Literatura

El sueño de Ravana

 

Seguro que muchos de los lectores, cuando eran niños o adolescentes, buceaban en los laberintos de las librerías o bibliotecas, buscando las páginas escritas en que hallarían revelados los secretos de la vida, la razón de la existencia y el camino oculto para llegar a la cumbre de la perfección. Algunos quizás creyeron encontrar tales enseñanzas en una obra de Lobsang Rampa o Paulo Coelho aunque quizás, más tarde se dieron cuenta que estos libros eran meros remedos de otros más sobrecogedores aún. Cuando nuestros ojos ávidos leyeron Ankor, el Discípulo, o cuando nuestra mente se abismó en la Doctrina Secreta o en Isis sin Velo, de H.P.Blavatsky es casi seguro que gritó, como Arquímedes, Eureka!, lo encontré, pues una voz interna, una extraña certeza llegando Dios sabe de dónde, nos revelaba que la verdad estaba ahí… Claro, una vez encontrado el camino, hay que recorrerlo y esto prueba la perseverancia, el discernimiento y el temple de cada uno.

Portada libro Ankor el Discípulo, de Jorge Angel Livraga Rizzi (1930-1991)

Y siempre, este primer encuentro, como el primer beso del Misterio (y también después, cuando volvemos el alma de nuevo a esta deslumbradora luz) es un rayo que penetra en nuestras tinieblas y nos hace despertar en el laberinto, sí, pero bien armados (pues cuando los sabios verdaderos nos otorgan sus enseñanzas, nos otorgan al mismo tiempo armas mágicas de naturaleza divina) y con un centelleante hilo de Ariadna para no perdernos.

Algunos han sentido quizás esta misma experiencia al estudiar las obras de Shakespeare o al entrar en el colosal templo de música creado por Wagner… y sin duda, van a sentir de nuevo la experiencia de lo sublime (la que según Longinos es de terror sagrado y no simplemente de placer estético) cuando lean las páginas de El Sueño de Ravana, que vamos a editar en breve: gracias a un asombroso trabajo de comentario y notas de nuestro querido erudito y pandita Ricardo Louro Martins, quien de modo generoso e idealista ha trabajado con paciencia de monje y esmero de orfebre este libro, casi olvidado.  

Ravana intentando escalar el monte sagrado Kailasa, en las grutas de Ellora

Esta obra, el Sueño de Ravana, vio la luz en diferentes números de la revista “política y literaria” de la Universidad de Dublin, durante los años 1853 y 1854. Es casi evidente que falta el final pues termina de un modo muy abrupto, y aludiendo a una interpretación alegórica del sueño  de Ravana que no llega a hacer pues se había centrado en el significado metafísico del mismo. Quizás el director de la revista tuvo el manuscrito y no quiso editarlo… Otra cuestión de interés es ¿dónde están los originales de esta obra? ¿en qué archivo?, ¿en qué museo?… Y esto tiene un interés más que especial, ya que párrafos de este libro aparecen casi textuales en obras de H.P.Blavatsky por ejemplo en el Prólogo que ella hace a su Voz del Silencio, y el estilo y enseñanzas son tan sublimes que en los círculos teosóficos se atribuye el texto al Maestro de Sabiduría K.H. quien lo habría escrito cuando estudiaba en Europa (¿cursó en la Universidad de Dublin, en vez de la de Oxford, que tantas veces se menciona?) 

Edición ilustrada de la epopeya del Ramayana

El mismo Nilakantha Sri Ram en la obra El Hombre: su origen y evolució dice:

Un libro Teosófico titulado El Sueño de Ravana, cuyo autor no quiso revelar su nombre, trata de este mismo tema de la caída del hombre desde el punto de vista del cambio sufrido por la conciencia. Ravana es un personaje de la epopeya India del Ramayana, a quien se representa como adversario de Shri Krishna, una de las encarnaciones de la Deidad. El relato es alegórico.

