miserables, magras, afligidas y jadeando, guiadas por Durgas (furias) masculinas por toda la ciudad, sin treguas, desde el nacimiento del sol hasta la medianoche, hasta que su fuerza expire, y sean por fin abandonados en cualquier esquina, para morir de forma invisible y sin piedad. Y el perro, sincero amigo del hombre; y el gato, siempre elegante, juguetón, caprichoso, desconfiado, tímido, atento, discreto, que ama la comodidad casera, y que siempre es cariñoso si bien tratado, el amigo –no te sientas ofendida, buena Mandodari[3], pues conoces sus fuertes pasiones- y hasta cierto punto prototipo del carácter de la mujer, y compañero de juego de los niños, Numen de la casa, y jeroglífico de la vida doméstica -¿qué se hace con ellos? ¿quién ve su fin? ¿por qué caminos solitarios, por qué agujeros y esquinas se arrastran por el suelo, movidos por el instinto natural de esconder sus agonías cuando el soplo de vida los abandona? ¡Ah! ¡Qué agonías y de qué tragedias son víctima los animales diariamente, no lejos de la morada del hombre, y él no lo sabe, o sabiendo, no las siente en el corazón, o se ríe con despreciable falta de compasión por el sufrimiento del animal! Y sin embargo, todas las criaturas, dijo Manú, viven en el majestuoso Espíritu en que también vive el hombre, y ese Espíritu habita en ellas, del mismo modo que habita en el hombre:

Sarvabhuteshu chatmanm, sarvabhutani chat-mani

Saman pashyan

 “En todas las criaturas el ESPÍRITU, y todas las criaturas en el ESPÍRITU,

de la misma forma habitan” 

Miremos ahora al hombre. ¿Existe realmente vida cuando aquí reside? ¡Oh, no! Desde la cuna hasta el cementerio en que el cuerpo es colocado sobre una pira, ¿no será su camino un largo lamento de sufrimiento, tristeza y terror: una larga reminiscencia y anticipación de la muerte? El jefe de familia, al comenzar la edad madura, y su próspera y hermosa matrona, que se encuentran en la cumbre de la vida, observan a cada lado y debajo, los dos valles de luto. En un valle están las buenas memorias de los padres amados; ella llora por su padre querido, él llora por su pobre y tierna madre. En el otro valle, están los niños idolatrados que les fueron arrancados prematuramente de sus brazos, y los dos lloran por ellos; ella se lamenta en voz alta, él con sollozos apagados y lágrimas escondidas. La madre muere al dar a luz a su hijo, o vive llorando sobre su cadáver. La enfermedad persigue al hombre desde su nacimiento.

Entra en la ciudad de Lanka. En cada calle pasará por tu causa[4] un cortejo fúnebre, con su polvo rojo, sus lúgubres flores, y sus lamentos tristes y repetitivos, y detrás quedan las plañideras, que esperan en círculo ante las puertas, golpeándose en el pecho. En cada casa oirás el lloro y el lamento: de un viejo que muere; de un niño con dolores; de un hombre agonizando; de una mujer que solloza; de una niña que llora asustada. Y, como si el terrible vengador Yama, no hubiera impuesto a la humanidad suficiente medida de sufrimiento y de muerte, el hombre se plantea aún avanzar, ornamentado de oro y plumas, con su caballo adornado, para partir los miembros, quebrar los cráneos, perforar el corazón y las entrañas de su semejante. Y en el campo de batalla son producidas y quedan las visiones terribles, los terribles gritos, y los olores pavorosos de la muerte. Y en la ciudad las mujeres lloran, y quiebran sus pulseras, se rapan el cabello, y comienzan a usar vestes simples y grises, y a partir de entonces, pasan a ser vistas como un mal augurio. ¡Oh hombre trágico! ¿De dónde proviene tanta muerte en tu vida? ¡Por Dios!, es porque la destruida moral interna reina sobre todo, manifestándose de esta forma. Las almas de los hombres mueren en el momento en que nacen; esta vida es su autopsia, y la enfermedad se manifiesta en todos. Uno murió enloquecido por el orgullo; otro exaltado por la rabia; un leproso debido a la sensualidad; otro sufría de la fiebre de la ambición; el otro un deseo insaciable de ganar más: otro por el veneno maligno de la venganza; otro de la ictericia de los celos; otro debido al insaciable cáncer de la envidia; otro debido al exceso de amor propio; otro de la parálisis de la apatía. Muchas son las enfermedades, pero la muerte es el resultado común para todas ellas.

Sí, aquí triunfa la muerte: la muerte física y moral. Los muertos dan a luz a más muertos; el muerto lleva al muerto a la pira funeraria; el muerto camina por las calles saludando a los otros muertos, y negocia con ellos, compra y vende, se casa y construye: ¡y durante todo ese tiempo no sabe que todos ellos no son más que sombras y fantasmas! Esta tierra de silencio y de sombras, por la cual tu alma caminó en tu visión, ¡oh Titán!, es el MUNDO en el cual tu cuerpo muerto camina ahora despierto. Renuncia a esto y aniquílalo, ¡oh Rey! por medio del ascetismo y la divina sabiduría, para que regreses a la vida real.”

 

Traducido al español por Jose Carlos Fernández

[1] Tal y como aparece el sueño descrito en la misma obra del Ramayana, y luego detallado y comentado magistralmente en el libro El Sueño de Ravana.

[2] Una de las 4 castas de la India, la asociada al comercio y al pastoreo.

[3] Es la devota esposa del rey Ravana.

[4] Dice “por tu causa” pues él ha sido quien, al raptar a Sita, ha dado motivo a la guerra que está dando muerte a sus servidores.

Si el artículo le ha gustado, deje por favor un comentario. Agradecemos su opinión.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s