Ravana es la incorporación de la seidad consciente, aquella yo-idad que aflige a la individualidad del hombre, y cuya exageración está causando todas las dificultades del presente. Se le describe como un monstruo humano de diez cabezas, cada una de las cuales vuelve a retoñar tan pronto se la cercena. Estas cabezas son formas de esa yoidad del hombre que en sánscrito se llama ahamkara. Si bien Ravana aparece como la personificación del mal aquí abajo, se le describe como un asceta y un gran devoto de la Deidad. Devoto significa uno que siente atracción hacia la naturaleza pura del Espíritu supremo. Conforme al relato, Ravana ha descendido del plano más elevado con el fin de expiar cierto error o desliz que había cometido, y después de unas pocas encarnaciones había de regresar al sitio de donde fue expulsado (lo cual indica que en realidad él es un principio cósmico). Como H.P.B. gustaba decir, Satanás es Dios invertido.

Varios fragmentos de esta obra fueron editados en la revista teosófica Lucifer y finalmente, como libro, prefaciado por G.S. Mead, uno de los discípulos directos de H.P.B en Londres. Este último, que tradujo y editó en inglés el Corpus Herméticum enfatiza también la importancia de esta obra y el grado místico e iniciático de su autor:

Es claramente manifiesto que el autor estudió el Ramayana  en los textos originales y que fue un maestro en la psicología vedanta; y es también evidente, para un estudiante aplicado de la teosofía inda, que este autor fue un verdadero místico, y que los temas abordados fueron para él realidades personales y no meras especulaciones desprovistas de significado. En ninguna otra publicación occidental han sido nunca presentados los tres “estados” de la conciencia humana, de forma tan esmerada e inteligible como lo hace este autor. (…) Y aunque esta narrativa se presente bajo una veste de fantasía, en la que extrañas ideas se entrelazan, lo que para el lector común no serán más que conceptos desconocidos, la realidad es que tanto al místico como al estudiante de Yoga [en el verdadero sentido de esta palabra] no le pasarán desapercibidas muchas de estas verdades, con las cuales, además, ya esta familiarizado, y en que unas se presentan de modo velado y otras son totalmente evidentes.  

En este libro el discurso filosófico es de una profundidad que da vértigo, pero al mismo tiempo el lenguaje es tan bello y delicado, tan amable y lleno de ternura, tan cercano al lector, tan natural (o sea, sin vanas pretensiones) y puro, que nos da la sensación de estar oyendo una sonata de Beethoven o que somos otra vez niños y un ángel nos lleva de la mano por un mundo pletórico de nuevos significados. La estructura del discurso no sigue la lógica a que estamos acostumbrados, más parece una lógica musical en la que un tema engendra a otro sin interrupciones. Es pura filosofía y literatura, armoniosamente entrelazadas, un poema filosófico, una sinfonía de ideas, tal y como dijera Proclo de las obras de Platón. La profundidad no aparta la gracia ni la seriedad la delicada y simpática ironía.

 

El titán Ravana junto a Sita

El Sueño de Ravana es una escena del Ramayana en la que este rey de Lanka -casi al fin de una guerra funesta que está devorando su reino, fatal consecuencia de haber raptado a la bellísima Sita, argumento, por tanto, semejante a la Ilíada– tiene un sueño alegórico tan vivo que llama a todos los sabios y ascetas (rishis, munis, brahmanes) para que interpreten su significado, lo que, ya casi al final de este opúsculo hace el rishi[1] Ananta pronunciando un discurso metafísico sobre la naturaleza y constitución del alma humana (los cuatro estados o tabernáculos) , y sobre el Espíritu Universal (El Eterno Aquello, Brahman), el Objeto de la Sabiduría y la Fuente de la Existencia. Discurso que alcanza tal elevación que ni los más ilustres sabios de la corte de Ravana son capaces de acompañar su vuelo, y el mismo que lo pronuncia se está –como le sucedía a Plotino- disolviendo peligrosamente en el Misterio y debe comenzar a descender si no quiere desaparecer en él. 

Representación del rey mítico de Lanka, Ravana

La disertación sobre los tres espejismos del sueño del Rey (el azul, el blanco y el negro), que interpreta como las tres ilusiones-medios-herramientas que encarcelan el alma: tiempo, espacio y materia, deja al lector sin palabras. El canto de los Coros, presentando el mismo tema desde diferentes ángulos; las descripciones, por ejemplo, la del retiro apropiado de un Yogui (tal y como lo describe el Bhagavad Gita); los lamentos de las mujeres que suspiran por el amor del rey; el cuadro que traza el autor sobre el alma virgen de Ravana, en el sueño; son de una belleza literaria que le hermana, si no sobrepasa, incluso (¡que audacia, pensarlo!) al eterno Príncipe de las Letras, nuestro siempre amado Shakespeare.

Personalmente una de las escenas que más me ha sobrecogido es el paralelo que establece entre la sabiduría y mística del rishi Marisha (siempre obedeciendo al cálculo, nunca totalmente desinteresada, pero con poderes –siddhis- que le permitían viajar con su alma hacia un pasado y un futuro sin fin) y del gentil rishi Ananta Yajamana (siempre bondadoso y desinteresado, habiendo renunciado totalmente al fruto de la acción; filósofo, prototipo de raja yogui verdadero, o sea, “blanco”). No sé exactamente por qué, pero es que otra de las maravillas de este libro (como sucede también en Shakespeare, en Esquilo o las obras Isis sin Velo y la Doctrina Secreta, de H.P. Blavatsky) es que es infinitamente más lo que se sugiere que lo que se dice, lo que favorece una especie de diálogo con el alma que podemos llamar ensoñación meditativa. 

 

Representación de escena del Ramayana, la batalla por Lanka

Es asombrosa la disertación que hace sobre las Tres Gunas o “Cualidades de la Materia” de la filosofía samkhya hindú, y la relación de las mismas con el alma del titán (Ravana) encadenada a la materia, Tamas (Defecto, Inercia) y que se va liberando gracias a la acción y angustias redentoras de Rajas (Acción Impulsiva) que lleva a la luminosidad de Satva, el Justo Medio, el estado que abre el paso a la luz espiritual de lo puro e inmanifestado: el triángulo divino de Sat-Ser, Chit –Pensamiento, Ananda-Felicidad, en perfecta cohesión, Triángulo que es el Triplo Logos Platónico, o el de Plotino de Ser, Inteligencia y Creación (Alma del Mundo). Este Triángulo es la pura forma espiritual que es aprisionada por la tela de ilusión (Maya) del Mundo y constituye la belleza inmaculada que resplandece en el mundo entre las vestes u ondulaciones de Maya. Como diría Platón, si merece la pena vivir es por la belleza de lo que nos rodea, incluida la belleza de lo trágico o terrible.

Muy ilustrativa -aunque a los lectores comunes se nos escapa todo lo que subyace- las explicaciones sobre las armas mágicas (Astras) y los poderes del Yogui (Siddhis), “inteligencias divinas con las que podemos y debemos trabajar”, dice.

O las alusiones veladas a la naturaleza y poder de Kundalini, la extraña historia del bromista y pasional Kamatura, que aparece como uno de los rishis que acompañan al Manú Vaivasvata (el Noe hindú) al inicio de un gran periodo de disolución (Pralaya)… 

Para que sirva de estudio y reflexión al lector de esta revista, y antes de que editemos el libro, vamos a incluir en el próximo número de esta publicación algunos fragmentos: El primero el discurso sobre las Gunas, tema clave en la metafísica de la India; y el segundo, una escena del sueño del Rey (Ravana) y la interpretación que hace de ella el rishi Ananta.

 

Jose Carlos Fernández

[1] Palabra que el autor de esta obra traduce genialmente como “profeta”.

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